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Emociones y salud: algunas consideraciones
Ma. de Lourdes Rodríguez Campuzano
Dualismo Como se ha venido señalando, las distintas aproximaciones psicológicas a la salud han abordado el fenómeno de manera dualista, enfatizando el papel de emociones y sentimientos, como causales de cierto tipo de acciones y de enfermedad. La tradición del dualismo se le atribuye de manera oficial a Descartes, aunque él no haya sido su iniciador. Para él cada persona vive dos historias paralelas: una pública, relativa a su cuerpo y otra privada, relativa a su alma. En los planteamientos de Descartes, el alma racional determinaba la acción del cuerpo del hombre, de modo que su comportamiento podía estudiarse reduciéndolo a la acción mecánica y refleja, mientras que el alma o lo mental eran lo causal interno que obedecía a principios propios. La acción del hombre como movimiento debía estudiarse a través de la mecánica, mientras que la del alma, a través de una concepción paramecánica correspondiente a la óptica (Descartes, 1979). Esto es lo que se ha entendido por dualismo, el hombre compuesto de dos sustancias, una que funciona como principio regidor y otra que solamente refleja o permite inferir un mundo "interno" que es el "verdaderamente importante": alma, mente, aparato intrapsíquico, conciencia o incluso cognición (como metáfora moderna de este principio regidor). Los enfoques cognoscitivos predominantes en este campo ilustran esta forma de abordar lo psicológico. En ellos se afirma que la conducta de una persona está gobernada por sus propias predicciones y que los individuos no actúan en relación con los acontecimientos, sino a su pensar acerca de ellos (Zumaya, 1993). Parten de que existe un mundo inaccesible a los demás y como señala Ribes (2001), inaccesible para el propio sujeto, quien tiene estructuras, procesos o pensamientos automáticos, de los cuales no es consciente. En estos enfoques se plantea que el hombre construye su propia realidad y responde a sus representaciones, lo cual ejemplifica la metáfora paraóptica que empleó en principio Descartes y que se puede sintetizar en el concepto de 'representación'. El papel disposicional de sentimientos y emociones Las aproximaciones dualistas se vinculan con el causalismo. Aun cuando se postula la existencia de un mundo interno compuesto por procesos, estructuras y entidades, y otro externo, relacionado con acciones concretas y movimientos, se asume que en el primero residen las causas del segundo. Sin embargo, como se ha venido explicando, por un lado, no hay necesidad de postular principios extraepisódicos para explicar el comportamiento, y por otro, las explicaciones causa-efecto no permiten dar cuenta de la complejidad de una gran cantidad de fenómenos. Al reducir las explicaciones a este tipo de relaciones se omiten otras que son pertinentes en la explicación de una gran cantidad de fenómenos: las categorías disposicionales. Ryle (1949) explica que las palabras disposicionales no refieren episodios sino, en términos generales, tendencias. "Cuando decimos que una vaca es rumiante, o que un hombre es fumador de cigarros, no decimos que la vaca está rumiando ahora, o que el hombre está ahora fumando un cigarro. Ser rumiante es tender a rumiar de tanto en tanto y ser fumador de cigarros es tener el hábito de fumar cigarros" (p. 104). Por supuesto, el uso de categorías disposicionales es posible, en la medida en que ocurren o han ocurrido episodios que nos permiten describir estas tendencias. Los términos disposicionales, aunque aglutinan eventos u ocurrencias, no refieren, en sí mismos, acontecimientos. Ryle (Op. cit.) señala que hay dos tipos de explicaciones: aquellas que tienen un sentido causal y las que se describen con enunciados disposicionales. Los enunciados disposicionales describen que una cosa, un animal o una persona dada posee cierta capacidad, tendencia o inclinación, o está sujeta a cierta propensión. "...son autorizaciones de inferencias que nos autorizan a predecir, explicar y modificar tales acciones, reacciones y estados" (p. 110). Las categorías disposicionales permiten describir una buena parte de la conducta de las personas. Las capacidades, los hábitos, los motivos, los gustos o los estados de ánimo pertenecen a este tipo de categorías. Al hablar de tendencias, inclinaciones y propensiones, aunque no se hace referencia a hechos, procesos o acontecimientos, sí se habla de factores que constituyen indudablemente una porción significativa del dominio empírico de la psicología. Ryle (Op. cit.) aclara que los términos que se emplean para hablar de la emotividad corresponden a categorías disposicionales. En este sentido, con gran frecuencia, el papel que juegan las emociones en la explicación del comportamiento sería una de tipo disposicional. Ribes (1990) afirma que los factores disposicionales modulan la probabilidad de un comportamiento, es decir, hacen más o menos probable alguna interacción, ya sea facilitándola o interfiriendo con ella. Se ha venido explicando que los sentimientos son comportamiento afectivo y, como tal, un conjunto de reacciones u ocurrencias. Igualmente, se ha dicho que las emociones son patrones de respuesta caracterizadas por un segmento de bloqueo o confusión, y que el segmento emocional completo está compuesto también por reacciones y respuestas, es decir, ocurrencias; lo que no se ha mencionado es que, tanto las emociones como los sentimientos pueden adquirir propiedades disposicionales. Cuando los sentimientos o emociones se incorporan al equipo conductual, conforman una colección de ocurrencias históricas que pueden, en el presente, facilitar o interferir con otros comportamientos. En el caso de los sentimientos, dadas sus características y su inclusión en prácticamente todo tipo de comportamiento, representan un factor prácticamente permanente del repertorio de una persona y por ello adquieren fácilmente funciones disposicionales. Pueden hacer más probable, o bien interferir con otros comportamientos. Esta función se puede ejercer en comportamientos inmediatos, esto es, en el siguiente segmento de comportamiento, o bien, en comportamientos distantes en tiempo. Cuando algún sentimiento, como la alegría o el bienestar adquiere funciones disposicionales e influye en la siguiente respuesta a otra circunstancia, esta última puede ser más probable, o su intensidad o expresión pueden ser mayores, por ejemplo, cuando una persona saluda efusivamente a otra después de haber recibido una buena noticia. Otros sentimientos han estado tan estimulados en la historia de un individuo que se convierten en tendencias al relacionarse con la misma clase de estímulos, por ejemplo, una persona educada para apreciar la música, va a reaccionar afectivamente con más frecuencia y mayor intensidad ante este tipo de estimulación. Sus sentimientos, construidos históricamente, hacen más probable que acepte invitaciones a conciertos, que compre discos, que lea artículos sobre grupos musicales o que converse sobre música. Los segmentos emocionales también puede adquirir funciones disposicionales, aunque su función es menos prolongada. Usualmente las reacciones emocionales pueden facilitar otras actividades, tanto post-emocionales -que son parte del propio segmento-, como algunas otras. Ryle (1949) explica las diferencias entre emociones (conmociones), sentimientos y estados de ánimo considerando tipos específicos de disposiciones: tendencias, inclinaciones, propensiones o estados. En términos generales, señala que los estados de ánimo y las emociones se refieren a propensiones, mientras que emociones como el llamado estrés, la ira o el pánico, son también propensiones, aunque requieren, a su vez, de otras propensiones opuestas, o bien de un impedimento fáctico y se caracterizan por cierto grado de intensidad. Los sentimientos aluden, en términos generales, al lenguaje de las sensaciones. Así, en el lenguaje ordinario, el término depresión se aplica a un estado de ánimo y como tal, debería ser considerado como una propensión que implica cierta temporalidad y que en cada individuo puede hacer menos probable la ejecución de ciertas actividades o bien, más probable la de otras. Las reacciones referidas por este tipo de estados son más difusas y menos dirigidas a objetos o condiciones de estimulación específicas (Kantor y Smith, 1975) y generalmente, facilitan acciones como llorar o aislarse; e interfieren con una serie de interacciones cotidianas que van desde comer hasta relacionarse socialmente. La ira o el estrés corresponden más con las emociones, o en términos de Ryle (1949), a conmociones emocionales. Éstas se refieren a una propensión que aumenta la probabilidad de que existan episodios caracterizados por respuestas intensas de corta duración en donde el sujeto conmocionado no puede pensar qué debe hacer o incluso qué debe pensar. Los sentimientos aglutinan una gran cantidad de conceptos que refieren sensaciones y que pueden convertirse en tendencias a reaccionar e interactuar de manera sistemática en situaciones específicas. Esta función disposicional es mucho más clara cuando se dice de alguien que es ansioso, irritable, o sensible. Emociones, sentimientos y salud En este punto debemos responder si las emociones y sentimientos son las principales causas psicológicas de la enfermedad. Considerando lo dicho hasta el momento la respuesta es negativa. Las razones de esta afirmación son básicamente dos: a) emociones y sentimientos son parte de otros complejos de comportamiento y no procesos independientes del mismo, b) la influencia del comportamiento en la salud se compone de un conjunto de relaciones que se originan en la historia interactiva de cada individuo y no de componentes parciales. Como se ha venido señalando, los sentimientos no son respuestas independientes de otros comportamientos, sino que constituyen su dimensión afectiva. Cuando un individuo se relaciona con objetos, personas o acontecimientos del medio, sus relaciones se componen de respuestas efectivas y afectivas. El individuo no solamente siente algo, sino que hace o piensa algo y ambas cosas son dimensiones inseparables del mismo comportamiento. En el caso de las emociones hay que señalar que no se les puede responsabilizar del estado de salud biológica porque, por un lado, no se presentan tan frecuentemente como los sentimientos, que es lo que comúnmente se asume; en segundo lugar, porque aun cuando constituyen segmentos complejos de comportamiento, las emociones propiamente dichas se refieren a la fase de bloqueo y, por tanto, no aluden a respuestas; en tercer lugar, esta fase de bloqueo depende, en gran medida, de qué tan capaz es un individuo para dar una respuesta efectiva en una situación que presenta estímulos abrumadores; es decir, a mayor capacidad de un individuo para relacionarse con este tipo de situaciones, menores posibilidades de que presente emociones, lo cual indica que las emociones tampoco son independientes de otros factores psicológicos. El comportamiento afecta la salud biológica a través de un proceso que puede rastrearse en la historia de cada individuo. Dicho proceso se conforma por sus modos consistentes de interactuar en ciertas situaciones y las capacidades que ha adquirido como producto de su interactuar en el mundo, que como factores históricos influyen en el ejercicio de competencias o capacidades presentes y su relación con la modulación biológica del organismo por parte de las contingencias (Ribes, 1990). Este proceso influye en la presentación de conductas instrumentales de riesgo y prevención para la salud que, a su vez, afectan la vulnerabilidad biológica del organismo. Las relaciones entre estos factores dan como resultado final la aparición o no de enfermedad biológica y de posibles conductas asociadas a ella (Ribes, 1990). Los sentimientos, a los que frecuentemente se les confunde con emociones, no se pueden considerar como una categoría específica en el proceso psicológico de la salud porque no son independientes de otros comportamientos, sino la dimensión afectiva de los mismos. Pueden formar parte de episodios que indican capacidades, de conductas instrumentales de riesgo y prevención, así como de conductas asociadas a enfermedad. Las emociones, por su parte, se relacionan tanto con contingencias ambientales muy específicas, como con competencias y en ningún caso pueden estudiarse al margen de los factores que conforman el proceso psicológico de la salud. Cabe señalar que si bien algunas reacciones viscerales sistemáticas están vinculadas a daño orgánico, desde una perspectiva psicológica no pueden estudiarse al margen de las condiciones ambientales que las originan, así como tampoco de las experiencias individuales. La salud de los individuos es un fenómeno complejo. Con lo que respecta a su dimensión psicológica conviene contemplar un conjunto de elementos que, como Ribes (1990) ha señalado, conforman un proceso que inicia en la historia individual y cuyo resultante final es la conservación de la salud o la presencia de patología biológica. La literatura especializada da cuenta de cómo se afectan diversos sistemas biológicos mediante el comportamiento; sin embargo, se parte de algunas confusiones conceptuales y se soslayan ciertos elementos que corresponden a la individualidad. Se han dado grandes pasos al encontrar, por ejemplo, que cierto tipo de contingencias generan cambios en algunas respuestas biológicas y que dichos cambios son indicadores de diversas enfermedades (Moberg y Levine, 1985). Los estudios sobre afrontamiento también han aportado conocimientos al tema, sin embargo, conviene explorar otros aspectos y relaciones. El esclarecimiento conceptual de algunos componentes del comportamiento puede ser útil para la formulación de nuevas preguntas de investigación que habrán de abordarse desde una perspectiva naturalista. La distinción entre sentimientos y emociones, así como su estudio con criterios funcionales, permitiría situarlos como componentes de patrones más complejos de comportamiento tales como la capacidad individual o los estilos de interacción y, en esa medida, se estaría hablando del estudio de diversas interacciones que pueden estar clasificadas por elementos como el logro o la consistencia que están necesariamente ligados a tipos de contingencias. El terreno de la salud es de suma importancia y la psicología tiene mucho que aportar.
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