Introducción
Estudios actuales confirman que el mejoramiento de la salud poblacional depende en un 50% del estilo de vida, un 20% de la genética de las poblaciones, un 20% del estado del medio ambiente y un 10% de la salud pública tradicional (Guadarrama y Suárez, 2000). Como concreción objetiva de estos datos se alza la incidencia de los síndromes coronarios agudos y en especial el Infarto Agudo del Miocardio (IMA), considerado un gran problema de salud a escala internacional, responsable de la mitad de las muertes en el mundo desarrollado y del 25% en los países en desarrollo (Rodríguez, Mantilla, Lobos y Mediavilla, 2005, Gaziano, Manson y Riker, 2005).
Según informes estadísticos uno de cada cuatro cubanos muere por esta causa cada año (Anuario Estadístico de Salud, 2005, Proyecciones de la Salud Pública en Cuba, 2006). Los que sobreviven al evento isquémico requieren de un proceso de rehabilitación que les permita reincorporarse a la vida socialmente útil y adquirir estándares elevados en la calidad de vida lo antes posible. Es este el motivo por el cual surge el concepto de rehabilitación cardiaca, establecido por la Oficina Europea de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 1969. Dentro de sus postulados principales está disminuir al máximo posible las desfavorables consecuencias fisiológicas, sociales y psicológicas de esta enfermedad (Rivas et al. 1990).
La OMS, por medio de su Oficina Regional para Europa, creó en 1958 en Ginebra su Unidad de Enfermedades Cardiovasculares (De Velasco, 2000 et. al), y en 1964 publicó las conclusiones de la primera reunión del Comité de Expertos en Rehabilitación (Plaza, 2000). Después de varias reuniones se puso en marcha el estudio de la OMS sobre Rehabilitación y Prevención Secundaria del Infarto de Miocardio (Simoons, 2003). Este grupo de trabajo del que inicialmente formaron parte veintitrés centros europeos y uno de Israel, entre ellos, el Servicio de Cardiología del Hospital General de Valencia, se reunió anualmente en Turku (1974), Opatija (1975), Budapest (1976), Valencia (1977) y Berlín Oriental (1978), para controlar la marcha del estudio multicéntrico y modificar, si era necesario, algunos detalles del protocolo. La conclusión y decisión más importante de estas reuniones periódicas fue poner de manifiesto que el ejercicio físico era sólo una parte de la rehabilitación cardiaca y que los aspectos psicológicos, sociales y vocacionales, que se hallaban hasta entonces relativamente apartados, debían ser objeto de una mayor atención.
Se insiste en que el programa de rehabilitación cardiovascular debe comenzarse desde la primera fase hospitalaria sin olvidar la intervención psicológica. Un aspecto relevante en el intervencionismo psicológico es ayudar al enfermo a controlar las emociones negativas en tanto estas pueden exacerbar el comportamiento de parámetros fisiológicos con todas las reacciones propias de ello, y por tanto,con saldos desfavorables para el cuadro clínico general del paciente. Se utilizan técnicas psicológicas que tienen como objetivo adquirir el control voluntario sobre algunas funciones cardiovasculares (frecuencia cardiaca, presión sanguínea, temperatura periférica, etc.). Concretamente han sido utilizadas técnicas de desactivación fisiológica como el control por técnicas de relajación, el control de la respiración, la musicoterapia (Fernández-Abascal et al., 2003; Godoy, 1999, 2006; Hernández et al., 2003; Roca, 2003 a: Rodríguez y Navarro, 2004; Zaldivar, 2002).
Se ha definido que el control de las emociones negativas puede ayudar a evitar desequilibrios en el funcionamiento cardiovascular, tanto en personas sin padecimientos cardiacos, como en personas que han sufrido de los mismos, en tanto las emociones positivas son capaces de potenciar más altos niveles de salud en los mismos componentes que son dañados por las emociones negativas (Grau, Hernández, Vera-Villarroel, 2005; Lazarus, 2000; Mayne y Bonanno, 2001; Roca, 2003, Zaldivar, 2002).
En Cuba se han desarrollado estudios e intervenciones en pacientes infartados, destacándose las investigaciones del Dr. Rivas Estany, el Dr. Ponce de León, el Dr. Sin-Chesa, el Dr. Hernández Cañero, la Dra. Hernández Meléndez y La Msc. Fernanda Zuleta, entre otros, pero no se han reportado estudios de intervención psicológica en la Fase I de la rehabilitación cardiaca u hospitalaria, pese a la connotación de este etapa de la enfermedad y a las condiciones que propician el internamiento institucional para poder interactuar con el enfermo.
En este sentido se hace necesario introducir nuevos métodos propios y factibles para cada fase de la rehabilitación cardiovascular, implementar intervenciones eficaces capaces de superar las barreras que imponen los cambios de conductas de los pacientes, la familia y del ejercicio de la medicina, y en especial de la intervención cardiológica. Es una necesidad la inclusión de objetivos finales que, aunque más difícilmente mensurables (psicológicos, sociales y de calidad de vida), permitan demostrar la eficiencia de los programas de rehabilitación cardiaca en estas importantes áreas de la vida del paciente.
De una práctica asistencial cotidiana y del estado actual de la intervención psicológica en la primera fase de la rehabilitación cardiovascular surge la pregunta:
¿Cómo implementar intervenciones psicológicas en pacientes infartados con riesgo vital que beneficien el estado psicológico y que tengan repercusiones favorables sobre parámetros fisiológicos tales como frecuencia cardiaca, tensión arterial y frecuencia respiratoria durante el periodo crítico de la enfermedad, procurando además una optimización de la atención psicológica que repercuta favorablemente en la evolución clínica del enfermo?
Para responder a esta interrogante ha sido propuesto el siguiente objetivo general:
Evaluar la efectividad del Tratamiento con Técnicas Psicológicas Combinadas (TPC) en pacientes con IMA hospitalizados con riesgo vital, tanto en la esfera psicológica como en algunos parámetros fisiológicos tales como frecuencia cardiaca, frecuencia respiratoria y tensión arterial.
Hipótesis de trabajo
Al aplicar el Tratamiento con Técnicas Psicológicas Combinadas (TPC) a pacientes con Infarto Agudo del Miocardio con riesgo vital se producirá una atenuación de estados emocionales negativos, tales como la ansiedad, la depresión y el estrés y en alteraciones conductuales expresadas en dificultades para conciliar el sueño, a la vez que repercutirá favorablemente sobre algunos parámetros fisiológicos, tales como presión arterial, frecuencia cardiaca y frecuencia respiratoria.
El tema abordado es de gran relevancia en la política de salud de nuestro país. Constituye una línea directriz por ser esta enfermedad la primera causa de morbilidad y de mortalidad en Cuba. Según criterios científicos, el abordaje de las enfermedades cardiovasculares tanto en la prevención como en el tratamiento y rehabilitación debe tener carácter multidisciplinario por la alta repercusión que en ella tienen factores biológicos, psicológicos y sociales.
Los programas de rehabilitación cardiovascular definen claramente la importancia de empezar el proceso rehabilitatorio desde el momento en que se instaura la enfermedad, insistiendo en la necesidad de contemplar en el tratamiento los aspectos de orden psicológico.