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Sistemas de inhibición (BIS) y activación de comportamiento (BAS): antecedentes y estado actual en el campo de la psicología aplicada
Yolanda Medina Cuevas
Trabajo publicado el 09 de agosto de 2007
Resumen
Diferencias individuales La psicología diferencial, o de las diferencias individuales, estudia cómo y por qué difieren entre sí los individuos. Un concepto fundamental en el estudio de las diferencias individuales es el de rasgo, concepto también fundamental en las áreas de la personalidad y la evaluación psicológica. Al rasgo se le conceptualiza, generalmente, como una disposición relativamente estable para comportarse de cierta manera (Buss & Poley, 1979).
Tradicionalmente, el interés principal de la psicología diferencial ha sido el estudio de las capacidades mentales (i.e., inteligencia) y la personalidad. A los psicólogos que trabajan en estos temas se les ha conocido también como psicólogos cuantitativos, debido a su utilización de métodos objetivos, como lo son el desarrollo de normas y técnicas correlacionales y factoriales. Históricamente, se considera a Raymond B. Cattell el exponente norteamericano (aún cuando fue Inglés de nacimiento) más sobresaliente en el estudio de las diferencias individuales, tanto en la inteligencia como en la personalidad (Chaplin & Krawiec, 1978). Además, se considera que el estudio de las diferencias individuales ha influido en casi toda la psicología. Por ejemplo, Snow (1986) argumenta: "Los psicólogos diferenciales estudian la inteligencia; una variedad de habilidades y talentos especiales; creatividad; estrategias y estilos de aprendizaje, motivacionales y cognitivos; intereses; valores, actitudes y toda la personalidad humana, tanto la normal como la anormal. Ellos estudian también las habilidades físicas, sensoriales, perceptuales y psicomotoras, así como las variaciones biológicas y bioquímicas" (p. 1029). Snow agrega que las diferencias por género, etnicidad y las socioeconómicas también han sido estudiadas por los psicólogos diferenciales. De hecho, considera que al compararse grupos de edad, individuos con diferentes grados de daño cerebral, o de diferentes culturas, etc., los hallazgos contribuyen al desarrollo de la psicología diferencial, aunque reconoce que quienes trabajan en esos campos no se auto nombrarían psicólogos diferenciales. Recientemente, un autor ha señalado que la psicología diferencial se concentra en cuatro grandes áreas de análisis: temperamento, inteligencia, motivación y personalidad (Gutiérrez Maldonado, 1997). En el pasado, algunos autores como Catell y Hans J. Eysenck, han elaborado diversas relaciones entre las grandes áreas mencionadas, pero a pesar de sus diferentes perspectivas, se reconocen a éstas como comunes en sus propuestas. No es objetivo de este artículo abordar las diferencias conceptuales entre las propuestas de autores como los mencionados, pero dado que un antecedente común a ellas son las doctrinas griegas referentes al temperamento y a las características constitucionales (composición de los organismos), se revisan brevemente los conceptos de temperamento hasta nuestros días. La doctrina de los temperamentos El fundador de la doctrina del temperamento es también reconocido como el padre de la medicina, Hipócrates (siglo V a.c.), y la doctrina misma se transmitió como doctrina médica. Hipócrates sugirió que cuatro humores o líquidos orgánicos fundamentales, a los cuales atribuía la génesis y el mantenimiento de la vida (sangre, bilis, flema o linfa, bilis negra o atrabilis) correspondían a los cuatro elementos del macrocosmos. Estaba convencido de que la vida bullía en estos líquidos o humores del cuerpo y sobre la base de esos humores los hombres podían ser distribuidos en cuatro tipos de temperamentos, según que en ellos predominara uno u otro de esos líquidos. De acuerdo con Buss y Poley (1979) estos tipos son: A) Temperamento sanguíneo, que correspondía al predominio de la sangre y representaba a individuos con tendencias a la irreflexión, a ser sociables, optimistas, persistentes, etc. B) Temperamento colérico, que establecía el predominio en su organismo de la "bilis amarilla" y a sus individuos los describía como irascibles, impacientes, obstinados, vengativos, etc. C) Temperamento flemático, en los que predominaba la flema; es decir, que correspondía a individuos reflexivos, silenciosos, imperturbables, etc. D) Temperamento melancólico, en los que predominaba lo que Hipócrates llamaba la "bilis negra", se les definía como tipos nerviosos, tristes, deprimidos, etc. De acuerdo con Abbagnano (1985), esta doctrina sobre los temperamentos fue aceptada prácticamente sin discusión ni modificación durante siglos. Galeno, Platón, Aristóteles y Plutarco, entre otros, aceptaron en forma unánime la doctrina Hipocrática, aunque también mencionaron la existencia de otras, pero no relacionaron esas doctrinas con sus propias filosofías (Abbagnano, 1985). La doctrina de los temperamentos pasó, a través de los médicos y los magos, la Edad Media y el Renacimiento sin mayores modificaciones. Y fue Kant el primero en señalar la distinción entre lo fisiológico (constitución fuerte o débil) y lo propio del alma o psicológico (del poder afectivo y apetitivo); pero después volvió a la vieja clasificación. Wundt (1832-1920) se refirió también a los temperamentos hipocráticos, en su tratado sobre la psicología fisiológica (Abbagnano, 1985). En ese mismo sentido, es decir, fundamentados en la fisiología o en los procesos del sistema nervioso, otros como Pavlov (1849-1936) trabajaron con "tipos" de personalidad. Mientras que otros se orientaron más del lado de las tipologías constitucionales, en un afán por reducir a tres o cinco tipos las características clínicas de los humanos; por ejemplo, Kretschmer y Sheldon lo intentaron infructuosamente, como es ampliamente reconocido (ver: Chaplin & Krawiec, 1978). Entonces, ¿qué es el temperamento? La respuesta a esta pregunta dependerá de la doctrina o de la teoría que se revise, o inclusive de la acepción popular. Las revisiones o diccionarios de psicología científica de la década del 70 del siglo pasado mencionan que el temperamento se refiere a la naturaleza emotiva y motivacional del individuo. Por lo que atañe a la conducta, se describe mejor quizá como su disposición reactiva (Chaplin & Krawiec, 1978) o como la predisposición de una persona a las reacciones emocionales (Wolman, 1973). El término temperamento, como reflejo de tipologías, ha caído en desuso desde fines del siglo pasado; basta con revisar cualquier revista de psicología contemporánea para constatarlo y, en ocasiones, ha sido sustituido por el de carácter. En otras palabras, se le considera como un aspecto consistente y permanente de la personalidad del individuo o como la integración de los rasgos individuales en un todo unificado y, de hecho, se le hace sinónimo de personalidad (Wolman, 1973, p. 58), lo que para otros autores es incorrecto (Buss & Poley, 1979). Sin embargo, cuando en la literatura especializada actual se utiliza el término de temperamento, sus acepciones son más congruentes con los avances científicos de la psicología. Por ejemplo, algunos autores se refieren a la sensibilidad temperamental como una dimensión de las diferencias individuales con fundamento constitucional (Leen-Feldner, Zvolensky, & Feldner, 2004), o como un factor integrado por los rasgos de los individuos (Quilty, & Oakman, 2004). Congruente con el tema de este artículo, un concepto actual de temperamento es: "Temperamento es el paralelo psicológico de la varianza individual de la reactividad fisiológica" (Heponiemi, Keltikangas-Jarvinen, Kettunen, Puttonen, & Ravaja, 2004; p. 38). Desglosado este término, se refiere a: "…las diferencias individuales en el alertamiento de los sistemas conductual y fisiológico, y en los procesos neurales y conductuales que modulan la reactividad, la cual se infiere que tiene una base constitucional" (Heponiemi et al., 2004; p. 38). Personalidad
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