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Criminalidad y Psicología Forense: Rescatando Ideas Adlerianas y Glasserianas


 

Angie Vázquez Rosado
Psicóloga Clínica, M.S
Catedrática Asociada UIPR
UIPR
San Juan, Puerto Rico




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Trabajo publicado el 17 de abril de 2008

 



Resumen

 

 

Alfred Adler y William Glasser, dos reconocidos teóricos de la Psicología del siglo XX se caracterizaron por coincidir con la corriente humanista de esta ciencia, y a través de ella formular postulados teóricos sobre las conductas criminales. A propósito del aumento de los índices internacionales de criminalidad, se retoman las propuestas teóricas de Adler y Glasser sobre las explicaciones de la conducta criminal y  los aspectos a tener cuenta por los psicólogos y otros investigadores con el fin de comprender esta amenaza mundial.

 

 

 

 

Introducción


Al comienzo de cada nuevo año se peticionan los mismos deseos y esperanzas del año anterior: que la violencia criminal disminuya en nuestra sociedad para que podamos contar con una vida más segura y feliz, libre del asecho criminal. Pero la realidad es otra. La criminalidad continúa en ascenso. La humanidad sigue en asecho de sí misma. Pareciera perderse entre las inmensas, escalofriantes y frías estadísticas del crimen cada vez más morboso, impúdico y frecuente. Multivariado y multicausal, complejo y creciente, no se puede menos que responder con algún grado de desesperanza cuando se observa que tantos seres humanos siguen siendo victimizados por estilos de vida donde la trasgresión asecha intensa y despiadamente.

¿Qué deben hacer los antropólogos, sociólogos, criminólogos y psicólogos? Una posible solución inmediata es trabajar en la creación de nuevos modelos criminológicos que puedan ayudar a comprender mejor las motivaciones de la comisión del delito, si es que los presentes modelos no están funcionado o han demostrado ser totalmente inútiles (premisa que aunque suena hipotética en realidad es afirmativa). De otra parte, tal vez no sea necesario saltar con prisa a crear nuevos modelos sin antes dar espacio para evaluar y rescatar los que ya se tienen hechos pero que se ha optado por olvidar, ignorar o desechar.

Esta búsqueda, en cualquiera de las dos direcciones mencionadas, tiene que incluir el re-descubrimiento de viejas, pero buenas ideas, que no se han maximizado y que, tal vez, se dejen al aire como proyectos inconclusos. El proyecto de rebuscar en el pasado es algo que debe realizarse concienzudamente y a propósito con nuevas miradas y actitudes. Esto es, mediante nuevas lecturas sobre los clásicos en donde se reconozca, primero, las condiciones espacio-temporales de estos escritos, procediendo luego a un análisis desde la contemporaneidad que actualice e inserte los nuevos retos en las sociedades modernas y posmodernas.

Tales son las ideas de teóricos como Alfred Adler (1870-1937), psicoanalista austríaco neo-freudiano, conocido por su enfoque de la Psicología Individual y William Glasser (1925-), psiquiatra norteamericano, humanista creador de la Terapia de Realidad y la Terapia de la Elección. Muchos de los jóvenes estudiantes en Puerto Rico parecen no conocer ni estar familiarizados con las aportaciones sobre la criminalidad de estos dos teóricos que comparten, entre otras cosas, raíces judías. Esta amnesia o ignorancia, en gran medida, contribuyó a la decisión de la autora para realizar este ensayo.

Una mirada al fenómeno de la criminalidad desde una re-lectura de viejas ideas es requisito obligado del proceso investigativo activo y competente cuyo Norte debe ser la apertura crítica integradora y abarcadora ante los problemas científicos-sociales. En otras palabras, sería peligroso pensar que ya se sabe todo sobre criminalidad, o lo suficiente, cuando la realidad social demuestra otra cosa. Sería mejor andar de la mano con la actitud socrática de comprender que solo sabemos que no sabemos nada. Se coincide con la sabia advertencia de Adler sobre la necesidad de este tipo de actitud de apertura permanente: Si al oír la palabra criminal o neurosis de angustia o esquizofrenia cree que ha comprendido algo acerca del caso individual, entonces no sólo arruinará todas sus posibilidades de una investigación personal, sino que jamás podrá verse ya libre de los malentendidos que surjan entre él y el enfermo en tratamiento.1

Tanto Adler como Glasser realizaron observaciones psicológicas directas en dos ambientes a los que usualmente se le encuentran múltiples características compartidas: las cárceles y los hospitales mentales. Aunque en épocas, países y modelos psicológicos distintos, en ambos teóricos encontramos una sensibilidad humanista muy fuerte en su abordaje sobre la criminalidad y la locura. El humanismo es una de tres corrientes paradigmáticas dentro de la Psicología, y aunque siempre ha sido calibrada como la más débil de las tres, no por esto es de menor importancia en su precepto cardinal de mantenernos humanizando al ser humano. Adler ha sido considerado como precursor del humanismo en la Psicología Europea de principios del siglo XX (años treinta); en tanto, Glasser ha sido ubicado dentro de este movimiento desde el momento mismo en que se hizo famoso con sus controversiales planteamientos sobre la personalidad criminal en su obra Reality Therapy (Terapia de la Realidad) para finales de la década sesenta. Estas clasificaciones han sido hechas respecto a lo que los teóricos pudieron pensar de sí mismos y de sus ideas.

A ambos teóricos no les interesaba criminalizar sino comprender. La criminalización es un proceso marcado por lo jurídico-legal como punto de partida referencial. Se apoya en la reproducción social de estereotipos que culpabilizan al individuo, justificando el castigo casi como la única solución o respuesta de manejo al delincuente. La comprensión, en cambio, dirige hacia la observación en sus méritos, no a la estereotipificación sino hacia la descripción particularizante y contextualizada de la cual pueden surgir nuevas perspectivas, soluciones o enfoques. Comprender, escuchar, observar... todas son destrezas y aptitudes básicas que caracterizan al investigador comprometido con el propósito de deshilar la realidad social, no para cosificarla sino para exponerla en su continuo proceso de cambio entre construcción, reproducción, deconstrucción y transformación.



Teoría Adleriana sobre la criminalidad



Alfred Adler fue uno de los más prodigiosos, inteligentes e interesantes discípulos de Sigmund Freud cuando este organizaba y difundía su propuesta del psicoanálisis en Europa, considerada en aquel entonces como una teoría radical y controversial. Su apoyo, convencimiento y solidaridad con las ideas del maestro Freud lo llevaron a participar activamente de la Sociedad Psicoanalítica de Viena, fundada también por Freud. El apoyo de Adler fue definitivamente muy positivo para que Freud avanzara en la difusión de su teoría y, sin duda, se identifica entre los más importantes recursos con los que Freud contó en su proyecto personal. Sin embargo, en 1911, Alfred Adler fue expulsado de esa Sociedad por desavenencias intelectuales y personales que fueron surgiendo alrededor de algunos conceptos en la teoría psicoanalítica, disidencias que Freud no pareció tolerar bien de ninguno de sus allegados y que tampoco perdonó a Adler. Como respuesta, Adler formó la Sociedad Vienesa de la Psicología Individual, una organización desde la cual podía desarrollar su visión revisada y particular al modelo freudiano.

La diferencia esencial entre Adler y Freud radica, de forma sencilla, en cuanto al valor que se les da a las estructuras y niveles de actividad en la personalidad así como a la fuente de motivación de la misma. Mientras Freud creía en el poder inmenso y determinante de los procesos inconscientes, Adler habría de dar mayor fuerza y posibilidades, al ego y la conciencia. Por esto, Adler es clasificado como un teórico neo-freudiano queriendo decir que aunque no abandonó las ideas fundamentales propuestas por Freud (por ejemplo, aceptando su esquema tipológico de la personalidad) revisó y modificó las relaciones entre el id, ego y superego así como el juego de fuerzas entre la conciencia e inconsciencia.

Adler es uno de los primeros teóricos en plantear la capacidad de decisión conciente del yo y en postular la responsabilidad conciente de las decisiones. Para Adler los procesos psíquicos concientes ocurrían con más fuerza y frecuencia de lo que Freud planteaba. Creía que las personas podían tomar decisiones racionales y concientes sobre los asuntos de sus vidas. Mientras, Freud defendía que toda la conducta estaba fundamentalmente dirigida por las pulsiones del id a nivel inconsciente, juego de fuerzas donde el ego y la conciencia no eran sino árbitros reactivos de las demandas y vaivenes entre el id (las fuerzas primitivas) y el superego (la sociedad internalizada). La visión de Adler era de una personalidad compuesta pero funcionalmente unitaria, muy similar al enfoque sistémico y hermenéutico que usamos a partir de la segunda mitad del Siglo XX (pero que no existía para su época) en tanto que la opinión de Freud era una de conflicto y antagonismo entre las estructuras de la personalidad, ofreciendo una visión de un ser fragmentado y en inevitables crisis neuróticas.

Alfred Adler, además, otorgó gran importancia a los procesos sociales de la persona, rompiendo con el esquema intrapsíquico-mentalista de Freud, quien elaboró una teoría de desarrollo emocional y de la personalidad fundamentada en la maduración hereditaria mediante el paso por cinco etapas pre-determinadas (oral, anal, edipal, latencia y genital). Probablemente influenciado por sus propias experiencias y enfermedades al crecer, Adler, sin negar el papel de la herencia, planteaba que el ser humano nace con un gran sentimiento de inferioridad que le motiva conciente e inconscientemente a luchar por su superación creando un sentimiento opuesto de superioridad, con el que puede levantarse de su inferioridad orgánica y psicológica. A nivel conciente, ese ser humano busca satisfacer los retos sociales como trabajo, amor y sexo, todos indicando la necesidad de buenas relaciones con otras personas. A esto, Adler le llamó el sentido de la comunidad (llamado originalmente Gemeinschaftsgefuhl que traducido libremente significa sentimiento comunitario) y lo estableció como una de las grandes necesidades concientes de la persona individual para lograr un estilo de vida con salud mental.

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1 Adler, Alfred. Sobre el sentido de la vida. Capt. VIII: Tipología de la desviaciones de la conducta. Rescatado en:
http://www.antorcha.net/biblioteca_virtual/filosofia/sentido/cap8.html


 

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Los comentarios están ordenados desde el más reciente al más antiguo:

 

profesor. Domingo Guzman Nazario : Nos parece adecuado al margen criminológico y en esta dirección debemos seguir enfocando la conceptualización de lo que debe responder a un genuino análisis clínico forense para tratar el fenómeno criminal.

 

mario perez gonzalez: Este material científico y específico en la materia, resalta la autoría de la profesional. Felicitaciones

 

Ernesto: Me gusta el artículo y soy afín al Centro de Estudios Adleriano. Pero Adler, no es neo freudiano sino como dice el Prof. Hazín, el primer postfrediano.

 

juan angel guerrero: El tema es apasionante y la literatura del tema extensa, sin embargo me deja conforme con la sensación de que esta mirada se acerca muchísimo a mi enfoque , después de 13 años de trabajar con infractores adolescentes de ley. Adler es uno de los primeros teóricos en plantear la capacidad de decisión consciente del yo y en postular la responsabilidad consciente de las decisiones. Para Adler los procesos psíquicos conscientes ocurrían con más fuerza y frecuencia de lo que Freud planteaba. Creía que las personas podían tomar decisiones racionales y conscientes sobre los asuntos de sus vidas. el ser humano nace con un gran sentimiento de inferioridad que le motiva consciente e inconscientemente a luchar por su superación creando un sentimiento opuesto de superioridad, con el que puede levantarse de su inferioridad orgánica y psicológica. Sin embargo el joven en conflicto con la ley opta por la superación a través de lo que durante su socialización ha estado inmerso: el método fácil y la proyección inmediata , no posee herramientas para postergar la frustración , ya que no la puede aplazar ni un nsolo instante mas. Vive en riesgo , al filo del precipicio , por lo tanto pierde la capacidad de reaccion frente al peligro y como adolescente transgresor , no mide consecuencias , las consecuencias no existen para él , el es una consecuencia.

 

Loaiza: Me gustó mucho la manera de exponer el tema, es de fácil discernimiento y concreto.

 

Clara Silva: Su artículo es muy interesante. Lo recomendamos y a la autora le recomendamos ponerse en contacto con el Centro de Estudios Adlerianos www.centroadleriano.org

 

John Mario: Buena reseña de Adler y Glosser, bien.

 

Aurora Morant: Muy bien, profesora Angie por su exposición. Como siempre, la admiro por su versatilidad en el manejo teórico y práctico de varios campos de la psicología.

 

Viviana: Felicitaciones, profesora Angie, este artículo complementa y actualiza el anterior sobre forense.

 

Diva Chopan: Como siempre, un trabajo triple A que refleja su versatilidad y compromiso con la psicología.

 

Juan Carlos: Buen resumen de las teorías de Addler y Glasser aplicadas a la criminología; contextualiza su uso y lo discrimina adecuadamente.

 

Hamilton: Información muy sencilla que sirve para hacer una aproximación a Glasser y Addler.

 

Ivette Ruiz: Estupendo trabajo. Felicito y aplaudo a la profesora Angie Vásquez, a quien respeto como Psicóloga que también dedica parte de su estudio a la Psicología en ambientes de Criminología. Este artículo apoya mucho la importancia de las teorías de Adler y Glasser, que se explican bien en esta área de trabajo de la Psicología y es importante reconocer la valoracion de la teorias que son su base.

 

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