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Tendencias epistemológicas en Psicología
Enerio Rodríguez Arias
Frente a la concepción tradicional del conocimiento en términos de representación o copia del mundo, Skinner ofrece la concepción alternativa del conocimiento como una forma de acción. En este sentido, ha señalado:
"La idea de que el conocimiento consiste en impresiones sensoriales y conceptos derivados de impresiones sensoriales fue el punto de vista del empirismo inglés y todavía es defendida por mucha gente. Pero otros creemos que ese punto de vista es incapaz de representar adecuadamente el conocimiento humano… Suponer que el conocimiento existe en la mente de un físico como material mental o psíquico- como la forma en que él ve al mundo- me parece algo completamente absurdo. En ningún momento una teoría física es un evento psíquico en el sentido de una imagen o sensación" (Skinner, 1972, p. 255). Esta concepción del conocimiento parte del análisis de las interacciones complejas que se dan entre el sujeto y el mundo. El sujeto actúa sobre el mundo, lo transforma y es transformado, a su vez, por las consecuencias de su acción. Nuestro conocimiento del mundo es nuestra conducta en relación con el mundo. Abundando sobre este punto, Skinner agrega: "El conocimiento no debe identificarse con la forma en que las cosas nos parecen, sino más bien con lo que hacemos en torno a ellas… La física atómica no es la percepción que tiene el físico de eventos que ocurren dentro del átomo o de los eventos microscópicos a partir de los cuales es inferido el mundo atómico. El conocimiento científico es lo que las personas hacen al predecir y controlar la naturaleza" (Skinner, ibíd., pp. 70-71). Esta concepción permite expresar el conocimiento científico por medio de formulaciones que reflejan la conducta verbal del científico y no sus estados mentales. El problema central del conocimiento en psicología es cómo conocemos nuestro mundo privado, y de manera particular, cómo conocemos el contenido de nuestra experiencia consciente. Skinner no evade este problema, pues no impone ninguna restricción a lo que puede ser conocido y aquello de lo que se puede hablar. A partir de las reformulaciones cartesianas, se consideró el conocimiento del mundo privado (mundo mental para las formulaciones tradicionales en psicología) como más inmediato que el conocimiento del mundo público (mundo físico para las formulaciones tradicionales en psicología). Recuérdese que Descartes derivó el hecho primario de su propia existencia a partir del conocimiento indubitable de que estaba pensando, relación que se resume en la expresión cogito, ergo sum (pienso, luego existo). En psicología, la formulación cartesiana condujo a la distinción entre experiencia inmediata y experiencia mediata. Siguiendo esta distinción, Wundt distinguió entre física y psicología, diciendo que mientras la física estudiaba la experiencia mediata, la psicología estudiaba la experiencia inmediata. El conductismo primitivo de Watson despreció totalmente este problema, pero el conductismo metodológico volvió sobre el mismo para rechazar la distinción entre física y psicología sobre esa base y considerar a la experiencia consciente inmediata como el fundamento de todas las ciencias pero sin ser el objeto específico de ninguna. En ese sentido, Spence señalaba que: "Los datos de todas las ciencias tienen el mismo origen, a saber, la experiencia inmediata de una persona que observa, se decir, la experiencia inmediata del propio científico. Esto equivale a decir que la experiencia inmediata, la matriz inicial de la cual se desarrollan todas las ciencias, deja de ser objeto de interés para el científico en cuanto científico. Este sencillamente la da como un hecho y luego procede a su tarea de describir los eventos que ocurren en ella" (Spence, 1946, p. 68). Como puede inferirse de la cita anterior, también para el conductismo metodológico el conocimiento del mundo privado es más directo que el conocimiento del mundo público, aunque no posea las características del conocimiento científico. La epistemología empírica de Skinner constituye un forma de inversión copernicana del problema, para usar la analogía kantiana: "Es el mundo público el que es directa e inmediatamente conocido, mientras que el mundo privado, si no totalmente incognoscible, es por lo menos más difícil de conocer" (Skinner, 1953, Pág. 953). El fundamento de su posición está en el papel que Skinner le adscribe a la comunidad verbal en el proceso de conocer. Aprendemos a conocer bajo contingencias de reforzamiento dispuestas por una comunidad verbal. Dado que ésta tiene acceso de manera más fácil al mundo público que al mundo privado, puede disponer mejor las contingencias bajo las cuales conocemos el mundo público. Aquí cabe señalar que, para Skinner, los eventos privados no son simplemente aquellos que ocurren dentro del organismo y que únicamente son accesibles al propio individuo sino aquellos que ocurren dentro del organismo y que no son accesibles, o lo son de una manera muy inadecuada, a la comunidad verbal. Es de aquí de donde surge la gran dificultad con que adquirimos el vocabulario que usamos para describir nuestra propia conducta. La comunidad verbal puede enseñar fácilmente a un niño a distinguir entre diferentes colores pero no puede enseñarle con la misma facilidad a distinguir entre diferentes dolores, sentimientos y emociones. Es así como resulta que el mundo privado, que es más cercano al individuo, es más difícil de conocer porque está más lejos de la comunidad verbal, que es la responsable de disponer las contingencias de reforzamiento bajo las cuales aprendemos a conocer. ¿Cómo enfrenta Skinner el problema del conocimiento del contenido de la experiencia consciente? Somos conscientes tanto del mundo que nos rodea como de nuestras sensaciones e imágenes. Según Skinner, somos conscientes de nuestra propia conducta en el sentido de que podemos autodescribirnos mientras nos comportamos y mientras reaccionamos ante el mundo que nos rodea. Esto quiere decir que para Skinner "ser consciente de", o "darse cuenta de", son respuestas autodescriptivas. Skinner resume su posición en torno al conocimiento de la experiencia consciente de la siguiente manera: "Ver no implica algo visto. Adquirimos la conducta de ver bajo la estimulación de objetos reales, pero ella pueda ocurrir en ausencia de estos objetos, bajo el control de otras variables… También adquirimos la conducta de ver que estamos viendo, cuando estamos viendo objetos reales, pero ella también puede ocurrir en su ausencia" (Skinner, ibíd., p. 955). De aquí se infiere que, para Skinner, cuando hablamos de nuestras imágenes, recuerdos y sueños, todo cuanto hacemos es describir nuestra conducta de ver en ausencia de las cosas vistas. Suponer que vemos copias o representaciones internas introduce complicaciones innecesarias, pues obliga a explicar dónde y cómo forma el organismo esas representaciones sin añadir nada que no pueda ser comprendido cuando concebimos las imágenes, recuerdos y sueños como conductas de ver. Tomemos el caso del soñar. Si consideramos el soñar como un despliegue de cosas vistas por el soñador, entonces tenemos que explicar cómo elabora el soñador esas cosas que ve durante el sueño. Si, en cambio, consideramos el soñar como la conducta de ver, la idea de una elaboración onírica es innecesaria. Skinner agrega que los movimientos oculares que ocurren durante el soñar, así como los recuerdos provocados por la estimulación eléctrica del cerebro son más fáciles de comprender a partir de su interpretación que a partir de la interpretación tradicional. Y refiriéndose a la persistencia de la creencia humana en copias o representaciones mentales, Skinner concluye: "Le tomó al hombre mucho tiempo comprender que cuando soñaba con un lobo no había presente ningún lobo; le ha tomado mucho más tiempo comprender que no hay presente ni siquiera una representación del lobo" (Skinner, ibíd., p. 955). La formulación expuesta constituye el esfuerzo más coherente que se haya hecho por llevar la actitud conductista hasta las últimas consecuencias. Hay que reconocer que ésta es la única forma hasta ahora explorada de superar las incongruencias epistemológicas en que se vería envuelto un enfoque conductual de la psicología si no provee una alternativa en términos de conducta a la concepción tradicional del conocimiento en términos de copia o representación mental. Hasta aquí se han presentado dos concepciones diferentes de la epistemología y sus aplicaciones dentro de la psicología. En este momento no contamos con las condiciones de comparar las ventajas y las limitaciones de estas tendencias epistemológicas; tal vez e las diferencias entre las mismas se originan en presuposiciones básicas que generan una inevitable inconmensurabilidad. Finalmente, vale la pena aprovechar la ocasión para presentar brevemente dos actitudes epistemológicas previamente discutidas en las ciencias naturales y que se han reflejado de una manera muy notable en el campo específico de la psicología de la personalidad: el asunto de la continuidad o discontinuidad entre el sentido común y la ciencia. Eysenck (1959) ha defendido la tesis de la discontinuidad entre el sentido común y la ciencia en psicología, usando en su provecho la distinción de Eddington entre dos tipos de física, los cuales contrastó recurriendo al ejemplo de las dos mesas: la mesa sensible, sólida e impenetrable del sentido común y la mesa de la física moderna, constituida en su mayor parte por espacio vacío, con un gran número de pequeñísimas partículas dotadas de un vertiginoso movimiento dentro de dicho espacio. A pesar de que para el observador ingenuo la mesa del sentido común parece más real, sabemos que la mesa verdaderamente real es la de la física moderna. Eysenck piensa que lo mismo ocurre en el campo de la psicología donde las creencias psicológicas de sentido común producen en el público una sensación de certeza, mientras que el conocimiento científico parece más incierto y dudoso. La convicción de Eysenck es que el estudio científico en psicología debe abandonar esa pretensión de certeza que suele acompañar al sentido común y sustituirla por una actitud de creencia a prueba. La actitud epistemológica opuesta fue defendida por Allport (1966), que le dio el nombre de realismo heurístico a la actitud epistemológica que, según él, debemos seguir al emprender el estudio de la personalidad humana. Esta actitud parte de la creencia de sentido común de que cada ser humano tiene una personalidad y que la tarea del psicólogo debe ser aceptar como punto de partida la existencia de esa personalidad y a partir de ahí tratar de descubrir en qué consiste la misma. Como se ve, el realismo heurístico no es exactamente realismo de sentido común, pero es obvio que hay una relación de continuidad entre ambos. Se trata de dos opciones epistemológicas cuyas consecuencias se reflejan en los métodos y procedimientos que el psicólogo valora y prefiere en el estudio de la personalidad. Resulta muy difícil descalificar a priori una actitud epistemológica particular y siempre habrá un margen para la elección personal del psicólogo. En los últimos años, mientras Churchland (1981) ha insistido en descalificar la psicología del sentido común, Fodor (1987) ha adoptado una actitud más permisiva frente a las inferencias basadas en la psicología de las creencias y deseos de sentido común.
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