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Emociones y salud: algunas consideraciones


 

Ma. de Lourdes Rodríguez Campuzano
Psicóloga
Doctora en Investigación Psicológica
Facultad de Estudios Superiores Iztacala - UNAM
Tlalnepantla, México.


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Emociones y sentimientos


Con el término emoción se aluden indistintamente la ansiedad, la depresión, la ira, la euforia, el estrés, el bienestar o la alegría, como si estos fenómenos fueran manifestaciones diversas de una misma cosa. Sólo se distingue entre emociones positivas y negativas. Sin embargo, a pesar de las diferencias respecto de la manera de concebir a las emociones,  en todos los casos se tiende a confundirlas principalmente  con los sentimientos. Tal confusión obedece a varias razones y una de ellas es el tipo de sistemas reactivos involucrados en este tipo de comportamiento.


El individuo se relaciona con su mundo mediante distintos sistemas reactivos con un funcionamiento biológico particular. En algunas de estas relaciones los sistemas sensoriales juegan un papel preponderante, en otras, se involucra en mayor medida, el funcionamiento del sistema nervioso, del respiratorio o del cardiovascular; sin embargo, en términos psicológicos, el comportamiento, aunque incorpora estos elementos reactivos, no es reductible a ellos (Ribes, 1990). A partir de las reacciones biológicas, el contacto con el mundo va permitiendo desarrollar comportamientos y reacciones de ajuste a diversas situaciones. Por ejemplo, los distintos reflejos, como elementos reactivos invariantes, van adquiriendo autonomía funcional con respecto a las propiedades funcionales de los estímulos y se van dando como reacciones diferenciales ante circunstancias distintas de las propiedades funcionales de los estímulos vinculados a la reacción biológica, como se ilustra en los casos denominados de condicionamiento clásico (Ribes y López, 1985). Esto viene al caso porque en los sentimientos, al igual que en las emociones, operan de manera predominante sistemas reactivos viscerales; sin embargo, la preponderancia de las reacciones viscerales no hace que ambos fenómenos sean iguales. Un análisis funcional puede revelar sus diferencias.


La ansiedad, la preocupación,  la depresión, la satisfacción, el enojo o el malestar corresponden más bien a la categoría de sentimientos. Kantor (1969) explica que estos constituyen tipos específicos de segmentos de comportamiento que tienen una característica fundamental: las respuestas del individuo no producen ningún efecto o cambio en los objetos de estímulo con los que se relacionan, sino solo en el propio individuo que se comporta. A este tipo de comportamiento lo denomina afectivo, en contraste con el efectivo en donde las respuestas del individuo generan cambios en algún elemento de su ambiente. Los sentimientos no son meras reacciones fisiológicas, como tampoco respuestas innatas, o efectos en el organismo; sino comportamiento psicológico de tipo afectivo. Se trata de respuestas de adaptación que pueden generar, por ejemplo, cambios de postura o actitudes hacia los estímulos y no en ellos, o bien incrementar o decrementar el funcionamiento general de un individuo,  retardar o acelerar su actividad, o generar un mayor o menor interés hacia algo. Los sentimientos no son reacciones difusas o desorganizadas, por el contrario, son comportamiento de sistemas reactivos organizados y constituyen fenómenos genuinamente psicológicos. Son producto de la experiencia y presentan una correspondencia funcional con estímulos, objetos, acontecimientos o personas específicas, a los que el individuo reacciona diferencialmente, dependiendo también del contexto de su interacción.


Este comportamiento afectivo puede referirse como  tensión, baja de actividad, depresión, bienestar, malestar, sorpresa, alegría, lástima, simpatía, ansiedad, culpa, arrepentimiento o aprehensión, aunque su descripción exacta se ve rebasada por las limitaciones del lenguaje ordinario. En la medida en que opera un conjunto de sistemas somáticos, difícilmente se cuenta con términos que describan con exactitud cada sentimiento. A ello hay que agregar la creencia de que existen sentimientos que son necesariamente opuestos: bienestar/malestar, tristeza/alegría, angustia/calma, lo que no siempre se ajusta a su posible descripción.


Los sentimientos son comportamientos que, a su vez, forman parte de otros, de hecho, casi todo comportamiento humano los incluye. En ocasiones constituyen la única forma de responder a situaciones simples, aunque, por lo general, son componentes afectivos de otras conductas efectivas. Esto tiene que ver con que son fácilmente condicionables y una vez que se incorporan al repertorio de una persona, adquieren cierta autonomía con respecto a los estímulos originales (Kantor, 1969). Por esta razón, y por otras de tipo cultural, las distintas aproximaciones psicológicas enfatizan su importancia, aunque desde premisas erróneas. Kantor (1969) plantea que los  sentimientos y las  emociones son fenómenos distintos.


La conducta emocional está constituida fundamentalmente por un conjunto de respuestas reflejas de tipo visceral. Algún estímulo abrumador en el ambiente genera una reacción caracterizada por una total confusión y desorganización del individuo, de manera tal que el sistema reactivo que sería adecuado a ese estímulo, falla y no opera. La reacción refleja interfiere con cualquier comportamiento. Esta reacción es fundamentalmente somática y no está correlacionada apropiadamente a los estímulos, como lo estarían  los sentimientos. Así, mientras las emociones interfieren con un comportamiento efectivo en la situación, es decir, bloquean alguna respuesta, los sentimientos son un tipo de respuesta. La conducta emocional  es una condición momentánea de "no respuesta" y esta condición inhibitoria de la conducta en curso es la diferencia esencial entre emociones y sentimientos. De esta manera, reacciones como la alegría, el placer o la satisfacción no pueden ser consideradas como reacciones emocionales, aunque la ira o el estrés y, en general lo que Ryle (1949) llama conmociones emocionales, sí pertenecen a esta categoría.   


La conducta emocional no presenta orden o regularidad en su ocurrencia, a diferencia de los sentimientos. No se puede decir que corresponda funcionalmente a ningún estímulo particular y por ello tampoco se podría decir que tiene como función una preparación para la acción, como tradicionalmente se plantea. Kantor (1969) señala que la actividad emocional consiste de segmentos en donde las respuestas consumatorias o finales de un patrón de respuestas son las que se inhiben, aunque deja claro que el resto del patrón de comportamiento, como la respuesta de atención o la perceptual, sí se presenta. En este sentido, la condición de "no respuesta" se refiere solamente a respuestas consumatorias efectivas. Esta condición o ausencia de un sistema de respuesta influye para que los psicólogos hablen de las emociones como cambios corporales, instintos de conservación, o expresiones de procesos ocultos, cuando en realidad aluden a las respuestas reflejas que se presentan cuando los sistemas reactivos apropiados no operan.


Kantor afirma que las emociones se pueden distinguir de actividades precedentes y subsecuentes y se pueden describir en términos de otras actividades relacionadas que, junto con el segmento emocional distintivo, constituyen una situación compleja de comportamiento. El análisis de segmentos de comportamiento emocional incluye el segmento de conducta pre-emocional, el propiamente emocional, el post-emocional más próximo y el post-emocional siguiente. El primero se refiere a aquella actividad del individuo previa a su contacto con el objeto o estímulo que antecede a la reacción emocional. El segundo, a ese período de confusión en donde la actividad visceral y general del organismo reemplaza las acciones que deberían operar de manera organizada y consumatoria, aun cuando se presenten respuestas perceptuales y de atención. El tercero es cuando el individuo empieza a responder a algún estímulo diferente presente en la situación, como por ejemplo, a algún objeto que brinde la posibilidad de escapar; aquí ya el individuo responde a través de un sistema reactivo consumatorio y organizado; y por supuesto, una vez que el individuo empieza a responder, es porque el período propiamente emocional ha terminado. Por último, el individuo responde, en gran medida, al segmento anterior, por ejemplo, a su propia respuesta de escape, lo cual se ha confundido con expresiones de la emoción. Esta referencia a las expresiones de la emoción o incluso a sus canales de manifestación, tiene que ver con el hecho de que, ocasionalmente, las reacciones propiamente emocionales pueden adquirir funciones de estímulo para acciones post-emocionales que forman parte del propio segmento emocional y también para algunas otras, que son las que se entienden como expresiones. De la misma manera se ha considerado que las respuestas somáticas que reemplazan a los sistemas reactivos que serían efectivos, constituyen expresiones emocionales.


El papel del ambiente


Como puede deducirse del planteamiento inicial, ni los sentimientos ni las emociones pueden estudiarse sin considerar en cada caso las circunstancias ambientales específicas a las que un individuo responde. Las diversas aproximaciones psicológicas han reducido  las interacciones individuo-ambiente a procesos mentales o respuestas somáticas. Cuando toman en cuenta el ambiente, lo hacen marginalmente, asumiendo funciones generales para ciertos estímulos, por ejemplo, los llamados estresores ambientales. Su interés se centra en lo que consideran índices o expresiones de la emoción, por lo que se invierte tiempo y esfuerzo en su evaluación y medición, y se opta por la medición de cambios fisiológicos o el uso de instrumentos de auto-reporte. El empleo de estas  herramientas, así como  del lenguaje ordinario fuera de contexto, no permite distinguir, en términos funcionales, las emociones de otros fenómenos; tampoco se da cuenta de reacciones idiosincrásicas a condiciones específicas de estimulación.


Esta forma de proceder lleva, entre otras cosas, a clasificar las "emociones". Kantor (1969) señala que "estrictamente hablando, solo puede haber una clase de conducta emocional, esto es, las emociones constituyen una clase o tipo de acción" (p. 14). Dadas las diferentes condiciones de estimulación en las que ocurren  y sus diversos contextos, su clasificación general en positivas y negativas dista mucho de acercarnos a la comprensión del fenómeno. También afirma que "este tipo de conducta ocurre solamente bajo condiciones externas definidas y, por tanto, solamente puede describirse en términos de tales condiciones. Los movimientos y cambios específicos del individuo son efectos directos de circunstancias externas y no expresiones de entidades innatas y continuas" (p. 22).


Si las emociones se caracterizan por una fase en la que el individuo no puede pensar o actuar porque las acciones que la situación requiere se bloquean, no se puede dar cuenta de una emoción específica sin considerar las características precisas de la situación. Las condiciones de estimulación emocional implican demandas, peligros o estímulos abrumadores que deben describirse para dar cuenta del segmento emocional; sin embargo, se omite su descripción o se lleva a cabo de manera marginal. Un caso ilustrativo es el relacionado con lo que se denomina estrés.


Desde una perspectiva naturalista, el estrés corresponde a cierto tipo de contingencias, generalmente compuestas de condiciones de estimulación abrumadoras, como las que caracterizan a los segmentos emocionales; sin embargo, el término se emplea indiscriminadamente para referirse a emociones y a otro tipo de comportamientos afectivos, principalmente sentimientos; se asume, además, que los mismos estímulos (estresores) generan "emociones" iguales en todos los individuos, o bien, que lo importante no es la situación como tal, sino la interpretación cognoscitiva de la misma. Se habla de un proceso de evaluación cognoscitiva que implica la valoración de una situación y de los propios recursos.  Con base en ello, se investigan y comparan las denominadas "estrategias de afrontamiento", sin considerar la pertinencia del sistema reactivo que podría ser efectivo y corresponder funcionalmente a la demanda de una situación específica.


Al describir emociones hay que considerar que las situaciones son relevantes en sí mismas. En una situación emocional las personas se paralizan, reportan estados de shock y confusión. Por esta razón, lo pertinente es describir el segmento emocional considerando el total de  elementos participantes en la interacción. Además de los elementos de estimulación y el contexto, Kantor (1969) ha planteado algunos factores a considerar como el repertorio de comportamiento del individuo, su velocidad de reacción, su condición fisiológica general, su familiaridad con los objetos de estimulación y la presencia de personas específicas.


En el caso de los sentimientos ocurre lo mismo. No es posible comprenderlos al margen de las situaciones en las que un individuo se relaciona. Constituyen conducta organizada y dirigida y sus variaciones en términos de  intensidad o duración dependen de los estímulos a los que se reacciona, del modo cómo se presentan, de la naturaleza y condiciones del contexto y del tiempo que este comportamiento ha pertenecido al repertorio de una persona (Kantor, 1969). Las relaciones que se van estableciendo entre este tipo de comportamiento afectivo, diversas condiciones de estímulo y diversos contextos pueden ser muy variadas y no se pueden abordar con base en la descripción de síndromes fisiológicos o acciones específicas. Los criterios morfológicos que predominan en su análisis y evaluación sólo han creado confusión conceptual y han  llevado a postular, entre otras cosas,  que existen canales o vías para su manifestación.


Los sentimientos se van estableciendo en relación con ciertos estímulos. Las diferentes culturas, como medios de relación entre personas, influyen en su adquisición, aunque es la historia individual la que da cuenta del comportamiento afectivo personal. Hay una gran cantidad de estímulos relacionados con sentimientos. Entre ellos se encuentran  cualidades de objetos y personas, eventos relacionados con estímulos físicos (como la pérdida de un objeto valioso), condiciones que interfieren con comportamientos específicos o deseos, cambios en nuestra propia condición biológica, nuestras propias acciones o las de otras personas (Kantor, 1969). Cada persona responde afectivamente y con correspondencia funcional a cierto tipo de estímulos y no a otros, de manera más intensa a algunos que a otros, con más frecuencia en cierto tipo de situaciones que en otras.  Algunas reaccionan afectivamente de cierta manera a cualidades de personas, otros a estimulación visual u olfativa, otros más a situaciones complejas, como las  políticas, por ejemplo. En cada caso, el comportamiento es diferente, no solamente entre individuos, sino en el mismo individuo, dependiendo de las condiciones de estimulación. No existe 'la' ansiedad o 'la' depresión en sí. Postular su existencia es ignorar los estímulos a los que un individuo responde y abordar el comportamiento  con criterios morfológicos.


Diferentes clases de emociones y sentimientos


Al trascender los criterios morfológicos de análisis es posible distinguir clases generales de emociones y sentimientos. Con respecto a las emociones, Kantor (1969) hace una primera distinción con base en el tipo de condiciones de estimulación que se relacionan con el patrón emocional. Distingue dos clases. La primera agrupa reacciones elementales vinculadas a condiciones primarias naturales de estimulación;  la segunda, incluye reacciones más sutiles y refinadas vinculadas a condiciones de estimulación social. En ambas están presentes los distintos segmentos del patrón de respuestas emocional; sin embargo, las reacciones  pueden diferir en términos de fuerza e intensidad. Los términos empleados para referir estos patrones no permiten distinguir con precisión estas diferencias, aunque usualmente se emplean términos como furia o pánico, para la primera clase de emociones, y sorpresa o decepción, para la segunda. Esta distinción inicial está vinculada con la capacidad del ser humano para responder en una situación como si estuviera en otra, trascendiendo a los elementos presentes en una situación concreta. Muchos de los fenómenos que se refieren como pensar, recordar, imaginar, o planear, implican este tipo de procesos, que no tienen que ver con operaciones mentales y ocultas.


Los segmentos emocionales también pueden presentarse como reacción a estímulos que no están presentes en forma concreta en una situación. Así como hay patrones de respuesta emocional a elementos naturales que están presentes de forma concreta en una situación, los hay, más sutiles, cuando una persona responde en una situación como si estuviera en  otra, es decir, cuando reacciona a elementos de estimulación que pertenecen a otra situación.  Esto puede darse de dos maneras. Una de ellas es cuando la fase perceptual del segmento propiamente emocional opera de manera desvinculada de las condiciones presentes y objetivas de una situación; esta fase puede consistir en una simple apreciación de amenaza que interfiere con la acción pertinente e incluye reacciones somáticas que históricamente han estado vinculadas a un peligro real. Hay que aclarar que esto no tiene que ver con operaciones mentales,  pensamientos específicos, o creencias, como tampoco con un acto de valoración o interpretación cognoscitiva, sino que se trata de reacciones de  sistemas más simples de percepción.


La otra manera es cuando el segmento pre-emocional está constituido por respuestas que tampoco dependen de condiciones concretas presentes objetivamente en una situación, esto es, por ejemplo, cuando un individuo está leyendo, escuchando algún tipo de información o diciéndose ciertas cosas y responde emocionalmente a su propia actividad como si se encontrara ante alguna situación de peligro. En este caso su actividad previa a la emoción sustituye algún estímulo con el que se ha tenido alguna experiencia previa; sin embargo, esto no implica un proceso oculto; el individuo responde en ausencia del estímulo original, como si estuviera ante él. Las reacciones emocionales a segmentos pre-emocionales son más sutiles aún que aquellas relacionadas con la actividad perceptual y en cualquiera de estos dos casos, la actividad orgánica es menor que en las reacciones emocionales simples, esto es, aquellas vinculadas de forma directa a condiciones de estimulación presentes. Los diferentes tipos de emoción afectan también los segmentos post-emocionales. Cuando las emociones son primarias, las actividades que siguen al "bloqueo" están muy relacionadas con acciones que incluyen respuestas musculoesqueléticas, como brincar, correr, golpear, mientras que en las emociones sociales secundarias la transición del período de bloqueo o confusión a la acción es más gradual y menos distintiva de sus segmentos anteriores y posteriores (Kantor, 1969).  


El hecho de que existan segmentos emocionales con componentes sustitutivos ha sido interpretado de forma mentalista. Usualmente se conciben la fase perceptual o el segmento pre-emocional como procesos cognoscitivos, creencias, evaluaciones, interpretaciones o pensamientos  y se afirma que son los responsables de la emoción, como quiera que ésta se entienda. Sin embargo, la fase perceptual del segmento propiamente emocional es parte de la misma reacción y depende, por tanto, de las mismas condiciones de estimulación. No equivale a creencias, pensamientos o procesos de evaluación,  ni tiene funciones causales. Por el contrario, es efecto de las condiciones ambientales. Por su parte el segmento pre-emocional, aun cuando pueda consistir en una idea, también puede consistir en otro tipo de acción sustitutiva y, como en el caso de la fase perceptual, no genera o causa la emoción, sino que forma parte del patrón de respuestas característico de este tipo de comportamientos y antecede al segmento propiamente emocional. En ningún caso se da una doble acción en donde un proceso mental provoca la emoción, sino que los distintos segmentos y actividades de los sistemas reactivos participantes constituyen patrones complejos de comportamiento vinculados a las condiciones del ambiente.


Los sentimientos también pueden tener distintos grados de complejidad. Kantor (1969) explica que hay segmentos afectivos simples y complejos. Los primeros se refieren a un tipo de comportamiento en donde la situación es comparativamente simple y la respuesta consiste en un cambio o reacción que afecta al propio individuo, constituyendo ésta la reacción final, como sentir bienestar al contemplar un cielo azul. Los segundos se caracterizan por la presencia de uno o más sistemas reactivos sustitutivos, además de la reacción afectiva final.


Como en el caso de los patrones emocionales, los sentimientos pueden ser respuestas relacionadas con elementos de una situación aquí y ahora, o bien pueden operar sin la presencia del objeto de estímulo original. Un individuo puede responder afectivamente a estímulos sustitutivos: sentirse regocijado con una película, triste con una carta, apenado por algo que le sucedió a alguien,  enojado al escuchar las noticias, nostálgico al ver fotografías antiguas, o deprimido al recordar algún evento pasado. En este tipo de situaciones el individuo responde como si participara en la historia de la película, la carta o la que reportan en las noticias y puede reaccionar mediante distintos sistemas reactivos. La complejidad de sus reacciones depende de su historia y de las situaciones a las que responde. En algunas ocasiones sus reacciones pueden estar condicionadas, a su vez, por respuestas analíticas y discriminativas complejas, como el caso de algunos sentimientos generados por obras de arte. Entre los sistemas reactivos afectivos simples, Kantor (op. cit.) ilustra reacciones de expresión, de depresión, sentimientos de bienestar o  de inquietud ante estímulos concretos o la retirada de éstos. En los complejos cita, como ejemplos, a algunos sentimientos generados por situaciones estéticas, políticas, religiosas, sociales, sexuales, morales e intelectuales.


Como en el caso de las emociones, el hecho de que los sentimientos puedan darse de manera sustitutiva, desligados de los estímulos originales, ha llevado a explicaciones mentalistas; sin embargo, no hay necesidad de invocar procesos ocultos para explicar la complejidad de ciertas formas de comportamiento.

 

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Los comentarios están ordenados desde el más reciente al más antiguo:

 

Nayely Martínez Ramírez : Soy estudiante de la FESI, y estoy realizando mi tesis sobre estrategias de prevención de la obesidad en los alumnos de la facultad de Iztacala, uno de los cap de mi tesis habla sobre las emociones en relación con la enfermedad y este artículo me resultó muy útil como referencia. Mi tesis tiene este mismo enfoque.

 

Liliana: El tratamiento de las emociones en personas con trastornos mentales es diferente de aquel que se realiza en personas psicológicamente sanas y cuyos problemas emocionales se diagnostican o evalúan como normales. Creo que hace falta hacer esta aclaración en el artículo, pero está muy bueno.

 

María Andrea: Hace un tiempo consulté esta revista en busca de una definición de EMOCIÓN y entonces no encontré nada concreto. Me alegra encontrar ahora esta definición tan precisa y clara.

 

Grace : Se queda en el análisis tradicional de las emociones relacionadas con la ansiedad y el estrés, pero qué decir de las emociones asociadas a otras patologías y problemas, qué decir de las emociones y la autoestima, ahí queda mucho por decir.

 

Lilibeth Cataño: El discernimiento de las emociones es una tarea bastante complicada y difícil de realizar, e incluso se llega a dudar de la conveniencia de racionalizar aquello que se denomina como emoción. ¿Cómo controlar una emoción? ¿Conviene hacerlo? ¿Cómo expresar de manera asertiva las emociones? Formarnos emocionalmente es una tarea que nos compete a todos y en ello es de gran importancia la figura del psicólogo y su colaboración como guía y terapeuta.

 

Jensy Carolina: Felicidades, muy pertinente y completo.

 

María Dolly: Muy bueno como texto de abordaje de las emociones.

 

Margalida: Apoya muy certeramente el modelo biopsicosocial de la psicología aplicado a psicoterapia.

 

Serena: Sin duda el componente emocional es fundamental para lograr el equilibro personal que supone la salud del individuo según las nuevas concepciones del término salud y que la ven más allá de no tener problemas físicos. Además, en varias ocasiones son los problemas psicológicos y emocionales los que llevan a trastornos fisicos, casos están como el estrés y su asociación con la úlcera y otros males gástricos, la depresión y problemas cardiacos, entre otros.

 

Nataly Cardozo: Me gusta la exposición completa porque va de lo general a lo particular. Me llamó especial atención el papel disposicional de sentimientos y emociones, el dualismo que se menciona, las diferentes clases de emociones y sentimientos y el papel distintivo de las emociones en la salud. Todo el trabajo es excelente, muy preciso.

 

Gustavo Adolfo: Bueno por la explicacion de las emociones y los sentimientos y de ansiedad y estrés.

 

Rosaura Achitia: El plano de estudio de las emociones es muy amplio. Sin embargo, la autora presenta los trazos principales y dirige a comprender qué es realmente una emocion y en qué se diferencia de un sentimiento, aspecto importante para no confundir términos.

 

Lovaina: Muy clara la definición de emoción y sentimiento y su relación con las conductas y los comportamientos analizados desde diferentes posibilidades de estudio.

 

Alverson Arias: Excelente explicación del manejo de las emociones desde el modelo de la psicología cognoscitivista.

 

Olga Edith: Es mi trabajo favorito, básicamente por la clara diferencia que la autora expone entre los conceptos "emoción" y "sentimiento" (que puede llegar un lector diferente del profesional de psicología). La precisión conceptual es muy importante en cualquier tipo de ciencia y la Psicología no puede ser la excepción. Su tratamiento permite que su lectura sea comprensible no sólo para el profesional de Psicología, sino también para otros lectores interesados en el tema.

 

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