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Psicosociología de la Marginalidad en República Dominicana. Una investigación de campo

Augusto V. Rhamírez
Psicólogo Clínico
Investigador Social
Universidad Autónoma de Santo Domingo
La Habana, Cuba
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Aunque la miseria y el miedo son las dos fuerzas que modelan el vivir del marginado, no todos los marginados la sienten de la misma manera. La etapa de su vida, la distancia que lo separa de su extracción campesina y su nivel inteligencia, son los factores que determinaran si siente la marginación como una derrota personal, un sino adverso o una agresión de la sociedad. Derrota, sino o agresión pueden combinarse en una misma persona, o estar presentes dentro de un mismo grupo, sus proporciones y vigencias, condicionaran distintas conductas y diferentes niveles de agresividad.
La primera connotación de la precariedad es la inseguridad. Y es esta inseguridad, omnipresente, perenne e insoslayable la que marca, con una huella indeleble, la personalidad del niño marginado. La inseguridad daña mucho más que la carencia, pues la carencia desaparece cada vez que se encuentra el objeto deseado, mientras la inseguridad permanece aun después de saciada la demanda. De esta manera la inseguridad perpetúa la carencia. La inseguridad satura todo el espacio vital del marginado. Inseguridad por la fragilidad de su vivienda, una endeble casucha que tiembla y cruje a la menor ráfaga de aire. Inseguridad de su madre que agobiada por la miseria y la soledad no sabe en la mañana que va a darle de comer a su hijo por la tarde. Inseguridad de un padre itinerante, que de improviso se presenta a reclamar lo suyo y se despide dándole golpes a su sumisa mujer. Inseguridad del polvazo callejón, que es acera y vertedero, portal de juego y campo de batalla donde aprende la violencia y el miedo, conoce la angustia de la indefensión y la rabia de la impotencia. Esta inseguridad se grava en su inconsciente para toda la vida, disminuye su auto estima y su autocontrol y es la causa de la mayoría de las conductas reactivas, que el marginado emplea para defenderse de su inseguridad inconsciente.
b. La Anomia
El concepto de anomia, fue usado por Emili Durheim, en su libro sobre el suicidio, publicado en 1895. Durheim, definía este concepto, como el estado de aislamiento funcional de todas las actividades de la sociedad a la cual una persona pertenecía. Esta total no pertenencia, aislaba afectiva y prácticamente a la persona anómica, de su entorno humano destruyendo su autoestima y provocando el suicidio.
Durheim no afirmaba que todos los anómicos se suicidaban, pero si sugería que todos los suicidas eran anómicos. Hoy sabemos que acto suicida, es en la mayoría de los casos un acto compulsivo e incoercible que lleva al sujeto a quitarse la vida, hay muchos casos que el acto suicida ha sido precedido de una obsesiva premeditación. Pero, lo que si se encuentra siempre en la personalidad del suicida, es un derrumbe de su autoestima y una culpabilidad irracional de su persona.
Este aislamiento funcional de todas las actividades fundamentales de una sociedad es algo que padece todo marginado. No es estudiante ni trabajador, ni profesional, ni técnico, ni deportista, ni cura, ni policía ni artista. No encarna ninguno de los modelos con los cuales tal vez se ha identificado, este no ser nada, limita enormemente su auto identidad. El que no es nadie, no es nada, empobreciendo su auto estima y su seguridad personal. Esta falta de identidad social y seguridad personal, llevan al marginado a la compulsión repetitiva de actos y conductas de carácter compensatorios. Son como rituales mágicos para protegerse de su vacío existencial y de la angustia de su perenne inseguridad. Sabemos que la enajenación en las sociedades industriales crea anomias existenciales, pero estas insatisfacciones y extrañamientos psicológicos no se deben a la ausencia de vínculos del individuo con su sociedad, sino a la frustración que estos vínculos producen. La existencia impropia, es producida por la falsa identidad asumida: el ser lo que no se es y no poder ser lo que se quiere ser. No está impuesto, es el producto de una mala elección, inducida por la falsificación del consumismo. c. La Inseguridad
La inseguridad del marginado le está impuesta por la precariedad en que vive. Se acuestan a dormir sin saber si tendrán comida mañana. Están constantemente acosados por la inquietud, la indefensión y la violencia. Esta indigencia bajo techo, es más enajenante y depresiva que la del limosnero que vive de la caridad callejera. Todos los seres humanos se han sentido inseguros algunas veces, hasta sienten miedo en ciertas ocasiones, pero la inseguridad permanente, la incertidumbre como estado mental ineludible, convierte a los seres humanos en fieras acosadas o inermes presas de carroñeros y traficantes.
La angustia que esta perenne inseguridad provoca, es la que empuja al marginado hacia la adicción, la violencia y las transgresiones de todo tipo. Lo asombroso y muchas veces inexplicable, es la cantidad de individuos y núcleos familiares que se aferran a sus valores y mantienen una conducta digna en medio de esta batalla cotidiana por la sobre vivencia. Estos héroes ignorados, son fácilmente rescatables y representan un capital social de vital importancia en una sociedad asaltada por la corrupción y el narcotráfico, pero estos edificantes ejemplos, al negar los paradigmas del sistema, no pueden ser publicitados.
Aunque en forma general, el factor económico es esencial en la producción de la marginalidad, no podemos olvidar que la deformación psicosocial del marginado, en la mayoría de los casos, es irreversible. Se hunden en la marginalidad por factores socio económicos, pero no superan la marginalidad así "ganen una lotería". Las experiencias de varios países, en sus intentos de erradicar algunas zonas marginales, son muy ilustrativas , es evidente la persistencia de una personalidad marginalizada, aunque las condiciones materiales de la marginalidad hayan sido superadas. Se puede observar en algunos lugares como Cuba, Estados Unidos y Venezuela, frente a los programas institucionales para erradicar la marginalidad y la extrema pobreza los individuos y grupos, se resistían a abandonar sus chozas y sus áreas arrabalizadas, defendiendo sus modos vivendi, a contrapelo de toda la lógica desarrollista.
Las consecuencias de la marginalidad son parecidas a la desnutrición infantil. Si un bebé, no es bien alimentado en sus primeros 5 años de vida, las consecuencias de esta desnutrición infantil son irreversibles. La inteligencia, las defensas inmunológicas, su crecimiento y su desarrollo esquelético-muscular, se disminuyen por la falta de nutrientes esenciales en esa etapa primaria del desarrollo orgánico. No importa que después de esta etapa, su nutrición y condiciones de vida sean óptimas, sus potencialidades genéticas perdidas no se podrán recuperar. Así mismo, las principales deformaciones de la personalidad que la marginalidad produce en todos los que la padecen desde la infancia, son irreversibles. En la mayoría de las persona estas deformaciones invalidan trágicamente, convierten al marginado en minusválido funcional, incapaz de labrarse un posición estable en el mercado laboral.
Un ejemplo es la extensa marginalidad enraizada en Quisqueya, por la desesperada migración del campesinado hacia las ciudades, creando una masa poblacional ajena a los valores del consenso nacional. La anomia impuesta a la cuarta parte de la población del país, ha convertido la conducta antisocial en cultura de masas, haciendo que lo corrupto y delictivo sea aceptado, por un amplio segmento de la población, como formas válidas de sobre vivencia. Esta masiva marginalidad no sólo priva al país de miles de talentos y de una fuerza productiva apreciable, sino que ha roto el equilibrio social, empujando a miles de jóvenes hacia actividades delictivas que imposibilitan toda convivencia democrática. La ofensiva del crimen internacional organizado (CIO) y el narcotráfico, han encontrado un amplio campo de mercadeo y reclutamiento en estas masas marginalizadas, desatando una incontrolable ola delictiva que esta quebrando la institucionalidad del país.
En la década de los sesenta, se publicó un libro de Herbert Marcuse, El hombre unidimensional, donde el filósofo afirmaba que, en los países desarrollados, los trabajadores ya no eran una fuerza revolucionaria, que las masas marginadas, serían las encargadas de subvertir el Sistema. La realidad ha demostrado, hasta ahora, que el sistema, en las sociedades industriales, cuenta con medios suficientes para controlar el accionar subversivo de los marginados. Pero en los países de América Latina, llenos de contrastes sociales, culturales y tecnológicos, donde las "élites y las aristocracias obreras", disfrutan de las ventajas del desarrollo, junto a millones de hambrientos y marginados, el aumento de la delincuencia está produciendo una verdadera subversión del Sistema, que sin consignas ni panfletos ideológicos, está quebrando la institucionalidad democrática. La experiencia histórica nos recuerda que, al terminar la Primera Guerra mundial, las plutocracias europeas, se enfrentaron a las amenazas de la revolución rusa, utilizando a las depauperadas masas proletarias como fuerza de choque del fascismo. A partir de 1960, en América Latina, los Estados Unidos, utilizaron los ejércitos, del continente, integrados mayoritariamente por campesinos analfabetos y elementos marginales, para imponer dictaduras militares, que contrarrestaran las influencias subversivas de la revolución cubana.
En la actualidad, el crimen internacional organizado y el narcotráfico están utilizando, a los jóvenes y niños acorralados por la marginalidad, como sicarios y tropas de choque de sus organizaciones criminales. En Brasil, México y Centro América, estas organizaciones, no sólo se enfrentan abiertamente a los cuerpos de seguridad sino que controlan zonas del país y departamentos administrativos del estado. Las Maras Centro Americanas, les cobran protección a los comerciantes y empresarios, llegando al extremo, de cobrarle a los cuerpos policiales para no atacar a sus familiares.
Debido a la extensión de la corrupción y la criminalidad, la atmósfera de inseguridad permanente, que reina en las zonas marginales, se ha extendido a toda la sociedad. Hoy en día, los delincuentes se sienten más seguros que la población trabajadora. En Latino América, la corrupción policial ha convertido, a las fuerzas del orden, en auxiliares del crimen organizado. Los narcos costean campañas políticas, abren bancos, y desarrollan urbanizaciones y centros turísticos. Aprovechando la miseria generalizada y el empobrecimiento de los sectores medios, las mafias internacionales están presentes en todos los sectores económicos del continente, sobornan, compran y subvencionan a políticos, funcionarios, jueces y periodistas. Lo que no pueden lograr con el dinero lo consiguen con la violencia. Esto mismo está sucediendo en Santo Domingo.
En debilitamiento de los estados y la marginación elitocrática, entendida como la conformación de una formación clánica dentro de una élite de poder, aislándola de los intereses de su clase y de la necesidades históricas de su país, ha permitido que los tradicionales instrumentos de dominación y poder, de algunos estados, cayeran bajo el control del Crimen Internacional Organizado. La ingobernabilidad que las agencias financieras propiciaron, ha permitido el control mafioso de instituciones y ministerios, por la profunda corrupción de la clase política, muchos de sus miembros se han convertido en instrumentos de las mafias internacionales.
Todas estas corruptelas conforman una situación de inseguridad generalizada, que afecta a todos los sectores de la sociedad. La inseguridad crónica de las áreas marginales se ha extendido desde los ghettos de las periferias a los barrios elegantes, a las zonas comerciales y las secretarías del estado, ha invadido las relaciones interpersonales, la familia y el trabajo, la mente y la afectividad de todos y cada uno de los habitantes del país esta llena de zozobras e inquietudes. El presente es angustioso y el futuro incierto. La mayoría no cree que haya un mañana mejor y sueñan que el emigrar es la única salida.
Los que han vivido en Santo Domingo o han conocido el país desde la década de los noventa, pueden percibir con claridad el deterioro de la calidad de vida y la descomposición institucional que afecta el país. Existe una crisis global del sistema que afecta a todos de diferentes maneras, pero desgraciadamente, la buena voluntad de los gobiernos actuales no puede superar.
Los comentarios están ordenados desde el más reciente al más antiguo:
marcela: Excelente trabajo me sirvió mucho como antecedente para un trabajo que estoy realizando en mi carrera e trabajo social muchas gracias y felicitaciones por la experiencias vividas.
ARACELI: Aunque el trabajo fue enfocado a la República Dominicana, considero que es muy similar por no decir idénticos a otros países, por lo cual se me hizo interesante y muy bien trabajado el tema.
Nieves : Gracias por este trabajo, porque ha aportado mucho a mis conocimientos.
alberto familia: Trabajos de esta naturaleza deben ser distribuidos en las escuelas y discutidos para propagar su buen contenido.
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