Durante la modernidad, el "cambio" social se mostró teleológicamente, en términos de metas y propósitos, dirigido hacia la consecusión positiva de coordenadas de bienestar para la humanidad. En opinión de muchos, este es un proyecto inconcluso o fallido (16).
Por el contrario, desde la postmodernidad se postula una ruptura mayor con el pasado como resistencia, denuncia y reacción contestaria a la modernidad. El "cambio" esperado en la postmodernidad es de gran magnitud, en este caso, no sólo de orden social sino de paradigmas; no sólo de formas sino de esencia conceptual. Se critica la actitud postivista modernista de la búsqueda de una sola verdad absoluta, planteando desde el construccionismo social y la teoría de la crítica, la diversidad, pluralidad y la desconstrucción como la metodología para abordar el conocimiento y la vida misma. Se plantea retomar la hermenéutica en análisis de textos y discursos, así como la epistemología (la ciencia del conocimiento) para dar una nueva mirada a las formas en que se construye el conocimiento. Se añade el estudio del imaginario social como conjunto relevante y significativo de representaciones de imágenes construidas socialmente. Se rescata la subjetividad como perspectiva de análisis y se desafían las leyes clásicas normativas y explicativas sobre el conocimiento, el ser humano, y la vida misma.
La postmodernidad se caracteriza, además, por la caída o desahucio de las viejas ideologías, la tendencia económica estatal hacia la privatización, la pérdida y debilitamiento de las prácticas del bienestar social, la mercantilización de todo como mercancía de consumo, las nuevas formas de manejo del capital globalizado, la mundialización de las ideas, la pérdida de fronteras físicas y los "cambios" consecuentes en identidad, organización social y ciudadanía. Este período también está marcado por los grandes "cambios" que impone el desarrollo de las nuevas tecnologías digitales y de informática. La desaparición -por deterioro e incapacidad- del estado benefactor paternalista es notable, así como el despliegue de actitudes de descrédito, desmoralización, cinismo y desesperanza entre las personas, marcadas precisamente por un gran vacío de predicciones sobre hacia donde nos llevan los "cambios" mencionados. Es un período muy contradictorio y confuso donde parece haber una relación de correlación invertida entre desarrollo y tranquilidad humana; esto es, mientras más desarrollo tecnológico ocurre menos tranquilas se sienten las personas. Mientras más opciones existen, menos seguridad tiene el ser humano. Mientras más se sabe, menos soluciones encontramos a los problemas. Mientras más se avanza, más nos estancamos o paralizamos.
¿Qué implicaciones tienen entonces las diferencias entre la modernidad y la postmodernidad como coordenadas de análisis sobre el "cambio"? En estos dos períodos nos hemos movido dramáticamente desde la visión mecanicista medieval del universo (donde el "cambio" era conceptualizado como una alteración negativa del "perfecto orden natural") hasta la concepción del "cambio" como algo totalmente aleatorio, valioso, diversificado y progresivo; finalmente incorporando (en la postmodernidad) la capacidad volitiva del ser humano, hacedor de sus "cambios", organizador del sentido dentro del caos, como parte de sus acciones y representaciones mentales (rescate de la subjetividad, la resistencia y la voluntad).
"La teoría de las estructuras disipativas, conocida también como teoría del caos, tiene como principal representante al químico belga Ilya Prigogine y plantea que el mundo no sigue estrictamente el modelo del reloj, previsible y determinado, sino que tiene aspectos caóticos. El observador no es quien crea la inestabilidad o la imprevisibilidad con su ignorancia: ellas existen de por sí, y un ejemplo típico es el clima. Los procesos de la realidad dependen de un enorme conjunto de circunstancias inciertas que determinan, por ejemplo, que cualquier pequeña variación en un punto del planeta genere en los próximos días o semanas un efecto considerable en el otro extremo de la Tierra. La idea de caos en la psicología y en el lenguaje" (Cazau, en: http://www.avizora.com/publicaciones/epistemologia/textos/0028_teoria_caos.htm).
¿Qué implicaciones tienen estas ideas de "cambio" para el quehacer de la Psicología al presente? Muchos "cambios" han sido propuestos. Veamos algunos ejemplos concretos, por mencionar algunos. Celia Kitzinger (1990) indica que necesitamos romper con las bases pseudocientíficas sobre la cual se han desarrollados tantos discursos "científicos" (raciales y feministas, por ejemplo) en la Psicología hasta el presente. Sampson (1990) coincide al plantear que debemos revisar lo que nuestra disciplina ha permitido llamar el bienestar ("welfare") de nuestra clientela, alegando que detrás del concepto se esconden proyectos ideológicos de control social más que de bienestar real por la persona. Nicolas Rose (1990), de su parte, critica la Psicología como una ciencia anti-social en la medida en que se ha mantenido en la segregación del individuo de sus contextos relacionales objetivizándole de forma atemporal y ahistórica. Erica Burman (2007) nos recuerda que el "cambio" propuesto en el feminismo de los 60 no ha completado su trabajo de igualar a la mujer y ya, en cambio, nuevas estrategias de explotación sobre la niñez, la mujer y la familia (Burman, 1994) han sido impuestas, como la feminización del varón y las víctimas en general. En todos estos argumentos se plantea trascender la retórica pseudocientífica de nuestra disciplina tradicional como un "cambio" disciplinario necesario y urgente.
"Psychology as a discipline - a heterogeneous assemblage of problems, methods, approaches and objects - was born in this social domain in the nineteenth century and its subsequent vicissitudes are inseparable from it. And psychology, as a way of knowing, speaking, calculating, has played a constitutive part in the formation of the social. As the human soul became the object of a positive science, human subjectivity and intersubjectivity became possible targets of government" (Rose, 1990)
Como vemos, el planteamiento positivista de la modernidad no logra crear un conocimiento libre de prejuicios ideológicos que permita crear un cuerpo de conocimiento "neutral" ni aséptico (como había sido propuesto) sino que, por el contrario, ha fomentado la creación de ciencias que adolecen de auto-crítica y compromiso con la solución de la explotación humana, posición duramente criticada y desenmascarada por algunos teóricos ya para finales de la modernidad y de inicios de la postmodernidad.
"... the writers argue that what appears to be supported by science is in fact based only on social beliefs, ideology and myth: evidence which contradicts these myths and stereotypes has been mystified or rationalised away. True science would describe the nature of oppression and demonstrate the equality (or even superiority) of the oppressed".
En ese sentido, podemos comprender el surgimiento de nuevas especialidades, como la social-comunitaria, que se promueve como intento de autocorrección paradigmática en la psicología social, dirigida a acotar el estudio de los factores psicosociales que favorecen el "cambio" en las comunidades, ahora vistas como autogestoras de su propio desarrollo, tanto a nivel individual como a nivel comunal, gestión que presupone que el "cambio" es autodirigido y no controlado por la visión del científico social interventor-facilitador. Cambios similares han sido propuestos en la psicología industrial (Wheatley & Kenell-Rogers, 1998).
Tanto en la terapia (psicología clínica), como en el quehacer industrial-organizacional se proponen "cambios" variados, tales como la reconceptualización del diálogo como instrumento de trabajo: del diálogo autoritario científico al diálogo transformador (Gergen, 2001) (17), en tanto que otros proponen cambiar el lenguaje de las ciencias (en la investigación e intervención) para buscar relaciones que no enfoquen en la identificación del déficit sino de cosas positivas, como la esperanza (Ludema, 2000).
El concepto del "cambio" tiene implicaciones distintas entre los dos períodos que escogimos como coordenadas de análisis aplicativo: modernidad y postmodernidad. Para conceptualizar y explicar el "cambio" en la modernidad, prevaleció un enfoque causalista (búsqueda de explicaciones causa-efecto), en tanto que en la postmodernidad se abre un nuevo espacio hacia la actitud de la no-certeza y la probabilidad. Las explicaciones causales nos llevaban a buscar la comprensión del "cambio" como variable estructuralista en tanto que las explicaciones de probabilidad nos llevan hacia la comprensión de la subjetividad y las representaciones mentales en la medida, y forma, en que se construyen con ayuda de los significados sociales y la herramienta del lenguaje y la semiótica funcionalista. En la modernidad, el ser humano realizaba "cambios" cognitivos y científicos en la medida en que descubría las leyes de la naturaleza física-social y psicológica (presumiendo que los objetos son realidad externa en espera de que se les descubra en sus propiedades, leyes y esencia).
De forma distinta en la postmodernidad, el ser humano reclama su protagonismo como agente activo que construye los "cambios" en la medida en que los necesita por resistencia y/o por trascendencia planificada en sus interacciones sociales. Hemos aprendido, pues, a ver el "cambio" y las propuestas sobre el mismo como algo que no necesariamente implica desarrollo, progreso, evolución como sinónimo de contínuo normativo pre-determinado o automático. Aunque el "cambio" puede tener esas condiciones, puede ser visto como positivo aún en la indeterminación y en las dificultades de predicción hacia un mundo de probabilidades, no de certeza.
Las intenciones positivistas en la modernidad de predecir y controlarlo todo, incluyendo el "cambio", sobre todo en sus cuadros aseptizados sobre la realidad, han sido sacudidas por la nueva visión del "cambio" en la postmodernidad como elemento espontáneo, aunque racionalmente elegido, tanto en las disciplinas y ciencias como en la vida cotidiana. Quizás el mayor "cambio" de todos es que ha llegado el tiempo de las ciencias aceptarse como proyectos de conocimiento reconocidos como explícitamente y, a propósito, inconclusos.
"...in order to create the world anew we will be called to participate in changes that are both deeply personal and inherent systemic" (Senge, Charmer, Jaworski & Flowers, 2004).
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(16) Fernando Mires en su artículo
La revolución paradigmática, según reseñado por Jaime Alejandro Rodríguez. Universidad Javeriana. Relato Digital. Tomado de: http://www.javeriana.edu.co/relato_digital/r_digital/bibliografia/virtual/mires.html
(17) Según Gergen, crear nuevas realidades por medio del lenguaje haciendo cambios en el estilo, objetivo y experiencias del diálogo.