El modelo freudiano, en cambio, efectúa una construcción de la mente en la que se integran las tres dimensiones, otra cosa es cómo se hace y la difícil imbricación que plantea al resto de teorías, sobre todo por dar un modelo mental excesivamente acabado y cerrado que, en su momento, no permitió integrarse a las demás construcciones paradigmáticas.
La polémica Chomsky-Skinner podría entenderse así como un enfrentamiento entre una teorización sobre procesos, una explicación centrada en la acción, representada por Skinner y otra basada en la perspectiva de las estructuras, dos idiomas distintos y además incompletos. Ni Chomsky tiene en cuenta los procesos ni Skinner las estructuras y, además, ambos ignoran las fuerzas que operan en la mente, por lo cual les resultó imposible entenderse. Hablaban de fenómenos parciales y diferentes.
En realidad, ningún sistema en la historia de la psicología, ningún paradigma, muestra una pureza radical respecto a los contenidos básicos a los que atiende pues, aunque preferentemente cada uno de ellos se centra en el estudio de alguna de estas dimensiones o en aspectos concretos de algunas de ellas de forma parcial, en ocasiones, necesitan recurrir en sus hipótesis explicativas a las dimensiones o contenidos enfocados preferentemente por otros paradigmas a los que en principio parece que se contraponen o directamente rechazan.
Así, el atomismo wundtiano, pese a centrarse en la búsqueda de los elementos estáticos de la conciencia, no dejó de pensar, en ocasiones y aunque fuera de forma contradictoria, que los elementos eran procesos, como se vio en el caso del propio Wundt, indicando con ello la dificultad de conceptualizar la naturaleza de los objetos mentales de carácter estático. De igual manera, aquellos que pensaban que la mente era puro proceso, o acto, como Brentano (1926), no dejaron de pensar en las "representaciones" y hablar de lo representado, aunque después negaran a estos, verdaderos contenidos mentales, su necesario carácter estático. Lo mismo ocurrió en el caso de James (1986) en sus descripciones minuciosas sobre determinados estados mentales, estados que conceptualmente no pueden asimilarse a la visión dinámica de flujo permanente de la mente, en tanto que un estado requiere componentes vivenciales de permanencia y durabilidad no asimilables a la noción perpetua de flujo. Por supuesto, ello no sería, en absoluto, incompatible con la existencia de cambios vivenciales más o menos rápidos, pero en ese caso ya habría que hablar de sucesión de distintos estados, que como tales necesitan un mínimo de estabilidad presencial.
Profundizar en los motivos y en la naturaleza de los enfrentamientos descritos permite entender el por qué de la multiparadigmaticidad, el por qué las sucesiones no son completas y los nuevos paradigmas conviven con los que les han precedido. Ello es así al no poderse obviar completamente, sin caer en la inconsistencia teórica, algunas de las dimensiones fundamentales del psiquismo explicadas por paradigmas teóricamente superados que después resulta que también han de ser tenidas en cuenta. ¿Cómo va a desaparecer el estudio de determinado campo, sustituyéndolo por otro que afronta un contenido de la psicología totalmente diferenciado? No tendría sentido cuando se abordan dimensiones diferentes del psiquismo; por tanto, de forma natural, los teóricos de la psicología necesitan seguir formulando hipótesis y teorías en el ámbito de paradigmas teóricamente superados, pues resurgen viejos problemas que los nuevos paradigmas son incapaces de resolver. Así, el paradigma cognitivo, no puede prescindir de continuas referencias a los objetos y estructuras mentales, representaciones, como se las denomina preferentemente, pues para explicar el proceso mental es necesario referirse a los objetos o elementos procesados. ¿Cómo se puede explicar el proceso imaginativo sin experimentar con las imágenes que el sujeto evoca o crea en su mente? ¿Cómo se puede hablar de procesos sin tener en cuenta las estructuras sobre las que estos tienen lugar? La sucesión de paradigmas, en todo caso habrá de darse dentro del mismo campo de contenidos, cuando se hallen teorías explicativas mejores que sustituyan a las anteriores, pero no en el caso de paradigmas que abordan fenómenos mentales diferentes y que, por tanto, nunca podrán sustituirse unos a otros.
La teoría Kuhniana del desarrollo de la psicología podría completarse de este modo, como sugiere Fuentes, introduciendo el análisis de los contenidos de los paradigmas que dotan a la ciencia de campos, temáticas y objetos de análisis, sin los cuales difícilmente la naturaleza de la ciencia se puede explicar. Es evidente que esos campos u objetos de estudio, contemplados con cierto nivel de abstracción, son susceptibles de generalización a todas las ciencias empíricas y a la inversa, todas las conceptualizaciones de las ciencias tratan de teorizar o formular, incluso cuantificar, conceptos reducibles a campos o dimensiones generales. En la literatura científica, sin embargo, no es frecuente la integración de los contenidos generales aquí propuestos. Quizás porque son demasiado obvios no se ha prestado suficiente atención a la integración de los mismos, aunque es posible que en el caso de la psicología ello no resulte una tal obviedad, pues su constatación y aceptación parece un paso necesario en el camino de su consolidación como ciencia. Ello explicaría el interés que muestran muchos autores, como muestra Fuentes, tratando de hacer adiciones integradoras aunque éstas, general y repetidamente, se han referido sólo a estructuras y procesos. Algunas de ellas ya han sido comentadas con anterioridad. También Wolman (1979) sintetizando las ideas de Mach (1960), considera que:
"El procedimiento científico debería limitarse a tres pasos. Primero las percepciones sensoriales, pues constituyen los únicos elementos validos del conocimiento. Las operaciones lógicas y las relaciones entre observaciones empíricas, sería el segundo paso. En el tercero, el científico formulará una hipótesis simple y económica que permita una descripción exacta, así como una predicción" (p. 74).
Este tercer elemento, la "formulación de hipótesis", en cualquier caso habría de referirse a lo enunciado en los dos pasos anteriores, es decir, a las estructuras, pues así se ha de entender en psicología a los elementos sensoriales y a los procesos, pues no podrían entenderse sino como tales las operaciones lógicas o procesos mentales, dejándose en el olvido el hecho de que esas "hipótesis" también podrían formularse sobre las fuerzas que desencadenan los procesos evaluativos. En este caso, el "procedimiento científico", lo hacemos extensivo a la psicología y del propuesto nos tomamos la libertad de deducir sus contenidos.
En realidad Kuhn, aunque pone más énfasis en las nociones de desarrollo, no se olvida de los contenidos. Es más, hay que pensar que no es posible analizar el desarrollo, como él lo hace, sin hacer algún tipo de abordaje de los contenidos. Al dar respuesta a sus críticos en Postdata, aborda la noción de paradigma desde la vertiente sociológica, como matriz disciplinar, y la noción de ejemplar como modelo de praxis científica. Al referirse a la primera noción, dice que está integrada por tres clases de elementos: generalizaciones simbólicas, modelos y valores. Prescindiendo del primer y último conceptos, y quedando sólo los modelos, es posible afirmar que la noción de paradigma, en realidad, también introduce nociones de contenido, pues ¿qué son los "modelos" si no distintos tipos de representaciones de esos contenidos centrales de la ciencia? Otra cuestión sería el nivel de profundización que Kuhn realiza en estas nociones.
Es posible que, si se consideraran éstas que se han llamado dimensiones del psiquismo o de la mente, fuerzas, procesos y estructuras, como contenidos diferentes del tipo "modelos" utilizados preferentemente en la matriz disciplinar de cada uno de los paradigmas tradicionales de la psicología, se pudiese disponer de un nuevo argumento para entender mejor el por qué esos paradigmas se han enfrentado y, a la vez, han convivido a lo largo del tiempo sin llegar nunca a ser totalmente sustituidos unos por otros. En ese caso, podría verse que el "modelo" procesual general de la mente, que ha formado parte de la matriz disciplinar de los paradigmas que han constituido la psicología del acto y psicologías sucesoras, como la cognitiva, centradas en la dimensión "acción", se han enfrentado fundamentalmente al paradigma atomista estructuralista, debido a que en éste el modelo general es un modelo de naturaleza estática y, por ello, totalmente incompatible con el modelo anterior. No se hablará de las fuerzas porque su propia naturaleza no ha permitido siquiera articular un paradigma firme propio, aunque las fuerzas han formado parte directa o indirectamente de todos los paradigmas de la psicología.
Igualmente, sobre todo en las ciencias empíricas precedentes, las generalizaciones simbólicas no son sino formulaciones matemáticas y algebraicas que cuantifican o establecen funciones y relaciones entre magnitudes relativas a las fuerzas, acciones o procesos (movimiento y sus formas), así como sobre las propiedades cuantificables que las estructuras tienen por sí mismas o que adquieren al incidir en ellas procesos de transformación. Conceptos como masa, densidad, peso específico, resistencia, conductividad, etc., no son sino propiedades de los objetos o estructuras, que tratan de ser representadas y posteriormente cuantificadas mediante operaciones matemáticas implícitamente contenidas en tales generalizaciones simbólicas.
De esta forma, se comprende que la integración de estos tres fenómenos, fuerzas, procesos y estructuras mentales, en un modelo explicativo general, ordena conceptualmente los contenidos que fragmentariamente abordan cada uno de los paradigmas históricos de la psicología y ayuda a explicar por qué las escuelas tradicionales han resultado excluyentes.
En resumen, un modelo general de contenidos del psiquismo, establecido a partir de los conceptos fundamentales ya abordados por los teóricos más destacados de la historia de la psicología es, sin duda, una aportación complementaria a la teoría del desarrollo kuhniana, que entra de lleno en la problemática conceptualización de los paradigmas experimentales cuya carga de contenidos quedaba pendiente de realizar por las divergencias históricas existentes basadas en la negación de alguna de esas dimensiones o por la visión aislada y totalizadora de importantes formulaciones de lo mental fomentadas por las propias matrices disciplinares que las sustentaban.
La naturaleza imprecisa y difícil de definir de los contenidos de la psicología, tan diferentes en comparación con las restantes ciencias fundamentales, ha propiciado, además de esa sucesión excluyente de paradigmas, una división y enfrentamiento, entre unos y otros partidarios, precisamente, por no entender esas otras dimensiones del psiquismo cuya naturaleza opuesta, lo estático frente a la acción, la estructura frente al proceso y la de algunas características de estas dimensiones como lo observable, frente a lo inobservable, lo innato frente a lo aprendido etc., parece debían definir a la mente o bien de una manera o bien de otra, pero nunca de las dos a la vez.
Los fenómenos de la naturaleza no parecen ser tan simples, pues la acción y lo estático se dan conjuntamente, lo observable y lo inobservable se admiten como realidad coexistente, fenómenos empíricos y entidades teóricas subyacentes que tratan de explicar precisamente aquello que se nos presenta bajo las apariencias que nuestros propios sentidos permiten. Se ha de admitir, en cambio, en el estudio de la mente, que a lo largo de la historia de la psicología, ha resultado arduo diferenciar tanto una cosa como la otra porque lo que trata de ser conocido es precisamente el propio aparato cognoscitivo, lo cual sin duda tiene un plus de dificultad. Sobre todo, parece que una de las tareas más difíciles es precisamente la conceptualización de las fuerzas que desencadenan la acción, de forma que sean mínimamente equiparables a las nociones causales dinámicas establecidas por el resto de las ciencias.
La pregunta que restaría por hacer sería: ¿Por qué, en general, cada paradigma ha querido hacerse modelo excluyente intentando dar una explicación total de la mente o del psiquismo? Podríamos considerar la siguiente respuesta: por la propia necesidad de la ciencia de establecer generalizaciones inclusivas capaces de abarcar el mayor ámbito de manifestaciones de la realidad, con la mayor economía posible, es decir, a partir de las formulaciones más simples susceptibles de ser elevadas a la categoría de leyes generales o universales. En esta necesidad se asienta la tendencia a la simplificación y al reduccionismo de las teorías científicas.
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Claudia Irene: Le agradezco mucho sus aportaciones. Me encuentro haciendo un trabajo sobre las formulaciones de los contenidos en primaria. Sus aportaciones me permitieron entender algunas cosas que no entendía y que venía arrastrando en mi formación como pedagoga.
La informacion tiene coherencia, un lenguaje fácil y está muy bien organizada. Gracias.
Lo felicito.