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Revista » Psicología de la familia » género, subjetividad y violencia en el vínculo amoroso

Género, subjetividad y violencia en el vínculo amoroso


 

Yudislaine Pier Ramírez
Psicóloga
Universidad de Las Tunas
Las Tunas, Cuba


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Fecha publicación: 21/agosto/2008

 








Para citar este artículo:
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Pier Ramírez, Y. (2008, 21 de agosto). Género, subjetividad y violencia en el vínculo amoroso. Revista PsicologiaCientifica.com, 10(47). Disponible en:
http://www.psicologiacientifica.com/bv/psicologia-375-1-genero-subjetividad-y-violencia-en-el-vinculo-amoroso.html

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La configuración de los vínculos amorosos está determinada por la creciente necesidad de afecto, el establecimiento de relaciones que proporcionen una estabilidad emocional y la renuncia a la soledad. Constituye un espacio de pérdidas y ganancias, fundamentalmente afectivo-emocionales. No pocas personas consideran que cuando la relación de pareja no funciona favorablemente se afectan las áreas restantes de nuestra vida, dígase desempeño laboral, relaciones interpersonales, familia, amigos; por todo esto es que se le adjudica un amplio valor al vínculo amoroso. Pero resulta interesante que hombres y mujeres, a partir de la socialización de género de la que muchas veces  somos objeto y no sujetos, creamos una relación plagada de la carga genérica legada por nuestra sociedad desde nuestra subjetividad feminizada o masculinizada. Por tanto, siendo el género parte indisoluble de nuestra configuración personológica, determinará las particularidades de la  relación que establezcamos.

Las subjetividades y la relación amorosa, como un entretejido de las mismas, estarán determinadas por condiciones sociohistóricas. Así, una pareja en Cuba, en el siglo XIX, no era para nada igual a las parejas del peresente siglo y aún las parejas contemporáneas difieren entre sí, además de la  determinación personológica del vínculo por el nivel cultural y por condiciones económicas.

Precisamente en la sociedad cubana se han dado avances en la liberación de la mujer que  ha tenido causas y efectos. Por una parte, la influencia los estudios de género, la influencia del feminismo nacional e internacional y las políticas adoptadas por el modelo político-económico; por otro lado, el replanteamiento de roles e identidades de género femeninos y masculinos modernos que se contraponen a los tradicionales. Esta movilidad de la construcción genérica evidentemente determina la forma en que se establecen los vínculos amorosos en la sociedad cubana actual.

Pero esta transformación no se da de una forma llana y  lineal, sino que se vivencia de manera conflictuada en dos dimensiones: intersubjetiva e intrasubjetiva, que en su expresión cotidiana se manifiesta en malestares, frustraciones, culpas, agobios, disfunciones y conflictos en la pareja. Ahora bien, si se han dado avances en el logro de relaciones de género un tanto equitativas y en la emancipación de la mujer, éstas aún necesitan conquistar espacios, fundamentalmente los íntimos y privados, sin desgarramientos y malestares psicológicos, porque son precisamente ellas, las mujeres, quienes viven en mayor medida los conflictos intrasubjetivos con mayor carga negativa en la relación de pareja.

De esta forma, desde la misma búsqueda, o en muchos casos, desde la espera del otro, comienzan los malestares: el buscar y no encontrar pone en entredicho nuestras habilidades y capacidades como mujeres para ser pareja de alguien, vienen las dudas y los cuestionamientos acerca de si no seré lo suficientemente bonita,  o si no cumplo con los atributos asignados culturalmente; todo ello deviene en un autovaloración deficiente y en una autoestima inadecuada por defecto. Pero, además, está de trasfondo la presión social ejercida sobre la mujer para que forme un vínculo fundamentalmente asociado con la maternidad: el mandato social es casarse (1); luego, tener hijos y después, inmolarse por el esposo y el hijo, de ahí la construcción que desde la cultura se ha hecho de la mujer, que para sentirse realizada debe ser mujer-madre y mujer-esposa, perdiéndose los binomios mujer-amante, mujer-compañera, mujer-amiga, mujer-profesional.

Muchas mujeres tiene como prioridad en sus proyectos de vida la formación de una pareja, una minoría ha optado por  transgredir las "normas", pero no  pocas veces  vivencian conflictos ambivalentes relacionados con su vida amorosa y su realización profesional, que como reacción negativa ante la resolución de uno de ellos queda una sensación de vacío ante la renuncia, porque si se opta por una de las dos, queda insatisfecha la otra y aparece la frustración característica, pero ésta es aún mayor cuando no hay un desempeño en la relación de pareja de acuerdo con las expectativas del rol de novia, esposa. El mismo establecimiento de la relación está matizado por sesgos de género que condicionan el tiempo, la forma, las características y hasta algunas prácticas que serán propias de ella.

Generalmente, la disfunción de la pareja está condicionada por conflictos interpersonales no resueltos que pueden presentarse en cualquier etapa del ciclo de la vida amorosa, fundamentalmente en la etapa de tránsito de enamoramiento-amor. En este momento se deja de idealizar el amor y hay un análisis de la realidad del otro, visualizando sus defectos; aparecen entonces las decepciones y frustraciones. Estos procesos no ocurren de forma pasiva y estática, sino que están matizadas por una fuerte dinámica, en la que  no debemos descuidar la determinación personológica. Es por ello que la forma en que surge, se elabora, se vivencia y resuelve el conflicto está determinada por los recursos personológicos que poseen los  sujetos.

Con frecuencia, y en un gran número de parejas, las contradicciones encuentran como vía de alivio de tensiones y hasta respuestas de violencia. En el análisis de parejas en conflicto, el  maltrato en el vínculo es común, ya sea físico, psicológico o sexual; este último es confundido por considerarse la relación sexual de obligado cumplimiento y muchos consideran que esta sujeción es inherente a este tipo de relación. En la mayoría de los casos la mujer es la que sufre al ser violentada por el hombre y es que  la relación de pareja constituye una relación de género resultado de un sistema de dominación e inequidades. En el trabajo con parejas que manifiestan estos episodios de violencia, la mujer somatiza los desajustes psicológicos provocados por esta situación: cefaleas, síndrome ansioso-depresivo, disminución de la libido, irritabilidad, estrés postraumático, deterioro de la autoestima, dificultad para establecer relaciones interpersonales, entre otros tantos síntomas.

Es por ello que debemos analizar el origen y la dinámica de la violencia de género en la relación de pareja, en tanto causa de malestares biospicosociales de la mujer. Y en el interjuego de lo moderno y tradicional en el que aflora una masculinidad en crisis, se expresan los malestares en el hombre causados por esta situación.

En la búsqueda de las causas de la opresión femenina, diferentes corrientes feministas propusieron sus hipótesis, entre ellas, las feministas radicales, estas últimas con una fuerte valoración positiva de las mujeres y, por tanto, un gran pesar ante su opresión (2). En esta denuncia de las  feministas radicales acerca  de la opresión de la mujer, se presentaron diferentes tesis, una de ellas respecto a la organización de la sociedad, donde impera el dominio y la subordinación entre los sujetos, ya sea entre grupos étnicos, razas, clases y género. Se consideró la opresión de género como la mayor forma de opresión, de carácter casi universal, concretándose en el patriarcado. De acuerdo con Engels, el patriarcado constituye la primera forma de dominación. Al respecto,  se refiere a  este sistema ubicando su origen en la organización social de la comunidad primitiva, específicamente en la gens, donde supuestamente existió un matriarcado, pues las mujeres tenían un status de poder y también eran matrilineales, pues la descendencia se trasmitía por línea materna. Con la sustitución de la caza y la recolección por la agricultura y la horticultura, el hombre dominaba los medios de trabajo y con ello tomó el poder, siendo protagonista de los papeles productivos, relegando a la mujer al espacio privado, con un rol centrado en las funciones reproductivas, produciéndose la división sexual del trabajo, lo que condicionó que se diera una marcada evolución en las relaciones de poder en la sociedad incipiente (3).

Aunque se considere que esta división sexual del trabajo y el protagonismo del hombre y la  mujer al espacio público y privado, respectivamente, constituyó la imposición de la subordinación de la mujer. Siglos más tarde, Talcott  Parsons (1954) consideró que, para que la familia funcionara de forma eficaz, debía existir una división del trabajo por sexo, adjudicándole a la mujer los roles antes mencionados y una serie de atributos y características que refuerzan su condición de sujeto sometido. Engels denominó esta variación de status de poder en la comunidad primitiva La derrota histórica mundial del sexo femenino (4). Y de alguna manera fue así, pues comenzó para la mujer una larga cruzada de opresión y sufrimiento que pasa por el visor de clase, raza, nivel cultural y espacios de socialización.

El núcleo del patriarcado lo constituye el poder masculino como centro de la sociedad, operando en todos sus niveles y garantizando la dominación de  la mujer.

Este sistema se concreta en la ideología patriarcal para ser socializada mediante los diferentes agentes socializadores y asimilada por los individuos.

El patriarcado no sólo logró imponer una organización social, sino que ha tenido su efecto en las subjetividades, fundamentalmente en las femeninas. Los contenidos de esta ideología son interiorizados por los sujetos en el proceso de formación de la personalidad (5) y conjuntamente con ello, en la concientización de género. Los  niños van asumiendo una configuración de la masculinidad con su atributo distintivo: el poder. Por su parte, la niña construye su feminidad a partir de un "deber ser", en el que se incluye sentirse protegida por el hombre; en no pocos caso la palabra protección enmascara de dominación, pero esencialmente se va conformando una percepción distorsionada de sí mismas, instaurando una subvaloración de ellas como sujetos y una sobrevaloración de los hombres, que deviene en baja autoestima y en una relación de poder-subordinación, en una contexto de familiaridad acrítica. Estas formaciones psicológicas en las subjetividades masculinas y femeninas serán reforzadas por el sistema patriarcal en el desarrollo de la propia personalidad del sujeto. Como piedra angular de esta configuración se encuentra la inseguridad: tanto en  el hombre, al reafirmar cortantemente el poder "inherente" a su construcción de género, para lo que despliega acciones en espacios públicos, privados e íntimos; y en la mujer, al asumir una actitud dependiente y de sometimiento al hombre sin cuestionamientos.

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(1) A esto se refirió Marcela Lagarde al hablar del mandato de vivir en pareja.
(2) Teoría feminista contemporánea.
(3) Engels, Federico. El origen de la familia, el Estado y el Derecho.
(4) Idem.
(5) Kaufman, Michael. Los hombres el feminismo y las experiencias contradictorias del poder entre los hombres.

 

 

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Comentarios a este trabajo



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BEATRIZ LOPEZ: En mi formación como psicóloga es muy importante para mi el contar con trabajos tan importantes como este, ya que ayudan a enrriquecer mi contenido científico además de permitirme interesarme más a fondo por dichos temas.

 

laura: La verdad esta buenísimo el tema pues soy docente y en mi colegio se ve todo sobre los problemas intrafamiliares y nosotros como padres no nos damos cuenta o que los hijos son los que mas sufren. ¡Que bueno encontrar páginas así!

 

aydana: Soy educadora y siempre me ha llamado la atención este tema, debido a que en la actualidad la familia olvidó su rol como tal y nos delegó esa responsabilidad a la escuela, olvidando que los niños aprenden lo que viven, y si viven en un ambiente conflictivo, donde prevalece la competencia entre padre y madre, continuará ese círculo vicioso y posiblemente se repetirán esquemas en sus hijos. Buen trabajo y gracias por sus aportes.

 

virginia pantoja ruiz: Este trabajo me parece muy bueno soy psicóloga y trabajo con esta problemática, que es una crisis mundial de salud mental.

 

Santigo: Soy sicoterapeuta familiar y sexólogo clínico también, Me parece un estupendo trabajo, claro y práctico. Felicidades.

 

Helen Garcia: Soy estudiante de II semestre de psicología, es un gusto encontrar páginas tan interesantes como esta que nos proporcionan herramientas para el desarrollo de nuestra actividad y además nos ayudan a descubrir en que área de la psicología nos podemos desempeñar, de nuevo felicitaciones.... gracias.. Helen Garcia

 

CELINA GALINDO: Soy psicóloga y estoy trabajando sobre el tema, en Guatemala creo que puede tener diferente matices dependiendo del entorno social, me parece muy bueno el trabajo por supuesto que quisiera conocer más sobre esto, con todo respeto opino que el patriarcado como ideología va en detrimento de las dos subjetividades, me parece que hay hombres que sufren en varios sentidos, o ¿es esto a lo que llaman crisis de la masculinidad? ¿Me gustaría saber más sobre este punto como se manifiesta?

 



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