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Neuropsicología del Pensamiento: Un enfoque histórico-cultural
Ricardo Cardamone
Neuropsicología
del pensamiento
En
la actualidad, se pueden caracterizar cinco eslabones o factores básicos en la
composición de la estructura psicológica del pensamiento. Ellos son:
1. La generación y el sostenimiento dinámicamente constante de un
motivo que impulse la actividad del pensamiento. Naturalmente que, en el
hombre, el contenido psicológico de este motivo es muy variable: puede
obedecer, por ejemplo, a la necesidad de plantear una demanda o deseo; también
a la necesidad de transmitir un estado emocional o una información cognitiva; o
puede responder a la necesidad de entrar en comunicación con otra persona o con
uno mismo, etc. Pero, independientemente de la variabilidad de su contenido
psicológico, la importancia vital del factor motivacional obedece a que, con su
aparición, queda planteado ante el sujeto el hecho que determinada situación o
problema no se encuentra resuelto y, precisamente, es este aspecto el que le da
al motivo el carácter de fuerza motriz impulsora del pensamiento.
El
mantenimiento del factor motivacional posibilita el establecimiento de una
relación lógica entre lo que Miller, Galanter y Pribram denominan la búsqueda
entre "lo requerido" (motivo) y "lo obtenido" (objetivo).
Sin esta condición se pierde el conjunto de algoritmos (sistemas de
operaciones) selectivos que permiten resolver la tarea correctamente y su lugar
pueden ocuparlo nexos semánticos inesenciales, ya sean exógena o endógenamente
evocados, como es factible observar en pacientes con lesiones masivas a nivel
prefrontal (Ingenieros, 1937). Precisamente, graficaremos cada etapa o eslabón del
pensamiento recurriendo a ejemplos clínicos extraídos de nuestra praxis
neuropsicológica con el objetivo de explicitarlas con mayor profundidad y
precisión ya que, como es conocido, "la clínica psicopatológica nos
muestra en forma desmembrada y simplificada lo que en la normalidad psicológica
se presenta como una compleja e intrincada unidad" (Ingenieros, 1937).
Recurriremos,
entonces, a la patología neuropsicológica del pensamiento, en un intento de
resaltar la importancia que asume este primer factor o eslabón en la génesis
del pensamiento.
Ejemplo
clínico
EXAMINADOR: "Por
favor, resuelva este problema: "en dos estantes hay 12 libros en total; en
el derecho hay 2 libros más que en el izquierdo. ¿Cuántos libros hay en el
estante derecho? Y, ¿cuántos libros hay en el estante izquierdo?". PACIENTE: "Claro, es
fácil, hay 2 libros más en el derecho...12 + 2 = 14 libros.... EXAMINADOR: "¿Y en
el estante izquierdo cuántos libros hay?". PACIENTE: "...¿ en
el estante izquierdo?...sí, sí, también 14...o sea 14 y 14 son 28 libros en
total". EXAMINADOR: "¿Está
seguro?": PACIENTE: "Claro,
Doctor, es fácil y además yo soy Ingeniero (sonríe)".
Como
se puede deducir del ejemplo citado el paciente pierde la base del motivo
orientador del acto intelectivo y con ello el objetivo a resolver se transforma
fácilmente en una serie de datos inconexos que pierden valoración y
significación cognitiva para él. En consecuencia, la desintegración de la
estructura lógica interna del problema propuesto, hace que el paciente ignore
el objetivo a resolver y con ello quede incapacitado incluso para intentar
generar alguna alternativa heurística (de resolución de problemas) que lo
acerque, aunque sea mínimamente, a la solución correcta del problema. Con el
agravante de que tales déficit cursan con total anosognosia por parte del
paciente, lo que dificulta ostensiblemente el proceso de estimulación y
rehabilitación neuropsicológica, tornando ominoso y pesimista su pronóstico.
2.
El segundo factor del pensamiento consiste en la investigación de las
condiciones del problema, cuya importancia radica en el hecho de la cantidad y
calidad de la información que el sujeto ha de acumular en aras de captar la
lógica interna del problema que tiene planteado.
Algunos autores consideran que esta etapa del pensamiento se encuentra dividida a su vez en, por lo menos, cuatro subfases que son, a saber:
a. La restricción del problema:
lo que implica limitarlo a sus aspectos específicos. b. El análisis de sus
componentes: lo que posibilita captar sus partes constituyentes. c. La separación de lo
esencial: lo que implica jerarquizar los factores cognitivamente más
importantes del problema. d. Por último, la
correlación de lo esencial: que proporciona la posibilidad de tener una visión
integral y sintética del conjunto del problema.
Ejemplo
clínico
EXAMINADOR: "Le voy
a entregar una Tarjeta con un refrán y tres explicaciones del mismo. Su tarea
consiste en encontrar cuál de esas tres explicaciones es la correcta –ya que
dos son falsas– y explicarme por qué es la correcta. ¿Me comprendió?" PACIENTE: "Sí,
entendí". Se le entrega al paciente
una Tarjeta cuyo texto es el siguiente: Refrán: "Agua
tranquila, agua profunda". Alternativas: a. Una persona callada
puede ser muy inteligente. b. Verter aceite en aguas
turbulentas. c. Se encontró metiéndose
en aguas profundas.
El paciente lee atenta y lentamente el problema presentado y luego responde:
PACIENTE: "Es la c),
"se encontró metiéndose en aguas profundas", porque en lo profundo el
mar es más tranquilo". EXAMINADOR: "¿Podría
ser otra la respuesta?. Por ejemplo, la alternativa a)". PACIENTE: "No,
porque... ¿qué tiene que ver una persona con el agua?. Y ¿qué tiene que ver el
aceite con el agua? No, es de locos... el aceite no va con el agua. Es la c)
porque el mar es más tranquilo en lo profundo".
Vemos,
entonces, cómo en los estados patológicos, la alteración de este eslabón del
pensamiento que consiste en indagar adecuadamente las condiciones del problema
planteado, lleva al paciente a tomar elementos inesenciales del problema y a
partir de allí comienza a elaborar las operaciones e hipótesis cognitivas a las
que luego intenta justificar con una lógica falsa. O mejor dicho: con
respuestas con una base paralógica y con ausencia de autocrítica con respecto a
sus respuestas.
En nuestro país, desde el ángulo filosófico y epistemológico, José Ingenieros llamó la atención sobre este aspecto del intelecto humano al enfatizar que "un problema mal planteado es insoluble". Pero, precisamente, para resolver un problema resulta imperioso indagar adecuadamente las condiciones en las cuales se presenta pues, en buena medida, esta etapa orientará el futuro pensamiento del sujeto. 3. El tercer factor constituyente del proceso del pensamiento consiste en la selección de una alternativa y la formulación de un plan cognitivo general para resolver determinada tarea (Anojin, 1963).
Diversos
investigadores consideran esta etapa como el plano estratégico de todo el
proceso intelectivo, pues posibilita la formulación de qué es lo que hay que
alcanzar, a la vez que establece las pautas generales de cómo lograr el
objetivo planteado. Una característica de esta etapa es su determinación
probabilística que se pone de manifiesto en el hecho de que, aún seleccionando
una alternativa incorrecta se avanza, por descarte, en la consecución de la
elección adecuada.
Ejemplo
clínico
EXAMINADOR: "Por
favor, resuelva el siguiente problema": Se
le entrega al paciente una Tarjeta con el siguiente texto: "Luis tiene 12
años, Juan tiene 3 años más que Luis y Pedro tiene 5 años menos que Juan.
¿Cuántos años tiene cada uno?". PACIENTE:
(Lee
Vemos
entonces como, al no disponer de la posibilidad de generar un plan cognitivo
(es decir: de resolución del problema) extrae un fragmento del enunciado del
problema y determina su respuesta por reacciones impulsivas o por estereotipos
o por suposiciones que le desestructuran el acto intelectivo, tornándolo
patológico, proceso que cursa con total anosognosia por parte del paciente. 4.
El cuarto eslabón del pensamiento está conformado por la elección de las
acciones y operaciones necesarias y adecuadas para alcanzar el objetivo final;
es decir, la movilización de lo que se denomina el plano táctico del
pensamiento.
Se
pueden señalar, por lo menos, dos características de esta fase: una de ellas es
su naturaleza activa. Es decir que, si bien es incidido por el plano
estratégico, a su vez, el plano táctico retroactúa sobre él precisándolo mejor.
La segunda característica consiste en el enorme grado de libertad en la forma
de movilizar los sistemas de operaciones específicos (algoritmos selectivos) a
la situación, lo que garantiza la plasticidad del pensamiento humano.
Ejemplo
clínico EXAMINADOR: "Por
favor, resuelva este problema". (Se le entrega la misma Tarjeta que en el
ejemplo anterior; es decir, con el siguiente texto: "Luis tiene 12 años,
Juan tiene 3 años más que Luis y Pedro tiene 5 años menos que Juan. ¿Cuántos
años tiene cada uno?"). PACIENTE:
"Bien... acá dice (lee
Como
puede verse en el ejemplo citado, la paciente posee serias dificultades en la
forma o modo de acceder al resultado final satisfactorio. La paciente presenta déficit
considerable para asimilar y comprender una relación lógica organizada de
manera indirecta y mediata y que implica seguir una secuencia lógica para su
solución. La paciente, pese a lo antedicho, intenta activamente correlacionar
los elementos del problema y hallar el esquema lógico general que la lleve a la
solución correcta, pero tales intentos quedan inconclusos y abandona la tarea
con plena autocrítica de su déficit.
5.
El quinto, y último, eslabón del pensamiento consiste en lo que el destacado
neurofisiólogo P. Anojin ha denominado "la función aceptante de la
acción", es decir, esta etapa realiza el análisis comparativo entre el
motivo originario y el objetivo obtenido garantizando el cese de la actividad
en caso de existir concordancia entre ambos mientras que, en caso de no
cumplirse este requisito, todo el proceso comenzará nuevamente. Gracias a
su carácter circular, o como se lo ha dado en llamar, de "aferentización
de retorno", esta etapa posibilita la autocrítica conciente del sujeto con
respecto al producto de la actividad de su pensamiento.
Ejemplo
clínico PACIENTE E: un estudiante con cuarto año aprobado de la carrera de Sociología y que había quedado con una secuela neuropsicológica a nivel prefrontal derecho (hemisferio subdominante) como consecuencia de un traumatismo encéfalo-craneano (TEC) debido a un accidente automovilístico, nos respondía del siguiente modo: EXAMINADOR: "Por
favor, explícame el significado de este refrán: "no cuentes tus pollos
antes de que salgan del cascarón". ¿Comprendiste?". PACIENTE: Sí, sí, claro,
porque algunos pollos pueden nacer muertos y otros vivos. Hay que contar a los
que nacen vivos". EXAMINADOR: "¿Podría
el refrán tener otro significado?". PACIENTE: "Yo no le
encuentro otro. El pollo muerto está muerto, no resucita... Al menos en esta
vida (sonríe)". EXAMINADOR: "¿Pero
no podría el refrán significar algo así como que "no hay que adelantarse a
los acontecimientos"?. PACIENTE: "No, nada
que ver... nada que ver... el acontecimiento podría se la muerte del pollo, porque
no se lo puede comer muerto, pero al que nace vivo sí se lo puede uno
comer".
Como
se desprende del ejemplo citado, la alteración de la relación entre el motivo y
el objetivo de la acción intelectual conduce a la pérdida de la autocrítica
(autoconciencia) y a la consecutiva anosognosia de las acciones y operaciones
incorrectas lo que, inevitablemente, conduce al paciente a no realizar ni
siquiera algún intento de corrección de su respuesta equivocada, a las que le
asigna una verdad absoluta e indubitable.
Resulta
claro que una concepción neuropsicológica del pensamiento no puede solamente
plantear la estructura psicológica de dicha función sino que, también, debe
intentar relacionarla con sus bases neurodinámicas, con su organización
cerebral, pues el abordaje psicofisiológico y epistemológicamente unicista de
los procesos mentales es uno de los preceptos básicos de la neuropsicología. En
este sentido, algunos autores han insistido en la actuación, a la vez conjunta
y diferenciada, de las siguientes estructuras cerebrales, a saber:
En primer
término La formación reticular, que transmite y modula
los gradientes óptimos de excitación para el mantenimiento adecuado del tono
cortical requerido.
La
naturaleza bidireccional de este proceso, es decir, las conexiones
córtico-reticulares, modulan con mayor precisión las necesidades de
excitabilidad requeridas de modo que no sea excesiva o insuficiente lo que, por
sí mismo, dificultaría la realización de todo el proceso.
De
manera tal que este sistema se retroalimenta y corrige su nivel de mayor o
menor activación o inhibición en concordancia con las exigencias del medio
externo. Es decir: del problema que tiene planteado ante sí el sujeto y del
curso de sus acciones.
En segundo lugar La organización cerebral del pensamiento
presupone la participación de los sectores posteriores del cerebro cuyas
distintas regiones aportan el análisis y la síntesis cognitivas de las diversas
modalidades de información recibidas, así como, de su posterior organización
secuencial que hace posible su ordenamiento espacial y temporal.
De
tal manera que las regiones secundarias del córtex temporal (áreas 22, y parte
de la 21 y 37 de Brodmann) del hemisferio izquierdo (dominante) aportan la
decodificación fonemática que posibilita la comprensión semántica del problema.
A su vez, las áreas occipitales secundarias (áreas 18 y 19 de Brodmann) aportan
el análisis y la síntesis gnósica que permite la interpretación cognitiva
visual de los elementos que componen el problema.
Del
mismo modo, las áreas secundarias del córtex parietal (áreas 1, 5 y parte de la
7 de Brodmann) conjuntamente con las áreas secundarias del córtex motor (área
premotora) aportan el análisis y la síntesis cinestésica-motora que posibilita
indagar con mayor precisión la estructura perceptiva a través de los
movimientos oculomotores que detectan específicas señales o signos semióticos
que posibilitan un mejor reconocimiento de la situación.
Finalmente,
las regiones de confluencia parieto-témporo-occipital (áreas 39, 40, 37 y parte
de la 21 de Brodmann) reciben toda la información cognitiva (semántica, visual
y cinestésico-motora) y la transforman en esquemas espaciales simultáneos o
estructuras cognitivas complejas, razón por la cual algunos autores consideran
dichas regiones del cerebro como un eslabón esencial en la organización del
pensamiento práctico o espacial.
Es
por lo antedicho, que los sectores posteriores del córtex cerebral se
consideran como las estructuras neurofuncionales responsables de la realización
del plano de las acciones y operaciones del pensamiento. Es decir, del plano
microestructural o táctico del acto intelectivo. En tercer término El tercer y último componente se halla constituido por los sectores
prefrontales o anteriores del cerebro (áreas 9, 10, 11, 12, 13, 32, 46, 47 y parte de
la 24 de Brodmann) que posibilitan el mantenimiento constante del motivo y del
objetivo del programa de actividad a realizar, así como, la regulación general
del mismo y la posterior verificación del resultado obtenido.
De
modo tal, que los sectores prefrontales del cerebro posibilitan que no se
altere la intención inicial, ni que se pierda la base orientadora e
investigativa de las condiciones en las que transcurre el problema, ni que se
altere el conocimiento de las eventuales deficiencias que se pudiesen producir,
factores todos esenciales para garantizar la direccionalidad conciente del
pensamiento.
Es
por ello, que se considera a los sectores prefrontales como los responsables
del plano macroestructural o estratégico del pensamiento.
Lo dicho hasta aquí puede
ser graficado del siguiente modo:
Tabla 1 - Organización neuropsicológica del pensamiento y su patología
Finalmente, y a modo de breve conclusión, no quisiéramos dejar de hacer la siguiente salvedad: lo expuesto en el presente trabajo constituye un modelo conceptual del pensamiento humano. Pero un modelo conceptual puede definirse, en términos epistemológicos, como una pauta teórica que intenta develar la lógica interna del fenómeno que estudia y que, por lo tanto, es susceptible de ser ratificado o rectificado parcial o totalmente por futuras investigaciones. No obstante lo antedicho, en la praxis concreta no se puede prescindir de un modelo conceptual determinado pues los hechos o fenómenos es inevitable interpretarlos a la luz de una teoría y nada sigue siendo más necesario y práctico que una teoría fundamentada adecuadamente.
En este sentido, en nuestra opinión, la
conceptualización formulada desde la óptica de la teoría histórico-cultural del
psiquismo humano realiza aportes positivos para un futuro modelo
neuropsicológico del pensamiento que nos permitirá comprender mejor este
complejo proceso mental que constituye una de las más valiosas adquisiciones
del hombre.
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