Caracterización de pacientes geriátricos con intento suicida en un área de salud
Maria Zayda Guridi González Psicóloga
Especialista de Psicología de la Salud Policlínico Mártires de Calabazar
La Habana, Cuba
MsC. Felipe Ramón García Especialista en Psicología de la Salud
Profesor Asistente de Psicología de la Salud Dra. Anai Medina Valdés Especialista de 1er grado en Medicina General Integral
Profesora Asistente de Medicina General Integral
Dr. Miguel Ángel Pérez Meneses Especialista de 1er grado en Medicina General Integral
Profesora Asistente de Medicina General Integral
Dra. Zaily Dorta Guridi Especialista de 1er grado en Medicina General Integral
Profesora instructora de Medicina General Integral
Policlínico Docente Mártires de Calabazar, municipio Boyeros
Ciudad de La Habana, Cuba
Para citar este artículo: ________________________
Guridi, González, M. Z. (2007, 15 de noviembre). Caracterización de pacientes geriátricos con intento suicida en un área de salud. Revista PsicologiaCientifica.com, 9(60).
Disponible en: http://www.psicologiacientifica.com/bv/psicologia-304-1-caracterizacion-de-pacientes-geriatricos-con-intento-suicida.html ________________________
RESUMEN
En la actualidad, se considera que la causa del suicidio es multifactorial. Los ancianos son quienes tienen mayores tasas en ese aspecto, razón que motivó a nuestro equipo de trabajo a realizar un estudio descriptivo, retrospectivo y transversal de un grupo de pacientes mayores de 60 años, pertenecientes al área de salud del Policlínico de Calabazar y quienes llevaron a cabo intentos suicidas en los últimos 10 años. El objetivo de la presente investigación es identificar las características psicosociales presentes en estos pacientes geriátricos. Se estudiaron 12 pacientes a quienes se les aplicó el Minimental State y una encuesta confeccionada para la recolección de información. Como resultados se encontró: predominio del grupo de 60 a 65 años (50%), la escolaridad primaria (75%); el 50% presentó alteraciones psicológicas con dependencia a psicofármacos (91.7%); presencia de insomnio, sentimiento de soledad, incapacidad (91.6%); desesperanza, tristeza, necesidad de apoyo familiar y aislamiento social (100%). Un porcentaje elevado (75%) no se encontraba satisfecho con las actividades realizadas en su tiempo libre. Se recomienda profundizar en el programa de atención al anciano para mejor la calidad de vida de los mismos para lograr una longevidad satisfactoria.
Introducción
El suicidio tiene antecedentes que se remontan a la existencia misma del hombre y varían sus características de acuerdo con la cultura y la estructura socioeconómica existente. Como fenómeno individual se ha conocido en todas las sociedades (Árlaes et al., 1999).
El término suicidio, como tal, se aplicó por primera vez en el siglo XVIII por el abate Desfontaine. La etimología de la palabra proviene del latín sui que significa sí mismo y cidium, que significa matar (García, 2001). El suicidio constituye la máxima expresión de autoagresión, abarca todos aquellos actos lesivos autoinflingidos con resultado de muerte (Pérez, 2001). La Organización Mundial de la Salud (OMS), en su clasificación internacional de enfermedades (1976) define dicha conducta como "un acto con resultado letal, deliberadamente iniciado y realizado por el sujeto, sabiendo o esperando su resultado letal y siendo considerado el resultado por el autor como instrumento para obtener cambios deseables en su actividad consciente y medio social". Para la definición de conducta suicida es indispensable que la víctima coincida con el agresor y que sea conocedora de los resultados fatales a los que puede llevar su actuación (Pérez, 2001; Kaplan y Sadok, 1980).
Diferentes teorías han tratado de encontrar el por qué de esta controvertida conducta que resulta tan inexplicable por oponerse al instinto básico de conservación que posee el ser humano. Existen corrientes biológicas, psicológicas y sociales cuyos representantes, al tratar de explicar la etiología de esta conducta, convergen hoy con el criterio de que la etiología de la conducta suicida es multifactorial y que el valorar cada factor independiente sólo resta posibilidad de detectar a tiempo a un posible suicida (González, 1988; Baca et al., 2003; Comtois, 2002; Laserate, 2003). Ha sido explicado por las ciencias desde distintos ángulos, predominando los enfoques sociológicos y psicológicos (Sáchica, 1997). Desde el ángulo de la Psicología, uno de los iniciadores de este tipo de estudio fue Freud, que se apoyó exclusivamente en los mecanismos relacionados con el psiquismo del individuo para explicar el fenómeno (Freud, 1988).
En la actualidad, se considera que la causa del suicidio es multifactorial, determinado por elementos psicológicos y sociales, aunque no se descarta la influencia de algunas condiciones biológicas; sin embargo, parece que los factores principales son los psicológicos y se considera que cuando ocurre un intento suicida o este se consuma es debido al fallo en el individuo de los mecanismos autorreguladores que le permiten adaptarse adecuadamente a su ambiente (Sáchica, 1997).
El intento de suicidio, junto con el suicidio son las dos formas más representativas de esta conducta, aunque no las únicas. El espectro completo del comportamiento suicida está conformado por la ideación de autodestrucción en sus diferentes grados, las amenazas, el gesto, el intento y el hecho consumado (Pérez, 2001). La presencia de cualquiera de estos indicadores constituye un signo de alto riesgo en el individuo que los presenta. La identificación y detección oportuna de estas señales que emiten las personas con riesgo suicida es importante para la prevención de esta conducta (Pérez, 2001; Sarracent, 1996; Rodríguez, 1998). El intento suicida, también denominado parasuicidio, tentativa de suicidio, intento de autoeliminación o autolesión intencionada, se ha definido como aquel acto sin resultado de muerte en el que un individuo, de forma deliberada, se hace daño a sí mismo (Pérez, 1996).
El suicidio ocupa un lugar entre las diez causas de muerte en las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Se considera que cada diez días se suicidan en el mundo 1110 personas y lo intentan cientos de miles, independientemente de la geografía, cultura, etnia, religión, posición económica, etc. (Pérez, 1996, 2001; Clavijo, 1998). Por cada suicidio se producen de 10 a 15 intentos y es mayor la relación para los adolescentes. En estudios de seguimiento de pacientes después del intento se ha visto que del 15 al 10% se suicidan y que del 10 al 60% de los pacientes que se suicidaron había tenido intentos previos (Nielsen et al., 1999).
En los países desarrollados de Europa y América del Norte el suicidio figura entre la quinta y décima causa de defunción más importante y aparece como la segunda y tercera causa entre las personas de 15 a 64 años de edad (Árlaes et al., 1999). Cuba no escapa de esta realidad, y el suicidio se encuentra entre las diez primeras causas de muerte, aunque con una tendencia descendente y muestra en los últimos años una tasa inferior a 20 por 100000 habitantes (Barroso, 2007). En nuestro país, Cuba, existe un programa para la prevención y la atención de la conducta suicida, iniciado en 1986. El programa está dirigido fundamentalmente a los grupos de riesgo, aunque las acciones de promoción de salud conciernen a toda la población (Barroso, 2007).
En la literatura sobre suicidio se mencionan múltiples factores de riesgo suicida que no se abordarán en el presente trabajo en su totalidad por considerar que estos rasgos son individuales, genéricos y generacionales, por lo que se profundizará en aquellos que puedan anteceder al intento suicida en la tercera edad.
El envejecimiento es una manifestación del desarrollo biológico, psicológico y social de los seres humanos en las diferentes manifestaciones de su actividad, modificándose tanto el individuo como su medio (Quintero y Hernández, 1996). La vejez, última etapa de la vida, es un período matizado por una serie de peculiaridades biopsicosociales que ha requerido el desarrollo de áreas médicas especializadas en su estudio. La vejez no es una enfermedad, es un estado normal de la vida del hombre. A este período de la vida se llega con una amplia gama de minusvalía que, si no se conoce, pueden hacer de la ancianidad una etapa de amargura y sufrimiento que dista mucho de lo que se desea (Clavijo, 1998).
El anciano asiste, poco a poco, a pérdidas y limitaciones que día a día la vida le va imponiendo; la depresión es la primera manifestación psicológica que se presenta en él, por lo que los ancianos constituyen una población con riesgo de padecer cuadros depresivos según la discapacidad, su intensidad y la organización de la personalidad del anciano (Cruz, 1992).
Cumplir 60 años significa entrar en un nuevo período del ciclo vital. Según consenso general, en la Asamblea Mundial sobre Envejecimiento que sesionó en Viena en 1982, comienza una nueva etapa en la vida de las personas en la que se sufrirán crisis, se tendrá tiempo para encontrarse consigo mismo y se percibirá su realidad; es entonces cuando se comienza a tomar conciencia de que la vida está cambiando y experimentarán los cambios físicos que surgen en él (Cruz, 1992).
Por otra parte, el anciano es un ser socialmente deficiente en el sentido de haber perdido a este nivel algunos de los pilares básicos en los que sustentaba su vida (cónyuge, familiares, amigos, actividades y prestigio profesional). Todos estos elementos, además de la jubilación, la pérdida de estatus y de las funciones familiares pueden tornarse peligrosos para el anciano si no logra encontrar un equilibrio que favorezca su armonía psíquica, conllevando a una alteración afectiva (Carpeta Metodológica de Atención Primaria de Salud y Medicina Familiar, 2000).
La salud y el logro de una vejez saludable y feliz no se resuelven en el terreno de la medicina solamente, hay que mejorar la calidad de las condiciones sociales de vida (Cruz, 1992). En el estudio de la vejez es de crucial importancia tomar en cuenta las consideraciones relativas al bienestar subjetivo para la evaluación de la calidad de su vida, pues varios estudios han demostrado que el bienestar no declina con la edad y que permanece relativamente independiente de las circunstancia objetivas en que transcurre la vida del anciano y de su propio estado de salud (Quintero y González, 1996).
A pesar de la presión popular sobre el suicidio en la juventud y las numerosas investigaciones en torno a este fenómeno, los ancianos son quienes tienen mayores tasas en ese aspecto. En la medida en que las personas mayores constituyen el segmento de más rápido crecimiento de la población, el número absoluto de sus suicidios continuará incrementándose y se pronostica que para 2030 será el doble, por lo que se hace necesario profundizar en los factores de riesgo en la vejez para atenuar en cierta medida dicha predicción. El estudio de los intentos suicidas tiene importancia porque éstos en su mayoría son antecedentes de los suicidios consumados, además, posibilitan identificar factores de riesgo y procesos importantes en su dinámica psicológica que permita conocer el comportamiento psicosocial de la población (Pérez, 1996).
El presente trabajo investigativo tiene el objetivo de identificar características demográficas, psicológicas y sociales presentes en pacientes de la tercera edad, con la finalidad de prevenir la conducta suicida y mejorar la calidad de vida de nuestros ancianos.
Marco teórico conceptual
La primera contribución importante al estudio del problema del suicidio fue realizada a finales del siglo XIX por el sociólogo francés Emile Durkheim. En su intento por explicar las pautas estadísticas, dividió los suicidios en tres categorías sociales: suicidios egoístas, altruistas y anómicos (Kaplan y Sadok, 1996).
En 1917 Freud presentó la primera concepción psicológica importante del suicidio, considerando éste como un deseo reprimido de matar a alguien. La concepción del suicidio como un pecado desempeñó un importante papel en las culturas cristianas. Las excesivas restricciones de la iglesia católica fueron en un momento dado contraproducentes y dieron lugar a la degradación, difamación y persecución de las personas con conductas suicidas (Kaplan y Sadok, 1996).
En Inglaterra y Francia, desde tiempos remotos, el suicidio fue considerado una falta grave, un crimen contra el Estado y un hecho que provocaba la represalia y la venganza de la sociedad. Sólo hasta 1961 se aprobó en Inglaterra una ley que cambiaba estos criterios, y en Francia, hasta después de la Revolución Francesa no fueron suprimidas las penas contra los que intentaban suicidarse (García, 2001).
Se han planteado diversas teorías para explicar por qué una persona intenta quitarse la vida. Las teorías psicológicas representadas por Freud, Meninger y Garman invocan diferentes mecanismos inherentes al psiquismo del individuo, pero desconocen cualquier otro punto de vista, mientras que las teorías sociológicas, representadas por Durkheim toman en consideración sólo la influencia de los factores sociales. Por todo esto, el suicidio debe ser considerado un hecho de causa multifactorial, en el que intervienen factores biológicos, psicológicos y sociales, considerándose como una falla de los mecanismos adaptativos del sujeto a su medio, provocada por una situación conflictiva actual o permanente que genera un estado de tensión emocional (Cuba, Ministerio de Salud Pública).
Kaplan y Sadock definen la depresión como una alteración que presupone un humor deprimido o una pérdida de interés o placer por todo o por casi todas las actividades o pasatiempos cotidianos (Cruz, 1992). La importancia de los trastornos depresivos en la práctica clínica médica y especializada viene resaltada por la elevada frecuencia con se presenta y por su alto porcentaje de morbilidad e incluso mortalidad indirecta por el riesgo de suicidio. Los trastornos depresivos son los trastornos psiquiátricos que se presentan con mayor frecuencia (Cruz, 1992).
El análisis de las estadísticas sobre la depresión hace pensar que esta problemática de la salud mental que afecta a tantas personas en los tiempos actuales y en todo el mundo hace que muchos individuos arriben a la ancianidad portando signos depresivos. Si a esto se suma que esta etapa de la vida, por sus características muy peculiares, condiciona en muchos casos la aparición de trastornos depresivos, entonces no cabría dudas de por qué es necesaria la atención a esta problemática de salud (Cruz, 1992).
Cabe señalar que no solamente tiene implicaciones para el bienestar y la calidad de vida la depresión en aquellas personas que la padecen, sino que el riesgo suicida que en ellas subyace hace más trágica y conmovedora la situación. Para que se tenga una idea, 25% de los suicidios se da en sujetos mayores de 65 años producto de la depresión (Cruz, 1992). Las tasas de mortalidad por suicidio en diferentes países presentan amplias variaciones. Según la Organización Mundial de la Salud, las estadísticas de las defunciones por suicidio están sujetas a la influencia de una amplia serie de factores algunos de ellos resultantes del método que se aplique en un país dado.
En Cuba el enfoque del fenómeno suicida en etapas prerrevolucionarias resultaba de interés para publicaciones sensacionalistas, no científicas, que destacaban los casos de suicidio como simples sucesos que atraía la curiosidad de los lectores. La medicina capitalista no se interesaba, ni podía abordar el estudio de este hecho en un país subdesarrollado donde se producían muertes por enfermedades perfectamente prevenibles. Con el triunfo revolucionario se produjo un salto cuantitativo y cualitativo en el desarrollo de la salud pública y una vez resueltos los principales problemas de salud de la población, nos encontramos en condiciones de abordar la problemática del suicidio. Desde 1989, el Sistema Nacional de Salud cubano ha creado un Programa de Prevención de la Conducta Suicida, cuyo objetivo principal es evitar el primer intento suicida, su repetición y la consumación. Es por ello que el médico de familia juega un papel importante en la ejecución de este programa; por su estrecha vinculación con la comunidad está en mejores condiciones de detectar al presunto suicida y conociendo las particularidades de esta conducta anómala, puede ejercer las acciones de salud que impidan este acto.
El intento de suicidio, junto con el suicidio son las dos formas más representativas de esta conducta, aunque no las únicas. Desgraciadamente existen muchos textos que sólo tienen en cuenta estos dos aspectos, los que, por demás, son los más graves, y no otros que detectándolos y tomándolos en consideración de forma oportuna evitarían que ambos ocurrieran. El comportamiento suicida está conformado por la ideación de autodestrucción en sus diferentes gradaciones: las amenazas, el gesto, el intento y el hecho consumado (Folstein et al., 1975; Pérez y Reytor, 1999).
En la literatura suicidológica se mencionan múltiples factores de riesgo que pueden orientar al médico en su detección, adecuada evaluación y manejo. Ante todo hay que considerar que estos factores individuales, pues lo que para algunos es un elemento de riesgo, para otros no representa problema alguno. Además de individuales son generacionales, ya que los factores en la niñez pueden no serlo en la adultez o en la vejez. Por otra parte, son genéricos, pues los de la mujer no son similares a los de los hombres, aunque existen factores comunes a cualquier edad y sexo.
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jose suarez : Creo que este trabajo de investigación es sumamente importante para que la comunidad científica y estudiantil ya que nos ayuda a nosotros los estudiante a pensar y valorar mas nuestros ancianos y buscar medidas de prevención para ayudarlos. me gustaría con el permiso de los autores utilizar la misma metodología en pacientes en P,R. para comparar resultados.
rosa angela ternera: El artículo me parece excelente, y ha sido de mucha utilidad para mi tesis de grado, ya que soy estudiante de sociología de último semestre y me encuentro realizando un estudio acerca del suicidio. Este artículo le ha dado un importante aporte científico a mi trabajo. Gracias a la internet se puede conocer este tipo de trabajos y compartirlos con toda la comunidad que se interesa por este tipo de información gracias por tan excelente trabajo.
Damaris Cartagena: Excelente trabajo. Como estudiante a nivel de Maestría en enfermería, me es de gran utilidad, por cuanto, mi tema a investigar está bien relacionado con el tema desarrollado y expuesto en esta página. Sería un honor contar con la opinión profesional de los autores y sus recomendaciones en un futuro.
gloria patricia patiño: Me encuentro desarrollando un programa de promoción y prevención oral y encontré esto, muy interesante porque la falta de una buena salud oral lleva al paciente a sentirse rechazado por su aspecto.
Hugo DAVILA: Excelente, no hay palabras para describir este gran articulo, lo que tenemos que hacer es recomendarlo vía Internet.
ARIELA LOPEZ: Creo que el hecho de la comunicación vía internet favorece la propgación de tan buenos e interesantes artículos, tomando en cuenta que la población mundial tiende a la vejez, es excelente.