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Síndrome Frontal: Sintomatología y Subtipos


 

Esperanza Bausela Herreras
Doctora en Psicología
Licenciada en Psicopedagogía
Universidad Autónoma de San Luis Potosí
San Luis Potosí, México


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Trabajo publicado el 25 de septiembre de 2008

 



Resumen

 

 En el campo de la neuropsicología ha habido siempre un interés por el estudio de las funciones ejecutivas dentro del "síndrome frontal", pero desde comienzos de la década de los sesenta, paralelamente a los avances en el conocimiento de esa región cortical, el interés se ha intensificado considerablemente. Los lóbulos frontales se encuentran implicados en las funciones cognitivas más complejas y evolucionadas del ser humano. Esta diversidad funcional es explicada por las complejas conexiones aferentes y eferentes de esta zona córtex, funciones conocidas a partir del estudio, fundamentalmente de pacientes con daño frontal. El objetivo de este artículo es analizar la diversidad de la sintomatología que acompaña a las lesiones y/o disfunciones que se relacionan con este sustrato neurológico, se profundizara en la disfunción ejecutiva, y se analiza la sintomatología con relación a una posible división estructural de esta zona del córtex tan compleja.

 

Palabras claves: Lóbulo frontal, función ejecutiva, inhibición, autorregulación, flexibilidad cognitiva.

 

 

 

Sintomatología del lóbulo frontal

 

Como venimos comentando a lo largo de este capítulo, los diferentes especialistas que han tratado de estudiar el funcionamiento ejecutivo han concluido que existe una relación muy estrecha entre éste y las alteraciones que presentan los pacientes con lesiones que se localizan en la zona del lóbulo frontal cerebral (Barroso y León Carrión, 2002). Por esto, vamos a iniciar analizando los déficits ejecutivos que acompañan a la lesión del lóbulo frontal. Sin duda alguna, el caso más famoso de la neuropsicología, sobre el estudio de la lesión del daño frontal es el caso de Phyneas Gage. J.M. Harlow, médico de profesión, en 1868 (Walsh, 1986) describe uno de los primeros casos sobre los cambios producidos en la conducta después de sufrir una lesión en la parte anterior del cerebro, que ejemplifica claramente la relación existente entre los lóbulos frontales y los que con posterioridad se relacionan. Dentro de la neuropsicología moderna, esta idea se atribuyó por primera vez a Luria (1966), que propuso que los lóbulos frontales eran responsables de programar y regular el comportamiento, y de verificar si una actividad dada era apropiada para una situación. Del mismo modo, Stuss y Benson (1986) han sugerido que el sistema ejecutivo frontal comprende una serie de procesos componentes, cada uno de los cuales puede influir en dos sistemas funcionales básicos: el impulso y la secuenciación. Estos procesos, a su vez, alimentan y moderan una gama de sistemas diversos que están fuera de los lóbulos frontales.

Las lesiones producidas en la zona prefrontal del cerebro, determinan, en la mayor parte de los casos, la aparición de un conjunto de síntomas que se agrupan bajo el denominado síndrome frontal, teniendo consecuencias sobre el córtex motor, el premotor y otras áreas con las que mantiene estrechas relaciones.

Esta sintomatología cognitiva, tras la lesión en los lóbulos frontales, es muy variada y se relaciona con la localización, el tamaño, la profundidad y la lateralidad de la lesión. En este sentido, podemos hablar de trastornos en el razonamiento, en la capacidad de generar estrategias que permitan solucionar problemas, el lenguaje, el control motor, la motivación, la afectividad, la personalidad, la atención, la memoria, o incluso, la percepción.  A continuación profundizamos en esta diversidad:


Portellano (1998), Hernández, Suaerwein, Jambaqúe, de Guise, Lussier, Lortier, Dulac y Lassonde (2002) y Pineda (2000), asocian las disfunciones de los lóbulos frontales en adultos con ciertos aspectos de la coordinación motriz, trastornos motores, trastornos de los movimientos oculares y de la programación motriz.


En este sentido, las lesiones en los lóbulos frontales van a implicar alteraciones en todas las funciones cognitivas (Jódar, 2004). Tanto la investigación básica como la evidencia clínica muestran que el daño frontal lleva consigo diversos y múltiples déficits cognitivos como consecuencia de una lesión en esta zona de la corteza cerebral: dificultades en la planificación, en el razonamiento en la resolución de problemas, en la formación de conceptos y en el ordenamiento temporal de los estímulos; aprendizaje asociativo, alteración de algunas formas de habilidades motoras, generación de imágenes, manipulación de las propiedades espaciales de un estímulo, meta cognición y cognición social (Kertesz, 1994; Levin, 2001).


Lesiones en esta zona se asocian a problemas de la memoria y en concreto en  la memoria de trabajo (Golea, Pullara y Grafman, 2001). Ya el propio Luria (1980) en su obra Neuropsicología de la Memoria, dedicó un capítulo a analizar las alteraciones de la actividad mnésica en dos casos de infección masiva de los lóbulos frontales: un enfermo con tumor (aracnoidendotelioma) de los sectores basales de los lóbulos frontales y un caso de trauma masivo de esas formaciones. Las lesiones en el córtex basal frontal interrumpen circuitos de memoria y pueden provocar amnesia, pero indirectamente el lóbulo frontal reduce la capacidad de aprendizaje en tanto está implicado en la capacidad de planificación y organización de la información. Por otro lado, permite la organización espaciotemporal y contextual de la información aprendida: la memoria contextual y temporal, la capacidad no sólo de aprender una información, sino de relacionarla con un contexto y ordenarla en el tiempo de una manera adecuada (Fuster, Bauer y Jervey, 1995). Luria (1973) interpretó las alteraciones de la memoria después de una lesión frontal como una alteración de la capacidad de control de la inhibición. Es decir, el déficit se encontraría en la alteración de inhibir respuestas irrelevantes. Y más recientemente, Shimamura (1996) ha insistido en esta misma idea, argumentando que estas personas no parecen poseer la capacidad de controlar el procesamiento de la información que no se requiere en un momento determinado.

 

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Los comentarios están ordenados desde el más reciente al más antiguo:

 

mercedes: Es un trabajo excelente, fácil de entender. Mi hijo tiene una lesión en el lóbulo frontal desde los 8 años debido a un TCE en ámbito escolar, y le está repercutiendo muchísimo en lo académico, en su desarrollo, en el ámbito social y familiar. No es comprendido, llevando a sus espaldas un gran peso por parte del colegio y una gran frustración. Todo escrito en este trabajo le ocurre a él. Falta de memoria, trastorno de la conducta, alteraciones visuales, muchas nauseas, trastorno del razonamiento, etc y un niño con una inteligencia normal alta y supercariñoso y guapísimo. Gracias por este artículo.

 

Tamara Andrea: Excelente soy psicopedagoga y tengo una niña con epilepsia y daño cerebral en el L. Frontal. Gracias.

 

Yarelis: Con este trabajo me he actualizado en el tema que en ocasiones no es materia directa de trabajo en mi labor como defectóloga y logopeda, pero el recibir pacientes con síndrome frontal requiere de la revisión de buenos trabajos como este. Gracias

 

doralba osorio flórez: El artículo me ayudó mucho para entender las conductas de un estudiante que tengo incluido en mi institución educativa liceo antioqueño del municipio de Bello Antioquia-Colombia. Gracias por permitirnos acercar al conocimiento de una forma tan clara y precisa. Artículos como este nos ayudan a entender y a respetar las diferencias individuales de nuestros estudiantes. Nuevamente gracias y felicitaciones a la autora por tan excelente compilación de información.

 

Daniela: Muchas gracias, me ha ayudado bastante, hace rato buscaba información y la Neuróloga de mi abuelo me dijo que buscara por síndrome frontal, y ahora recién entiendo todo, y he quedado con muchas de mis dudas resueltas. Gracias.

 

Yaneth Sorto: De gran ayuda para mi segunda unidad de Psicofisiología II. Gracias

 

Juan : Es un buen artículo, breve divulgación de los conocimientos que se van teniendo respecto de los síndromes frontales y su importancia en el entendimiento de los procesos cognitivos, planeación de la conducta y aprendizaje. Gracias y felicitaciones.

 

lengnis: Muy buen trabajo, me ayudó mucho con algunas dudas que tenía, muy explícito desde los aportes de Luria y demás autores.

 

lorena: Es un muy muy buen trabajo , el vocabulario empleado permite que la información sea asimilable facilmente, además es destacable la especificidad y lo concreto del texto, pues realmente este tema resulta ser extenso y tedioso.

 

jose carlos hernandez: La autora ha descrito un breve recordatorio de los conocimientos básicos que se conocen sobre el lóbulo frontal.

 

Armando : Es muy interesante, porque, lejos de pensar que es un asunto trillado, está todo fuera de las malas interpretaciones que algunos colegas puedan darle. Muchas Felicidades, mi distinguida colega, y sigue adelante, que piedras en el camino hay muchas, el fin de quitarlas lo demuestra el escribir este artículo.

 

ROBERTO A FLORES S: El artículo aporta poca información nueva en relación a las funciones del lóbulo frontal.

 

yolamda: Es conveniente y obligada la incapacitación de las personas que padecen este síntoma.

 

oscar: La información compartida me parece adecuada, sin embargo, creo faltó aterrizar esta información a un contexto de la realidad, pues estas funciones no son sencillas sin el conocimiento previo.

 

MYRIAM: Está muy claro el tema. El artículo me informó para ayudar a mi hijo con afasia por hipoperfusión en lob frontal y temp izquierdo.

 

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