Resultados y discusión
De los 12 pacientes estudiados con intento suicida en los últimos 10 años, 9 pertenecían al sexo femenino y 3 al masculino, lo que representó el 75% y 25% respectivamente.
Tabla 1 - Distribución de pacientes geriátricos con intento suicida según edad y sexo. Policlínico Calabazar, 2006
Fuente: Entrevista
Su distribución por grupos de edad y sexo se muestra en la tabla 1, donde se pudo comprobar que el mayor número de pacientes se encontraba en el grupo de 60 a 65 años (50%). Es de destacar que en este rango de edad comienza la tercera edad y con ella se acentúan los procesos de involución, aparecen los sentimientos de minusvalía, incapacidad, las preocupaciones por el futuro, el temor a las enfermedades, así como la pérdida de roles y del estatus social, la adaptación a la jubilación y la disminución del ingreso económico, etc. Este resultado coincide con las características descritas en la literatura revisada tanto nacional como extranjera (24-26).
Árlaes Nápoles (1999) también encontró en su trabajo una porciento elevado de intento suicida en el sexo femenino. El sexo femenino se presentó con mayor frecuencia en todos los grupos etáreos, a excepción del grupo mayor de 75 años que sólo fue un caso masculino.
La población femenina cubana de 60 años y más es discretamente superior a la masculina, sin embargo, la proporción de ancianos con intentos suicidas fue 3 veces superior en las mujeres. Este hallazgo coincide con lo señalado por Pérez Barrero (1999), Árlaes Nápoles et al. (1999), así como otros autores (Prieto y Vega, 1996; O'Connell, Chin, Cunnigham y Lawlor, 2004), donde el suicidio es más frecuente en el hombre, con una proporción de 3:1 con relación a la mujer, pero el intento suicida es más frecuente en el sexo femenino con una proporción de 3:1, como se observó en este trabajo.
Tabla 2 - Distribución de pacientes geriátricos con intento suicida según escolaridad y sexo. Policlínico calabazar, 2006
Fuente: Entrevista
Cuando se investigó el grado de escolaridad (tabla 2), la mayoría de los ancianos con intento suicida no alcanzaban el nivel secundario. No puede olvidarse que estos pacientes ya eran adultos cuando el triunfo de la Revolución, por lo que no tuvieron la misma oportunidad de estudiar que existe en la actualidad; además nuestra comunidad es semi-rural y las motivaciones cognitivas pudieron estar limitadas por el grupo social donde se desarrollaron estos pacientes.
En la bibliografía revisada con respecto a este tema se señala que el bajo nivel escolar tiene una relación causal con la ocurrencia de intento suicida, como se halló en este estudio (Árlaes et al., 1999; Prieto y Vega, 1996; O'Connell, Chin, Cunnigham y Lawlor, 2004).
Tabla 3 - Distribución de pacientes geriátricos con intento suicida según ocupación y sexo. Policlínico Calabazar, 2006
Fuente: Entrevista
En diversos estudios realizados se ha encontrado que un aspecto que influye en la conducta suicida es la ausencia de vínculo laboral (Árlaes et al., 1999; Ramírez, 2005) y en esta casuística se comprueba este hecho, ya que sólo el 8.3% de los ancianos con intento suicida trabajaba, estando el resto jubilados, o en el caso de las mujeres, en los quehaceres del hogar (tabla 3), pero es de señalar que en estos pacientes la edad determina su desvinculación laboral, aunque en Cuba muchas personas se mantienen contratadas después de la jubilación.
Esto demuestra la importancia de la incorporación social para el mantenimiento de las capacidades físicas y psíquicas, así como la significación que tiene para el individuo el abandonar el grupo de pertenencia laboral (Pérez, 2001).
Los problemas emocionales que incluyen alteración de la propia estima, a lo cual se añaden las propias presiones sociales derivadas de la jubilación y la dependencia económica, constituyen factores a tener en cuenta para explicar esta conducta en el anciano (Pérez, 2001).
Tabla 4 - Distribución de pacientes geriátricos con intento suicida según estado civil y sexo. Policlínico Calabazar, 2006
Fuente: Entrevista
Es muy significativo que ninguno de los ancianos de este estudio tenía pareja, predominando los divorciados (58.4%), por lo que se confirma en este grupo estudiado que la pareja juega un papel importante en cuanto a motivaciones, intereses, apoyo, tolerancia, entre otros, en esta edad. El 8.3% era soltero y el 33.3% viudo (Tabla 4).
Como señala Pérez Barrero (2001) en su estudio, la viudez sobre todo en el primer año es un momento crítico para el anciano, ya que la pérdida del ser querido, unido a los reducidos recursos para tolerar el estrés que generan los acontecimientos negativos de la vida, puede desencadenar una crisis por desmembramiento con estados depresivos que los conduce a adoptar actitudes y conductas negativas (Pérez, 2001; Sáchica, 1997; Ekeberg y Argaarald, 2003). Como profesional en mi experiencia he podido observar que cuando es el hombre el que pierde su compañera, éste necesita de más mecanismos autorreguladores para lograr una adaptación ante la soledad de la viudez.
Tabla 5 - Distribución de pacientes geriátricos con intento suicida según convivencia y sexo. Policlínico Calabazar, 2006
Fuente: Entrevista
En este cuadro 5 se muestra la convivencia de estos ancianos, observándose que la tercera parte (33.3%) vivían solos, el 50% en familia y el resto con otras personas que no eran familiares (16.7%). Este resultado puede asociarse a las necesidades de vivienda del país, ya que se forman nuevas familias en el seno de la familia de origen, existiendo diferentes generaciones bajo el mismo techo, que pudiera generar conflictos de convivencia para el anciano.
Tabla 6 - Distribución de pacientes geriátricos con intento suicida según condiciones económicas y sexo. Policlínico Calabazar, 2006
Fuente: Entrevista
En cuanto a las condiciones económicas (tabla 5), el per cápita familiar en más de la mitad de los ancianos era bueno, siendo superior a $100 con un 58.4%, refiriendo los sujetos estudiados que este per cápita era insuficiente para ellos por el alto costo de la vida en los momentos actuales, dependiendo de la ayuda de sus familiares para satisfacer algunas necesidades; esta situación pudiera ser una fuente generadora de estrés para los ancianos estudiados. No hubo ningún paciente con ayuda de la Seguridad Social del área de atención.
Tabla 7 - Distribución de pacientes geriátricos con intento suicida
según antecedentes patológicos personales y sexo. Policlínico
Calabazar, 2006
Fuente: Entrevista
En
la tabla 6 se puede observar que el antecedente de alteraciones
psicológicas estuvo presente en el 50% de todos los casos estudiados,
siendo mayor en el sexo femenino con un 55.6%, siguiéndole las
enfermedades incapacitantes y la diabetes, que puede también crear
discapacidad en su evolución; ambas se reportaron con un 16.6%.
De
acuerdo con lo planteado por varios autores (Pérez y Reytor, 1999; Prieto y Vega, 1996; Álvarez, 2001; Ekeberg y Argaarald, 2003), los
antecedentes de alteraciones psicológicas se han señalado como un
factor de riesgo del suicidio. En esta casuística, como se observa, la
mitad de estos ancianos tenían este antecedente, por lo que coincidimos
con otros estudios.
También las enfermedades crónicas
terminales, invalidantes y discapacitantes constituyen factores de
riesgo importantes en el intento suicida, influyendo además la
hospitalización periódica del anciano y el ser sometido a
intervenciones quirúrgicas frecuentes (Pérez, 2001; Pérez y Reyotr, 1999; Ekeberg y Argaarald, 2003; Frierson, 2003), por lo que
debemos tener en cuenta estas patologías que, aunque no tiene una
frecuencia tan elevada, representan una significación importante como
factores influyentes en la conducta suicida, ya que según plantea Gema
Quintero en su trabajo (Quintero y González, 1996), es de crucial importancia tomar en cuenta
las consideraciones relativas al bienestar subjetivo para la evaluación
de la calidad de vida del anciano.
Tabla 8 - Distribución de pacientes geriátricos con intento suicida según hábitos tóxicos y sexo. Policlínico Calabazar, 2006
Fuente: Entrevista
El
alcohol solo se observó en un caso el cual era masculino y el 91.7%
restante tenía dependencia a psicofármacos, siendo un resultado
notoriamente elevado (tabla 7), planteando la mayoría de estos
pacientes que consumían psicofármacos para conciliar el sueño y otro
como sedante en el tratamiento de la Hipertensión Arterial. Aunque el
alcoholismo constituye un factor de riesgo para el suicidio, en nuestro
estudio se comportó con un porcentaje bajo.
Según estudio
del Dr. Pérez Barrero (2005), el insomnio crónico es un factor de riesgo
en la vejez, razón por la cual se considera que según lo referido por
estos pacientes, los mismos presentan alteraciones del sueño, que los
hace dependientes del psicofármaco.
Tabla 9 - Distribución
de pacientes geriátricos con intento suicida según número de intentos
suicidas y sexo. Policlínico Calabazar, 2006
Fuente: Entrevista
En
la tabla 9 se reportan los números de intento suicida realizados por el
grupo de pacientes estudiados, por lo que se evidencia que en el sexo
masculino todos realizaron un solo intento (100%) , mientras que las
mujeres el 55.6% lo intento una sola vez , el 22.2% lo intentó dos
veces y solo una anciana lo intento en más de tres ocasiones (11.1%).