Prueba WPPSI
Se considean los puntajes correspondientes a siete niveles de inteligencia en donde 130 o más corresponde a muy superior, de 120-129 superior, 110-119 normal brillante, 90-109 normal, 80 a 89 normal torpe, 70 a 79 limítrofe, 69 y menos deficiente mental. De acuerdo con los resultados de la prueba se observa que el mayor porcentaje, 56.2%, corresponde al rubro normal para el sexo masculino y el 60% corresponde al mismo rubro para el sexo femenino; con relación al rubro normal brillante, el 18.7% corresponde al sexo masculino y el 10% al sexo femenino, y para el rubro normal torpe el 14.06 % corresponde al sexo masculino y el 20% al sexo femenino.
Tabla 3 - Distribución de la población de acuerdo con el sexo y la clasificación de C. I.
Fuente: Detección de alteraciones psicológicas en preescolares que asisten a los Centros de Desarrollo Infantil del D.F. (2005).
Gráfico 4 - Distribución de la población de acuerdo con el sexo y la clasificación de C. I.
Fuente: Detección de alteraciones psicológicas en preescolares que asisten a los Centros de Desarrollo Infantil del D.F. (2005).
Los resultados para ambos sexos respecto al C.I. total muestran un promedio de 99. Con relación al Coeficiente Intelectual ejecutivo se observa un promedio de 99. En el C.I. verbal se observa una puntuación de 93 como promedio, correspondientes a inteligencia normal.
Respecto al sexo masculino, en el C.I. total se obtuvo un promedio de 98, para el CI Verbal fue de 99 en promedio; el CI ejecutivo en promedio se obtuvo 94, correspondientes a una inteligencia normal.
Gráfico 5 - Distribución de la población de ambos sexos y coeficiente intelectual ejecutivo y verbal.

Fuente: Detección de alteraciones psicológicas en preescolares que asisten a los Centros de Desarrollo Infantil del D.F.
Se observa que en los tres casos de C.I. el promedio es superior para los sujetos del sexo femenino.
Respecto al sexo y la edad, los sujetos del sexo masculino de 4 años presentan un C.I. total de 110, un CI verbal de 104 y un CI ejecutivo de 104. Para la edad de 5 años el CI total es de 102, el CI Verbal es de 103 y el CI ejecutivo es de 95. Para los sujetos de 6 años, se observa un CI total de 94, un CI verbal de 93 y un CI ejecutivo de 92
La tendencia del sexo es a mayor edad menor CI en sus tres aspectos; en todos los casos corresponden a inteligencia normal de acuerdo con los parámetros de la prueba.
Gráfico 6 - Distribución de la población de sexo masculino por edad y C. I. ejecutivo y verbal.

Fuente: Detección de alteraciones psicológicas en preescolares que asisten a los Centros de Desarrollo Infantil del D.F. (2005).
Respecto al sexo y la edad, se observa que para los sujetos del sexo femenino de 4 años se presenta un C.I. total de 98, un CI verbal de 105 y CI ejecutivo de 110. Para la edad de 5 años el CI total es de 104, el CI Verbal es de 105 y el CI ejecutivo es de 96. Para los sujetos de 6 años se observa un CI total de 94, un CI verbal de 98 y un CI ejecutivo de 116.
Gráfico 7 - Distribución de la población de sexo femenino por edad y C. I. ejecutivo y verbal.

Fuente: Detección de alteraciones psicológicas en preescolares que asisten a los Centros de Desarrollo Infantil del D.F. (2005).
Se encontraron correlaciones positivas para el sexo masculino entre el C.I. total y el C.I. verbal 0.65, y de 0.65 entre el C.I. total y el C.I. ejecutivo; para el sexo femenino, entre el C.I. total y el C.I. verbal, 0.77 y para ambos sexos, entre la edad mental y la edad de madurez visomotora de 0.99.
Tabla 4 - Correlaciones entre subpruebas del test de WPP SI, del test de Bender y de la prueba de la Figura humana en relación con el sexo.
Fuente: Detección de alteraciones psicológicas en preescolares que asisten a los Centros de Desarrollo Infantil del D.F. (2005).
Discusión
Existen factores de riesgo en los que se incluyen déficits cognitivos, del lenguaje, atención, problemas emocionales y de la conducta. Hoy, sin duda, muchos escolares presentan perturbaciones conductuales y emocionales. La mayoría de está población no recibe atención alguna ni dentro ni fuera del ámbito escolar. Estos problemas de conducta y emocionales, cuando no son tratados, no sólo provocan problemas en el aprendizaje, sino que además alteran la convivencia con sus compañeros, interrumpe la clase, etc.
Los padres y profesores comparten la preocupación por la alteración conductual que el alumno presenta. Si bien no se debe exagerar ante un problema de conducta, tampoco debe minimizarse ya que, en general, es el extremo más visible de los alumnos con problemas para aprender. Los padres se preocupan por la manera como el hijo se comporta y esta preocupación se complica con sentimientos de frustración y rabia cuando el progreso escolar es lento y escaso. Relacionando los resultados encontrados puede mencionarse el trabajo realizado por Frostig, Leferver y Wittlesey (1963) en un estudio con preescolares y alumnos de primero básico. Los autores relacionaron el déficit perceptivo-visual con problemas de aprendizaje y de la conducta (7). Asimismo, Bogels y Zigterman (2000) encontraron que estudiantes con leves trastornos de aprendizaje y de la conducta escolar muestran deficiencias cognitivas, de memoria, lenguaje, atención, relaciones sociales y desarrollo emocional. (8)
De acuerdo con Casey (1996), cuando se habla de alteración emocional en el niño se hace referencia a una condición en la cual las respuestas conductuales o emocionales de un escolar son tan diferentes de lo que se estima apropiado para su edad, sus normas culturales o étnicas, que lo afectan adversamente en su rendimiento escolar, incluyendo su cuidado y adaptación personal, relaciones sociales, progreso académico, conducta en clase o adaptación al trabajo escolar. Esta alteración emocional puede coexistir con otras condiciones de desventaja (9).
Mercer (1997), de acuerdo con los resultados empíricos de un estudio que desarrolló durante seis años, mostró que los estudiantes con problemas de aprendizaje y aquellos con bajo rendimiento social eran semejantes en competencia social, sin embargo, eran significativamente más bajos en habilidades sociales y presentaban más problemas conductuales que el promedio de los niños con alto rendimiento (10).
En este mismo contexto, Jadue (2002), de acuerdo con los resultados de sus investigaciones, muestra que los estudiantes con problemas de aprendizaje exceden al rango normal de impulsividad y exhiben importantes déficits de atención. Muchos alumnos con problemas para aprender reaccionan rápidamente sin pensar en posibilidades alternativas de respuestas (11). Asimismo, Margalit y Shulman (1996) realizaron un estudio en donde se presenta mayor puntaje en las medias de la ansiedad, preocupaciones e hipermotividad que sus pares sin dificultades para aprender; de la misma forma, presentan más bajo puntaje en mediciones del nivel autonomía (12).
En otros estudios (Barret, Rapee, Dadds y Ryan, 1996) se encontró que los alumnos que poseen trastornos de exteriorización, como desórdenes de la conducta que incluyen a menudo dificultades para el manejo de la rabia, la irritabilidad y una falta de afiliación con otras personas, y aquellas con trastornos de interiorización, particularmente depresión y ansiedad, presentan déficit en la inhibición de la agresión y un exceso de focalización interna de la tristeza y/o de la culpa como muestra de sus dificultades para regular sus emociones. Estos alumnos generalmente muestran un uso inadecuado o disfuncional de sus habilidades emocionales (13).
Relacionando los resultados de esta investigación con los estudios antes citados, puede decirse que la diferencia entre la edad mental y la edad cronológica de la población está asociada a dificultades emocionales y problemas de conducta. La mayoría de los alumnos que presentan dificultades emocionales y conductuales tienen leves alteraciones en su desarrollo cognitivo, psicomotor o emocional sin que puedan ser asignadas a categorías diagnósticas específicas tales como retardo mental, síndrome de déficit de atención o trastornos específicos del aprendizaje.