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Revista » Psicología Teórica y Filosófica / Fundamentos » contenidos de la psicología: un modelo complementario del modelo kuhniano de desarrollo de la ciencia

Contenidos de la psicología: un modelo complementario del modelo kuhniano de desarrollo de la ciencia


 

Antonio Pardos Peiro
Psicológo
Administración del Estado
Barcelona, España


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Continuando su propuesta, y tratando de fundamentarla, la propia historia de la psicología y los paradigmas que durante períodos más o menos prolongados han gozado de la adscripción de importantes teóricos, investigadores y académicos,  proporcionan la base  de datos por medio de la cual investigar los contenidos que, de hecho, han abordado tradicionalmente esta ciencia y que observados con cierta perspectiva no dejan de constituir agrupaciones equivalentes a las efectuadas por el resto de las ciencias, y no sólo en el campo de las teorías y filosofías implícitas a ellas, sino también en el de la propia práctica experimental, independientemente del método utilizado para llevarla a cabo. Un breve repaso de esa historia permite ver cómo la acción y los objetos mentales constituyen preocupaciones fundamentales tanto en la conceptualización de las ideas como en el ejercicio práctico y experimental de la psicología.


Así, desde el inicio de la psicología Wundt se centró fundamentalmente, mediante su método introspectivo, en el conocimiento y clarificación de los "elementos" que se hallaban en la conciencia: sensaciones, imágenes y sentimientos. A esta corriente de pensamiento que trataba de llegar a los últimos elementos se la denominó precisamente atomismo, queriendo resaltar con tal denominación el carácter de elemento mínimo del psiquismo a partir del cual se podrían construir otros contenidos más complejos. Estas teorías relativas a los contenidos de la conciencia, que de alguna forma prescindieron de la acción, aunque tampoco la negaron, fueron llevadas por Titchener hasta un radicalismo metodológico que las apartó de la línea de la psicología funcionalista, más apreciada en la sociedad americana donde él estaba asentado, lo cual, junto con las dificultades que entrañan la conceptualización de lo estático en la mente,  favoreció  su  precoz desaparición, aunque no para siempre. A la corriente por él representada se le denominó estructuralismo, pues al tratar de completar esos contenidos elementales de la conciencia no hacía otra cosa que establecer su estructura.


La escuela de Wuzburg, también denominada Nueva psicología del contenido, heredera en cierta medida de Wundt,  aunque se apartara de él en algunos de sus postulados metodológicos fundamentales, representa de alguna forma su continuidad en esa búsqueda de contenidos. Con Oswall Külpe a la cabeza,  muy preocupado por la fenomenología, dio con contenidos mentales que carecían de origen sensorial, contenidos que sin ser propiamente objetos o elementos con mayor propiedad, pueden catalogarse de "estados mentales". Si bien el concepto "estado" también se ha utilizado indiscriminadamente para referirse a fenómenos o contenidos y para referirse a procesos, creemos que debe reservarse para determinadas propiedades de los objetos y estructuras, y no  confundirlo con ellos, al igual que sucede con los estados de los objetos de la naturaleza, que en ningún caso se confunden con el objeto propiamente dicho.     


Como reacción al estructuralismo atomista wundtiano surgió la Gestalt, un estructuralismo de nuevo cuño, el de la totalidad, el de las leyes organizativas de los objetos de la mente. Esta escuela, con Max Werteimer, Wolfang Kölher y Kurt Koffka, siguió profundizando en el concepto de estructura, aunque ahora desde otra perspectiva: contemplando las leyes de formación de las configuraciones que se originan en la mente producto de lo que es percibido por nuestros sentidos, centrándose fundamentalmente en los estímulos visuales o, mejor dicho, en los objetos que, a partir de ellos, se reflejan o producen.


Otro estructuralista, como Jean Piaget, ha investigado concienzudamente la génesis de la mente estableciendo niveles o etapas de sus sucesivas fases de desarrollo. Sus aportaciones apuntan más hacia la formación de estructuras conceptuales, de naturaleza diferente a las estructuras perceptivo-sensoriales, pero en definitiva, un tipo fundamental de estructuras mentales. También hay que señalar que su estructuralismo tiene implicaciones transformacionistas que lo aproximan mas al campo de los procesos y de la acción que al de las estructuras propiamente dichas. Otros muchos autores, de la antigua y la nueva psicología, han abordado el estudio de la mente bajo una perspectiva de contenidos, entre ellos no se puede dejar de nombrar a Husserl, creador de la fenomenología.  


No cabe duda que la Psicología actual no ha podido desprenderse o dejar en el olvido esta parcela de conocimiento que debe abarcar todo lo relativo a las estructuras psíquicas. Caparrós (1979) hace notar cómo se recuperan algunas temáticas, incluso algunos métodos de estos primeros representantes de la psicología científica que parecían olvidados. En estos y otros sucesos mentales tan sugerentes, como la influencia de las imágenes en general, y en particular la de los contenidos de la imaginación  en  el aprendizaje,  han trabajado Paivio, Haber, Leask, Doob, y otros psicólogos contemporáneos. Finalmente, también se reorienta el concepto de estructura en dirección fisiologista, buscando en las redes neuronales, asambleas de células neuronales (Donald O. Hebb, 1949 y Mc Culloch, 1943  citados en Mayor, 2001),  aquello que tanto cuesta definir en el nivel psíquico.


El análisis del fenómeno mental en todos ellos posee unas características propias en cuanto que sus análisis y sus conceptualizaciones versa sobre los elementos, objetos mentales, representaciones y otras formas en que lo estático, lo permanente, lo que puede ser almacenado y después recuperado, es el nexo común definitorio. A estos elementos permanentes se les puede considerar, de forma general y sin entrar en matizaciones, como objetos de la mente, las únicas y genuinas estructuras mentales en sentido restrictivo, salvando la dificultad que ha hecho que tal conceptualización haya obligado a determinados pensadores a atribuirles tambien un caracter dinámico, de flujo continuo.   


Frente a las escuelas y corrientes anteriores se encuentran las que se han desarrollado a partir de la psicología del acto, cuyo análisis inicial parte de la consideración fundamental de que los fenómenos mentales o manifestaciones que estudia la psicología, no pasan de ser un conjunto de fenómenos dinámicos, acciones o procesos.  


A mediados del siglo XIX, en la época del nacimiento de la psicología científica, Franz Brentano se consagró como representante por excelencia de la psicología del acto. Para él, lo mental, lo psicológico, lo que debía estudiar la nueva ciencia era el "acto", en franca oposición a las ideas wundtianas de la época. Sus apreciaciones marcaron una de las corrientes más influyentes de la historia de la psicología. En aquella misma época el funcionalismo americano de W. James, J. Dewey y J. Angell venía a ratificar esta línea de pensamiento según la cual la mente es acto y continuo fluir, lo que desembocó en la investigación específica de los procesos mentales desde la perspectiva adaptativa impuesta por las teorías evolucionistas imperantes, como panacea del psiquismo. Pavlov y otros investigadores vinculados a la fisiología rusa también se interesaron por los actos, aunque en su caso centraba las investigaciones en los procesos corticales que subyacían a la conducta muscular y glandular directamente observable. John Broedus Watson fijó su atención, de forma preferente, en los actos observables, y de éstos, sólo en los externos, no como Paulov que lo hacía en los externos y también en los internos, neurales y glandulares. Watson negó cualquier valor para la psicología a los procesos mentales, más aún a los de tipo fisiológico, atribuyéndoselo exclusivamente a los actos observables. Con él se inauguró la psicología conductista, centrada en los procesos de adquisición y extinción de conducta,  psicología que fue culminada por Hull, Guthrie, Tolman y Skinner, integrantes  de  aquella  corriente  histórica  desde los  años  1930  a  1960,  a  partir de los cuales otro tipo de procesos vino a tomar el relevo en la investigación de la conducta.


Paralelamente, en esa época se desarrolló ampliamente la teoría freudiana que pretendía abarcar tanto el campo de la acción, los procesos mentales, como el de las estructuras, en este caso, desde una perspectiva integrada, donde la conducta representa la culminación de determinados procesos mentales, conscientes o inconscientes. Freud no sólo estudia las estructuras que configuran su versión de la mente: yo, súper yo, ello, sino que también concentra su atención en los propios procesos que crean  y mantienen esas estructuras. Es evidente que estos componentes complejos no tienen el mismo sentido que tenían en los estructuralistas atomistas, que buscaban únicamente elementos simples. Entre las acciones más destacadas sobre las que Freud teoriza están sus famosos mecanismos de defensa, nombre con el que se describen un conjunto de procesos mentales con sentido o unidad de acción, unidad que el conductismo, por afán de cientificidad, había rebajado al limitar su análisis al nivel de movimientos, que además interpretaba en clave puramente biologista y observable.


Con el desarrollo de la robótica, los psicólogos volvieron a hacer conjeturas para comprender los actos de la mente, la antigua conciencia. Los computadores, creados a mitad del siglo XX,  permitieron establecer comparaciones entre las operaciones por ellos efectuadas y el propio cerebro humano, ayudando a formular nuevas hipótesis sobre la mente y los procesos mentales. Alan M. Turing, G. A. Miller, E. Galanter y K.H. Pribam, entre otros muchos, están en el inicio de este cambio para la psicología. El computador fue el modelo perfecto que permitió hacer comparaciones y conjeturas sobre el cerebro y sobre la propia mente. La etapa del procesamiento de la información constituyó el soporte de la revolución cognitiva, que permitió centrarse preferentemente a la psicología en inobservables internos, en los llamados procesos mentales. El cognitivismo de Neisser, Broadbent, Newell y Simon, o más recientemente las teorías conexionistas de Rumelhart y Mc Clelland (Mayor, 2001) entre otros, suponen el último avance en nuestra ciencia psicológica y, sin duda, la culminación de aquellas ideas de Franz Brentano que identificaba psiquismo y acto.


No obstante, los contenidos propuestos por Fuentes, acción y fenómenos, a los que otros muchos autores tambien se refieren (véase Titchener, 1910; Bülher, 1966) como núcleo de la conceptualización general de la psicología, quedan incompletos si no se añade un tercer  contenido fundamental sin el cual la psicología, como cualquier ciencia, carecería de los fundamentos básicos para entender de qué manera se desencadena la acción o, lo que es lo mismo, para entender cómo se desencadenan los procesos. Se trata de las fuerzas que operan en la mente humana, sin cuya presencia no puede haber ni procesos ni simples acciones, como no existen en la naturaleza proceso alguno que no requiera de ella como causa desencadenante. Cualquier modelo con valor epistemológico para la psicología ha de introducir la variable fuerza, tanto en el nivel práctico experimental de producción o reproducción de procesos, como en el nivel teórico de configuración de modelos integradores del psiquismo.


En este sentido, también respecto a tal contenido, se encuentra un conjunto de psicólogos dedicados al estudio de la mente y del comportamiento humano, psicólogos que han centrado sus análisis en aquellos fenómenos que imprimen empuje a la acción, es decir, en aquellos factores motivacionales capaces de imprimir  movimiento y dirección para los actos del hombre. Sin incluir la pléyade de investigadores y teóricos que se han dedicado a ello, la  historia de la psicología sería incompleta. Ellos proporcionan, tambien en psicología, una aproximación a lo que en el resto de las ciencias naturales se ha conceptualizado como Fuerzas.


Federico A. Mesmer y J. Braid a mediados del siglo XIX, con el descubrimiento y la práctica del hipnotismo, introdujeron las fuerzas "magnéticas" como componente de la dinámica mental, iniciándose un importante período de especulación sobre los después denominados fenómenos "histéricos" fabricados por la mente humana.


Hohan F. Herbart, contemporáneo de los anteriores (1776-1841), incluso antes del nacimiento oficial de la psicología creía que las ideas estaban dotadas de fuerza y que las fuerzas en el interior de la mente generaban equilibrios y desequilibrios como respuesta a la influencia de los estímulos del medio exterior. El pensamiento de Newton empezaba a dejarse notar en aquella incipiente ciencia psicológica.
 

Theodor Fechner e Ivan Paulov, pioneros de la fisiología, creyeron encontrar procesos que suponían el paso de las fuerzas bioquímicas que activaban músculos y vísceras a la propia energía psíquica (Paulov, 1968), concebida de este modo en un nivel limítrofe en el que la ciencia tradicionalmente estudia el mundo material.
 

El propio Sigmund Freud, partiendo inicialmente de los fenómenos magnéticos, después histéricos, efectuó ese salto teórico al conceptualizar como "libido" las energías psíquicas provenientes del instinto sexual. En ellas fundamentó casi todas sus afirmaciones sobre el origen del psiquismo y la conducta humana. Sus teorías sobre la mente aportan a la moderna psicología elementos con los que se establece una nueva forma de entender las fuerzas psíquicas, no ya como entidades procedentes de otras esferas del mundo material o de la periferia del psiquismo, sino como elementos contenidos en las propias estructuras mentales (ver Freud, 1975a y 1975b).

 

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Claudia Irene: Le agradezco mucho sus aportaciones. Me encuentro haciendo un trabajo sobre las formulaciones de los contenidos en primaria. Sus aportaciones me permitieron entender algunas cosas que no entendía y que venía arrastrando en mi formación como pedagoga. La informacion tiene coherencia, un lenguaje fácil y está muy bien organizada. Gracias. Lo felicito.

 



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