Carl Gustav Jung, disidente de la línea psicoanalítica ortodoxa, negó la identidad física del concepto, aunque no pudo sustraerse a reconocer formulaciones innovadoras. Situó en Schiller (1875), Nicolás von Grot (1898) y Th. Lipps (1900), los orígenes del concepto de "energía psíquica" (ver Jung, 1982/1995), que aproximaban las fuerzas psíquicas a las nociones establecidas por la ciencia general. Constató la dificultad existente para diferenciar las energías psíquicas de las biológicas, considerando que no todas las fuerzas anímicas provenían del instinto sexual. Por ello, en su obra Transformaciones y símbolos de la libido (Jung, 1912) prefirió hablar de energía "vital" como un compendio de todas las energías que animan los procesos psíquicos conscientes e inconscientes.
A lo largo del pasado siglo XX, otros importantes psicólogos elaboraron diferentes conceptos entorno a las fuerzas y energías psíquicas. Así, Mc. Dugall (1908), muy influido por la biología, colocó el instinto en el origen de la motivación y ésta, en la base de toda la conducta. Woodwth (1918) introdujo un nuevo constructo de corte netamente fisicalista, como es el concepto "impulso", que durante bastantes años va a dominar el campo de estudio de nuestra ciencia. El neoconductista Clark L. Hull (1943) formuló el impulso como constructo teórico, que define operacionalmente y lo considera fuente de energía y motor de la conducta. De esta forma, el impulso (drive) adquiere así propiedades de causación mecanicista. Hebb (1949) y otros psicólogos contemporáneos como Lindsley, Lacey, Duffy y Malmo (ver Arnau, 1974), en una nueva aproximación al origen de la acción, de corte neurológico, han intentado buscar en lo fisiológico una medida para esas fuerzas que, de unas u otras formas, operan en la mente. Kurt Lewin (1973), quien habló abiertamente de fuerzas "psicológicas", basó su tesis doctoral en la evaluación experimental de tensión psíquica inducida y las conductas desencadenadas por dicha tensión. Sus trabajos han tenido una gran influencia en psicólogos como Cartwriht, Lippitt y White, junto a otros notables seguidores como Heider, o el más conocido, Leo Festinguer. Este último, con su teoría de la Disonancia cognitiva, apunta una dirección en la que las fuerzas psíquicas adquieren mayor coherencia en una perspectiva mental, pues, dejando a un lado la fisiología, sitúa las fuerzas psíquicas en las "ideas" en el viejo sentido cognitivo que Herbart ya utilizaba en los albores del siglo XIX.
Otros contemporáneos (Atkinson, 1953 y Mc Clelland, 1961 citados en Pinillos, 1975) tienen una visión de la motivación y de la tendencia a la acción que continúa esa línea de progresivo alejamiento de lo fisiológico hacia lo psicológico, aunque ahora incluso desde un nivel superior de la psicología, buscando en el "motivo social" la fuerza que pone en marcha procesos mentales y conducta humana.
No menos importante en esta línea es la consecución por parte de investigadores chinos de la obediencia al pensamiento de algunos artilugios cibernéticos. En realidad, no debería crear extrañeza, pues hace tiempo se sabe cómo modificar o producir determinadas ondas o frecuencias cerebrales. Basta con modificar o adaptar unos amplificadores receptores adecuados para poder desencadenar algún tipo de acción computerizable al evocar o activar determinadas estructuras mentales, imágenes, sensaciones etc. En este proceso, aunque la energía final actuante en el receptor es de naturaleza física (ondas electromagnéticas alfa, beta etc.), según el nivel de análisis nada impide que podamos conceptualizarla como fisiológica, incluso como de naturaleza psicológica con efectos en el nivel fisiológico y en el de la acción observable.
De estas corrientes teóricas tradicionales se pueden extraer, pues los contenidos, ejes, dimensiones o fundamentos empíricos que han constituido el objeto de estudio de la psicología, pero no sólo de la psicología. Estos contenidos, como ya se ha dicho, constituyen, en realidad, el objeto de estudio propio de las ciencias empíricas tradicionales, en sus diferentes niveles. La noción de paradigma, según Kuhn, es común para todas las ciencias, aunque después su desarrollo y contenido aplicado tengan su singularidad para cada una de ellas. Es más, en nada nos alejamos de algunas consideraciones teóricas de las ciencias empíricas consolidadas que apuntan en idéntica dirección, pues, como señala Hempel (1973):
"Las ciencias naturales han alcanzado su nivel de comprensión más profundo y más amplio descendiendo por debajo del nivel de los fenómenos empíricos familiares, y no puede sorprender, por tanto, que algunos pensadores consideren que las estructuras, fuerzas y procesos subyacentes aceptados por teorías bien establecidas son los únicos componentes efectivos del mundo" (p. 117).
Al hacer esta afirmación, Carl G. Hempel se está refiriendo a las ideas expresadas por Sir Arthur Eddington (1929), declarado por el propio Einstein el mejor intérprete de su teoría de la relatividad, un científico de primera línea, versado en el conocimiento tanto de la astronomía como en el de la física de las partículas elementales y quien, a su vez, hizo importantes incursiones en el campo de la epistemología. Pero en realidad, Sir Arthur Eddington nunca realizó tal afirmación, constituyendo una atribución que le hace Hempel al tratar de sintetizar el contenido de su brillante introducción a la obra The nature of the physical world.
Por otra vía distinta, basada en la búsqueda de unos postulados básicos para la unidad de la psicología, recientemente (Pardos, 2005) se ha propuesto un conjunto de axiomas que incide en esta integración de fenómenos y permite una aproximación a lo que podría ser un modelo conceptual de contenidos a nivel general, axiomas básicos que tratan de fundamentar una propuesta teórica de articulación de los hasta ahora inconexos puntos de vista de los paradigmas tradicionales de la psicología. Según estos axiomas, y en concreto el denominado axioma fundamental de inclusión:
"Las teorías, constructos e hipótesis que establezca la psicología, necesariamente han de ser capaces de explicar las fuerzas, los procesos y las estructuras propias del psiquismo, por constituir estos tres elementos fundamentales dimensiones comunes a toda la naturaleza y estar siempre presentes como constructos e hipótesis en las ciencias que la estudian" (p. 30).
Según Pardos, estas dimensiones han de ser aplicables al psiquismo, que no es sino una parte de la naturaleza y, por ello, objeto de conocimiento de la ciencia. La contemplación de lo psíquico, analizando las fuerzas que lo originan, los procesos que lo forman y las estructuras que lo configuran, produce una visión unitaria que permite articular conceptos tradicionalmente inconexos de la psicología. La psicología, mediante esta perspectiva, podría contemplar sus constructos, hipótesis y leyes agrupados bajo una visión que evite distorsiones y pensamientos paralelos, en ocasiones divergentes, unificando criterios para penetrar en el conocimiento de regularidades y leyes naturales, no explicadas por otras ciencias fundamentales anteriores, centradas en el estudio de comportamientos elementales de la materia. Este axioma de contenidos se articula mediante el denominado axioma de génesis dinámica según el cual: "En el psiquismo, como en toda la naturaleza, las fuerzas desencadenan los procesos y estos finalmente engendran las estructuras" (p. 31).
Finalmente, el axioma de exclusión, en concordancia con las propias ideas de Fuentes, Searle, Spranger y Rubinstein referidas en párrafos anteriores, postula que "en el ámbito del comportamiento humano, lo que puede ser explicado por las leyes de la biología o la fisiología, no es psicología" (p. 26). En tal sentido, las leyes y regularidades que ha de formular la psicología han de explicar el origen o la causa psicológica de la conducta y su fin o función también psicológica, pero no la fisiología del acto ni aún la neurología que lo hace posible cuya explicación se identifica con las competencias de otra ciencia situadas en el ámbito de la mecánica nerviosa. De esta forma, propone como principio y axioma fundamental excluyente que lo psicológico es aquella parte del comportamiento humano constitutiva de propiedades diferenciales emergentes, actividad y contenidos mentales o cognitivos, no estudiados por ciencias precedentes, así como las causas que los desencadenan, que no pueden explicarse solamente a partir de las leyes de la física, la química, la biología o la fisiología y que requiere la utilización de constructos e hipótesis, diferentes a las propuestas por dichas ciencias.
Al axioma de exclusión hace las siguientes salvedades: salvedad de interacción bidireccional según la cual "los actos fisiológicos pueden obedecer a causas psíquicas y determinados hechos fisiológicos pueden desencadenar actos psíquicos" y salvedad de la necesidad que postula que "lo psicológico necesita el concurso del substrato fisiológico a partir del cual surge como realidad. Lo psíquico se manifiesta necesariamente a través de lo fisiológico" (p. 29).
En resumen, esta sistematización de contenidos que trata de unificar conceptos básicos de la psicología propugna que:
1. El contenido de la psicología ha de ceñirse al estudio de fuerzas, procesos y estructuras mentales.
2. A la hora de conceptuar y estudiar estos contenidos se ha de tener presente que las fuerzas desencadenan los procesos y que éstos modifican o crean nuevas estructuras.
3. Precisamente en las estructuras mentales radican las fuerzas que desencadenan los procesos.
3. Lo fisiológico y lo psicológico son fenómenos naturales diferenciados.
4. Todo hecho mental se desarrolla siempre mediante su soporte fisiológico.
5. Los fenómenos mentales pueden influir y modificar el curso de los procesos fisiológicos.
6. Los procesos fisiológicos dan lugar a procesos mentales.
A partir de todo lo anterior, y al considerar al conjunto de fuerzas, procesos y estructuras mentales, contenidos generales del psiquismo como dimensiones en vez de como sistemas totales o representaciones filosóficas del campo (Fuentes, 1985), se puede observar cómo han operado con ellas cada uno de los paradigmas tradicionales, cuáles han sido los rechazos, omisiones y motivos fundamentales de enfrentamiento que han tenido lugar a lo largo de la historia de la psicología entorno a tales dimensiones, ofreciendo este modelo teórico de contenidos, frente al modelo kuhniano de desarrollo, una lectura totalmente diferente, en todo caso complementaria, que permite analizar, además de la forma en que se suceden los paradigmas, cómo abordan cada uno de ellos, si es que lo hacen, el estudio de estos contenidos o dimensiones, análisis que parece ineludible para una conceptualización completa y armónica del psiquismo.
Así, se observa que el paradigma wundtiano se centra en el estudio de las estructuras mentales, prestando menos atención a los procesos y nulo o escaso a las fuerzas. La Psicología del acto de Brentano y James se ocupa en cambio de los procesos pero ignora la conceptualización de las estructuras y las fuerzas. Wundt contra Brentano, o lo que es igual estructuras frente a procesos. El modelo conductista ignora las estructuras y se centra en los procesos observables, obviando los procesos mentales y atendiendo escasamente a las fuerzas, que quedan en un segundo plano. Como la psicología del acto, la psicología conductista se centra, fundamentalmente, en el estudio de los procesos, aunque aborde puntualmente problemas relativos a las fuerzas, intentando controlarlas desde el manejo de los reforzadores y mediante la producción de estados de deprivación.
El enfrentamiento entre conductismo y cognitivismo surge en la misma dimensión, en la dimensión procesual o de la acción pero en este caso con una diferencia notable. Ahora se contrapone el análisis de los procesos conductuales observables, cadenas y secuencias motrices del amplio espectro conductual, frente a procesos inobservables, procesos mentales deducibles por autoobservación y relato del propio sujeto o por inferencia del observador, deducida a partir de la lógica mental que se espera del sujeto medio. Mientras que el paradigma conductista se centra en los observables externos, en la conducta propiamente dicha, el paradigma cognitivo se centra en el comportamiento inobservable, en los procesos mentales, prestando asimismo algo más de atención a las estructuras. El conductismo las negaba radicalmente.
El modelo Gestalt se fija en la formación de las estructuras y atiende algo más al problema de las fuerzas, aunque siempre de una forma teórica que no llega a concretar en formulaciones prácticas. La Psicología wundtiana también tuvo como objeto de estudio fundamental las estructuras o contenidos de la mente. Sin embargo, su análisis era de naturaleza atomista, totalmente contrario al de la Gestalt, que contempló el estudio de las estructuras como totalidades, centrándose básicamente en las de origen perceptual.
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Claudia Irene: Le agradezco mucho sus aportaciones. Me encuentro haciendo un trabajo sobre las formulaciones de los contenidos en primaria. Sus aportaciones me permitieron entender algunas cosas que no entendía y que venía arrastrando en mi formación como pedagoga.
La informacion tiene coherencia, un lenguaje fácil y está muy bien organizada. Gracias.
Lo felicito.