Tabla 4: Indices de Discriminación para cada tipo de SAE
Para calcular las puntuaciones para cada uno de los 5 tipos de SAE hay que promediar las puntuaciones obtenidas en los ítems correspondientes a cada tipo de sentido. Los ítems para cada uno de ellos para cada uno de los ítems se detallan en la Tabla 1. Sin embargo, para una interpretación más sencilla, sugerimos transformar los puntajes obtenidos en cada uno de los tipos de sentidos, a escalas de 0 a 100. Esto es, restando 1 al valor obtenido en la subescala, dividirlo por 5 y multiplicar ese resultado por 100 (Figura 1). Así, los valores obtenidos expresarán, en un rango más amplio, la valoración que los alumnos hacen de cada SAE en función de un máximo posible de 100 y un mínimo de 0.
Figura 1 - Conversión de puntuación de cada tipo de SAE a una escala de 0-100
Sobre la interpretación de los resultados
Para una mejor interpretabilidad de los datos sugerimos tomar en consideración los siguientes puntos.
1 Pese a que es posible analizar los resultados de cada uno de los alumnos, es preferible partir por un análisis del curso completo, ya que la forma en que valoran cada uno de los distintos tipos de SAE el resto de los compañeros, de alguna forma valida, en sentido positivo o negativo, las puntuaciones (valoraciones) individuales.
2. Más allá de los puntajes absolutos, es importante también, reparar en la estructura de valoración que surge, es decir, cuáles son los sentidos que más se valoran, cuáles son aquellos que son menos apreciados y contrastarlos con la estructura que surge de la valoración del propio profesor.
3. En la línea del punto anterior, sugerimos firmemente que el profesor conteste el instrumento reemplazando la frase "Mi principal razón para aprender en el colegio..." por la de: "Para mis alumnos, la principal razón para aprender en el colegio debería ser...". Ello, contribuirá en primer lugar a la toma de conciencia de las diferentes lógicas bajo las cuales el maestro intenciona los contenidos de clase y de aquella bajo la cual los alumnos dan sentido a aprender dichos contenidos. Pero, adicionalmente, dará una medida numérica que permita un análisis más fino de la brecha entre las valoraciones que realizan los alumnos y las del profesor.
La Escuela requiere aprendizajes significativos y profundos, es decir, que los contenidos que la Escuela intenciona sean apropiados de forma tal que se establezcan relaciones sustantivas y pertinentes entre lo que se aprende y los conocimientos previos que posee el alumno (Ausubel, 1978) y que, por otra parte, sea capaz de realizar múltiples operaciones mentales con dicho contenido (Perkins, 1999). Lo anterior requiere, entre otras cosas, que el alumno quiera aprender aquello que la Escuela intenciona. Pero no basta con una alta "motivación por la tarea" que los maestros proponen como mediación del aprendizaje, también es necesario, tomar en consideración el sentido que tiene para los alumnos aprender aquello (Cf. Valenzuela, 2006).
Así, una de las claves para que este aprendizaje significativo y profundo pueda concretarse, es que exista una sintonía entre la lógica a partir de la cual se intencionan los contenidos escolares y la lógica bajo la cual los alumnos quieren aprender lo que la Escuela les propone como aprendizajes. Resultados preliminares de una investigación en curso, muestran en este sentido, que los profesores intencionan los contenidos escolares bajo lógicas que no necesariamente son compartidas por sus alumnos.
Para poder caracterizar estas diferentes lógicas o sentidos atribuidos al aprendizaje escolar hemos desarrollado este instrumento que permite caracterizar dichos sentidos en los alumnos y que muestra características psicométricas adecuadas para cumplir con su objetivo.
Sin embargo, un peligro latente en la utilización de instrumentos como éstos, es pensar que hay que adaptarse a la lógica de los alumnos para que los contenidos intencionados por la Escuela devengan significativos. Creemos que pese a los cambios en el SAE no siempre son fáciles, ya que, con cada año de experiencia escolar, la forma de concebir la Escuela se cristaliza un poco más (Cf. Abraham, 2004). Hay evidencia que muestra que aún, tras 10 años de escolaridad se pueden observar cambios (Valenzuela, 2006).
Nuestra apuesta es ofrecer un instrumento que permita especialmente a los profesores, tener una visión más acabada de los alumnos, y a partir de esta toma de conciencia, y de una eventual diferencia de lógica entre profesor y alumno en torno al sentido que tiene aprender los contenidos escolares, se puedan buscar sendas de encuentro que permitan al alumno una mayor profundidad y significatividad en su aprendizaje y al maestro una mayor efectividad en su quehacer.