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Neuropsicología del Pensamiento: Un enfoque histórico-cultural
Ricardo Cardamone
Características
del pensamiento
En nuestra opinión, tales
características son las siguientes:
1. La naturaleza histórico-social del pensamiento: esto significa que el
desarrollo del pensamiento es factible, únicamente, en la medida en que el
individuo interioriza o apropia el patrimonio cultural humano objetivado en los
productos materiales e intelectuales (lenguaje, ciencia, arte, etc.) que recibe
al nacer como legado de las generaciones pasadas. Esta idea directriz de la
concepción vygotskiana descentró el origen del pensamiento y lo llevó de lo
interno a lo externo enfatizando su naturaleza de adquisición ontogenética
mediatizada por la comunicación del individuo con sus circundantes en
condiciones sociales de existencia (Luria, 1980c).
Las
investigaciones transculturales han demostrado, palmariamente, la corrección de
esta hipótesis que a veces, en forma totalmente equivocada e incomprensible, ha
sido considerada como una teoría con un marcado "reduccionismo
sociologista", sin tener presente que el plano de la actividad histórico-cultural
externa se transforma (en el individuo) internamente en un sistema cerebral
funcional (SCF) y que, en consecuencia, no existe una barrera infranqueable
entre la actividad externa e interna en el aprendizaje de determinada función
cerebral superior (FCS), proceso éste que Vygotski denominó, respectivamente,
como proceso de internalización y desarrollo del psiquismo humano (Toda, 1985).
Hecha
esta salvedad, las investigaciones de A. R. Luria y cols. realizadas en
la década de 1930 en el Asia Central con sujetos analfabetos normales y que
vivían en comunidades primitivas los que, en consecuencia, tenían una actividad
cognitiva con una hegemonía total de su pensamiento práctico
(funcional-descriptivo), limitado a su experiencia personal y directa,
demostraron que, al ser alfabetizados, pudieron acceder a un predominio y
hegemonía del pensamiento abstracto lo que reestructuró todas sus funciones
cerebrales superiores (FCS).
Precisamente,
podemos sintetizar dichos cambios psicológicos del siguiente modo: a. En el
pensamiento aparecen nuevas operaciones teóricas; b. El análisis de las
propiedades de las cosas se incluye en categorías abstractas; c. Se logra el
dominio de los procesos de abstracción y generalización conceptual; d. Las
operaciones del pensamiento abstracto van desplazando, progresivamente, a las
operaciones del pensamiento práctico-situacional y van ocupando paulatinamente
el lugar más importante y a dominar la actividad cognitiva de la persona; e. se
crea la base del pensamiento discursivo (hipotético-deductivo) y de su
posterior desarrollo) (Heikki, 1985).
De
este modo, quedó claro, con toda precisión, un hecho que aún hoy es
insuficientemente valorado por la psicología: los progresos histórico-sociales
y culturales no solamente proporcionan al psiquismo de la persona un nuevo
contenido, sino que llevan a la génesis de nuevas formas de actividad
conciente, de nuevas estructuras de los procesos cognitivos y de su
organización neurofuncional, y elevan a la conciencia, autoconciencia y personalidad
del individuo a niveles superiores.
Resulta
claro, entonces, que fue el factor histórico-social, cultural (la
alfabetización, en el ejemplo citado), el factor dominante en la reorganización
neuropsicológica de los sujetos, sin el cual no hubiesen podido dar ese paso
progresivo en su desarrollo mental.
2. El carácter activo del pensamiento: que consiste, no en concebir la determinación unilateral del pensamiento por factores externos únicamente, sino comprenderla teniendo presente, además de esos factores, el rol activo del individuo a través de las actitudes que mantiene hacia se entorno. La comprensión de la naturaleza dinámica del pensamiento nos permite entender mejor las diferencias individuales; es decir, el rol que adquiere la personalidad toda en el desarrollo intelectual (Leontiev, 1979).
Lo
antedicho se pone de manifiesto en la imbricación que posee la motivación en el
distinto rendimiento intelectual en sujetos normales y en cualquier estadio
evolutivo. Y ello debido que la falta de activación motivacional baja la
competencia de la búsqueda cognitiva que realiza un individuo para resolver
determinado problema que tiene planteado. No es casual que lesiones de diversa
etiopatogenia que afectan a los sectores prefrontales del cerebro provoquen un
síndrome apático-acinético-abúlico que cursa, concomitantemente, con un déficit
específico que involucra a todas sus funciones cognitivas (Luria, 1979).
Por
otro lado, la naturaleza activa del pensamiento también se manifiesta en el
interés, la actitud emocional y valorativa que tenga el individuo hacia
determinado aspecto de la realidad y, en correspondencia con ello, con la
activación de campos semánticos específicos que se movilizarán y utilizarán en
la resolución de una tarea cognitiva concreta y que, es una ley psicológica,
variará de un individuo a otro e incluso en un mismo individuo en distintos
momentos evolutivos y existenciales (Luria, 1980b). 3. La naturaleza procesal del
pensamiento: que consiste en comprenderlo, no como una función estática e
inmutable, sino como un desarrollo ontogenético que se forma por etapas y que,
una vez adquirido, consta de diversos eslabones o factores que, actuando
coordinadamente, posibilitan su funcionamiento.
De
manera tal que, en el actual nivel del conocimiento, es factible comprender la
naturaleza procesal del pensamiento, desde un punto de vista neurofisiológico,
como la formación y estabilización dinámica de un sistema cerebral funcional
(SCF) y, desde el plano psicológico, como una acción mental que se actualiza
cuando al individuo se le presenta una tarea o problema a resolver (Zeigarnik, 1981).
Pero la característica procesal del pensamiento, se revela con claridad en la relación que establece en el proceso de codificación del enunciado discursivo. Es decir, en el desarrollo y transformación de las etapas que llevan de la idea o pensamiento al lenguaje externo o circunstanciado. En efecto, podemos explicitar dicho proceso del siguiente modo:
a. La primera etapa de
cualquier enunciación verbal es el motivo y el objetivo que la impulsa. En el
motivo se encuentra objetivada cualquier necesidad humana: bien sea que el
motivo de la alocución verbal sea la de transmitir un deseo afectivo,
cognitivo, etc.; lo cierto es que la necesidad se objetiva en el motivo, éste
se orienta hacia un objetivo y con él se inicia el proyecto de enunciación o
comunicación verbal.
b. La segunda etapa, se
encuentra representada por lo que algunos lingüistas han denominado
"registro semántico primario", queriendo significar con ello una
reducción extrema de la alocución que, no obstante, conlleva la esencia de la
idea a transmitir y que luego ha de convertirse en un esquema simultáneo,
semántico; es decir, en una alocución verbal sucesivamente organizada y que se
realiza con la ayuda del lenguaje interior, que constituye una etapa
indispensable en la preparación del lenguaje externo.
c. El lenguaje interior,
tercera etapa de este proceso, juega un rol esencial en la transformación de
la idea inicial o "registro semántico primario", que constituye un
sentido personal o significación individual sólo asequible al sujeto y que, a
posteriori, queda transformado en un sistema de significados sociales factible
de ser decodificado por otra persona.
Sabido
es que por su composición morfológica el lenguaje interior se diferencia del
externo por las siguientes características: es abreviado, asintáctico y
funcionalmente predicativo. Precisamente estas características resultan
fundamentales para el paso del "registro semántico inicial" a una alocución
verbal desplegada, sintagmática y paradigmáticamente organizada, y que
posibilita la codificación semántica desplegada de la idea inicial de todo el
proceso y su posterior transcodificación en la organización articulemática (cenestésico-motora)
del lenguaje externo.
d. El último eslabón de
todo este proceso consiste en el paso a la alocución externa. En definitiva, el
papel generador del lenguaje interior conduce a la activación de las
estructuras semánticas asimiladas en la experiencia previa del sujeto y
desemboca en la última etapa de todo este complejo proceso: la organización del
enunciado discursivo manifiesto (externo) en el cual, el discurso del sujeto
comienza a basarse en todos los esquemas lógico-gramaticales y sintácticos del
lenguaje que serán los organizadores del plano cenestésico-motor para la
activación de los articulemas específicos que transmitirán, finalmente, la idea
primigenia de todo este proceso. Podemos ver, incluso simplificando mucho, toda
la complejidad de este fenómeno neuropsicológico, y graficarlo del siguiente
modo: Proceso de enunciación discursivo:
4. La apoyatura instrumental
del pensamiento: que consiste, no en concebir al pensamiento "puro",
sino basado en un sistema de instrumentos y operaciones socialmente producidos
y que el individuo ha interiorizado a lo largo de su vida.
L.S. Vygotski
demostró que la unidad del pensamiento y el lenguaje se encuentra en el
significado de la palabra y que su desarrollo semántico interno posibilita el
ulterior progreso del pensamiento (Rubinstein, 1979). Posteriores investigaciones han
desarrollado esta concepción y diversos estudiosos sostienen hoy en día la
opinión de que el pensamiento se apoya en algoritmos (sistemas de operaciones),
ya sean estos lógicos en la solución de problemas abstractos; espaciales o
senso-perceptivos en la solución de problemas prácticos; o también, algoritmos
numéricos en la solución de cálculos aritméticos (Luria y Tvétkova, 1981).
Tales
algoritmos poseen una capacidad heurística (de resolución de problemas)
específica y su organización estocástica (probabilística) dependerá de la
experiencia previa del individuo y de la tarea que tiene planteada. Queremos
significar con lo antedicho que no se puede concebir la inteligencia de un
individuo en forma "general y abstracta", ya que ésta es siempre
"singular y concreta" y referida a determinada área de conocimientos
en los que se ha especializado con mayor o menor éxito a lo largo de su vida, y
son estos algoritmos los que aparecerán facilitados cuando tenga que resolver
determinada tarea, y es precisamente esta característica la que le dará al
individuo una ventaja intelectual en un ámbito específico del conocimiento
(Shardakov, 1968). 5. La unidad de lo cognitivo y lo afectivo en el pensamiento: que se manifiesta, no en la determinación unilateral del pensamiento por el plano intelectivo sino que, al mismo tiempo y con no menor importancia, se incorpora el plano afectivo. De tal manera que se concibe al pensamiento como un proceso cognitivo pero que se encuentra apuntalado e impulsado emocionalmente, lo cual se manifiesta en el individuo en el nivel que adquiere su motivación, su actitud y la valoración personal que realiza de la tarea a resolver, factores éstos que movilizan sus estructuras cognitivas.
La
importancia teórico-práctica de no disociar artificialmente el plano
intelectivo y el emotivo se pone de manifiesto en diversos hechos. Por ejemplo:
en el descenso del rendimiento intelectual en pacientes con patologías
orgánicas que involucran estructuras cerebrales que participan en la generación
del aspecto motivacional del comportamiento (Cardamone, 1992); también en el hecho del
retardo en el ritmo del aprendizaje que se puede presentar en niños con
bloqueos emocionales (16); o en la disparidad de resultados en diversos tests,
por ejemplo: los de retención anémica, en sujetos adultos normales pero con
mayor o menor grado de motivación en la tarea (Rubinstein, 1963). 6. La direccionalidad conciente del pensamiento: lo cual significa comprender al pensamiento, no como un proceso azaroso, sino orientado, en última instancia, por un objetivo concientemente formulado.
En este sentido, en el plano macroestructural, el pensamiento se comprende como un proceso impulsado por un motivo y que se orienta hacia un objetivo que, en definitiva, resuelve siempre un problema. Precisamente el mantenimiento constante de estos factores es una condición imprescindible para la progresión del pensamiento, ya que son los que le imprimen una dirección selectiva a la información que buscará o movilizará el individuo para resolver el problema que tiene planteado ante sí.
Siguiendo
al destacado psicólogo A.N. Leontiev la estructura de la actividad (y, en
nuestro caso, el pensamiento) puede graficarse del siguiente modo:
Gráfico 1 - Estructura interna de la actividad humana
Dicho
en otros términos: el acto intelectual es impulsado por una necesidad (A), que
se objetiva y transforma en un motivo (B) específico para la actuación, que
tiende a alcanzar un objetivo (C) que la satisfaga, y utiliza para ello un
sistema de acciones (D), cada una de las cuales contiene un conjunto de
operaciones (E). No obstante, en la finalización del acto intelectivo se
incorpora un último factor o elemento que consiste en la función de
"aceptante de acción" (F), que realiza la comparación entre el motivo
originario del pensamiento y el objetivo alcanzado. Precisamente, la actividad
cesa al existir la concordancia entre ambos, en caso contrario, se inician
nuevamente búsquedas orientadoras tendientes a la consecución del objetivo.
Se
ha de comprender, entonces, que el pensamiento ha de ser lo suficientemente
flexible (para adaptarse mejor a las situaciones imprevistas o cambiantes) y a
la vez, lo suficientemente estable para alcanzar el objetivo, hecho éste
imposible de lograr de no mediar una direccionalidad adecuada del pensamiento.
En efecto, esta característica le otorga al pensamiento humano un elevado grado
de libertad y plasticidad en lo referido a las acciones y operaciones a las que
puede recurrir para el logro de la meta propuesta y lo transforma en un proceso
dinámico y autorregulable, con correcciones permanentes. Esta cualidad le
brinda al pensamiento humano, por lo menos, dos ventajas esenciales: la
primera, de ellas es la posibilidad de recurrir a una enorme gama de opciones
para resolver un problema determinado. Y, en segundo lugar, la posibilidad de
rectificación en el caso de la elección de variables equivocadas lo que, de
hecho, garantiza su funcionalidad adaptativa.
7. El carácter anticipatorio del pensamiento: lo que significa concebir que la
función vital del pensamiento humano consiste en la capacidad de prever con
antelación las consecuencias de determinado suceso, factor éste que dota al
hombre de la posibilidad de orientar y regular su comportamiento de una manera
cualitativamente distinta que la existente en el mundo animal.
Como
diversas investigaciones han destacado esta propiedad vital del pensamiento le
permite al hombre elaborar y ejecutar planes conductuales que exceden el marco
perceptivo inmediato y le posibilita organizar su comportamiento hacia el
futuro (Pavlov y Peña, 1964). Si tenemos en cuenta que la capacidad de prever consecuencias
futuras es un mecanismo esencialmente humano y que participa en la inmensa mayoría
de sus actos, podremos ver la importancia que asume esta capacidad para
elaborar "modelos de actividades futuras" y anticipadas en el plano
del pensamiento. Y es que desde cualquier acto cotidiano, como planificar un
fin de semana o unas vacaciones, hasta la elaboración de teorías científicas,
el hombre necesita, imprescindiblemente, controlar sus actos mediante modelos
cognitivos futuros que lo orienten correctamente. Va de suyo que esta capacidad
humana puede desarrollarse, en mayor o menor medida, en cada individuo. La
historia de la ciencia nos ofrece brillantes ejemplos, como A. Einsten con su
teoría de la relatividad, o Mendeléiev con su tabla periódica de los elementos,
quienes se adelantaron por décadas en sus formulaciones científicas. Pero, independientemente
de su desarrollo individual, lo cierto es que esta característica del
pensamiento de anticipar y prever eventos futuros, convierte al hombre en el
único ser que puede elaborar intenciones y proyectos de vida futuros, y
orientar toda su conducta en virtud de sucesos que no han ocurrido, sino que
han de ocurrir con mayor o menor probabilidad.
En
síntesis, estos siete principios teóricos sucintamente expuestos constituyen,
en nuestra opinión, los aspectos esenciales que se desprenden de la teoría
histórico-cultural del pensamiento y que orientan el modelo neuropsicológico
que propone.
Intentaremos
ahora explicitar dicho modelo neuropsicológico del pensamiento, tanto en lo
referido a su estructura psicológica como a su organización cerebral. Dicho en
otros términos: explicitaremos el sistema cerebral funcional (SCF) que
garantiza y posibilita su funcionamiento.
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