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Revista » Psicología Teórica y Filosófica / Fundamentos » alan turing, un sabio incomprendido

Alan Turing, un sabio incomprendido


 

Jairo A. Rozo Castillo
Psicólogo e investigador social
Estudiante doctorado
Universidad de Sevilla
Sevilla, España


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Pero volvamos a 1936, exactamente a septiembre, cuando Turing ingresó en la Universidad de Princeton (EE.UU). Su trabajo atrajo la atención de uno de los científicos más destacados de la época, John von Neumann, quien le ofreció una beca en el Instituto de Estudios Avanzados. Tras su graduación en 1938, von Neumann le ofreció una plaza como su asistente, pero Turing rechazó la oferta y volvió a Inglaterra, donde vivió de una beca universitaria mientras estudiaba filosofía de las matemáticas, entre 1938 y 1939.


Pese a su excelente carrera académica, nunca mostró especial interés en dar difusión a sus ideas, y eso hizo que mucho de su trabajo recibiera poca atención o pasara al olvido. También influyó el que muchas personas de su época no entendieran los alcances reales de las propuestas de Turing. Por ejemplo, el manuscrito de Intelligent Machinery, preparado mientras trabajaba para el Laboratorio Nacional de Física de Londres, no obtuvo el beneplácito de esta institución. Sir Charles Darwin, nieto del naturalista, quien dirigía el laboratorio como si fuera un colegio, desdeñó el trabajo, calificándolo de "ensayo escolar". En realidad, este artículo, de largas miras, constituía el primer manifiesto en el campo de la inteligencia artificial. Por lo tanto, su trabajo permaneció inédito hasta 1968, 14 años después de su muerte.

En el artículo Intelligent Machinery, Turing idea una red neuronal a la que dio el nombre de "Máquina Inorgánica de tipo B", que consistía en neuronas artificiales y dispositivos que modificaban las conexiones entre ellas. Las máquinas tipo B pueden contener neuronas conectadas atendiendo a una configuración cualquiera, con la condición de que cada conexión entre neuronas haya de pasar por un dispositivo modificador. Cada dispositivo modificador tiene dos fibras de entrenamiento: en modo de paso o en modo de interrupción.  La presencia de estos modificadores de conexión hace posible el entrenamiento de una máquina inorgánica tipo B, mediante lo que Turing denominó "interferencia adecuada, que remede la educación". Para Turing, "la corteza cerebral infantil constituye una máquina inorgánica, susceptible de organización mediante un entrenamiento interferente adecuado" (Copeland y Proudfoot, 1999).

Turing anhelaba simular una red neuronal y su régimen de entrenamiento, valiéndose de un ordenador digital ordinario, pero emprendió su trabajo sobre redes neuronales antes de la introducción de los primeros ordenadores electrónicos de uso general. Sólo hasta 1954, Belmont J. Farley y Wesley A. Clark consiguieron hacer funcionar la primera simulación computarizada de una pequeña red neuronal, en el MIT. En ese mismo año, Turing falleció.

Desde principios de los años cincuenta, Turing se asomaba al estudio de la vida artificial. Venía trabajando en simular un mecanismo químico, merced al cual los genes de un óvulo fecundado determinaran la estructura anatómica del futuro animal o planta, investigación que, en palabras del mismo Turing: "no estaba enteramente desconectada del estudio de las redes neuronales, porque la estructura cerebral ha de ser conseguida por el mecanismo embriológico genético, y esta teoría en la que estoy trabajando puede dejar más claro cuáles son las restricciones que esto entraña". Era el primero que se internaba en la exploración asistida por ordenador de sistemas dinámicos no lineales. Su teoría se valía de ecuaciones diferenciales no lineales para expresar la química del crecimiento (Copeland y Proudfoot, 1999).

Pero, paralelo a estas investigaciones, Turing también fue conocido porque durante la Segunda Guerra Mundial colaboró en el diseño de una máquina llamada la 'Bomba', que exploraba las combinaciones posibles generadas por la máquina codificadora alemana "Enigma". Tal "Bomba" fue una máquina con un propósito especial: el de descifrar códigos. Fue construida electromecánicamente con relés. Los trabajos en criptografía y criptoanálisis de Alan Turing son muy numerosos y sus contribuciones resultaron realmente importantes en su momento. Asimismo, trabajó en el desarrollo de la Colossus (que algunos consideran como el primer ordenador electrónico), que ya funcionaba con válvulas (tubos de vacío) en lugar de relés; gracias a ella los británicos pudieron mantener alejados de los submarinos alemanes a los barcos de suministro que cruzaban el Atlántico.

Hasta cierto punto, su capacidad para establecer conexiones inesperadas reflejaba la naturaleza asombrosamente original -y, a la vez, sorprendentemente literal- de su imaginación. No obstante, también se debió, al menos en parte, a su educación en Sherborne School, en el King's College, durante los años de apogeo de E. M. Forster y John Maynard Keynes, y en Princeton durante el reinado de Einstein, a su participación en el célebre curso de Wittgenstein acerca de los fundamentos de las matemáticas  y a su trabajo secreto para el gobierno en Bletchley Park, donde la necesidad de lidiar cotidianamente con una esquiva clave alemana ejercitó su ingenio y le obligó a flexibilizar aún más una mente ya ágil (Leavitt, 2006).

Sin embargo, está prodigiosa mente terminó por convertirse en una amenaza para algunos. Como señala Leavitt (2006), se le consideró un riesgo para la seguridad debido a su heroica labor en la guerra, pero sobre todo, cometió un pecado que la sociedad británica de su tiempo no le podía perdonar. La moral de su tiempo le persiguió por ser homosexual en una época en que la homosexualidad era oficialmente ilegal en Inglaterra. En 1952, cuando denunció el robo por alguien que había entrado a su casa, y en el cual estaba implicado el amante de Turing, las investigaciones de la policía le llevaron a ser acusado de "ultraje a la moral pública" en compañía de otro hombre. Fue condenado y se le dio la opción de ir a la cárcel o someterse a un tratamiento hormonal.

Turing optó por el tratamiento hormonal. Se le obligó a someterse a una humillante sucesión de inyecciones de estrógenos para "curarlo". El tratamiento le produjo importantes consecuencias físicas, como el aumento de peso, la aparición de pechos o la impotencia. El 8 de junio de 1954, poco antes de cumplir los 42 años, se suicidó mordiendo una manzana rociada en cianuro, guiño aparente a la manzana envenenada de una de sus películas favoritas, la versión Disney de Blancanieves y los siete enanitos, y a la que tanta importancia han atribuido quienes han escrito acerca de Turing con posterioridad (Leavitt, 2006).

Había dejado mucho material, notas manuscritas y programas de ordenador, y aún hoy no se ha podido desentrañar todo el valor de aquel genial material, sin lugar a dudas, adelantado a su tiempo.

Turing tenía plena conciencia del grado en que tanto su homosexualidad como su fe en la inteligencia de los ordenadores constituían una amenaza para la religión establecida. Al fin y al cabo, su empeño en poner en duda la exclusividad del género humano en lo referente a la facultad del pensamiento atrajo sobre él un aluvión de críticas en el transcurso de la década de 1940, quizá porque su reivindicación del fair play con respecto a las máquinas contenía en clave, una sutil crítica de las normas sociales que negaban a otro sector de la población -la de los hombres y mujeres homosexuales- el derecho a la existencia legítima y legal (Leavitt, 2006).

A consecuencia de su detención y de las circunstancias que rodearon su muerte, durante años su contribución al desarrollo de la computadora moderna fue minimizada y, en algunas ocasiones, obviada por completo, atribuyéndose a John von Neumann, su profesor en Princeton, la paternidad de ideas que en realidad tenían su origen en Turing.

 

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Comentarios a este trabajo



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A. Pardos: Sencillo pero interesante trabajo que nos habla una vez más de los intricados caminos de la ciencia y de la dificultades que hallan los científicos para dar a conocer sus ideas, sobre todo cuando suponen un peligro para la moral establecida y también para las ideas imperantes en la propia ciencia.

 

Carlos Gonzalez: Muy bueno el trabajo, da a conocer a unos de los personajes más grandes personajes en la historia de la la computación, con un texto agradable, de fácil lectura y comprensión.

 

Jesús Frias Kurisaki: Muy buen trabajo, nos permite conocer personas que han hecho interesantes e importantes aportes al saber humano y de las que conocemos poco o nada. Gracias

 



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