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Revista » Psicología Teórica y Filosófica / Fundamentos » sistemas de inhibición (bis) y activación de comportamiento (bas): antecedentes y estado actual en el campo de la psicología aplicada

Sistemas de inhibición (BIS) y activación de comportamiento (BAS): antecedentes y estado actual en el campo de la psicología aplicada


 

Yolanda Medina Cuevas
Psicóloga
Magíster en Psicoterapia Gestalt
Laboratorio de Ciencias de la Conducta del Centro de Investigación Biomédica de Occidente
Aguascalientes, México


Lorena Barranco Jiménez
Licenciada en Psicología.
Magíster en Psicoterapia Gestalt.
Aguascalientes, México.


Brenda Lucía Rodarte Acosta
Licenciada en Psicología.
Magíster en Psicoterapia Gestalt.
Aguascalientes, México.


Pedro Solís-Cámara R.
Licenciado en Psicología, Universidad Autónoma de San Luís Potosí.
Magíster en Psicología, Ohio State University.
Doctor en Psicología, Marquette University.
Doctor en Psicología de la Salud, Universidad de Guadalajara, México.


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Fecha publicación: 09/agosto/2007

 








Para citar este artículo:
________________________

Medina Cuevas, Y. (2007, 09 de agosto). Sistemas de inhibición (BIS) y activación de comportamiento (BAS): antecedentes y estado actual en el campo de la psicología aplicada. Revista PsicologiaCientifica.com, 9(48). Disponible en:
http://www.psicologiacientifica.com/bv/psicologia-287-1-sistemas-de-inhibicion-(bis)-y-activacion-de-comportamiento-.html

________________________

 

RESUMEN

Uno de los objetivos del presente trabajo es el de revisar los antecedentes fundamentales de la teoría de Gray (1987a, 1987b) sobre los sistemas de inhibición de comportamiento (BIS, por sus siglas en inglés) y activación de comportamiento (BAS). Para ofrecer una perspectiva panorámica, se incluye una breve revisión de áreas de estudio y conceptos psicológicos que influyeron históricamente en el desarrollo de la teoría de Gray.  Entre ellos se presentan los de la doctrina de los temperamentos, de las diferencias individuales, y de la personalidad.


Otro objetivo es el de revisar los antecedentes contemporáneos de las propias teorías de inhibición, incluyendo las aportaciones de Hans Eysenck y las investigaciones que permitieron el desarrollo conceptual de los sistemas BIS y BAS.


Un último objetivo es el de revisar el estado actual de los esfuerzos por extrapolar al campo de la psicología aplicada, esta teoría desarrollada y apoyada por investigación experimental. En este sentido, las propuestas se han fundamentado en el supuesto de que la personalidad refleja dos sistemas biológico-conductuales fundamentales (BIS y BAS), los cuales están relacionados con las dimensiones de ansiedad e impulsividad de la personalidad. Sin embargo, la medida de las dimensiones BIS-ansiedad y BAS-impulsividad es un problema importante que se deriva de la teoría de Gray. El estado actual se caracteriza por propuestas de varias medidas para valorar el modelo de Gray en el campo de la personalidad y las diferencias individuales, sin consolidarse aún ninguna de ellas. La importancia de este trabajo radica en que, hasta donde sabemos los autores, esta floreciente área de investigación no ha sido presentada a la comunidad académica latinoamericana, ni la revisión de la literatura en esta zona geográfica indica que se esté realizando investigación aplicada sobre el tema.

 

 

 

Diferencias individuales



La psicología diferencial, o de las diferencias individuales, estudia cómo y por qué difieren entre sí los individuos. Un concepto fundamental en el estudio de las diferencias individuales es el de rasgo, concepto también fundamental en las áreas de la personalidad y la evaluación psicológica. Al rasgo se le conceptualiza, generalmente, como una disposición relativamente estable para comportarse de cierta manera (Buss & Poley, 1979).


Tradicionalmente, el interés principal de la psicología diferencial ha sido el estudio de las capacidades mentales (i.e., inteligencia) y la personalidad. A los psicólogos que trabajan en estos temas se les ha conocido también como psicólogos cuantitativos, debido a su utilización de métodos objetivos, como lo son el desarrollo de normas y técnicas correlacionales y factoriales. Históricamente, se considera a Raymond B. Cattell el exponente norteamericano (aún cuando fue Inglés de nacimiento) más sobresaliente en el estudio de las diferencias individuales, tanto en la inteligencia como en la personalidad (Chaplin & Krawiec, 1978).


Además, se considera que el estudio de las diferencias individuales ha influido en casi toda la psicología. Por ejemplo, Snow (1986) argumenta: "Los psicólogos diferenciales estudian la inteligencia; una variedad de habilidades y talentos especiales; creatividad; estrategias y estilos de aprendizaje, motivacionales y cognitivos; intereses; valores, actitudes y toda la personalidad humana, tanto la normal como la anormal. Ellos estudian también las habilidades físicas, sensoriales, perceptuales  y psicomotoras, así como las variaciones biológicas y bioquímicas" (p. 1029).


Snow agrega que las diferencias por género, etnicidad y las socioeconómicas también han sido estudiadas por los psicólogos diferenciales. De hecho, considera que al compararse grupos de edad, individuos con diferentes grados de daño cerebral, o de diferentes culturas, etc., los hallazgos contribuyen al desarrollo de la psicología diferencial, aunque reconoce que quienes trabajan en esos campos no se auto nombrarían psicólogos diferenciales.


Recientemente, un autor ha señalado que la psicología diferencial se concentra en cuatro grandes áreas de análisis: temperamento, inteligencia, motivación y personalidad (Gutiérrez Maldonado, 1997). En el pasado, algunos autores como Catell y Hans J. Eysenck, han elaborado diversas relaciones entre las grandes áreas mencionadas, pero a pesar de sus diferentes perspectivas, se reconocen a éstas como comunes en sus propuestas.


No es objetivo de este artículo abordar las diferencias conceptuales entre las propuestas de autores como los mencionados, pero dado que un antecedente común a  ellas son las doctrinas griegas referentes al temperamento y a las características constitucionales (composición de los organismos), se revisan brevemente los conceptos de temperamento hasta nuestros días.


La doctrina de los temperamentos


El fundador de la doctrina del temperamento es también reconocido como el padre de la medicina, Hipócrates (siglo V a.c.), y la doctrina misma se transmitió como doctrina médica. Hipócrates sugirió que cuatro humores o líquidos orgánicos fundamentales, a los cuales atribuía la génesis y el mantenimiento de la vida  (sangre, bilis, flema o linfa, bilis negra o atrabilis) correspondían a los cuatro elementos del macrocosmos. Estaba convencido de que la vida bullía en estos líquidos o humores del cuerpo y sobre la base de esos humores los hombres podían ser distribuidos en cuatro tipos de temperamentos, según predominara uno u otro de esos líquidos. De acuerdo con Buss y Poley (1979), estos tipos son: a) Temperamento sanguíneo, que correspondía al predominio de la sangre y representaba a individuos con tendencias a la irreflexión, a ser sociables, optimistas, persistentes, etc. b) Temperamento colérico, que establecía el predominio en su organismo de la "bilis amarilla" y a sus individuos los describía como irascibles, impacientes, obstinados, vengativos, etc. c) Temperamento flemático, en los que predominaba la flema; es decir, que correspondía a individuos reflexivos, silenciosos, imperturbables, etc. d) Temperamento melancólico, en los que predominaba lo que Hipócrates llamaba la "bilis negra", se les definía como tipos nerviosos, tristes, deprimidos, etc.  


De acuerdo con Abbagnano (1985), esta doctrina sobre los temperamentos fue aceptada prácticamente sin discusión ni modificación durante siglos. Galeno, Platón, Aristóteles y Plutarco, entre otros, aceptaron en forma unánime la doctrina Hipocrática, aunque también mencionaron la existencia de otras, pero no  relacionaron esas doctrinas con sus propias filosofías (Abbagnano, 1985). La doctrina de los temperamentos pasó, a través de los médicos y los magos, la Edad Media y el Renacimiento sin mayores modificaciones. Fue Kant el primero en señalar la distinción entre lo fisiológico (constitución fuerte o débil) y lo propio del alma o psicológico (del poder afectivo y apetitivo); pero después volvió a la vieja clasificación. Wundt (1832-1920) se refirió también a los temperamentos hipocráticos, en su tratado sobre la psicología fisiológica (Abbagnano, 1985). En ese mismo sentido, es decir, fundamentados en la fisiología o en los procesos del sistema nervioso, otros como Pavlov (1849-1936), trabajaron con "tipos" de personalidad. Mientras que otros se orientaron más del lado de las tipologías constitucionales, en un afán por reducir a tres o cinco tipos las características clínicas de los humanos; por ejemplo, Kretschmer y Sheldon lo intentaron infructuosamente, como es ampliamente reconocido (ver: Chaplin & Krawiec, 1978).


Entonces, ¿qué es el temperamento? La respuesta a esta pregunta dependerá de la doctrina o de la teoría que se revise, o inclusive de la acepción popular. Las revisiones o diccionarios de psicología científica de la década del 70 del siglo pasado mencionan que el temperamento se refiere a la naturaleza emotiva y motivacional del individuo. Por lo que atañe a la conducta, se describe mejor quizá como su disposición reactiva (Chaplin & Krawiec, 1978) o como la predisposición de una persona a las reacciones emocionales (Wolman, 1973).


El término temperamento, como reflejo de tipologías, ha caído en desuso desde fines del siglo pasado; basta con revisar cualquier revista de psicología contemporánea para constatarlo y, en ocasiones, ha sido sustituido por el de carácter. En otras palabras, se le considera como un aspecto consistente y permanente de la personalidad del individuo o como la integración de los rasgos individuales en un todo unificado y, de hecho, se le hace sinónimo de personalidad (Wolman, 1973, p. 58), lo que para otros autores es incorrecto (Buss & Poley, 1979). Sin embargo, cuando en la literatura especializada actual se utiliza el término de temperamento, sus acepciones son más congruentes con los avances científicos de la psicología. Por ejemplo, algunos autores se refieren a la sensibilidad temperamental como una dimensión de las diferencias individuales con fundamento constitucional (Leen-Feldner, Zvolensky, & Feldner, 2004) o como un factor integrado por los rasgos de los individuos (Quilty, & Oakman, 2004).


Congruente con el tema de este artículo, un concepto actual de temperamento es: "Temperamento es el paralelo psicológico de la varianza individual de la reactividad fisiológica" (Heponiemi, Keltikangas-Jarvinen, Kettunen, Puttonen, & Ravaja, 2004; p. 38). Desglosado este término, se refiere a: "…las diferencias individuales en el alertamiento de los sistemas conductual y fisiológico, y en los procesos neurales y conductuales que modulan la reactividad, la cual se infiere que tiene una base constitucional" (Heponiemi et al., 2004; p. 38).


Personalidad



¿Qué es la personalidad? Una definición general señala que la personalidad es un patrón característico de un individuo que persiste a través del tiempo y de las situaciones y que lo distingue de otra persona (Morris, 1992; p. 478). ¿Qué factores incluyen ese patrón? Para contestar esta pregunta debe considerarse que el concepto de personalidad, al igual que otros conceptos de la psicología, como  el temperamento o el carácter, sólo pueden comprenderse cabalmente en el contexto histórico de las definiciones y teorías que han elaborado numerosos estudiosos.


Los estudios clínicos, factoriales y psicométricos de la personalidad se han realizado en un "campo ajeno" al de la psicología general y al de las escuelas tradicionales; esto se entiende porque las escuelas tradicionales eran reduccionistas, y el concepto de personalidad pretende el estudio del individuo de manera holística; sin embargo, se reconoce que solo en el gestaltismo, entre las escuelas tradicionales, Lewin trató de abarcar la personalidad en su teoría de campo (Chaplin & Krawiec, 1978). Además, el enfoque humanista, nacido en los años 60, consideró la contribución de Lewin como significativa para su teoría humanista de la personalidad (Sargent, 1973). En palabras de Ardila: "…el estudio de la personalidad ha sido relegado a ser un área "blanda" y poco respetada dentro de la psicología científica" (1991, p. 7).  


A pesar de este hecho, al estudio de la personalidad no le han faltado propuestas teóricas. En su libro de los años 70's del siglo pasado, Chaplin y Krawiec mencionan la existencia de muchas más de 12 teorías en aquella época. Más recientemente, en la presentación de un número monográfico de la Revista Latinoamericana de Psicología, Ardila (1991) indica que los primeros esfuerzos por validar el estudio de la personalidad como parte de la psicología "dura" se debieron a Allport y a Murray, por separado y ambos en los años 30. Sin embargo, conviene notar que ambos investigadores han sido incluidos como psicólogos humanistas de la personalidad (Sargent, 1973).


En este artículo no es de interés el análisis de las teorías de personalidad correspondientes a las tres grandes ramas del campo general de la psicología del siglo pasado (psicoanalítica, conductual, humanista). En cambio, es relevante mencionar las contribuciones experimentales multivariadas y la valoración estructurada de la personalidad; orientaciones del análisis de los rasgos o componentes de la personalidad que forman parte de los antecedentes y que están actualmente vinculadas a las teorías de inhibición y activación de comportamiento, como veremos más adelante. En la segunda mitad del siglo XX, los desarrollos en varias áreas del conocimiento (i.e., neurociencias) y los desarrollos tecnológicos (i.e., la computadora) crean un marco de referencia determinante para favorecer un cambio de orientación reduccionista a uno integrador del conocimiento (Solís-Cámara & Solís-Cámara, 1994).


Dentro de este marco de referencia, el área de estudio de la medición de la personalidad sufrió de un gran impulso y preparó el terreno para los grandes avances en el análisis factorial por multimétodos, entre otros (Jackson, 1973). En forma paralela, el desarrollo teórico y experimental multivariado sobre el concepto de personalidad se vio apoyado por un gran torrente de evidencias de investigación. De acuerdo con Howarth y Cattell (1973), se puede pensar acerca de la investigación en personalidad y en los conceptos de personalidad como si estos hubiesen pasado por tres etapas, al menos hasta los años 70 del siglo pasado: "(1) una etapa literaria general y observacional, desde la antigüedad hasta los tiempos modernos; (2) una fase observacional clínica, en la cual las observaciones son más sistemáticas y disciplinadas que en la primera fase y en la cual los objetivos son completamente científicos, no parcialmente estéticos (…) y (3) la fase experimental que no inició adecuadamente hasta el inicio del presente siglo [siglo XX] y no tuvo un gran momento hasta hace 20 años" (p. 794-795).


Es precisamente en la tercera fase en la cual se crean las condiciones para definir y operacionalizar el estudio científico de la personalidad, hasta nuestros días. En este contexto, Cattell  (Howarth & Cattell, 1973) define: "Personalidad es aquello que nos permite predecir lo que una persona hará en una situación dada y definida" (p. 799) y donde la predicción incluye "los pesos" intraespecies tanto como los entre especies; es decir, las diferencias y semejanzas de los individuos. Puede definirse en términos de las dimensiones comunes medibles, que son verificables dentro de una cultura y a través de las culturas y las subculturas.  Y esto último dependerá del peso de  los determinantes genéticos o medio ambientales de la dimensión de que se trate en particular. En la actualidad se reconoce la existencia de un gran número de esfuerzos sistemáticos por elaborar taxonomías de los atributos o rasgos de personalidad, pero estos se apoyan en algunas de las teorías de la personalidad y las evidencias experimentales del siglo pasado; por ejemplo, la de Catell y la de Eysenck, en los años 50 y 60 (ver: Herrero, Viña, González, Ibáñez, & Peñate, 2001; Romero, Luengo, Gómez-Fraguela, & Sobral, 2002).


La literatura especializada actual coincide en señalar "cinco grandes" factores de la personalidad como las principales dimensiones de la misma (Feist & Feist, 2002); en palabras de Romero y colegas (2002), el modelo de cinco factores "…ha adquirido especial resonancia. Su historia es ya larga y ha sido examinada en numerosas ocasiones…" (p. 134). Las cinco dimensiones se refieren a: apertura a la experiencia, escrupulosidad (o responsabilidad), extroversión (o extraversión), agradabilidad (o amabilidad) y neuroticismo.


Sin embargo, el que este modelo de los cinco grandes tenga tanta aceptación por los investigadores no significa que todos estén de acuerdo en todos sus conceptos y en cómo valorarlos (ver: Costa, 2000). En relación a esto, existe la propuesta de Zuckerman, Kuhlman, Joireman, Teta, y Kraft (1993) de evaluar la personalidad con 46 escalas, formadas a su vez de 8 cuestionarios de personalidad. En esa propuesta se tomaron los cuestionarios más reconocidos, al menos en los estudios de personalidad que la conceptualizan de naturaleza psicobiológica. No es de extrañar entonces que se incluya, en primer lugar, al Eysenck Personality Questionnaire; se incluyó, además, el California Personality Inventory, al Karolinska Scales of Personality, al Jackson Personality Inventory, al Personality Research Form, al Emotionally-Activity-Sociability-Impulsivity, al Sensation Seeking Scale, y al Strelau Temperament Inventory.  


Por otra parte, desde los años 80 se obtuvieron evidencias empíricas de que las calificaciones de los instrumentos para evaluar los rasgos de personalidad se relacionaban de manera importante con indicadores de psicopatología (Comrey & Schiebel, 1985). Recientemente, Herrero y colegas (2001) han señalado en su propio estudio sobre personalidad que encontraron apoyo a las suposiciones iniciales de Eysenck y de Gray (en los años 70 y 80), acerca de que el neuroticismo está relacionado "…con la ansiedad, la depresión, los pensamientos negativos y el estado de salud general…" (p. 284). Esta característica, la de la relación entre personalidad y psicopatología, es propia de la orientación que hemos venido revisando, y en la cual se acomodan las teorías de Eysenck y Gray adecuadamente, pero no es propia de otras orientaciones al estudio de la personalidad, como la humanista, que se interesa en  el estudio de la personalidad normal más que patológica (Sargent, 1973).

 

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Comentarios a este trabajo



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Luis Enrique Juárez Raya: Estaba tratando de encontrar la relación entre el riesgo de desarrollara diabetes no dependiente de insulina y la presencia de ansiedad, pero era una fórmula muy vaga. La teoría que expones en tu trabajo me da un marco de referencia mucho más adecuado para sistematizar mi trabajo. Estoy haciendo mi tesisde licenciatura.

 

HERMINIA ARETUO: Felicitaciones al equipo médico. Un especial saludo a Dr. Tsaltas. Lic. Herminia Aretuo Tsaltas Bs as r. Argentina.

 

norbelys: Está muy bueno su artículo, pero considero que le faltó indagar un poco más. Felicitaciones.

 

cristina: Desde España una "casi psicóloga" desea felicitar a la autora. Me ha aclarado varias dudas sobre el modelo de gray. Mil gracias

 

francisco javier vaca torres: El articulo es muy bueno, me gustaría recibir más información en mi e-mail. gracias!

 

Angelica: Es un tema muy amplio y poco abordado, faltaron algunos conceptos y sobre todo los tipos de temperamento que hay.

 

ma teresa esquivel: me parece un articulo por demás muy completo, fundamentado y desarrollado con profesionalismo. Felicito a los autores.

 

daniela: Me pareció un artículo muy completo, el tema fue tratado de excelente manera y fue muy bien desarrollado. Felicidades.

 

Fco. Javier López.: Como colega psicólogo, felicito a los autores de este laborioso y muy preciso artículo. Pienso que es una muy buena contribución para los especialistas de corte cognitivo-conductual en Iberoamérica. Una buena recopilación, exposición y teoría. Les animo a que sigan en esta línea y mi más sincera gratitud.

 



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