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Revista » Psicología Teórica y Filosófica / Fundamentos » sistemas de inhibición (bis) y activación de comportamiento (bas): antecedentes y estado actual en el campo de la psicología aplicada

Sistemas de inhibición (BIS) y activación de comportamiento (BAS): antecedentes y estado actual en el campo de la psicología aplicada


 

Yolanda Medina Cuevas
Psicóloga
Magíster en Psicoterapia Gestalt
Laboratorio de Ciencias de la Conducta del Centro de Investigación Biomédica de Occidente
Aguascalientes, México


Lorena Barranco Jiménez
Licenciada en Psicología.
Magíster en Psicoterapia Gestalt.
Aguascalientes, México.


Brenda Lucía Rodarte Acosta
Licenciada en Psicología.
Magíster en Psicoterapia Gestalt.
Aguascalientes, México.


Pedro Solís-Cámara R.
Licenciado en Psicología, Universidad Autónoma de San Luís Potosí.
Magíster en Psicología, Ohio State University.
Doctor en Psicología, Marquette University.
Doctor en Psicología de la Salud, Universidad de Guadalajara, México.


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La teoría de Gray de los años 60 a los 70



Gray (1935-2004) ha sido considerado como uno de los pocos teóricos de la personalidad cuyo modelo psicobiológico fue diseñado pensando en estudios con especies no humanas y humanas a la vez (Schalling, Edman, & Asberg, 1983; Zuckerman, 1983). Es relevante revisar los orígenes de las investigaciones de Gray antes de hacerlo con los enfoques contemporáneos fundamentados en su trabajo.


Inicialmente, el trabajo de Gray indica un intento por integrar la concepción pavloviana referente a la fortaleza del sistema nervioso, así como las nociones de un nivel óptimo de alertamiento como la base de diferencias individuales. De hecho, su tesis doctoral contiene una exhaustiva revisión crítica (300 páginas) sobre la investigación experimental rusa y sobre Pavlov (Rawlins, 2004). En los años 70, Gray y sus colegas (Gray, Owen, Davis, & Tsaltas, 1983) centraron su interés en el estudio de las bases biológicas de la sensibilidad a cuatro tipos diferentes de reforzamiento: la recompensa, el castigo, la no recompensa y el no castigo. Sin embargo, dependerán del tipo de condicionamiento (clásico u operante), los mecanismos que actúen y, por lo tanto, generarán diferentes "estados emocionales". Gray estimó que se producirían 8 estados, pero se refería a estados elicitados en el cerebro o sistema nervioso por reforzadores primarios o secundarios. Por otra parte, los estados no pudieron confirmarse porque en los mamíferos inferiores (esto es, las ratas con las que trabajaban), sólo podían tomarse en cuenta tres estados: el de ansiedad, elicitada por estímulos de no recompensa ("frustratorios") o castigo secundario; el de regocijo/alivio, elicitado por recompensas secundarias o por estímulos no punitivos; y el de coraje, elicitado por castigo incondicionado o por estímulos sin recompensa (Gray et al., 1983).


Gray y cols. (1983) señalan que ellos se concentraron básicamente en el estado de ansiedad, controlado al usar drogas ansiolíticas en los animales. Y se concentraron en deducir la fisiología y la psicología de la ansiedad. Al hacerlo encontraron que los efectos conductuales señalaban una hipótesis explicativa: "la existencia en el cerebro de un sistema de inhibición de comportamiento (BIS) cuya función es la de recibir información concerniente a la ocurrencia de alguno de los estímulos adecuados para la ansiedad (castigo secundario, estímulos frustratorios, o estímulos novedosos) y operar las salidas de conducta…" (p. 183) (Inhibición del comportamiento, incremento en el alertamiento, incremento de la atención). Gray y sus colegas (1983) comentan que después de establecer los aspectos conductuales de la teoría, intentaron ampliarla para cubrir las diferencias individuales en la susceptibilidad a la ansiedad. Al hacerlo trabajaron con dos pasos. El primero fue bastante sencillo, y fue el de establecer que los individuos ansiosos son aquellos particularmente sensitivos a la amenaza que representan los estímulos secundarios punitivos o frustrantes; es decir, ante señales de castigo o no recompensa. Sin embargo, el segundo paso resultó mucho más complejo. Trataron de situar la dimensión teórica propia de la ansiedad en el espacio factorial de la personalidad general. Al querer estudiar las diferencias individuales humanas se eligió el espacio bidimensional de Eysenck referente a la introversión-extraversión (I-E) y al neuroticismo (N).


Con la intención de aclarar el papel de esta dimensión en el espacio de la personalidad general, Gray presentó una propuesta, considerada fundamentalmente como una teoría de ansiedad (Gray, 1970). Se propuso que la dimensión de ansiedad (cuando se refiere al rasgo y no al estado emocional cerebral) es concebida que corre del cuadrante de la extraversión estable en el espacio bidimensional propuesto por Eysenck (baja ansiedad) hasta el de introversión neurótica (alta ansiedad). Esta ubicación teórica fue apoyada por los estudios sobre personalidad conducidos en laboratorios y en la clínica (Gray y col., 1983). Pero Gray señala que las relaciones entre las dimensiones de Eysenck y la ansiedad no se refieren a un mero nivel descriptivo, sino que propone que las líneas de influencia causal no son las postuladas por Eysenck, es decir I-E y N. Más bien serían otras las dimensiones, una que inicialmente señaló como una teoría de la ansiedad; pero al rotar 45° uno de los ejes del espacio factorial (ansiedad) había que rotar el otro también; esto para conservar la independencia u ortogonalidad de las dimensiones. La segunda rotación produjo otra dimensión que corría del cuadrante de introversión estable al de extraversión neurótica, de Eysenck, y que fue nombrada impulsividad. Con base en estos arreglos, se ha sugerido que la ansiedad, como rasgo, refleja la sensibilidad a las señales de no recompensa y castigo. Y que el rasgo de alta impulsividad puede deberse a la alta sensibilidad a las señales de recompensa y no castigo.


Finalmente, el modelo presentado trata a la ansiedad y a la impulsividad como influencias causales independientes, pero interactuando en el espacio bidimensional de Eysenck; por lo tanto, se deduce que las dimensiones I-E y N son derivadas de estas influencias básicas. Dicho de otra manera, I-E y N son tratados en esta teoría como funciones de la influencia conjunta de la ansiedad y la impulsividad. El neuroticismo se concibe como reflejo de la suma de las dos sensibilidades (a la recompensa/no castigo, y al castigo/no recompensa), como emocionalidad global. La introversión-extraversión es vista como resultado del balance entre las dos sensibilidades: si la sensibilidad a la recompensa/no castigo supera la del castigo/no recompensa, el individuo es extravertido, en el caso contrario, es introvertido (Gray y cols., 1983; p. 186).


La teoría de Gray de los años 80 a la actualidad



En los años siguientes a la década de los 80, Gray (1982, 1987a, 1987b) elaboró más su propuesta teórica; según su teoría de la personalidad existen tres sistemas de control emocional (cerebral) y conductual dentro del cerebro mamífero: el sistema de inhibición conductual (BIS, por sus siglas en inglés), el sistema de aproximación o acercamiento de comportamiento (BAS), y el sistema de lucha / huida (FFS).
 

El BIS organiza las respuestas a las señales condicionadas del castigo (y frustración a la no recompensa). Sus efectos principales son inhibición del comportamiento en curso, atención creciente y despertar creciente. Debido a que estas reacciones son disminuidas por las drogas ansiolíticas, puede presumirse que su operación es acompañada por el estado emocional llamado "ansiedad". Se consideraron dos fenómenos de laboratorio como manifestaciones del BIS, los cuales son a) evitación pasiva (reduciendo el riesgo al castigo por inactividad y sumisión) y b) extinción (abandonando fácilmente los comportamientos que no se recompensan). El BIS se ha relacionado con la serotonina, la noradrenalina, el sistema septohipocámpico y el córtex orbitofrontal.


Gray (1987a) describió que el BIS: "responde a las señales de castigo, señales de no recompensa frustratoria, y a los estímulos novedosos, al inhibir la conducta en curso, incrementar la disponibilidad para la acción (nivel de alertamiento), e incrementar la atención a los estímulos medioambientales" (p. 262). El BIS es sensible a los estímulos negativos condicionados; además, en su extrapolación de este sistema a la personalidad, indicó que poca ansiedad está relacionada con un BIS débil, y mucha ansiedad con un BIS fuerte. Y, extrapolando al modelo de Eysenck, la dimensión de ansiedad está anclada en un extremo por los introvertidos neuróticos (fuerte BIS), y en el otro por los extravertidos estables (BIS débil). Aunque Gray no conceptualizó que la ansiedad, como rasgo, subyace a las dimensiones de Eysenck, sí estableció que los individuos "ansiosos" o "introvertidos neuróticos" están predispuestos de manera diferencial a interrumpir su conducta en curso y redirigir su atención a las señales de castigo, no recompensa y novedad. La ansiedad como rasgo es el resultado de la activación del BIS, en interacción con determinados estímulos; incrementa la disposición o alertamiento y activa todos los factores del sistema, incluidos el estilo analítico y la inteligencia naturalista y fluida.


En su teoría, Gray describió también al BAS como sistema de aproximación o acercamiento de comportamiento (BAS, Gray 1994), pero también es conocido como sistema de activación (Fowles, 1988), o sistema de facilitación (Depue & Iacono 1989). El BAS activa las conductas de acercamiento en respuesta a señales de recompensa o no-castigo, o de manera más correcta, se activa por los incentivos, o las señales condicionadas de la recompensa. Este tiene dos aspectos: a) sensibilidad a los estímulos en el ambiente que se asocian a las recompensas primarias (comer, beber, copular, etc), la cual llaman "acercamiento", y b) el comportamiento instrumental que reduce la probabilidad del castigo cuando hay señales en el ambiente que el castigo puede ocurrir, conocido en estudios de laboratorio como evitación activa. El BAS es un sistema biológico motivacional, que activa el comportamiento en presencia de señales de recompensa. El BAS representa el motor de la conducta, y a nivel neural se ha relacionado con los bucles tálamo-corticales y con las rutas dopaminérgicas ascendentes. Según el estado actual de conocimientos, la dopamina es el neurotransmisor más implicado en el funcionamiento del BAS. Este sistema se conoce también como el centro de la recompensa.


Gray propuso (1987a, 1987b) que el BAS subyace a la dimensión de impulsividad de la personalidad y es activado por las señales condicionadas de la recompensa o del no-castigo, de tal manera que la dimensión de impulsividad se relacionaba con la fortaleza absoluta del BAS. Extrapolando al modelo de Eysenck, la dimensión de impulsividad está anclada en un extremo por los extravertidos neuróticos (fuerte BAS, o alta impulsividad), y en el otro por los introvertidos estables (BAS débil, o baja impulsividad). Además, como vimos antes, los dos estados emocionales cerebrales son independientes, lo que significa que el BIS y el BAS son ortogonales y, por lo tanto, los rasgos de ansiedad e impulsividad se espera que no correlacionen entre ellos. El BAS se asocia a las conductas de búsqueda y aproximación, y entre sus correlatos cognitivos figuran el estilo holístico y la inteligencia lingüística.


Otro sistema neural descrito por Gray (1987a, 1987b) es el FFS o sistema de ataque/huida. Se corresponde con el instinto de defensa y es un sistema de acción rápida. Se activa principalmente en situaciones de emergencia, generando conductas de agresión defensiva y escape rápido. El FFS media los efectos del comportamiento de acontecimientos aversivos incondicionados (nuevamente incluyendo castigo antes de y frustración a la no recompensa). Tales comportamientos incluyen a) huida (escape rápido de la fuente del castigo) y b) lucha (agresión "defensiva", según se  distingue  de la agresión depredadora). Hoy las neurociencias lo localizan como propio del hemisferio cerebral derecho, principalmente se le ubica en las estructuras del hipotálamo y la amígdala. La monoaminoxidasa (MAO) y el nivel de testosterona figuran entre sus correlatos neurofisiológicos (Zuckerman, 1998). También se relaciona con ciertas peculiaridades de los potenciales evocados, que normalmente se interpretan como fallos en los procesos de inhibición cortical. Sabemos, además, que existen conexiones nerviosas que parten de los sentidos y acceden directamente al sistema límbico, generando respuestas instantáneas previas a la percepción consciente (Le Doux, 1996). La dimensión derivada del FFS, en el  modelo, es el rasgo de hostilidad. La activación de este sistema de acción rápida (Gray, 1987a, 1987b), responde a los estímulos negativos no condicionados (es decir estímulos naturalmente dolorosos), y es la base de las emociones de rabia y pánico, y media el comportamiento de lucha/huida. El estilo intuitivo, la inteligencia viso-espacial y los procesos creativos son los correlatos cognitivos de este sistema.


Por otra parte, las investigaciones se han concentrado en dos de los sistemas generales, considerándolos sistemas de motivación base del comportamiento humano. El BAS, el cual se cree que regula los motivos apetitivos y en el cual la meta es moverse hacia algo deseado, y el BIS, en el cual la meta es evitar o alejarse de algo desagradable. Como señalamos antes, Gray (1987 a, 1987b) también ha discutido que las dimensiones de la personalidad pueden reflejar diferencias individuales en el funcionamiento de estos sistemas emocionales. En suma, el BIS puede ser responsable de diferencias individuales en ansiedad y el BAS, de diferencias individuales en impulsividad.


Finalmente, en los 90, los últimos delineamientos de la teoría de Gray se han mantenido semejantes a los ya expuestos. Sin embargo, la teoría y su autor (Gray, 1994) les ha sugerido a muchos investigadores que teóricamente la inhibición conductual está relacionada con un riesgo mayor para la psicopatología de origen emocional; es decir, las dimensiones de ansiedad y de impulsividad como rasgos temperamentales o de personalidad pueden estar relacionados con una gran variedad de estados emocionales negativos, incluyendo grados variados de reactividad emocional y de estilos regulatorios disfuncionales (Gray, 1994). La literatura especializada que relaciona las dimensiones de Gray con psicopatologías es vasta (Fowles, 1993) y se sale de los objetivos de la presente revisión, por lo cual sólo algunos estudios se mencionan brevemente aquí. Por ejemplo, altos niveles de BIS están relacionados con ansiedad (Gray, 1982) y los niveles bajos del BIS con el trastorno de déficit de atención con hiperactividad (TDAH; Barkley 1997) y psicopatía (Fowles, 1993). El alto nivel de BAS se ha considerado para ayudar a explicar el desorden antisocial de la personalidad (Quay, 1993), y el nivel bajo de BAS se ha considerado con respecto a la depresión (Depue, Krauss, & Spoont, 1987). La variabilidad en actividad de BAS se ha propuesto para explicar desorden bipolar, con la manía considerada como el resultado de la alta actividad de BAS (Depue et al., 1987).


La teoría de Gray predice, generalmente, que los individuos impulsivos con BAS fuerte deben ser más sensibles a las señales de recompensa, comparados con los individuos impulsivos de BAS débil; y los individuos con ansiedad y BIS fuerte deben ser los más sensibles a las señales del castigo, comparados con los individuos con ansiedad y BIS débil. La ortogonalidad del BIS y del BAS sugiere que (1) las respuestas a la recompensa sean iguales en todos los niveles de BIS/ansiedad-rasgo y (2) las respuestas al castigo deben ser iguales en todos los niveles de BAS/impulsividad-rasgo. Esto es lo que Corr (2001) llama la hipótesis de los "subsistemas separables". Además, Corr propone otra hipótesis de "subsistemas conjuntos", que complementa la anterior. Uniendo ambas hipótesis se argumenta que el BIS y el BAS son subsistemas que pueden analizarse por separado, pero que también se afectan de una manera interdependiente. 


Varios autores han señalado que estas propuestas de Corr (2001) pueden ser muy relevantes para explicar los resultados contradictorios al analizar la teoría de Gray (De Pascalis, Arwari,  Matteucci & Mazzocco, 2005; Matthews & Gilliland, 1999). Corr basa su hipótesis de los "subsistemas conjuntos", considerando que el BIS y el BAS tienen el potencial de influenciar el comportamiento a través del castigo y la recompensa mediados, teniendo presente como antecedente un nivel de activación diferente a cero en el BIS y el BAS. De acuerdo con esta hipótesis, la ansiedad y la impulsividad pueden producir efectos funcionalmente interdependientes: (a) Los individuos impulsivos-rasgo/baja ansiedad deben exhibir las respuestas deseables más altas y las emociones positivas; (b) los individuos ansiosos-rasgo/con poca impulsividad deben demostrar las respuestas negativas más altas y las emociones negativas. Según Corr (2001), la hipótesis común de los subsistemas no se debe considerar en contra de la teoría original de Gray, sino complementaria dentro de un modelo dual de procesos de funcionamiento del BIS y del BAS. Estos supuestos están aún por demostrarse y no existen evidencias concluyentes acerca de lo correcto de los mismos (por ejemplo: De Pascalis y colegas, 2005).


Cabe una breve nota para señalar que la teoría de Gray, aunque aún conserva la conceptualización original, es conocida recientemente bajo el nombre de teoría de la sensibilidad al reforzamiento (RST; Pickering et al., 1997). Además, Gray y cols. ofrecieron una aclaración en cuanto a la rotación de 45° en los ejes del campo factorial de Eysenck, señalando que una rotación de 30° sería más exacta (Pickering, Corr, & Gray, 1999).


La extrapolación de los sistemas BIS/BAS a la investigación aplicada



Como vimos, la desinhibición como concepto teórico tiene su origen en la tradición Pavloviana, y ha adquirido un significado preciso en ese contexto. De acuerdo con Mackintosh (1974), Pavlov definió la desinhibición como el proceso que, durante la extinción, sirve para incrementar la fuerza de la respuesta condicionada (RC) en ese ensayo. Gorenstein y Newman (1980), por su parte, señalaron que la intención al utilizar este término fue el de connotar la disrupción de los procesos inhibitorios activos regulando la tendencia a responder.


Particularmente, los datos de animales con lesión septal o en el hipocampo, le permitieron a Gray, en los años 70, desarrollar una  interpretación fisiológica novedosa para interpretar el concepto de "extraversión" de Eysenck. Y ésta se convirtió en una nueva fuente de desarrollo teórico para interpretar comportamientos humanos; no por la importancia de ubicar lesiones en el sistema límbico sino por las características perceptuales, motivacionales y psicológicas que involucraba la disfunción límbica en los animales. Así aparecieron propuestas sobre la extrapolación del modelo, como una analogía válida para estudiar comportamientos humanos, tales como la impulsividad, la ansiedad, etc. (por ejemplo ver: Gorenstein y Newman, 1980).


Al extrapolar el sistema BAS al comportamiento humano, se considera que el BAS activa las conductas de acercamiento en respuesta a las pistas o señales de  recompensa o no-castigo. De esta manera, se puede considerar que el BAS es el motor del comportamiento y el BIS es el sistema de frenado. Las señales de castigo, no-recompensa, estímulo novedoso, y estímulo de temor innato llevan a la inhibición del comportamiento, a un incremento de alertamiento tenso, y a un incremento de la atención. El sistema puede considerarse tanto a nivel cognitivo como fisiológico (Fowles, 1988; Gray 1982). A nivel cognitivo, el papel del BIS es el de comparar el estado actual del mundo con las expectativas, e inhibir y modificar la conducta que lleva a desviaciones de las expectativas. Así como los rasgos de aproximación o acercamiento están asociados con el BAS, de igual manera los rasgos inhibitorios y de evitación están asociados con el BIS. Se ha supuesto que la ansiedad y el neuroticismo reflejan niveles altos y crónicos de la función del BIS (Gray, 1994); el afecto negativo y el estado de ansiedad son marcadores del estado de activación del BIS.


Más recientemente, las evidencias experimentales indican que la existencia de los dos sistemas motivacionales que subyacen al comportamiento animal, han sido comprobadas en el ser humano. De hecho, la teoría de Gray ha sido apoyada en humanos, por estudios de aprendizaje (Corr, Pickering, & Gray, 1997), de desempeño (Gómez & McLaren, 1997; Hagopian & Ollendick, 1994), por estudios electroencefalográficos (De Pascalis, Fiore, & Sparita, 1996; Harmon-Jones & Allen, 1997; Sutton & Davidson, 1997), por estudios de las respuestas al estrés cardíaco (Heponiemi, Keltikangas-Jarvinen, Kettunen, Puttonen, & Ravaja, 2004), y por estudios clínicos sobre diversas psicopatologías (Meyer, Johnson, & Winters, 2001), entre muchos otros; aunque también hay hallazgos conflictivos (ver una revisión: Matthews & Gilliland, 1999).


Sin embargo, la extrapolación de la teoría experimental de Gray a la investigación humana y aplicada ha enfrentado dificultades muy complejas, particularmente la evaluación de los sistemas (ver revisiones: Corr, 2001; Pickering et al., 1997; Torrubia, Avila, Molto, & Caseras, 2001). De acuerdo con Ávila y Torrubia (2005), los investigadores que han utilizado el modelo de Gray han encontrado un buen número de problemas. En primer lugar, la investigación con animales ha utilizado reforzadores que son claramente de relevancia para ellos (e.g., alimento, choques eléctricos, etc.) pero es poco probable que los procedimientos experimentales con humanos utilicen reforzadores realmente relevantes para ellos. En segundo lugar, la investigación ha utilizado, por lo general, una mezcla de estímulos condicionados e incondicionados; esto hace difícil saber, en algunos casos, si los resultados pueden atribuirse a la sensibilidad a los estímulos condicionados o a los incondicionados. En tercer lugar, los métodos basados en auto-reportes para valorar la reactividad y responsividad del BIS y del BAS, no siempre han estado al alcance de los investigadores. En último lugar, se ha señalado la importancia de incluir medidas (escalas) de ansiedad y de impulsividad al evaluar el modelo. Esto porque la desinhibición puede deberse a un fuerte BAS o a un débil BIS, por lo que la inclusión de ambas dimensiones debe considerarse simultáneamente para ofrecer una interpretación clara.


Por otra parte, se desarrolla un debate actual al incluir medidas reconocidas de ansiedad y de impulsividad para validar las medidas de BIS y BAS (Corr, 2001; MacAndrew & Steele, 1991;  Matthews & Gilliland, 1999). Esto porque las pocas medidas desarrolladas directamente de la teoría de Gray no parecen tener la misma interpretación de la teoría (ver: Carver & White, 1994; Caseras,  Ávila, & Torrubia, 2003) y, además, no muestran consistentemente, confiabilidad interna con diferentes muestras, ni validez convergente entre escalas (Torrubia, Ávila, Molto, & Caseras, 2001; Wilson, Barrett, & Gray, 1989; Wilson, Gray, & Barrett, 1990; Gómez & Gómez, 2005; Jorm y colegas, 1999). Y, sumado a lo anterior, parece favorecerse un razonamiento circular en el sentido que si se encuentran las relaciones esperadas entre medidas de BIS y medidas de ansiedad, se puede cuestionar qué estamos midiendo, si ansiedad como rasgo (o estado), o BIS. El mismo razonamiento aplica a las medidas de BAS e impulsividad; aunado en este último caso, al problema que representa la valoración de la impulsividad, que ha eludido una conceptualización y operacionalización clara y común, por décadas, y que sencillamente se le reconoce como multifactorial, en espera de una mejor explicación (Zuckerman, 1983; Solís-Cámara, 1996). 


Finalmente, este estado actual de la investigación aplicada al parecer actúa como causa y efecto del interés creciente por los estudiosos de la psicología en llevar a cabo investigación no sólo con jóvenes universitarios sino con la población general y en mayor número de países (i.e., Jorm y colegas, 1999). Latinoamérica parece ausente en estos desarrollos, por lo que esperamos que este estudio contribuya a despertar el interés.

 

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Comentarios a este trabajo



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Luis Enrique Juárez Raya: Estaba tratando de encontrar la relación entre el riesgo de desarrollara diabetes no dependiente de insulina y la presencia de ansiedad, pero era una fórmula muy vaga. La teoría que expones en tu trabajo me da un marco de referencia mucho más adecuado para sistematizar mi trabajo. Estoy haciendo mi tesisde licenciatura.

 

HERMINIA ARETUO: Felicitaciones al equipo médico. Un especial saludo a Dr. Tsaltas. Lic. Herminia Aretuo Tsaltas Bs as r. Argentina.

 

norbelys: Está muy bueno su artículo, pero considero que le faltó indagar un poco más. Felicitaciones.

 

cristina: Desde España una "casi psicóloga" desea felicitar a la autora. Me ha aclarado varias dudas sobre el modelo de gray. Mil gracias

 

francisco javier vaca torres: El articulo es muy bueno, me gustaría recibir más información en mi e-mail. gracias!

 

Angelica: Es un tema muy amplio y poco abordado, faltaron algunos conceptos y sobre todo los tipos de temperamento que hay.

 

ma teresa esquivel: me parece un articulo por demás muy completo, fundamentado y desarrollado con profesionalismo. Felicito a los autores.

 

daniela: Me pareció un artículo muy completo, el tema fue tratado de excelente manera y fue muy bien desarrollado. Felicidades.

 

Fco. Javier López.: Como colega psicólogo, felicito a los autores de este laborioso y muy preciso artículo. Pienso que es una muy buena contribución para los especialistas de corte cognitivo-conductual en Iberoamérica. Una buena recopilación, exposición y teoría. Les animo a que sigan en esta línea y mi más sincera gratitud.

 



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