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Revista » Psicología de la Salud / Hospitalaria / ocupacional » caracterización de pacientes geriátricos con intento suicida en un área de salud

Caracterización de pacientes geriátricos con intento suicida en un área de salud


 

Maria Zayda Guridi González
Psicóloga
Especialista de Psicología de la Salud
Policlínico Mártires de Calabazar
La Habana, Cuba



MsC. Felipe Ramón García
Especialista en Psicología de la Salud
Profesor Asistente de Psicología de la Salud


Dra. Anai Medina Valdés

Especialista de 1er grado en Medicina General Integral
Profesora Asistente de Medicina General Integral


Dr. Miguel Ángel Pérez Meneses
Especialista de 1er grado en Medicina General Integral
Profesora Asistente de Medicina General Integral


Dra. Zaily Dorta Guridi
Especialista de 1er grado en Medicina General Integral
Profesora instructora de Medicina General Integral


Policlínico Docente Mártires de Calabazar, municipio Boyeros
Ciudad de La Habana, Cuba


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En la medida en que las personas mayores constituyan el segmento de más rápido crecimiento de la población, el número absoluto de sus suicidios continuará incrementándose y se pronostica que será el doble, por lo que se hace necesario profundizar en los factores de riesgo en la vejez para atenuar en cierta medida dicha predicción (Pérez, 1996).


El envejecimiento individual no es un fenómeno exclusivo de las sociedades modernas, sino que ha estado presente en todas las etapas del desarrollo social, siendo de interés para la Filosofía el Arte y la Medicina de todas las época; sin embargo, en la actualidad, más y más personas sobrepasan las barreras cronológicas que el hombre ha situado como etapa de vejez y que convierte al envejecimiento poblacional en uno de los retos más importante para las sociedades modernas (Prieto y Vega, 1996).


La repercusión de este fenómeno es muy amplia y a todos los niveles de la estructura social. Por supuesto, el crecimiento de la población anciana determina un aumento de los gastos estatales para el mantenimiento de esta fracción, por lo general no productiva económicamente, no sólo porque aumenta su número y proporción, sino porque se prolonga también la cantidad de años  que estas personas vivirán en esta etapa de la vida (Prieto y Vega, 1996).


Los esfuerzos por describir la salud de la población anciana han sido marcados por varios años: "la salud en los ancianos debe medirse en técnicas de función". En algunos estudios llega a considerarse la función como medida unitaria de salud, pero hay evidencia de que el diagnóstico de los estados de salud y la medición de la función cumplen fines complementarios (Prieto y Vega, 1996).


El bienestar subjetivo en los ancianos ha despertado el interés de la Gerontología Social. Su conceptualización y formas de medición, al igual que los términos ya mencionados, han sido motivo de controversias. El proceso de envejecimiento es caracterizado como un cambio en los papeles sociales, tanto en número como en contenido. El producto de este cambio es un reducido número de funciones, un espacio vital potencialmente disminuido y consecuencias secundarias negativas: pérdida de la autoestima, depresión, etc. El cambio de papeles requiere reajustes de uno aprendido a otro por aprender y aceptarlo, esto exige, por supuesto,  condiciones tanto físicas y psíquicas, como sociales (Prieto y Vega, 1996).


A través del ciclo vital, el paso de una edad a otra se caracteriza por el cambio de papeles. Cada una de estas etapas tiene sus propias exigencias en el aspecto de las relaciones humanas, sexualidad, comunicación, madurez y otras muchas cualidades. Existe una estrecha relación entre el individuo y la sociedad a través del desempeño de funciones; el ser humano como portador de papeles sociales se halla en el punto de intersección entre lo social y lo individual, en una relación recíproca entre la exigencia social del papel y los intereses y motivaciones personales. Esta relación no necesariamente puede corresponderse, apareciendo entonces inadaptaciones e inconformidades tanto por parte del individuo como por lo esperado por la sociedad  (Quintero y González, 1996).


El fracaso en el desempeño de papeles en la vejez puede ser causado por diferentes factores (Quintero y González, 1996):


- Ausencias de condiciones físicas y mentales

- Ausencia de condiciones sociales

- Ausencia de aptitudes y actitudes para el desempeño de un determinado papel

- Que el papel no satisfaga las expectativas del individuo

- Que el papel no se ajuste a las expectativas de los demás


La salud social, definida como una dimensión de bienestar individual, implica los vínculos del individuo con otros (qué son y cómo se da tal interacción); cómo interactúan socialmente; con qué recursos cuenta; sus vínculos con las instituciones sociales y cómo la finalidad de los cuidados médicos ha de ser integrar al individuo a una vida normal y productiva en sociedad, más que el enfoque biológico de las enfermedades (Prieto y Vega, 1996).


Desde el punto de vista micro social deben tenerse en cuenta aquellos componentes básicos de la función familiar, disminuidos o nulos y que inciden en la satisfacción del anciano (Prieto y Vega, 1996):



- Apoyo: Ayuda que recibe de la familia en caso de necesidad.

- Aceptación: Manera que tienen los miembros de la familia de aceptar los deseos del individuo de iniciar nuevas actividades y realizar cambios en el estilo de vida.

- Participación: Forma cómo la familia le brinda lugar en la discusión de cuestiones y soluciones de problemas de interés común.

- Comprensión: Modo en que los miembros de la familia son capaces de entender las conductas y puntos de vista esenciales del anciano.

- Protección: Manera en que la familia le brinda cuidados, en dependencia de las limitaciones funcionales que pueda presentar el individuo.


En la atención integral al anciano, el desarrollo de los programas y servicios médicos sociales reviste una mayor importancia, pues constituye el fundamento lógico para lograr que los individuos de la tercera edad obtengan el mayor bienestar posible (Carpeta Metodológica de Atención Primaria de Salud y Medicina Familiar, 2000).


Indudablemente, como individuo, el anciano presenta determinadas características médicas psicológicas y sociales que lo diferencian de las personas de otras edades; incluso dentro de su propio grupo poblacional existen diferencias, pues al ser el envejecimiento un fenómeno individual, asincrónico e irrepetible, en la planificación de salud éste debe ser tomado en cuenta. En toda planificación de servicio a grupos poblacionales existe una serie de premisas que debe ser considerada y debe tenerse en cuenta. Estas son (Carpeta Metodológica de Atención Primaria de Salud y Medicina Familiar, 2000):


- El anciano es un individuo con necesidades médico-sociales y el objetivo básico de su atención debe ser  mantenerlo capacitado e independientemente en el seno de la familia y comunidad.

- Los servicios médicos-sociales deben formar parte de un sistema coordinado de prestaciones de servicios para la tercera edad, que debe estar indisolublemente ligado al sistema de atención para el  resto de la población.

 - Las facilidades de atención médica para aquellos que lo necesitan, por razones de enfermedad físicas o mentales, deben tener como base la atención primaria.

- Siempre debe hacerse énfasis en la promoción de salud y en la prevención de incapacidades del anciano.

- Los programas y los servicios que se planifiquen deben tener como base la accesibilidad para todos aquellos que lo necesiten.

- El espectro de los servicios ofertados debe ser lo suficientemente amplio y establecer distintos niveles de atención. Esto permite introducir el término atención progresiva para el cuidado de los individuos de la tercera edad.


Todas las medidas de ayuda en relación con el bienestar del anciano deben partir, como se decía anteriormente, de una realidad: las demandas médico-sociales que requieren estas personas, lo que conlleva la interrelación dinámica entre los sectores médicos, sociales y comunitarios de todo punto imprescindible. Pero para que esta realidad sea bien utilizada en la práctica intersectorial, es necesario conocer la magnitud del problema por enfrentar, es decir, conocer las condiciones generales de esta población, refiriéndonos como tales a los procesos biológicos, psicológicos y sociales que definen el estado de salud de un individuo y de una población (Carpeta Metodológica de Atención Primaria de Salud y Medicina Familiar, 2000).


La familia constituye por siempre la mejor garantía para el bienestar físico y espiritual de las personas de edad avanzada. Entre los ancianos y su familia se establece casi siempre una interrelación de ayuda mutua y convivencia con los ancianos. Las redes de apoyo familiar están orientadas a sentimientos afectivos y en lazos de reciprocidad y obligación, cumplen funciones básicas para el grupo social y para el individuo. Es necesario promover el bienestar de la familia que ayuda a sus ancianos por sentirse obligada con ellos (Quintero y González, 1996).


Durante el envejecimiento existe una alta prevalencia de alteraciones afectivas y cognoscitivas que pueden afectar ostensiblemente el desenvolvimiento social del individuo. Sin embargo, en numerosas ocasiones dichas alteraciones no son valoradas en su justa medida. La edad, por sí sola, explica un porcentaje de las alteraciones de la función psíquica, a ella se asocian factores de riesgo psicosociales, biomédicos y funcionales que contribuyen a una alta prevalencia de trastornos en esta esfera (Quintero y González, 1996). 


Los sentimientos suicidas y la desesperanza han sido considerados parte del envejecimiento y comprendidos en el contexto de la ancianidad y de experimentar discapacidades físicas. Los griegos toleraban esta actitud y les daban a los ancianos la opción del suicidio asistido si podían demostrar que carecían de un papel útil en la sociedad. Tales prácticas se basaban en la suposición de que una vez que el individuo llega a cierta edad ya no tiene un propósito importante en la vida, por lo que se consideraba que era mejor que muriera. La carga del suicidio con frecuencia es calculada en términos económicos y específicamente, en pérdida de productividad. Sin embargo, las consecuencias del suicidio no deben medirse únicamente en estos términos reduccionistas. El envejecimiento de la población implica que la cantidad de suicidios en los ancianos tiende a aumentar (O'Connell, Chin, Cunnigham y Lawlor, 2004).


Un modelo del proceso suicida se basa en que la acción suicida existe a lo largo de un continuo: sentimientos de desesperanza, pensamientos de que la vida no tiene sentido, deseo pasivo de morir, pensamiento suicida, planes suicidas, intentos de suicidio, suicidio. Siguiendo este modelo, la epidemiología de la conducta suicida en los ancianos puede describirse desde los términos de idea suicida, intento de suicidio y suicidio. La prevalencia de desesperanza o de pensamiento suicida en los ancianos varía desde 0.7-1.2% hasta el 17%. Un hallazgo universal comprende la estrecha asociación con la patología psiquiátrica, particularmente la depresión. La prevalencia de pensamientos suicidas en los ancianos con enfermedades mentales asciende al 4% (O'Connell, Chin, Cunnigham y Lawlor, 2004).


Estos hallazgos contradicen la presunción de que la desesperanza y la tendencia suicida son consecuencias naturales del proceso de envejecimiento. Las tasas de suicidio en los ancianos varían entre las culturas, aunque información de la Organización Mundial de la Salud revela el aumento de la prevalencia con la edad. En el caso de los hombres, la tasa aumenta de 19,2 por 100000 entre los 15 y 24 años a 55,7 por 100000 en mayores de 75 años. En las mujeres, los valores correspondientes ascienden a 5,6 por 100000 y a 18,9 por 100000 (O'Connell, Chin, Cunnigham y Lawlor, 2004).


Un grupo de investigación observó que los hombres parecen ser más vulnerables a los efectos de las enfermedades físicas. En otro orden, al igual que en otros grupos etáreos, los ancianos también parecen experimentar un exceso de eventos estresantes en las semanas previas al suicidio. La falta de apoyo social y el aislamiento social generalmente están asociados con la aparición de sentimientos suicidas. La religiosidad y la satisfacción con la vida son factores protectores contra los pensamientos suicidas en ancianos afroamericanos. En general, los sujetos solteros, viudos o divorciados presentan mayor riesgo de suicidio, por lo que la vida en pareja resulta ser protectora. El proceso de duelo también está asociado con los intentos suicidas y con el suicidio, los hombres son más vulnerables a la pérdida del cónyuge (O'Connell, Chin, Cunnigham y Lawlor, 2004).


Los suicidios en las personas mayores representan la punta de un iceberg de los problemas psicológicos, físicos y sociales de este grupo. La evidencia indica que entre 71% y 95% de los ancianos que se suicidan sufre alguna patología psiquiátrica, comúnmente depresión (83%). La prevalencia de suicidio es relativamente baja en los ancianos con patologías psicóticas primarias, trastornos de personalidad, trastornos de ansiedad y toxicomanías (O'Connell, Chin, Cunnigham y Lawlor, 2004).


A pesar del mayor riesgo de suicidio en los ancianos, en comparación con sujetos más jóvenes, la baja tasa de prevalencia absoluta no justifica la pesquisa de toda la población de mayores. El rastreo del pensamiento suicida es oportuno en personas con patologías depresivas, intentos suicidas previos, con enfermedades físicas o socialmente aislados. Los mayores no suelen referir sus pensamientos suicidas e incluso pueden estar presentes en individuos con escasos síntomas depresivos, por lo tanto, los profesionales de la salud deben estar entrenados para detectarlos. La presencia de sentimientos suicidas en pacientes con depresión es un indicador de menor respuesta al tratamiento (O'Connell, Chin, Cunnigham y Lawlor, 2004).


Por estas características se hace necesario conocer los diversos factores de riesgo para la  conducta suicida. El envejecimiento trae consigo el abandono de la profesión y/o de otros objetivos, reducción de vigor físico, cambio de los placeres sensuales y una conciencia de la muerte desconocida en etapas previas. Los problemas emocionales incluyen cierta depresión y una alteración de la propia estima, a la cual se añaden las propias presiones sociales derivadas de la jubilación, la dependencia, la muerte de familiares y amigos, la pérdida de la seguridad económica, entre otras. Como se evidencia, existen suficientes condiciones inherentes a la vejez que son un caldo de cultivo adecuado para que se manifieste esta conducta (Pérez, 1996).


Para una mejor clasificación de los factores de riesgo en los ancianos, estos se pueden dividir en (Pérez, 1996):


1. Factores médicos:


- Enfermedades crónicas, terminales, dolorosas, invalidantes y discapacitantes, como  Parkinson, demencia de Alzheimer o de otro tipo, las neoplasias, entre otras.

- La hospitalización periódica del anciano, así como ser sometido a intervenciones quirúrgicas frecuentes.

- Los tratamientos pro depresivos.

- Las enfermedades pro depresivas.


2. Factores psiquiátricos:


Se incluyen las depresiones de cualquier etiología, el abuso de drogas o alcohol, los trastornos crónicos del sueño, las psicosis delirantes y la confusión mental.


3. Factores psicológicos:


Los ancianos que sufren de sentimientos de soledad e inutilidad, inactivos, aburridos con falta de proyectos vitales y con tendencia a revivir el pasado.


4. Factores familiares:


- Pérdida de seres queridos por muerte natural o por suicidio. La viudez durante el primer año.

- El abuelo que se rota entre los familiares.

- El ingreso en un hogar de ancianos en su etapa de adaptación puede ocasionar situaciones de desamparo previas que precipiten un acto autodestructivo.


5. Factores socio-ambientales:


- La jubilación.

- El aislamiento social.

- La actitud hostil, peyorativa o despreciativa de la sociedad hacia el anciano.

- La pérdida de prestigio.


Estos son algunos de los factores de riesgo que se pueden presentar en esta etapa y mientras mayor número de estos se acumulen, mayor será el riesgo de terminar su vida por suicidio. Conociendo estos factores, el médico de atención primaria puede trazar la valoración precoz para evitar la conducta. No obstante, la prevención de este acto no es problema exclusivo de las instituciones de salud, sino de toda la comunidad, sus organizaciones, instituciones e individuos. Mientras mayor cantidad de personas intervengan en la prevención del suicido, mayor será la posibilidad de evitar que se autolesione (Pérez, 1996).


Son reconocidos, en la conducta suicida del anciano, los siguientes rasgos distintivos (Pérez, 1996):

- Realizan menos intentos de autodestrucción

- Usan métodos mortales

- Reflejan menos señales de aviso

- Dichos actos son premeditados, reflexivos

- Pueden asumir la forma de suicido pasivo (dejarse morir)


La creación de un sentido de vida como una categoría en formación de la personalidad que regula y construye hacia dónde se dirige nuestra existencia es una realidad que se expresa en la ancianidad. Nadie se levanta en la mañana y no tiene nada que hacer, siempre se piensa qué se va hacer en el día y qué se va hacer en un futuro, orientándose en las diferentes áreas de vida (familiar, pareja, relaciones interpersonales); es normal que el hombre se proyecte hacia el futuro como una expresión de tiempo, así lo concientizamos, todos tenemos un pasado que es vivido y sentido en un presente que es regulado a la vez en un futuro para el bien de sí y de los demás (González R., 2000).


 

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Comentarios a este trabajo



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jose suarez : Creo que este trabajo de investigación es sumamente importante para que la comunidad científica y estudiantil ya que nos ayuda a nosotros los estudiante a pensar y valorar mas nuestros ancianos y buscar medidas de prevención para ayudarlos. me gustaría con el permiso de los autores utilizar la misma metodología en pacientes en P,R. para comparar resultados.

 

rosa angela ternera: El artículo me parece excelente, y ha sido de mucha utilidad para mi tesis de grado, ya que soy estudiante de sociología de último semestre y me encuentro realizando un estudio acerca del suicidio. Este artículo le ha dado un importante aporte científico a mi trabajo. Gracias a la internet se puede conocer este tipo de trabajos y compartirlos con toda la comunidad que se interesa por este tipo de información gracias por tan excelente trabajo.

 

Damaris Cartagena: Excelente trabajo. Como estudiante a nivel de Maestría en enfermería, me es de gran utilidad, por cuanto, mi tema a investigar está bien relacionado con el tema desarrollado y expuesto en esta página. Sería un honor contar con la opinión profesional de los autores y sus recomendaciones en un futuro.

 

gloria patricia patiño: Me encuentro desarrollando un programa de promoción y prevención oral y encontré esto, muy interesante porque la falta de una buena salud oral lleva al paciente a sentirse rechazado por su aspecto.

 

Hugo DAVILA: Excelente, no hay palabras para describir este gran articulo, lo que tenemos que hacer es recomendarlo vía Internet.

 

ARIELA LOPEZ: Creo que el hecho de la comunicación vía internet favorece la propgación de tan buenos e interesantes artículos, tomando en cuenta que la población mundial tiende a la vejez, es excelente.

 



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