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El ofensor sexual religioso: Factores psicosociales y etiológicos de su conducta ofensiva
José Osvaldo Reyes
Por su parte, Seto (2008), en una reciente y rigurosa publicación, describe las teorías psicosociales más reconocidas para explicar el origen de las conductas sexuales ofensivas. Entre éstas, el autor menciona la teoría multifactorial de Finkelhord, el modelo de vulnerabilidad de Marshall y Barbaree y la teoría de apego evasivo de Marshall y Marshall. De manera más específica, menciona factores etiológicos concretos como padecimiento de pedofilia, limitaciones en la competencia e interacción social, actitudes e ideas distorsionadas sobre la capacidad sexual de los menores, desregulación emocional (como pueden ser la ansiedad o los trastornos de ánimo), pobre apego con figuras cuidadoras primarias, abuso sexual durante la infancia y exposición temprana a ambientes cargados de sexo.
Establecidos los factores psicosociales y etiológicos de la conducta sexual ofensiva entre los ofensores sexuales, en general, es pertinente plantearnos la pregunta: ¿El ofensor sexual religioso presenta estas mismas características psicosociales y estos mismos factores etiológicos para la comisión de sus ofensas? Como veremos más adelante, esta pregunta ha divagado con anterioridad por la mente de varios investigadores que se han dado a la tarea de contestarla. A pesar que los estudios psicológicos sobre agresión sexual entre sacerdotes o religiosos son muy pocos y que la mayoría se basan en muestras clínicas, los hallazgos de los mismos sirven, sin lugar a dudas, para contestarnos la pregunta que previamente nos hiciéramos. A mediados de la década de 1990, el sacerdote católico y psicoterapeuta Stephen Rossetti, había comenzado a develar algunos detalles descriptivos sobre los sacerdotes que atendía en su instituto especializado en tratamiento para religiosos referidos por ofensas sexuales. Entre sus datos, divulgados predominantemente en entrevistas, reveló que la mayoría de sus clientes mostraba sintomatología asociada a la pedofilia (atracción sexual hacia niños/as) y/o de hebofilia (atracción sexual hacia los adolescentes) (Isely, 1997). Sin embargo, pese a múltiples pedidos de clínicos e investigadores, ningún centro de tratamiento para sacerdotes ofensores sexuales, (incluyendo el de Rossetti), ha publicado datos empíricos sobre la etiología de la conducta ofensiva de sus clientes o sobre la efectividad de sus tratamientos. La investigación científica al respecto, como la que citaremos adelante, ha sido publicada por investigadores y expertos que no sostienen ningún vínculo con instituciones religiosas. Haywood, Kravitz, Grossman y et al. (1996) compararon 30 sacerdotes católicos convictos por abuso sexual con otros 39 ofensores sexuales no religiosos. Estos investigadores encontraron que el 77% de los clérigos contaba con niños varones como sus víctimas principales y que el 63% manifestaba atracción hacia los adolescentes (hebofilia). Los datos sostuvieron la hipótesis principal del estudio en el sentido de que los religiosos reunían más criterios para el padecimiento de pedofilia que los ofensores sexuales no religiosos. También encontraron que entre los sacerdotes, la media del número de víctimas no superaba las dos en comparación con los ofensores no religiosos que tenían una media mucho mayor de hasta 15 víctimas. En otro estudio, Haywood, Kravitz, Wasyliw et al. (1996) compararon 157 ofensores sexuales religiosos (sacerdotes católicos y de otras denominaciones), con igual cantidad de ofensores no religiosos y concluyeron que sólo cinco (3%), de los religiosos reportó haber sido víctima de abuso sexual durante su niñez y que, según su interpretación, dicha experiencia fue un factor precipitante de su conducta ofensiva. Por su parte, Plante, Manuel y Bryant (1996) evaluaron 80 sacerdotes católicos ofensores sexuales hospitalizados en una institución psiquiátrica y encontraron que el 100% de su muestra presentaba criterios para desordenes sexuales de tipo no especificado y 37 sacerdotes (46%) presentaban criterios para trastornos de personalidad. Además, identificaron como factores etiológicos en su muestra aspectos psicosociales como soledad, sentimientos de rechazo, falta de autonomía y significativos niveles de hostilidad interpersonal. Finalmente, Langevin, Curnoe y Bain (2000) realizaron un amplio estudio entre 24 sacerdotes acusados de ofensas sexuales. Esta investigación fue más específica en la identificación de factores precipitantes de conducta abusiva. Los autores encontraron que más del 50% de la muestra de religiosos sólo contaba con una o dos víctimas, dato que los diferenciaba de los ofensores sexuales no religiosos que podían contar con hasta nueve víctimas. También encontraron que la media de educación de los religiosos era casi el doble comparada con la de los no religiosos y que sólo uno de los religiosos (4%) contaba con historial de abuso sexual durante su infancia. Estos hallazgos son consistentes con los dos primeros estudios citados (Haywood, Kravitz, Grossman y otros (1996); Haywood, Kravitz, Wasyliw y otros (1996).
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