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Construcción y validación inicial de la Escala de Personalidad Estudiantil Tipo A
Arturo Barraza Macías
Trabajo publicado el 08 de enero de 2008
Introducción En 1959, dos cardiólogos, Rosenman y Friedman, describieron un estilo de comportamiento que llamaron Patrón de Conducta Tipo "A" (de aquí en adelante Personalidad Tipo "A"). Los primeros estudios que se realizaron demostraron que las personas con Personalidad Tipo "A" tienen 2.5 veces más probabilidades de presentar angina de pecho o infarto de miocardio. Por el contrario, el Patrón de Conducta Tipo "B" (o Personalidad Tipo "B"), estaría definido por la ausencia relativa de las características propias de la Personalidad Tipo "A". Por otra parte, las personas que no pudieran ser encuadradas en ninguna de las dos categorías anteriores serían clasificadas como Tipo X. Los sujetos con Personalidad Tipo "A" tienden a percibir el entorno como opuesto a sus objetivos y amenazante de su autoestima, necesitando afirmarse por medio de logros personales para alcanzar la cognición de control. Se trata en sí de un patrón comportamental con tendencia a la acción, a la dominación con una marcada inclinación a competir expresando, además, fuerte proclividad a reacciones hostiles. Diversas investigaciones han avalado la pertinencia del constructo "Tipo A", sin embargo, algunos autores consideran que "las críticas actuales son tan insalvables que dicho constructo ha iniciado un declive progresivo que, probablemente, le lleve al ostracismo definitivo" (Palmero, Breva y Espinosa, 1994). Las críticas se fundamentan, básicamente, en tres argumentos: - Existen inconsistencias en el tipo de instrumentos que suelen ser utilizados para evaluar la Personalidad Tipo "A". - El tamaño y la composición de las muestras estudiadas en algunas investigaciones son consideradas por algunos autores como inadecuadas, o más bien insuficientes, puesto que muchos de los trabajos se han llevado a cabo con muestras que en lo general no alcanzan los 150 individuos. - La explicación de los resultados negativos y contradictorios encontrados entre la Personalidad Tipo "A" y los trastornos cardiovasculares se centra en la crítica a la Personalidad Tipo "A". Más allá de estas críticas, en la actualidad se dispone de suficiente evidencia que indica la asociación que existe entre determinadas formas de comportamiento y la aparición de disfunciones cardiovasculares. Se acepta de forma generalizada que dicho patrón constituye un factor de riesgo de la misma magnitud que otros considerados tradicionalmente, como son: elevados niveles de colesterol, el tabaco o la hipertensión (Pérez-Llantada, Maciá y González ,1994). Componentes de la Personalidad Tipo "A" Con relación a sus componentes, se puede observar que existe una larga tradición que concibe a la Personalidad Tipo "A" desde una perspectiva multidimensional. En ese sentido se considera normal que se siga recurriendo a las dimensiones establecidas originalmente por Friedman y Roseman (1974), que ubican este constructo, en primera instancia, como de alta reactividad, seguido de factores de distinta índole que involucra desde la tensión muscular (muecas, gestos enfáticos y elevación del tono de voz), actividad psicomotora intensa (ansiedad, hostilidad, ira y agresividad, competitividad, alta motivación de logro, orientación al éxito e hiperactividad), cognitiva (alta responsividad y necesidad de control ambiental) y conductual (urgencia de tiempo, velocidad, hiperactividad e implicación en el trabajo). Para Bermúdez y Sánchez-Elvira (1989), las características principales que definen la PTA son las siguientes: - Percepción de situaciones como amenazantes y competitivas. - Búsqueda de tales situaciones. - Gran afán por destacar siempre en todo lo que se lleva a cabo. - Realización (o intento de realización) de distintas tareas a la vez, con sensación de falta de tiempo y queja constante de ello. - Reacción agresiva y hostil ante las dificultades. No todos los sujetos con PTA tienen todos los componentes mencionados. De hecho, parece que no todas estas características tienen el mismo peso en la enfermedad coronaria, ni en la consideración de la PTA como un factor de riesgo independiente para esta enfermedad. Es así que habría ciertos subcomponentes, indicados como centrales de este constructo, que jugarían un papel decisivo en la enfermedad coronaria, mientras que otros no tan riesgosos influirían sobre otras situaciones en la vida del individuo (relación familiar, disfrute, etc.) afectando su calidad de vida. Es importante de mencionar como concomitante del la citada PTA la necesidad de control que presentan los sujetos Tipo A. En la actualidad existe una tendencia que busca identificar los factores que constituyen las dimensiones básicas de la PTA; en ese sentido, algunos autores le apuestan a dos dimensiones básicas: competencia-liderazgo e impaciencia agresión (Vinnacia, Alzate y Tobon, 2004) o ambición competitividad e irritabilidad-impaciencia (Borges, Barbero, Macía y Pérez-Llantada, 1997), mientras que otros consideran tres dimensiones: competitividad (afán por destacar y eliminación de impedimentos), impaciencia (urgencia temporal) y hostilidad (Carmona, Sanz y Marín, 2002). De manera particular considero que una perspectiva tridimensional es la más adecuada, sin embargo, al haber diferencia sobre cuáles pueden ser esas tres dimensiones, en la presente escala le apuesto a los siguientes factores: Competitividad, Orientación al trabajo e Impaciencia. Desde esta perspectiva me ubico, esencialmente, en la misma línea argumentativa que la escala JASE (Jenkins Activity Survey- Students) (en Borges et. al. 1997), que presenta tres factores: Competitividad, Sobrecarga Laboral e Impaciencia. Estos tres factores son reconocidos desde 1970 por Zyzanski y Jenkins (en Pérez-Llantada et. al. 1994) como las dimensiones básicas del constructo PTA. Esta estructura tridimensional es reconocida por múltiples autores, llegando algunos de ellos a afirmar que "es bien conocido que las personas Tipo A se caracterizan por un extremado sentido de urgencia de tiempo e impaciencia, altos niveles de competitividad y hostilidad y una constante implicación en el trabajo, incluso en fines de semana o vacaciones" (Bermúdez, Pérez, Sánchez-Elvira, Oiz, Ruís-Mateas y Oller, 1997). Personalidad Tipo "A" y estrés A partir de la aparición del constructo Personalidad tipo "A", los investigadores y divulgadores del campo de estudio del estrés lo han incorporado a la discusión bajo el supuesto de que una Personalidad de Tipo "A" es más propensa a presentar estrés (Cooper y Straw, 2002; González, 2003; Guic, Bilbao y Bertín, 2002; Kyriacou, 2003; Orlandini, 1999; Rossi, 2001; y Shturman, 2005). Esta tendencia se ha reflejado también en las investigaciones donde se puede ver de manera recurrente la asociación entre estas dos variables (v.gr. Palmero, Breva y Espinosa, 1994; Matud et. al., 2001; Jamal, 2005; Hernández y Olmedo, 2004; Quevedo, Amaro e Iglesias, 2002; y Bermúdez, Pérez, Sánchez-Elvira, Oiz, Ruíz-Mateas y Oller, 1997). Sin embargo, esta relación se ha centrado básicamente en el estrés laboral y no se ha abordado dicha relación con el estrés académico. Al tener presente la necesidad de realizar un estudio que correlacione Personalidad Tipo "A" y Estrés Académico o Estrés de Examen, se ha establecido como intencionalidad explícita en el presente trabajo, la construcción y validación de un instrumento que permita la medición de dicho constructo. Esta intencionalidad conduce a formular como objetivos de la presente investigación los siguientes: - Establecer el nivel de confiabilidad de la Escala de Personalidad Estudiantil Tipo "A". - Determinar las evidencias de validez interna que respaldan la aplicación de la Escala de Personalidad Estudiantil Tipo "A". Metodología
Tabla 1 - Escala de Personalidad Estudiantil Tipo "A".
Instrucciones: señala con una X la frecuencia (nunca, rara vez, algunas veces, casi siempre o siempre) con que se presente cada situación en tu caso personal. Esta versión de la escala fue aplicada a una muestra no probabilística de 239 estudiantes de educación media superior, superior y de postgrado. La distribución de los estudiantes según las variables sociodemográficas establecidas fue la siguiente: - El 41% corresponde al género masculino y el 59%, al género femenino. - El 49% estudia en el nivel medio superior; el 40%, en el nivel superior y el 11% en el nivel de postgrado. - La edad mínima fue de 14 años y la edad máxima de 47 años. La media fue de 20 años, la mediana de 19 años y la moda de 15 años. La escala fue aplicada durante los meses de septiembre y octubre de 2007 en diversas instituciones de educación media superior y superior.
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