Sistemas de inhibición (BIS) y activación de comportamiento (BAS): antecedentes y estado actual en el campo de la psicología aplicada
Yolanda Medina Cuevas Psicóloga
Magíster en Psicoterapia Gestalt Laboratorio de Ciencias de la Conducta del Centro de Investigación Biomédica de Occidente
Aguascalientes, México
Lorena Barranco Jiménez Licenciada en Psicología.
Magíster en Psicoterapia Gestalt.
Aguascalientes, México.
Brenda Lucía Rodarte Acosta Licenciada en Psicología.
Magíster en Psicoterapia Gestalt.
Aguascalientes, México.
Pedro Solís-Cámara R. Licenciado en Psicología, Universidad Autónoma de San Luís Potosí.
Magíster en Psicología, Ohio State University.
Doctor en Psicología, Marquette University.
Doctor en Psicología de la Salud, Universidad de Guadalajara, México.
Antes de adentrarnos en los antecedentes directos de los conceptos de inhibición, nos parece necesario hacer algunas aclaraciones. En primer lugar, conviene delimitar el papel del análisis de la conducta (AC), como una orientación de la psicología, en el estudio de la personalidad humana. Algunas imprecisiones conceptuales requieren aclaración, ya que pueden confundir a los interesados en el tema. Por ejemplo, Chaplin y Krawiec (1978), en su capítulo sobre personalidad, incluyeron una sección nombrada: Behaviorismo (i.e., conductismo) y personalidad. Esta es una imprecisión conceptual que puede confundir porque hace pensar en la relación entre una filosofía (conductismo) y un concepto (personalidad); en palabras del propio Skinner: "El conductismo no es la ciencia de la conducta humana; es la filosofía de esa ciencia" (1974, p. 3). Más adelante, al referirse al estudio de la personalidad por parte del "conductismo", siguiendo a los mismos autores, se argumenta que: "no puede haber teoría behaviorista de la personalidad…" (p. 466), y señalan que tanto Watson como Skinner negaron rotundamente la validez de "entidades hipotéticas dentro del individuo" (p. 466), con lo cual daríamos por terminado el tema. Sin embargo, los mismos autores aclaran, sin ser su propósito, una importante diferenciación, al mencionar el libro de Lundin (Personalidad: un análisis conductual, publicado en 1969), y al agregar que los lectores se sentirán decepcionados al leer el libro y no encontrar menciones a rasgos, o entidades semejantes, sino a experimentos de condicionamiento clásico y operante. A lo que agregamos, que no podía ser de otra manera, ya que el AC puede tratar con el tema de personalidad pero, por supuesto, lo hará con sus propios conceptos y metodología (Hurtado, 2006), y alejándose del conductismo radical (i.e., Skinner).
En otras palabras, para adentrarnos en los antecedentes de los conceptos de inhibición, podemos enmarcarlos en alguna variante de conductismo metodológico (Hurtado, 2006), o sencillamente referirnos a estudios experimentales muy específicos del comportamiento. En este contexto es importante reconocer la influencia histórica (con representantes como Wundt y Pavlov) de la aproximación experimental con el objetivo de explicar procesos psicológicos básicos, tales como el aprendizaje, la motivación, etc. En suma, la investigación experimental del comportamiento se enfocó en el análisis de la varianza en relación al efecto de diversas manipulaciones experimentales sobre el comportamiento y rechazó conceptos tradicionales de personalidad (Buss & Poley, 1979).
La literatura especializada considera que fue Pavlov quien, al estudiar los reflejos condicionados en los años 20 del siglo pasado, señaló que se encontraban dos tipos de asociación entre los estímulos y las respuestas, y que ocurrían en sentidos opuestos: la excitación y la inhibición. Menciona Ferré (1989) que en los escritos rusos se menciona que, probablemente la naturaleza propia de la inhibición (en este sentido la ausencia de respuestas cuando éstas se esperan), hizo a Pavlov llamar a la inhibición la "cuestión maldita".
La literatura deja ver que a Pavlov le preocupaba que todos sus sujetos experimentales no reaccionaran de manera semejante a la excitación y a la inhibición; es decir, le preocupaba la variabilidad mostrada por sus sujetos. Se reconoce que como resultado de este problema él desarrolló sus tipologías, no como una teoría de la personalidad, sino para sistematizar la variabilidad encontrada (Ferré, 1989). Por ejemplo, al estudiar el condicionamiento diferencial en perros, Pavlov aplicó los conceptos de excitación e inhibición. De acuerdo con Buss y Poley (1979), Pavlov postuló que los perros "coléricos" tenían un sistema nervioso en el que la excitación predominaba sobre la inhibición, y esos perros formaban asociaciones condicionadas positivas de manera más fácil que las asociaciones de inhibición. En contraste, los perros "melancólicos" podían describirse con predominio de la inhibición sobre la excitación.
Esos trabajos de Pavlov fueron la fuente de inspiración y base de los primeros esfuerzos de Eysenck (1955) y Gray (1967), por extrapolar los análisis experimentales con animales a los humanos. Sin embargo, es claro que en estos antecedentes no se observaba la mención de las diferencias individuales, ni quedaba claro cuál era el sustrato biológico (constitucional) de los individuos.
Por otra parte, de acuerdo con la revisión de Buss y Poley (1979), en los años 70 hubo propuestas de acercamiento entre orientaciones tradicionales de la psicología, como la correlacional (con representantes como Galton y Spearman) y la experimental, antes mencionada. Esos autores mencionan que una propuesta fue la de Cronbach, quien ha sostenido que "… es preciso tomar simultáneamente en consideración la varianza entre los organismos (diferencias individuales) y la varianza que se asocia a diversos tratamientos experimentales (diferencias de tratamiento)" (p.10). Otra alternativa proponía la inclusión de las diferencias individuales en los rasgos al estudiar los procesos psicológicos básicos. "Este modo de abordar el estudio está bien representado por las obras de Eysenck y Gray…" (Buss & Poley, 1979; p.10).
Una década después, Ferré (1989) hizo referencia a esta situación: "El asunto de la inhibición está muy relacionado con el tema de las diferencias individuales, con lo que podríamos llamar personalidad, es así como la mayor parte de las teorías de la personalidad de base científica admiten que la susceptibilidad a la inhibición es uno de los rasgos importantes a la hora de establecer diferencias entre los individuos de una misma especie. El hecho de que la personalidad tiene un claro correlato fisiológico-constitucional nos conduce a otro tipo de estrategia para el estudio de la inhibición" (p. 40). Efectivamente, en la actualidad el fenómeno al que se refiere Ferré (1989) se le ha nombrado como inhibición de comportamiento (IC). Es decir, a la sensibilidad temperamental a los estímulos aversivos se le ha considerado como una dimensión de las diferencias individuales con substrato biológico. Se ha especulado que esta sensibilidad temperamental constituye un factor de riesgo para la ansiedad psicopatológica, entre otras conductas anormales.
Existen diversas conceptualizaciones de la IC, aunque dos han sido las más reconocidas. Una fue propuesta por Kagan (1994) y otra por Gray (1994). Kagan (1994) describió la IC ante lo desconocido como un perfil temperamental del desarrollo humano, caracterizado por inhibición ante los eventos novedosos, de naturaleza social o no. El fundamento de tales supuestos ha sido enmarcado en correlatos fisiológicos tales como los niveles de cortisona en la saliva que, a su vez, son función de la excitabilidad del sistema límbico. Por su parte, Gray (1994) delimitó a la IC como un reflejo de una predisposición a reaccionar con ansiedad ante los estímulos o eventos que indican castigo, desconocimiento y no recompensa. Este concepto incluye el supuesto de que existen diferencias individuales en la sensibilidad del sistema neurológico de los individuos ante señales medioambientales relevantes.
En este artículo se revisa con mayor detalle la teoría de Gray. Pero la teoría de la personalidad de los Eysenck, Hans y Sybil está asociada conceptual y empíricamente con la de Gray; por lo tanto, se revisa primero la de los Eysencks, porque es la que da pie y, hasta cierto grado, validez a la otra, como veremos. En este trabajo, salvo que se cite a ambos Eysencks, las referencias corresponden a H. J. Eysenck quien fue el teórico principal en la pareja. Un análisis completo de la teoría de personalidad de Eysenck sale de los alcances de este trabajo; para evitar traicionar la obra de Eysenck, como ha señalado un autor en referencia a parcialidades sobre la obra de Eysenck (Pelechano, 1997), aclaramos que nos concentramos en las aportaciones que se consideran relevantes para la teoría de Gray.
La teoría de personalidad de Eysenck
Parece importante aclarar aquí qué posición tomó Eysenck con respecto a la tradición "constitucionalista" de la personalidad. La tradición constitucionalista se enfocó en dos grandes líneas de investigación (Gutiérrez Maldonado, 1997). Una desarrolló muchos estudios relacionando los aspectos morfológicos de la constitución con el temperamento; pero sus supuestos sobre las tipologías corporales se consideran prácticamente inexistentes hoy en día (Gutiérrez Maldonado, 1997). La otra línea se centró en los aspectos fisiológicos de la constitución, y su origen proviene de la Escuela de Londres, cuyo líder fue Charles Spearman. Entre sus más destacados estudiosos estuvieron Cattell y H. J. Eysenck (nacido alemán, pero considerado psicólogo inglés) (Mace, 1970). Las aportaciones de esta escuela se pueden sintetizar en el uso de técnicas estadísticas que fueron aplicadas a una gran variedad de constructos, destacando los de inteligencia (Pelechano, 1997) y personalidad, y en esta última relacionando dimensiones del temperamento con aspectos morfológicos y fisiológicos. En esta línea, es el enfoque de Eysenck el que genera una gran cantidad de investigación hasta nuestros días (Errasti, 1998; Gutiérrez Maldonado, 1997).
Entonces, Eysenck representa el continuador de la tradición que busca la explicación de las diferencias de personalidad en las diferencias tanto estructurales como funcionales de los organismos. Es por esta creencia que Eysenck desarrolló un modelo jerárquico de la personalidad: en la base se ubicaron las reacciones, por encima los hábitos, y encima de ellos los rasgos, y finalmente los tipos o dimensiones de personalidad (Gutiérrez Maldonado, 1997).
En los años 50, Eysenck desarrolló una teoría de dos factores de personalidad, extraversión (E) y neuroticismo (N). En esos años recurrió a los conceptos de inhibición y excitación al intentar explicar las diferencias individuales en E, y con un marco de referencia del aprendizaje Hulliano; posteriormente identificó los conceptos de excitación e inhibición con fundamento en el sistema de activación reticular. También intentó el enlace de N con el sistema nervioso autónomo y, a su vez, con el sistema límbico. Se reconoce, sin embargo, que en ese periodo la principal investigación se realizó con la dimensión E (Buss & Poley, 1979). En los años 70, agregó la dimensión de psicoticismo (P), y además desarrolló una escala independiente, la I, para medir impulsividad (Barrat & Patton, 1983). Estas dimensiones fueron estudiadas por medio del análisis factorial, permitiendo a Eysenck determinar que éstas correspondían a factores de orden superior (o superfactores), los cuales se explicaban en términos de la velocidad en los niveles de excitación cortical. Las tres dimensiones han sido denominados de forma diversa en el tiempo, pero conservando la característica de incluir, en un continuo, un rasgo opuesto dentro de sí, los cuales serían: psicoticismo frente a control de los impulsos o normalidad, extraversión frente a intraversión, y neuroticismo frente a estabilidad emocional.
En el caso de la extraversión-introversión, Eysenck hipotetizó que la dimensión reflejaba un equilibrio entre "inhibición" y "excitación" en el propio cerebro. Se reconoce la influencia de los estudios de Pavlov para explicar algunas de las diferencias halladas en las reacciones al estrés de sus perros. Sin embargo, la hipótesis que estableció Eysenck no se fundamentó en el comportamiento: "las personas introvertidas se caracterizan por fuertes potenciales de excitación y bajos de inhibición, mientras que las extrovertidas se caracterizan por potenciales débiles de excitación y fuertes de inhibición" (Buss & Poley, 1979, p. 79). Es decir, desde el punto de vista del comportamiento esta hipótesis no parecía tener sentido, ya que uno esperaría que, por ejemplo, la persona extrovertida tuviese altos potenciales de excitación y no lo contrario. La razón de esta aparente confusión se debe a que la hipótesis fue de naturaleza fisiológica, no conductual, específicamente fundamentada en el sistema reticular ascendente.
En palabras de Buss y Poley (1979), "…el introvertido está marcado fisiológicamente por una fuerte excitación de la corteza por la formación reticular; pero tiene una inhibición débil de su patrón de excitación…, el extrovertido, debido a su bajo estado de excitación buscará la estimulación externa para elevar el nivel de excitación cortical a una altura óptima" (p. 79). Esta dimensión fue objeto de la mayoría de las investigaciones experimentales de Eysenck. Las características del extrovertido son las siguientes: Por los métodos hulliano y pavloviano, el condicionamiento es más pobre que en los introvertidos y depende de las propiedades del sistema nervioso central. Constitucionalmente predispuestos a desarrollar potenciales excitantes débiles y fuertemente inhibitorios, los extrovertidos muestran disgusto ante tareas repetitivas. Se extinguen con mayor prontitud las conductas aprendidas y mayor saciedad de tarea. Se relacionan con los tipos colérico y sanguíneo de Hipócrates.
Las características del introvertido son las siguientes: Con los métodos hulliano y pavloviano, el condicionamiento es mejor que en los extravertidos y depende de las propiedades del sistema nervioso central. Constitucionalmente están predispuestos a desarrollar potenciales de gran excitabilidad y débil inhibición. Son más rápidos en tareas de computación cuando las presiones son bajas, pero no cuando las presiones cambian con rapidez. Copian dibujos con mayor rapidez y los recuerdan durante más tiempo. Segregan más saliva al ser estimulados con jugo de limón. Se relacionan con los tipos melancólico y flemático de Hipócrates.
Con respecto a la dimensión, N. Eysenck se refirió a una que oscila entre aquellas personas normales, calmadas y tranquilas y aquellas que tienden a ser bastante "nerviosas". Su investigación demuestra que estas últimas tienden a sufrir más frecuentemente de una variedad de "trastornos nerviosos" que llamamos neurosis, de ahí el nombre de la dimensión. Pero debemos precisar que él no se refería a que aquellas personas que puntuaban alto en la escala de neuroticismo son necesariamente neuróticas, sino que son más susceptibles a sufrir problemas neuróticos. Eysenck estaba convencido de que, ya que todo el mundo calificaba en algún punto de esta dimensión de estabilidad emocional a neuroticismo, esto era un indicador verdadero del temperamento; es decir, que esto era una dimensión de la personalidad apoyada genética y fisiológicamente.
En esta dimensión, el neuroticismo o la vulnerabilidad para la neurosis implica una baja tolerancia para el estrés, sea física, como en las situaciones dolorosas, o bien sea psicológica, como en las situaciones conflictivas o de frustración. La relación existente entre neuroticismo y estrés es muy marcada, de tal modo que puntajes altos en neuroticismo pueden ser indicadores de vulnerabilidad al estrés. Los rasgos predominantes en esta dimensión son: sugestionabilidad, falta de persistencia, lentitud en pensamiento y acción, poca sociabilidad y tendencia a reprimir hechos desagradables. Los sujetos que pertenecen al polo contrario, de estabilidad emocional, se excitan con dificultad, son calmados y descuidados, según Eysenck y Rachman (1965).
A nivel causal, parece ser que las diferencias que presentan los individuos a lo largo de esta dimensión vienen medidas por las diferencias genéticas en la excitabilidad y labilidad del sistema nervioso autónomo. Es decir, aquellos sujetos que presentan valores altos en esta dimensión están constitucionalmente predispuestos a reaccionar de manera intensa en su sistema nervioso autónomo, y en especial la rama del simpático hacia los diversos estímulos que llegan, mientras que los demás sujetos lo hacen menos intensamente. La definición del neuroticismo de Eysenck es multifactorial. Por una parte depende de características de tipo genético, lo que puede llevar a una mayor o menor predisposición hereditaria. Y, por otra parte, de característica de tipo ambiental, por ejemplo el grado de estrés. La interacción de estos dos factores delimitaría el grado de neuroticismo de cada sujeto. Uno de los rasgos propios de esta dimensión de la personalidad es la ansiedad, lo que explica por qué esta dimensión es la que se ha asociado con la propuesta por Gray, como veremos más adelante.
La dimensión P es de aparición más reciente y describe comportamientos anormales de las personas. En el caso del psicoticismo se establece una continuidad entre el comportamiento normal y el comportamiento psicótico, es decir, que va desde el comportamiento normal, pasando por el criminal, psicopático, alcohólico, el de adicción a las drogas, hasta el esquizoide y los estados completamente psicopáticos (Eysenck & Eysenck, 1987, p. 77). Esta dimensión plantea que el psicoticismo puede considerarse como una dimensión general de la personalidad, independiente del neuroticismo y heredada de forma poligénica. Las características más importantes de los sujetos con puntuaciones altas en psicoticismo radican en que son personas solitarias, problemáticas, que están buscando constantemente sensaciones y son amantes de cosas extrañas y poco usuales. Las puntuaciones altas en psicoticismo suelen correlacionar positivamente con medidas de rasgos como inmadurez, irresponsabilidad, oposición a la autoridad, independencia y dificultad para ser gobernado. Tienden a ser sujetos poco cooperativos, con puntuaciones pobres de vigilancia, con dificultades para mantener la atención, y manifiestan un alto grado de creatividad u originalidad, tienden a infravalorar a las otras personas y, por ser especialmente autoritarios, sus producciones artísticas son extravagantes. De la misma forma que el neuroticismo, la alta puntuación en psicoticismo no necesariamente indica que se es psicótico o que se está condenado a serlo, simplemente se tienen cualidades que se hallan con frecuencia entre psicóticos y que probablemente serán más susceptibles, en ciertos ambientes, a volverse psicóticos.
Se reconoce que el debate más acalorado sobre la utilidad de la teoría de rasgos ocurrió en los años 80 (Zuckerman, 1983). Zuckerman consideraba que en esos años ya se había demostrado que el trabajo genético de Eysenck y sus colegas demostraba solidamente que por lo menos el 50% de la varianza de los rasgos propuestos por los Eysencks está determinado genéticamente. "Pero puesto que es difícil ver cómo los genes determinan directamente los rasgos de personalidad, debemos considerar los rasgos biológicos intermedios que puedan ligar los genes con patrones de comportamiento consistentes" (p.35).
En esa década, es sencillo rastrear trabajos donde se cita a los Eysencks y se ofrecen diversas propuestas, aún en el idioma español. Por ejemplo, Ferré (1989) menciona que había interés en extrapolar la teoría de Eysenck al campo de la psicología animal. Por su parte, Ardila (1991) menciona varios trabajos interesados en probar la teoría de Eysenck, e inclusive Sybil Eysenck publicó en la Revista Latinoamericana de Psicología (Eysenck & Porrata, 1984).
Sin embargo, las explicaciones fisiológicas y morfológicas del trabajo de Eysenck (1967, 1981) no han estado exentas de críticas severas (Buss, 1984). Por ejemplo, a Eysenck se le ha enmarcado entre los genetistas conductuales o del comportamiento, particularmente porque él ha argumentado que la genética puede determinar diferencias individuales relevantes dentro de nuestra especie, al identificar los rasgos con la mayor carga hereditaria. Sin embargo, se señala que él, como otros, evitan la discusión de la naturaleza humana al restringir su estudio fundamentalmente a una sola especie y al aplicar estos supuestos con un enfoque tipológico (Buss, 1984). Autores como Buss, señalan que temas conceptuales importantes, tales como la permanencia de "comunalidades" entre la gente, en su acción, motivación y cognición debiesen resolverse primero. Otros autores también han criticado la "simplicidad" de la propuesta de Eysenck, ya que algunos conceptos, como la motivación, no han sido explicitados o trabajados más. Por ejemplo, Gutiérrez Maldonado (1997) señala que en el libro de Eysenck y Eysenck sobre personalidad y diferencias individuales, el concepto motivación aparece una sola vez (p. 289) y en el capítulo de ansiedad.
Además, para fines de la década de los 80, severas críticas al modelo genetista surgieron de los estudios con gemelos idénticos. En una revisión publicada por la revista oficial de la American Psychological Association (Loehlin, 1989) se parte de un análisis de los estudios sobre los supuestos de los Eysencks y después se analizan los resultados de los estudios con gemelos y con medidas de los dos rasgos más relevantes de la teoría de Eysenck. Por su importancia aquí se reproduce la cita completa:
"La dimensión que Eysenck nombró neuroticismo no se refiere a una neurosis psiquiátrica como tal, sino a un rasgo general de personalidad que va desde el lado con ajuste emocional estable hasta el otro con inestabilidad emocional y desajuste (e.g., Eysenck, 1982). Tal dimensión de desajuste emocional, con diferentes nombres, es casi siempre encontrada como uno de los primeros dos o tres factores principales cuando se analizan factorialmente las escalas o inventarios de personalidad. La versión de Eysenck de la segunda dimensión, extraversión - introversión, está bastante cercana a la noción popular que contrasta en un extremo a la persona de fácil trato, impulsiva, sociable con el otro extremo del individuo tímido y aislado. Tal tipo de dimensión también es hallada regularmente en los análisis factoriales de los inventarios de personalidad" (p. 1285).
Los resultados de los estudios analizados por Loehlin (1989) indican que las correlaciones de estas dimensiones (N y E-I) fueron las esperadas en todos los estudios revisados. Pero correlaciones aisladas no significan gran cosa sino "encajan" en un modelo que explique la variabilidad de los resultados obtenidos a lo largo del tiempo. En suma, ese autor consideraba en esos años que el análisis detallado de las influencias genéticas y medioambientales sobre el desarrollo permanecía por aclararse y que resultaba más fructífero para los psicólogos explorar el lado medio ambiental.
En parte por estos señalamientos y por el desconocimiento de los mecanismos genéticos, en los últimos 16 años el panorama de la contribución de los Eysencks parece haberse desvanecido del amplio campo de la Psicología. Pareciera que las palabras introductorias de Zuckerman (1983) al libro que editó en los años 80 y en el cual participó Eysenck, con el marco de la teoría de los rasgos, continuase representando la misma situación: "es descorazonador observar cómo aún los libros más recientes de personalidad utilizan a la teoría de los somatotipos de Sheldon (1899- ?), cómo "la" teoría representativa de los enfoques biológicos de la personalidad ignora u ofrece la más breve mención a la teoría de Eysenck (1967, 1981), la cual se apoya en una amplia base de investigación empírica desarrollada en los últimos 30 años" (p. IX). Sin embargo, el valor del trabajo de Eysenck se está considerando en otras áreas, como el aprendizaje (Furnham, Jackson, Forde, & Cotter, 2001) y en la investigación contemporánea sobre la teoría de Gray, como veremos más adelante.
Los comentarios están ordenados desde el más reciente al más antiguo:
Luis Enrique Juárez Raya: Estaba tratando de encontrar la relación entre el riesgo de desarrollara diabetes no dependiente de insulina y la presencia de ansiedad, pero era una fórmula muy vaga. La teoría que expones en tu trabajo me da un marco de referencia mucho más adecuado para sistematizar mi trabajo. Estoy haciendo mi tesisde licenciatura.
HERMINIA ARETUO: Felicitaciones al equipo médico. Un especial saludo a Dr. Tsaltas. Lic. Herminia Aretuo Tsaltas Bs as r. Argentina.
norbelys: Está muy bueno su artículo, pero considero que le faltó indagar un poco más. Felicitaciones.
cristina: Desde España una "casi psicóloga" desea felicitar a la autora. Me ha aclarado varias dudas sobre el modelo de gray. Mil gracias
francisco javier vaca torres: El articulo es muy bueno, me gustaría recibir más información en mi e-mail. gracias!
Angelica: Es un tema muy amplio y poco abordado, faltaron algunos conceptos y sobre todo los tipos de temperamento que hay.
ma teresa esquivel: me parece un articulo por demás muy completo, fundamentado y desarrollado con profesionalismo. Felicito a los autores.
daniela: Me pareció un artículo muy completo, el tema fue tratado de excelente manera y fue muy bien desarrollado. Felicidades.
Fco. Javier López.: Como colega psicólogo, felicito a los autores de este laborioso y muy preciso artículo. Pienso que es una muy buena contribución para los especialistas de corte cognitivo-conductual en Iberoamérica. Una buena recopilación, exposición y teoría. Les animo a que sigan en esta línea y mi más sincera gratitud.