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Revista » Neurociencias » representación mental y consciencia

Representación mental y consciencia


 

Fernando Cárdenas P.
Doctor en Neurociencia Comportamental
Maestria en Ciencias, Psicobiología
Universidad de los Andes
Bogotá, Colombia


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Anatomía y fisiología de la representación mental

Recientemente se ha suscitado una controversia entre dos posiciones: una clásica, según la cual la representación topográfica espacial bastaría para dar cuenta de los procesos de consciencia, y una contemporánea, según la cual esta representación topográfica es insuficiente en sí misma y ha de ser complementada con un análisis temporal. Esta segunda posición ocupa actualmente un primerísimo lugar en la investigación, y ha dado origen al concepto de binding, que puede traducirse al español como integración (Llinás, R., comunicación personal; Horgan, J., 1994) o coherencia (Cibilis, D., Lorenzo, J., y González, N., 1995). Anatómicamente hablando, los circuitos responsables de este proceso han sido descritos con mucha antelación (Krieg, E., 1968, por ejemplo); corresponden básicamente a proyecciones de tipo tálamo-cortical similares a las relacionadas con los relevos sensoriales, salvo que no se trata en este caso de una proyección específica adscrita a una modalidad específica sino a un trabajo de tipo espontáneo de otras poblaciones neuronales relacionadas con el sistema reticular activador ascendente. Por lo tanto, son circuitos en gran medida paralelos con el trabajo de vigilia y atención. Ha de entenderse espontaneidad como un proceso organizado espaciotemporalmente, de forma que a nivel espacial establece contactos con ciertas ramificaciones dendríticas corticales (fundamentalmente en las capas superficiales), a lo largo de toda la corteza. Igualmente, existe una secuencia temporal de funcionamiento que puede entenderse de forma macroscópica como un efecto de barrido del estado de activación cortical, realizado en sentido rostro-caudal y a una altísima velocidad (uno aproximadamente cada 12,5 ms). Al juzgar el estado momentáneo de activación cortical, estos circuitos permitirían crear un continuo de comparación entre el (los) estado (s) inmediatamente anterior (es) y el estado presente, proceso que correspondería, según algunos autores, al fenómeno mismo de la consciencia; se cuenta con una serie de datos experimentales que apoyan esta hipótesis. De ellos son quizá los de Urs Ribary y su grupo de la Universidad de Nueva York, los más contundentes: en sus experimentos típicos, se pide a un sujeto que escuche un sonido presentado binauralmente, y juzgue si se trata de uno o dos clicks; simultáneamente se va realizando a cabo un registro magnetoencefalográfico en el lóbulo temporal.

Originalmente, existían informes desde la psicofísica, principalmente a raíz de los trabajos de Kristoffersen, según los cuales existiría un tiempo mínimo para el establecimiento de la percepción; sin embargo, sólo hasta los trabajos de Ribary se ha podido establecer un correlato neurofisiológico del proceso responsable. Según los datos obtenidos, si se presenta una serie de dos clicks distanciados temporalmente 12,5 ms o más, el estímulo percibido se juzgará como dos sonidos; por el contrario, si la distancia temporal entre los dos clicks es inferior a 12,5 ms, se juzgará como un sólo sonido. Dicho de otra forma, el cerebro realiza una lectura de quanta temporales de 12,5 ms; todas las informaciones (traducidas en puntos de actividad cortical) presentes en cada uno de estos barridos temporales, serán compiladas como una sola "imagen cognoscitiva", la cual se integrará con la leída en el siguiente periodo de 12,5 ms, generándose así una representación topográfica espaciotemporal. Esta hipótesis se halla en la frontera entre la representación topográfica cerebral y la representación mental, apoyando las intuiciones de finales del siglo XIX de William James, quien veía a la consciencia como una corriente que fluye o marcha; sin embargo, es claro que esta hipótesis sólo nos permite llegar a otro nivel en el proceso de explicación del fenómeno, pero no nos brinda la posibilidad de desentrañar el misterio del mundo subjetivo.

Simultáneamente, con los datos obtenidos en la experimentación, existe otra inmensa vertiente para la obtención de información sobre la consciencia: la práctica clínica neuropsicológica. Actualmente se define a la neuropsicología como una ciencia interdisciplinaria, confluencia de las disciplinas neurológicas y psicológicas, cuyo objeto de estudio es el análisis de la organización cerebral de los procesos psicológicos (Ardila, A., y Rosselli, M., 1992; Heilman, K., y Valenstein, A., 1993; Kolb, B., y Whishaw, Y., 1990). Tradicionalmente se han considerado atención, memoria, aprendizaje, cognición, motivación y lenguaje como principales procesos psicológicos. Así, el campo de trabajo en neuropsicología ha sido principalmente el análisis de la alteración sufrida en estas funciones como consecuencia de lesiones cerebrales o de envejecimiento.

Naturalmente la lesión cerebral conllevará pérdida general de algunas funciones en mayor o menor grado, dependiendo ante todo del tamaño de la lesión y de su ubicación. Sin embargo, es posible aislar o disociar las manifestaciones de cada uno de estos procesos, realizando lo que Luria propusiera como un análisis factorial (lo cual fue desarrollado posteriormente por Alfredo Ardila).

Al respecto del tema desarrollado en este documento, resulta interesante mencionar la existencia de una categoría sindrómica, conocida como agnosia, que se define como una pérdida del reconocimiento de estímulos, a pesar de hallarse intacta o relativamente intacta la percepción de los mismos (Ardila, A., y Rosselli, M., 1992). Las agnosias pueden clasificarse con relación al canal perceptual afectado (agnosia visual, agnosia auditiva, agnosia táctil, etc.), o con relación a la función perdida (prosopagnosia, agnosia construccional, etc.). Simultagnosia, por ejemplo, hace referencia a la pérdida de la capacidad para integrar en un todo coherente los estímulos visuales presentados, a pesar de existir una visión normal. El caso de la prosopagnosia implica la imposibilidad para reconocer personas por la visión de la cara, a pesar de reconocerlas por otros rasgos (voz, vestimenta, etc.). Referente al reconocimiento de las caras, se ha podido evidenciar la disociación de componentes corticales y subcorticales en el proceso de discriminación: una persona con prosopagnosia es capaz de juzgar el valor emocional asociado con un rostro, a pesar de no poder saber de quién se trata (Cardena, F., y Lamprea, M., 1995). Vinculamos de esta forma procesos corticales con la percepción consciente y subcorticales con una percepción inconsciente.

Igualmente interesante resulta el estudio de la denominada "visión ciega" (blindsight), alteración debida a una lesión de las regiones posteriores de los lóbulos occipitales, y caracterizada por el reporte de ceguera total, hecho por el paciente. Esto es simultáneo con la posibilidad de realizar reflejos de acomodación a la distancia, adaptación a la intensidad lumínica, seguimiento de objetos e incluso identificación de imágenes en tareas de "adivinación forzada" de figuras presentadas, tareas en las que se le solicita al paciente que luego de "ver" un objeto (naturalmente él afirma no poder verlo), señale en un grupo de láminas presentadas cual fue la que vio.

Concomitante a otras pérdidas funcionales, es posible encontrar anosognosia, consistente en la ausencia de una toma de consciencia de la pérdida funcional, acompañada de un encubrimiento de la deficiencia; a continuación se presentan algunas evidencias clínicas de interés para nuestro análisis; un paciente con visión ciega (lesión occipital posterior bilateral), pide ser desplazado en su casa de cuarto en cuarto, pues asegura que en ninguno de ellos hay luz, si se le dice que en realidad está ciego, se ríe y no lo cree; un paciente con paresia superior izquierda (lesión frontal posterior derecha), asegura que puede mover perfectamente su mano, y lo comprueba tomándola con la mano derecha y moviéndola en diferentes direcciones; un paciente con afasia de Wernicke, (lesión temporooccipital izquierda), cree que la gente está jugando a hablar en jerigonza para que él no pueda comprenderlos; una paciente con heminegligencia contralateral (lesión parietooccipital derecha), se asombra al observar su brazo izquierdo pues considera que pertenece a otra persona, posteriormente lo empuja, y le habla en tercera persona, etc.

Inicialmente descrito como una estructura anatómica virtualmente sin ninguna función diferente a sostener los dos hemisferios cerebrales, el cuerpo calloso, es un elemento crucial para el funcionamiento integrado de los dos hemisferios. Básicamente, es apartir de los trabajos de escisión (comisurotomía), realizados por Roger Sperry (Sperry, R., 1961), que se ha venido entendiendo este papel, difundiéndose ampliamente dentro de la neurociencia el estudio del cerebro dividido (split brain); incluso se discute la posibilidad de existencia de una mente dividida análoga. Obviamente, dado que cada hemisferio parece tener sus propias funciones, es posible demostrar la contribución independiente de cada una de ellas a la formación de la mente única; dos mentes en una, e incluso dos consciencias independientes y hasta conflictivas, tal como demostrara Victor Mark, neurólogo de la Universidad de Dakota del Norte, al solicitarle a una paciente comisurotomizada que dijera si sentía una de sus manos. Después de una pausa, la paciente decía "... sí, no ..., sí ... sí..., no..., espere..., sí...". En este momento, Mark presentaba una cartulina con un SI y un NO y solicitaba a la paciente que con el dedo señalara su respuesta. La paciente señalaba con una mano el SI y con la otra el NO (Horgan, J., 1994). A primera vista salta que este conflicto residía en el intento de cada hemisferio por lograr una hegemonía total.

Naturalmente, ninguno de estos breves casos ofrece una explicación de la consciencia. Sin embargo, brindan la oportunidad de puntualizar algunos aspectos dignos de ser tomados en consideración:

- En algunas regiones cerebrales, además de poder encontrarse un punto crítico para la ejecución de alguna función, reside la consciencia de esta misma función.

- En algunas otras regiones cerebrales parece hallarse únicamente un punto crucial para la ejecución de alguna función, pero no para la toma de consciencia de la misma función o de otras.

- La consciencia, tal como ha sido definida inicialmente (capacidad para saberse   poseedor de un sí mismo), correspondería en general a un proceso no sólo cortical, como tradicionalmente se sostiene, sino más bien a una integración funcional entre  procesos corticales y subcorticales.

- Estos procesos corticales y subcorticales están, a su vez, compuestos por subunidades de procesamiento diferencial.

- El concepto de sí mismo (self), no depende de la integridad funcional del sistema.

 

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Comentarios a este trabajo



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Bernardo: Excelente heurística investigativa, la genealogía de la interdisciplinariedad es sorprendente asi como la sistematicidad.

 

PSICOHUGO: Pienso que al artículo no hay que refutarle nada, realmente excelente, felicitaciones Dr.

 

Rosa López: El artículo me parece muy completo, aunque creo que dentro de los estudios actuales no se incluyen la diferencia entre "Conciencia" y "Consciencia", ya que un ser humano, por ejemplo un autista, aunque no tenga consciencia existe. ¿Pudiera ser este el punto de resonancia?

 

Gonzalo: Muy buena diferencia entre representación mental (simbólica) y conciencia. No entiendo porque este articulo no tiene comentarios si está buenísimo.

 



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