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Revista » Psicología Teórica y Filosófica / Fundamentos » mitos y creencias en torno a la metodología de la investigación científica en la psicología

Mitos y creencias en torno a la metodología de la investigación científica en la psicología


 

Luís Dante Bobadilla Ramírez
Psicólogo
Facultad de Medicina Humana de la Universidad de San Martín de Porres
Lima, Perú


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Los mitos de la metodología

El discurso metodológico gira en torno de una serie de presupuestos que actúan como conocimientos a priori. La primera idea que subyace detrás del método es que la realidad está gobernada por leyes universales en cada segmento de su naturaleza infinita y compleja. La finalidad del método sería, entonces, descubrir cada ley de causalidad, y añadirla al repertorio de leyes científicas que permiten la predicción de todo acontecer futuro, el cual es, a su vez, el fin supremo y el sentido de la ciencia. Lo cierto es que no existe nada en la realidad que pueda solventar semejantes presupuestos. La inducción estudiada por Hume con base en las creencias por repetición de los hechos, no es más que un mito, como lo dejó entrever Popper al aclarar que su naturaleza es básicamente psicológica y se deriva de una necesidad humana de seguridad. Así lo señala el mismo Popper cuando nos comenta:


"Primero en animales y niños y luego en adultos, observé la necesidad inmensamente poderosa de regularidades -la necesidad que les hace buscar regularidades, que les hace verlas incluso donde no las hay, que les hace aferrarse dogmáticamente a sus expectativas, y que los hace desgraciados si se derrumban ciertas regularidades supuestas, pudiendo llevarlos a la desesperación y al borde de la locura… La necesidad que lleva a intentar imponer tales regularidades al medio es claramente innata, basada en impulsos e instintos" (Popper, 1972).


Y en un profundo análisis psicológico Popper advierte que dichas "regularidades" pueden surgir como expectativa incluso antes de la percepción de repeticiones. Es la clase de necesidades que nos hacen preguntarles a los "expertos" cosas como ¿Qué ocurre con los niños cuando los padres se separan? ¿Qué debe hacer la esposa ante una infidelidad? Pero también explica la propensión a dar respuestas para esta clase de inquietudes humanas. Sin duda, no podemos esperar otra cosa de una metarracionalidad que nos impone como base de nuestra racionalidad la existencia de regularidades que deben ser capturadas en una "ley de causalidad". En su crítica a esa clase de razonamientos, Kant advirtió que eran los hombres los que imponían sus leyes a la naturaleza y no a la inversa. Esto, de hecho, no ha cambiado. En el trasfondo parecen subsistir dos factores que alientan esta actitud: por un lado, la necesidad de seguridad, el deseo de contar con el conocimiento que asegura que mañana será igual que hoy, y por otro, el prejuicio religioso que deriva de la lógica de Santo Tomas de Aquino para quién todo tiene una causa y la causa primera de todo es Dios. Los creyentes ciertamente creen en causas, aunque esta sea sólo la voluntad divina, en tanto, aunque sea inconscientemente o involuntariamente, hacen una ciencia que concuerda con sus más profundas creencias, por lo que la ciencia que se maneja en tales ambientes y todos sus conceptos, están mezclados con la racionalidad religiosa del medio social. Por el contrario, como se ha visto a lo largo de la historia, la ciencia verdadera llega a confrontarse con la fe y con casi todas las creencias populares.


Obviamente, los humanos podemos asumir como seguro una regularidad que ha durado algunos millones de años. Por ejemplo, las rocas no han cambiado desde hace mucho tiempo y esperamos que continúen así por algún tiempo más, aunque Popper (1972) nos advierta que "es perfectamente factible que el universo, tal como lo conocemos, se desintegre en el minuto siguiente". Pero no podríamos vivir con esta clase de incertidumbres; por ello, hemos desarrollado cierto grado de confianza y seguridad sobre nuestro mundo conocido inmediato. Esto es lo que nos permite  una clase de conocimientos confiables que, aunque temporales geológicamente hablando, a una escala humana del tiempo son suficientes para nosotros. Con este tipo de seguridad podemos trazar la ruta para un viaje espacial, siempre que no tarde mucho y no vaya muy lejos. Pero dicha seguridad no es algo que podamos trasladar a todos los escenarios de la realidad, y menos a los de la vida humana misma, sea individual o en sociedades. La lógica de apropiación del conocimiento debe variar necesariamente, pues ya no es factible contar con ninguna clase de regularidad a una escala humana del tiempo. En el transcurso de la existencia humana muchas cosas pueden parecer iguales pero nunca son las mismas. Los intentos por descubrir ciclos han fracasado sin excepción. De hecho, hay ciclos pero no regularidades. Los ciclos nunca son los mismos, ni en el aspecto geológico ni en el económico. La naturaleza de la realidad humana tampoco es unívoca sino que tiene diversos aspectos, incluso contradictorios y paradójicos.


De otro lado, si en la física se han hallado fenómenos que tienen una naturaleza dual, en la psicología no puede suceder menos ya que los fenómenos psicológicos cargan con una variedad simultánea de aspectos intrínsecos como son los cognitivos, emotivos, conativos, etc. Gracias a esto, hoy sabemos que fue un error considerar que la inteligencia era sólo una cuestión cognitiva y que sólo ella podía determinar el éxito en la vida. Si hubo algunos que criticaron el "pensamiento discontinuo" refiriéndose a asumir las cosas como divididas entre blanco y negro, sin considerar los variados tonos del gris, hoy debemos criticar a los que consideran que un fenómeno humano puede ser tan sólo de una naturaleza y plantear su estudio y comprensión en tales términos.


Hemos pasado de la necesidad de superar el pensamiento discontinuo a la necesidad de configurar pensamientos abiertos, capaces de admitir múltiples esencias en un mismo fenómeno y no fundar su ciencia y saber en puras relaciones de causalidad directa sobre una realidad unívoca y homogénea. Por tanto, cualquier método que se pretenda en la psicología debería garantizar la posibilidad de abordar el objeto del conocimiento desde múltiples perspectivas y abstenerse de ofrecer una ontología anticipada del fenómeno y de los formatos del conocimiento, menos aun emplear el sentido de que es un conocimiento el establecimiento de una relación de causalidad en base a una probabilidad calculada por repetición de eventos.


La concepción empirista de la ciencia, así como lo que se considera "metodología de la investigación científica" está estructurada alrededor de una única estrategia de conocimiento que la confina a un determinado tipo de objetos y de escenarios donde dicha lógica resulta aplicable, y la excluye de los demás escenarios en los que ella resulta inaplicable, como por ejemplo, las galaxias remotas, la historia, las partículas subatómicas, las experiencias subjetivas humanas, así como el amplio campo de la conciencia, y otros donde las exigencias del empirismo no sólo entran en conflicto sino que resultan absurdas.

 


La estadística como fundamento de la psicología


Una porción nada despreciable de la psicología se ha construido bajo parámetros estadísticos, con la confianza de que las matemáticas ayudarán a descubrir las relaciones de causalidad que gobiernan el mundo de los humanos, con la misma seguridad que se tiene en las leyes que rigen las supuestas regularidades del universo. Se necesita estar liberado de la racionalidad cientificista para sorprenderse de tal suposición, ya que, incluso a simple vista, la vida de los seres humanos no parece andar regida por ninguna ley, ni siquiera humana.

 
Un estudio de la historia de la humanidad, para cualquiera que desee revisarla, permite apreciar una larga secuencia de acontecimientos fortuitos, coincidencias, caprichos personales, reacciones emocionales y hasta decisiones estúpidas que fueron cambiando el curso de la humanidad y configurando lo que es hoy nuestro presente. Exactamente lo mismo ocurre en la biografía de cualquier persona. De hecho, la psicología podría haberse ahorrado varios papelones históricos y haberse estructurado mucho mejor como ciencia, si hubiera partido del estudio de la evolución humana y de la historia de la humanidad como proceso de construcción de sus sociedades, de sus sistemas cognitivos, de sus fundamentos de racionalidad y de existencia, en lugar de basarse en correlaciones estadísticas. El desarrollo de la historia de la humanidad en cualquier escenario social, así como el de la biografía de cualquier persona, nunca ha seguido una línea de causas y efectos lógicamente encadenados de manera inevitable, al punto de que si las repitiéramos diez veces, en todas ellas volvieran a darse en la misma secuencia todos y cada uno de los hechos, como en una película grabada.


La vida y la realidad toda no son así. Muchos confunden lo que es una simple secuencia de hechos con causalidad. El hecho de que un evento E siga a uno K no significa causalidad de K respecto de E. Existían posibilidades E1, E2, E3, etc. La ocurrencia de un evento E no se explica sólo por la precedencia de K sino por una concurrencia eventual de diversos factores que sumados en un momento dado hicieron posible la ocurrencia de una forma de E. Esto hace que no podamos considerar que ante la sola ocurrencia de K volverá a producirse exactamente el mismo evento E, ya que desconocemos qué otros factores estarán presentes en una circunstancia específica ni qué papel jugarán. En la medida en que nos desplacemos hacia el estudio de eventos de mayor complejidad, mayor será la distancia causal entre E y el precedente K. Para eventos simples la causalidad aparece como algo directo. Esto ocurre a escalas biológicas o moleculares, pero a escalas superiores de complejidad la relación de causalidad directa desaparece, siendo indispensable ampliar la cobertura de factores concurrentes. A esta escala, antes de ocuparnos de la búsqueda de causalidades, lo que debemos hacer es investigar la dinámica de los factores concurrentes identificables en el fenómeno. Por ello, la vida humana resulta en gran parte imprevisible y cualquier psicología causalista resulta una impostura poco científica, aunque paradójicamente se sientan más científicos.


Como hemos visto, la historia particular de la ciencia tampoco es una secuencia lógica de causas y efectos necesariamente encadenados sino que está rodeada de eventos sorpresivos y casuales, de intereses particulares y de las necesidades repentinas de una cierta época. El mundo que hoy conocemos podría haber sido de cualquier otra manera. No existe ninguna justificación racional que explique la necesidad de que el mundo sea como lo es hoy. No hay razón alguna para que el teclado tenga la disposición QWERTY de las teclas, por ejemplo. Son infinitas las posibilidades para que este mundo pudiera haber sido completamente diferente y, también, la posibilidad de que la psicología pudiera haber seguido otra secuencia de desarrollo y ser hoy algo bastante distinto de lo que es. Sólo como ejercicio teórico, cambiemos un hecho de la historia. Se cuenta que Constantino soñó con una cruz y con una voz que le decía "con ella vencerás". Impresionado por esto, antes de la batalla del puente Milvio mandó pintar una cruz en los escudos de sus guerreros. Eventualmente, le fue bien en la batalla. Después de derrotar a Majencio y conseguir el poder de Occidente, siguiendo la mentalidad causalista natural del pensamiento humano, atribuyó su triunfo a la cruz de los cristianos y cambió la tradición de los emperadores romanos, especializados en masacrar cristianos, y los admitió en la sociedad. Publicó el Edicto de Milán gracias al cual los cristianos, que eran apenas el 10% de la población, acabaron dominando Roma y luego todo Occidente, llegando incluso a América. Ahora bien, supongamos que Constantino no hubiese tenido dicho sueño o no hubiese ganado sus batallas, o no hubiera atribuido su triunfo a la cruz bajo un criterio más sensato y realista. ¿Cómo habría cambiado la historia y cómo se habría configurado nuestro mundo actual sin los cristianos?


En conclusión, tomar como referencia la actual realidad social para desarrollar una racionalidad puede inducirnos a un error lógico de principio. ¿Qué racionalidad gobierna al mundo? ¿Qué racionalidad dirige la construcción social del idioma y su evolución a lo largo del tiempo? ¿Qué racionalidad gobierna la moda, la música, el arte e incluso a la misma ciencia? Del mismo modo, tomar como válida la racionalidad que prima en la psicología, principalmente en ese segmento de la psicología fundamentada en la psicometría, no hace más que inducirnos a tomar por válido algo que pudiera ser el resultado fortuito de una serie de acontecimientos azarosos en el desarrollo de la psicología. Es válido en consecuencia preguntarnos ¿qué racionalidad prima en la psicometría y cuál es el origen de ella? Vale la pena hacer un recorrido histórico. Acaso podríamos advertir que los principios normativos de la ciencia psicológica de naturaleza psicométrica descansan en la irracionalidad, luego de analizar cómo se construyó lo que se asume hoy por racionalidad psicométrica.


Uno de los errores más frecuentes de la psicología del último siglo ha sido tomar por válidos los conceptos vigentes y seguir desarrollándolos. Si retrocedemos en la historia de los desarrollos teóricos de la psicología, terminaremos encontrándonos con que se han estado desarrollando teorías científicas para conceptos vulgares (Ortiz,1999). Es el caso, por ejemplo, de la inteligencia y la personalidad. Si contamos, las teorías en ambos campos cabe la impresión de que exceden el medio centenar, aunque han prevalecido menos de una docena más por la fe y la actitud de sus seguidores que por la certeza de sus enunciados. Además está el hecho de que algunas teorías se han adaptado muy bien a los buenos negocios, tanto en el campo editorial para la autoayuda como en el del entrenamiento y formación de capacidades. Al margen de ello, este afán de la psicología de emprender el estudio de ciertas "cosas" obedece más a un defecto del pensamiento humano que a un fundamento o necesidad estrictamente científico.


El error se conoce como "reificación". (Gould, 1984), y se debe a una característica natural del pensamiento de los humanos consistente en creer que todo lo que tiene un nombre en el idioma existe como entidad real, es decir, es una "cosa", al extremo que puede ser incluso medido. La reificación es necesaria para adaptar las abstracciones del pensamiento superior al razonamiento primitivo de origen animal, tal como lo explica la teoría dual de procesamiento mental (Fuentes,1995). Los hombres cosificamos muchas cosas para razonar. Cosificamos a Dios, a los países, hablamos de la "lucha contra la pobreza" o "contra el SIDA" como si se tratara de objetos o monstruos con vida propia a los que podemos tocar, derribar y matar. Es así cómo la psicología ha venido estudiando y midiendo "cosas" que a priori se dan por existentes y "probando" su existencia con matemáticas. Por ello decía Boring que la inteligencia "es eso que miden las pruebas de inteligencia. (Anastasi, 1977)". Este error de reificación fue cometido por entusiastas estadísticos que emprendieron la elaboración de intrincados modelos matemáticos para demostrar la existencia de tales "cosas" que bien podrían pasar por fantasmas de la imaginación. Algunos de los más famosos estadísticos-psicólogos, estudiosos de la inteligencia, fueron precisamente Spearman, cuya mayor contribución a la humanidad ha sido su coeficiente de correlación, y Thurstone cuyo legado a la psicología fue su análisis factorial.


Resulta sumamente curioso ver que la inteligencia -sea lo que fuere- se haya intentado estudiar a través de cálculos matemáticos. Lo cierto es que al final de todos estos esfuerzos matemáticos no se ha logrado mucho más que acumular una buena cantidad de curiosas teorías sin llegar a entender lo que es la inteligencia. Además uno podría preguntarse legítimamente porqué la inteligencia ha sido motivo de estudio y no, por ejemplo, el criterio, la estupidez, la imaginación o el amor. Es una pregunta válida, y su respuesta, si la buscamos, nos ofrecerá más sorpresas. Deberíamos averiguar cómo es que la estadística terminó convertida en fundamento de la psicología, ya que esto, visto desde nuestra perspectiva al menos, constituye una de las anécdotas más curiosas con que la historia de la humanidad nos sorprende y fascina.


Si retrocedemos en la historia de la psicometría, saltando de autor en autor como si fueran las tablas de la ruta del tren, llegaremos inevitablemente a Sir Francis Galton. Fue este personaje quien abrió las zanjas y edificó las bases de lo que luego sería el largo trayecto del estudio matemático de los aspectos humanos. Así que bien valdría la pena ocuparnos un poco de él. Sir Francis Galton (1822, 1911) fue, si cabe, una versión exagerada de José Arcadio Buendía. Su biografía es una de las más sorprendentes que existen y supera la imaginación más delirante de la literatura. Sus biógrafos no dudan en señalarlo como "estadístico y psicólogo", entre otras cosas, pues en realidad tuvo una larga lista de ocupaciones. No hay prácticamente nada que Galton no hubiera intentado acometer como estudio supuestamente científico gracias a su frondosa e irrefrenable inquietud. Tenía una obsesión casi patológica por las matemáticas y todo lo que emprendía lo hacía matemáticamente. Contaba y medía todo lo que se le cruzaba en su camino. Entre las cosas que hizo podemos reseñar que estudió medicina, exploró el África, en donde pretendió hacer una medición de las nalgas de las mujeres como primer intento clasificatorio del género humano. Más adelante se ocupó de la meteorología sobre la que publicó un libro. Profundamente influenciado por la teoría de Darwin incursionó en la biología y la antropología, para acabar en algo que, a falta de mejor nombre, desde entonces empezó a llamarse también psicología. Galton vivió para demostrar que existían leyes en la herencia genética que podían demostrarse matemáticamente. Fundador de lo que se conoce hoy como eugenesia, o la mejora de la raza humana. Midió y pesó a miles de personas para correlacionar sus rasgos variables. Fue quien introdujo los conceptos de media, regresión, variable y correlación, que hoy se usan aunque con conceptos distintos. Se sabe que contrató los servicios del matemático Karl Pearson, creador luego del famoso coeficiente de correlación que lleva su nombre. Uno de los estudios estadísticos de Galton que hoy nos resultan más curiosos fue el de la eficacia de las oraciones, que pretendía correlacionar la cantidad de oraciones con la edad en que morían los creyentes. Después de todo, se puede contar, medir y correlacionar cualquier cosa. Y como esa, hay una larga lista de extravagancias matemáticas desarrolladas por Galton, cuya mención sería un tanto necia. Todo ello conduce a confirmar que se trata de un personaje que vivía precariamente en la frontera entre la genialidad y la locura, lo que no impide que haya hecho algunos aportes útiles como el empleo de las huellas dactilares. Aun cuando haya tenido la inteligencia para emplear las matemáticas la mayoría de sus empresas no pasaron de ser meras curiosidades a veces absurdas. Cuenta con más de 300 publicaciones "científicas" en varios campos. Estuvo empeñado en demostrar que existían razas superiores, por ello su deseo de probar que la inteligencia era un rasgo genético lo llevó a iniciar sus estudios en este campo. De todo lo que hizo quedó su afán por la demostración matemática de la existencia de la inteligencia. En esta empresa se embarcaron luego algunas de las mentes más brillantes que ha dado la humanidad, entre ellos Fisher además de los ya nombrados Pearson y Spearman. De modo que fue Galton el iniciador de esta larga tarea, a quien se le considera nada menos que el "padre de la psicología diferencial". Finalmente se le encontraron mejores usos a la estadística y hoy es fundamental para cierto tipo de estudios y de aplicaciones tan importantes como el control de calidad industrial y en muchas otras áreas como la agricultura. Ciertamente no ha desaparecido de la escena el segmento psicológico que aun persevera en demostrar matemáticamente la existencia de la inteligencia y otras cosas.
 

Pero no culpemos a la historia sino a la costumbre antropológica de validar nuestra realidad, confiar en ella y seguirla. En el mundo encontramos muchas cosas (teorías, conceptos, principios) que son el producto de una gran variedad de circunstancias y cuyo origen pasa desapercibido, pero que son asumidos como fundamentos de la realidad, y sobre ellas erigimos el puente que nos llevará hacia el futuro. Así es como se construye la historia. Si no tenemos el cuidado de analizar su origen y su grado de racionalidad, corremos el riesgo de edificar una estructura teórica basada en las alucinaciones de alguien, tan sólo porque nos ofrece alguna utilidad práctica (económica por ejemplo) o nos resultan subyugantes porque coinciden con nuestra fe o algo así, de lo cual no somos muy conscientes. Hoy deberíamos revisar el papel social que juega la psicología diferencial, pues lejos de contribuir al entendimiento del ser humano se ha constituido en instrumento predilecto de discriminación, dominación y alienación (Ortiz,1999). Uno de los papeles sociales más discutidos de la psicometría en estos días es su función como instrumento de selección de los candidatos a puestos laborales, procesos en los que nadie parece advertir que haya mucha ciencia a la hora de eliminar candidatos.

 

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Comentarios a este trabajo



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Silvia Castillo: Es un trabajo maravilloso. me gustaria que hubiera mas del mismo autor, tienen unas ideas muy claras y acertadas. Hacen falta este tipo de aportes para el verdadero avance de la Psicologia. Mil felicidades.

 

Xochitl: Me parece muy interesante este artículo. Felicidades y gracias por compartir sus conocimientos.

 

Gloria Gallego: Me queda muy clara la propuesta crítica, pero no hay propuestas sobre nuevos métodos para acceder al conocimiento del ser humano.

 

Alicia A.: Agotador el artículo pero valiosísimo. Considero que es un instrumento básico para reflexionar sobre lo que estamos haciendo en psicología. Es verdad que siguiendo el método científico la psicología no ha conseguido practicamente ningún aporte significativo. Habría que meditar en como salir de este agujero.

 

Joel Perez: Me parece que el autor hace un minucioso análisis de las formas tradicionales de operar en el ambiente psicológico y queda claro, al menos para mi, que todo ese procedimiento se lleva a cabo por costumbre o imitación, pero que no se sustenta en razones válidas. Me parece un excelente trabajo que en verdad nunca había leido. No es muy común encontrar alguien dando la contraria al pensamiento general y al proceder generalizado. Creo que este artículo debería ser de lectura obligatoria en todo recinto donde se enseñe psicología.

 

Bernardo: Considero que aborda problemas sensibles de la psicología a la altura de la segunda parte del texto. No obstante hay un discurrir cuasi-sociológico, en el cual el autor termina repitiendo aquello que critica y cuestiona, quizás por estar empeñado en una batalla personal con otros autores, de lo cual atestigua el vocabulario empleado. Realmente creo que el artículo tiene puntos fuertes, pero que el desarrollo y la mezcla de lo personal, con algunas contradicciones del autor, echan por tierra el aporte pretendido.

 

juan rafael sanchez: Considero que son muy importantes estos aportes sobre los avances del tema que se aborda, así como también ayuda a estimular y mejorar el conocimiento de todos aquellos que nos gusta documentarnos para mejorar nuestro conocimiento.

 

monica: Es un artículo de gran ayuda. Es un tema super importante que despejó varias dudas e incógnitas que tenía. GRACIAS

 

Héctor K. B.: Muy bueno el discurrir intelectual sobre el tema. El aporte esclarecedor sobre las actividades científica y para-científica, realidad que se da no sólo en psicología, sino tambien en las otras ciencias.Felicitaciones.

 



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