Para citar este artículo: ________________________
Pardos Peiro, A. (2007, 06 de junio). Contenidos de la psicología: un modelo complementario del modelo kuhniano de desarrollo de la ciencia. Revista PsicologiaCientifica.com, 9(39).
Disponible en: http://www.psicologiacientifica.com/bv/psicologia-277-1-contenidos-de-la-psicologia-un-modelo-complementario-del-mod.html ________________________
RESUMEN
El presente trabajo trata de justificar la necesidad de articular una teoría general de contenidos, complementaria de la teoría kuhniana de desarrollo, para dotar a la Psicología de un instrumental epistemológico que la sitúe al nivel de la ciencia general. Se proponen, además, cuáles han de ser esos contenidos específicos y se justifica su adecuación por estar en consonancia con los fenómenos mentales y conductuales tradicionalmente abordados a lo largo de la historia de esta ciencia, así como con las aportaciones teóricas específicas de la epistemología y la filosofía de la ciencia, que también apoyan y fundamentan los contenidos propuestos.
Palabras clave: Teoría general, Paradigma, Modelo de desarrollo, Modelo de contenidos.
A lo largo de la historia de la psicología se ha venido sucediendo un reducido grupo de corrientes teóricas, ahora denominadas paradigmas, que ha desplazado temporal o definitivamente a sus predecesoras, introduciendo puntos de vista, fundamentaciones teóricas de la psicología y marcos conceptuales generales, que han hecho olvidar, en todo o en parte, el esfuerzo intelectual realizado por anteriores psicólogos en su afán por construir esta ciencia.
Así, junto al atomismo estructuralista wundtiano apareció la psicología del acto, con una visión en principio contrapuesta en su concepción primordial del psiquismo, en la que la dinamicidad de la mente preconizada por el nuevo marco conceptual poco tenía que ver con la visión anterior, centrada fundamentalmente en la búsqueda de los últimos elementos de la conciencia -contenidos estáticos no procesuales-, con el inevitable enfrentamiento que ello supuso entre los psicólogos pertenecientes a ambas escuelas. Este enfrentamiento, junto a la dificultad de concretar la naturaleza y propiedades de los "elementos" de la mente, frente a la más fácil conceptualización de la "actividad", pudieron ser los factores que favorecieron la práctica extinción de la primera escuela. Sin embargo, ni los atomistas tenían una visión tan estática, ni el mismo Brentano renegaba totalmente de la existencia de contenidos mentales que, como tales, no son propiamente actividad.
Otro tanto podríamos decir que ocurrió entre el paradigma conductista -legítimo heredero de la psicología del acto- y el modelo teórico de la psicología freudiana, que contraponen un modelo mental cuyo fundamento principal estriba en la consideración del aprendizaje como centro y eje de la conducta humana, frente a una dinámica mental controlada por instintos, pulsiones y componentes de tipo biológico, de naturaleza fuertemente determinista, aparentemente contrarios a las leyes del aprendizaje.
Por supuesto, ambas corrientes de pensamiento han protagonizado un choque radical en la historia de la psicología y aún hoy permanecen, en lo que de ellos ha quedado para nuestra ciencia, como corrientes antagónicas que generan modelos de trabajo excluyentes. En este sentido, es de señalar la tradición universitaria existente en algunas facultades de psicología, al menos en décadas pasadas, que dividía a los estudiantes en dos grupos conformados por presupuestos teóricos irreconciliables: conductistas y freudianos.
No obstante, este choque tuvo, y posiblemente aún tiene, unas coordenadas totalmente diferentes a las anteriores; ahora se contrapone el innatismo biologista, como base de conducta y de impulsos, frente a la adquisición cultural, basada en la transmisión del aprendizaje, concibiendo asimismo el paradigma psicoanalítico a la mente como conjunto de procesos inobservables, mientras que el conductista, partiendo de la negación del conjunto de la estructura mental, se limita al estudio de la conducta manifiesta y observable.
No menos oposición podríamos decir se encuentra entre el paradigma cognitivo y los paradigmas que le han precedido. Incluso se observa, por la naturaleza de las publicaciones que se han sucedido y por las preferencias de estudios e investigaciones actuales de la psicología, cómo, una vez más, un solo paradigma logra dominar y aun desplazar a las teorías anteriores, marcando una hegemonía sobre la que no se puede aventurar cuanto tiempo durará a juzgar por lo sucedido en el pasado. De hecho, en la actualidad ya se habla de los importantes puntos de vista del conexionismo y otras escuelas incipientes. El paradigma cognitivo ha venido a sustituir al conductista y no sólo a sustituirlo sin más; sus postulados teóricos básicos van precisamente en contra de la negación de la mente que aquel practicaba, tratando ahora de llenar "la caja negra", y con ello aquel vacío teórico-conceptual que suponía tratar el fenómeno psíquico en simples términos de estímulos y respuestas mediante el cual se obviaba el análisis de los procesos mentales (Caparrós, 1979). Este análisis constituye ahora, precisamente, el objetivo principal de la corriente cognitivista. El enfrentamiento entre las teorías conductistas y las cognitivistas ha introducido una nueva dimensión de contraposición entre escuelas, generando mayor complejidad a la fragmentación existente.
En definitiva, la psicología se ha debatido en una sucesión de corrientes paradigmáticas que han propuesto bases explicativas muy diferentes del psiquismo, o lo que es igual, de algunas de las dimensiones más características de los fenómenos mentales, reemplazándose total o parcialmente unas escuelas por otras, con propuestas teóricas fundamentales en desacuerdo u oposición abierta a las anteriores.
Kuhn (1962) ha explicado, en parte, cómo y por qué se han producido revoluciones y sucesiones paradigmáticas, proponiendo, de hecho, un modelo para entender el desarrollo de la ciencia en general y también el de la propia psicología, modelo que ha servido en los últimos decenios a sus historiadores para explicar, comprender y, en ocasiones, justificar la sucesión de paradigmas, sus confrontaciones y también su coexistencia. Así, el modelo de Kuhn ha resultado ser un modelo historicista procesual (Caparrós, 1979; Carpintero, 1996 y Leahey, 1998) en tanto que explica la forma como unos paradigmas sucedían a otros según fases características de desarrollo: períodos de ciencia normal, fases de crisis, períodos revolucionarios etc., que se han ido produciendo de forma natural en el devenir de la ciencia, como el propio Kuhn constata en el desarrollo de la física, la química y otras ciencias fundamentales.
No faltan estudios que han tratado de verificar en la psicología este modelo kuhniano propuesto para las ciencias en general, tanto a nivel de desarrollo histórico general, utilizando dicho modelo para la reconstrucción de la historia de la psicología, como los realizados por Weiner y Palermo (1973), Caparrós (1978, 80), Buss (1978), Leahey (1982) y otros (citados en Gabucio, 1988), así como en el terreno empírico de observación de líneas de investigación "acotadas" en temáticas concretas (Cartwraight 1973 y el propio Gabucio) donde podría verificarse con mayor precisión este mismo desarrollo.
No cabe duda de que el modelo kuhniano ha ayudado a entender la sucesión de paradigmas en la psicología, las luchas entre escuelas, la imposición de teorías y conceptualizaciones novedosas frente a otras que iban perdiendo vigencia por sí mismas, por su incapacidad de explicar determinados fenómenos o por la producción de descubrimientos revolucionarios que desplazaban teorías menos consistentes. Este modelo ha tenido una gran influencia en el ámbito de la psicología durante las tres últimas décadas como piensa Leahey. Algunos psicólogos, caso de los cognitivistas, se han servido de sus nociones para explicar determinados cambios; por ejemplo, la transición entre el conductismo y la nueva psicología cognitiva (Fuentes, 1985), o incluso para justificar su vigencia a la luz de los principios establecidos por su teoría. Pero, son principalmente los historiadores quienes han sacado mayor provecho al hacer uso de esas mismas ideas para ordenar la historia de la psicología en períodos de crisis, revoluciones paradigmáticas, etc., y justificar la convivencia, o en otras ocasiones, luchas entre diferentes escuelas que se identificaban de una u otra forma con lo que ahora situaríamos bajo de la noción "sociológica" de paradigma.
Unos y otros, sobre todo los historiadores, parece que más que de la noción de paradigma, se sirven del modelo de desarrollo de la ciencia propuesto por Kuhn, que es cuestión más amplia que la simple noción de paradigma a la que, por supuesto, se le debe atribuir un lugar central en el ideario kuhniano, aunque en realidad la concreción de dicho modelo es lo que parece constituir la propuesta fundamental de Kuhn en su Estructura de las revoluciones científicas. Se puede decir que la teoría kuhniana es, fundamentalmente, una teoría del desarrollo de la ciencia y así se desprende de su propio análisis, de las repercusiones más importantes que ha tenido y de los usos que a esta teoría se han dado. En psicología, se puede concluir que ha sido útil para analizar las etapas que esta disciplina ha atravesado, pues ha facilitado la comprensión de algunos de los cambios en ella habidos, sus crisis y revoluciones vinculadas a marcos sociales diferentes, formados entorno a los desarrollos paradigmáticos más importantes.
Sin embargo, una teoría del desarrollo es una teoría insuficiente para dotar a la psicología de un modelo epistemológico comparable al del resto de las ciencias empíricas, suponiendo que éstas lo tengan; Fuentes (1985) incluso niega la validez de las ideas kuhnianas como teoría de desarrollo científico, al atribuirles "incapacidad (...) para explicar precisamente aquello que al parecer debería más adecuadamente explicar -el cambio científico-" llegando a decir de la teoría kuhniana que "viene a limitarse a ofrecer, de hecho, la yuxtaposición entre el desarrollo racional por un lado y los acontecimientos sociales del contexto de descubrimiento por otro..." (p. 65). Esa comparación, en todo caso, mermaría su utilidad al dejar fuera de la misma a los elementos sustantivos que son comparados y que constituyen las nociones teóricas generales en las que la ciencia trabaja.
Es posible que el propio Kuhn no se planteara ir tan lejos y se centrara, a propósito, en las simples cuestiones de desarrollo. En este sentido, yendo más allá del simple valor historicista explicativo de las nociones kuhnianas, Fuentes critica especialmente su concepto de paradigma por carecer de "potencia" epistemológica, pasando a un segundo plano el valor de los conceptos establecidos por Kuhn respecto a su modelo de desarrollo. Esta crítica la fundamenta, asimismo, en el hecho de que la propia comunidad psicológica viene haciendo, a su juicio, un uso excesivamente amplio, a veces indiscriminado, de la noción central de paradigma. Fuentes aduce, además, que "se tiende sistemáticamente a tomar a los contenidos científicos como si fueran sistemas, teorías o representaciones filosóficas del campo" (p. 54); es decir, no se entra de verdad en los contenidos reales de la ciencia. Esta crítica llega hasta el punto de proponer el abandono de la perspectiva epistemológica sugerida por la noción kuhniana de paradigma. Posiblemente no sea para tanto, pero sí que resulta necesario en un futuro ampliarla con mayor rigor de lo que con posterioridad lo hizo Kuhn en Postdata.
La noción de paradigma, incluso contemplada a la luz de las aclaraciones introducidas, más que una revisión en profundidad de los contenidos científicos sustantivos de dicha noción, parece constituir una formulación conceptual del conjunto de características consolidadas de tipo teóricas, instrumentales y sociológicas dominantes en un determinado grupo de científicos, una forma idiosincrásica de hacer y entender la ciencia, siendo en este sentido la idea de paradigma una propuesta limitada y asimilable al modelo concreto de praxis, reglas internas, ejemplo práctico, "ejemplar" de una determinada corriente psicológica, o en su vertiente sociológica, el conjunto de acuerdos o "matriz disciplinar" de un grupo de científicos.
En su crítica a los postulados kuhnianos, Fuentes parece centrarse en la propia inconsistencia de esta noción de paradigma, reparando quizás menos en la más amplia teoría de desarrollo que estos postulados contienen, aunque en algunos momentos también parece que, negando la validez de la noción concreta de paradigma, invalidara lo que de positivo pudiera tener aquella más amplia teoría del desarrollo de la ciencia si aceptamos llamarle de esta manera.
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Claudia Irene: Le agradezco mucho sus aportaciones. Me encuentro haciendo un trabajo sobre las formulaciones de los contenidos en primaria. Sus aportaciones me permitieron entender algunas cosas que no entendía y que venía arrastrando en mi formación como pedagoga.
La informacion tiene coherencia, un lenguaje fácil y está muy bien organizada. Gracias.
Lo felicito.