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Una visión diorámica del mal poder adulto ejercido sobre la infancia
María Celia Lassus
Trabajo publicado el 08 de julio de 2008
Resumen
Diorama La información brindada redujo la ignorancia sobre el tema, lo que a su vez dio la proporción adecuada al miedo, que se transformó en conciencia de la situación y cómo manejarla para protección y beneficio de todos sin excepción.
El mal poder Las conductas violentas adultas contra niños(as) y jóvenes evolucionan y se diversifican, valiéndose de todo lo que ofrece la modernidad, asistiéndose incluso de la tecnología más refinada. La respuesta social ha variado con el paso del tiempo, desde la muda y naturalizada aceptación universal, hasta la cada vez más reflexiva, nacida recién en el último tramo del siglo XX. La expresión maltrato infantil se acuñó en 1971; se empezó a hablar de abuso sexual en los 80; el inicio del nuevo siglo intenta dar relevancia a la invisibilidad del maltrato emocional, desestimado desde siempre, en tanto la ausencia de huellas físicas lo hace muy difícil de probar. No es que no haya nada válido en qué fijarse, sólo que "lo esencial es invisible a los ojos" no es una frase jurídica y no tiene status forense a la hora de hablar de pruebas. - La primera Convención Internacional de los Derechos de los Niños (DDNN) fue en el año 1924 en la ciudad de Ginebra. - La segunda, 35 años después, en 1959 en la sede de la ONU. De ahí surgen los 10 derechos básicos que adornan las paredes de las escuelas de casi todos los países. - La tercera, a los 30 años, en la ciudad de Nueva York, en 1989, en la que por primera vez en la historia de la humanidad se incluye en un documento internacional, firmado por entre uno y cuatro embajadores plenipotenciarios de cada estado interviniente, la expresión abuso sexual infantil (ASI), como reza el artículo 19°. (Son 54). Que tales eventos se produzcan tan distanciados no le quita valor a la iniciativa, ni a lo expuesto y argumentado, ni a las conclusiones y valiosos acuerdos arribados, pues son elementos todos, en conjunto, exponentes de un interés mundial creciente por el bienestar presente de la infancia y su proyección en el futuro de la humanidad. No le quita valor, pero deja en evidencia que los cambios que requiere la mentalidad adulta para llevar adelante lo acordado en forma masiva,(como si se tratara de la prevención del dengue en el ejemplo) han de ser más profundos, para lo que necesitarán de una difusión y de políticas públicas más "denguenianas", si es posible permitir el neologismo. La sociedad universal aún conserva una doble mirada: lo que se acepta ver, con frecuencia entrecerradamente, y lo que no; lo que se admite en voz baja y lo que se elije ignorar; se enumera lo que se debería hacer, pero no hay recursos…En suma, los niños no terminan de entrar en la agenda pública en forma contundente por múltiples razones que varían de un país a otro, pero se asemejan en todos. En primer lugar, porque son niños y como tales no votan, son improductivos, no generan divisas, sólo consumen, generan gastos necesarios de toda índole: alimentarios, sanitarios, educativos, etc., e innecesarios, como juegos de guerra para aprender y desarrollar su propia capacidad de destruir y aún de matar, previo mal despertar y desvirtuar el conocimiento de su propio poder de niños, que se encamina así fácilmente por la vía rápida de la descarga violenta. Pero la industria bélica y su mal poder invierten en la plasticidad de las mentes y organismos en formación, porque es la forma más eficiente de mostrar a los mayores, que la motricidad de su niño es buena, que su mente es ágil, que su coordinación óculo-manual evoluciona bien, que su inteligencia está intacta y preparada para el próximo video juego, que debe salir a comprarle, aunque sea usado; para que siga ejercitándose, no vaya a rezagarse en este mundo cada vez más competitivo. Lucrar con la plasticidad de los niños con instrumentos que la distorsionan es mal poder y es violencia. No agendarlos a tiempo, postergarlos, es mal uso del poder adulto y es violencia directa e indirecta. En la medida en que permite la recreación y el perfeccionamiento de las distintas agresiones, el surgimiento y proliferación de otras nuevas y más destructivas. La violencia contra niños(as) bajo cualquiera de sus formas: física, emocional, sexual, (sus combinaciones y variantes directas e indirectas) y otras como el Munchaussen, maltrato químico, trabajo infantil, prostitución, explotaciones varias, etc., son frecuente noticia. Numerosas personas se esfuerzan en el mundo, cada una desde su área de interés y desempeño, por neutralizar estos males por no menos numerosas y muy válidas razones, entre ellas, evitar la muerte directamente ocasionada por la agresión adulta o por suicidio del menor. Los logros son importantes, valiosos y cada vez mayores. Por oposición, el mal poder avanza. Sin embargo, una visión diorámica, es decir, con las luces bien enfocadas, con el debido movimiento dado a los telones que sabemos están ocultando y mostrando a la vez, nos permitirá apreciar cuánto no se ve, cuánto no se dice, cuánto se calla. Porque todos sabemos, en algún grado, que existe otra vía paralela de violencia contra niños, un camino más oscuro que es necesario iluminar. El de la violencia "productiva", la que da dinero. Un dinero que viene del mal poder de quien así lo emplea y deviene mayor poder y mayor violencia y más dinero. La sociedad mundial también da su respuesta por medio de la intervención de sectores altamente especializados que logran resultados invaluables. Tomemos como ejemplo la pornografía infantil. ¿En qué se pone el acento informativo a la población? Que hay adultos que la consumen, comercian con ella: cómo lo hacen, cuánto de numeroso es el grupo detectado esta vez, nacionalidades, edades, profesiones. Se exhibe el material incautado: cintas de video, grabaciones surtidas. Por supuesto, no se está diciendo que deba hacerse público el contenido de tales materiales.
Pero sí que se está lejos de informar a la comunidad de tal manera que tome conciencia en grado suficiente como para aprender a prevenir, a proteger, a preservar, a sus niños (as) y jóvenes; para reclamar la norma jurídica y la política pública y educativa donde no las haya. Una comunidad que aprende a distinguir las manchas en las patas de un mosquito, para que nadie muera de dengue, puede entender precauciones y saber tomarlas fehacientemente; porque la violencia productiva contra niños(as), igual que el dengue, MATA.
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