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Reflexiones sobre cultura organizacional e instituciones en el mundo actual

Roberto Rodríguez González
Profesor Auxiliar
Licenciado en Psicología
Universidad Central «Marta Abreu de Las Villas»
Santa Clara, Cuba
Luís Manuel Peteiro Santaya
María T. Rodríguez Wong
Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas
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Trabajo publicado el 15 de mayo de 2007
Resumen
La segunda mitad del siglo XX y los inicios del siglo XXI han estado signados por un vertiginoso desarrollo de las ciencias, por nuevos y complejos procesos tecnológicos, sin duda, la informatización, las tecnologías de la información y la comunicación (TICs), han creado una nueva perspectiva en las relaciones humanas y exigen de las formas de organizarse que sean capaces de dar respuestas a las nuevas demandas que surgen del cambiante entorno. Esto provoca un conjunto de interrogante en cuanto a como deben desarrollarse las organizaciones (DO) qué es lo que se debe desarrollar, cómo hacerlo, cuál es el objetivo cardinal, cuáles los recursos fundamentales.
En el presente trabajo se exponen un conjunto de reflexiones al respecto, tomando como hilo conductor la cultura organizacional, y como organización "tipo" la escuela en particular en su nivel superior (universidad) para enfocar el unto de vista de los autores al respecto.
Palabras claves: cultura organizacional, organizaciones, desarrollo organizacional, desarrollo individual, cambio.
Desarrollo
Los finales del siglo XX y los inicios del XXI han presentado al hombre cambios que se materializan en todas las esferas de la vida: económica, social, política, culturales, en los modos de vida y convivencia, en las concepciones del mundo, en la psicología, en fin, en cada esfera humana. Al introducirse a la vida cotidiana del hombre los adelantos científicos, esto implicó impactos en la esfera de las comunicaciones, en los mecanismos de comercio, en el sistema financiero, etc. Junto con las nuevas tecnologías aparecieron nuevas formas de organización, denominadas transnacionales, nuevas formas de relacionarse las naciones expresados en tratados, convenios, acuerdos de distinto tipo. Puede resumirse que se forja una nueva sociedad.
Considerando que el ser humano, en su carácter social se ha desarrollado desde la interacción, descubriendo en el trabajo coordinado la posibilidad de satisfacer sus necesidades, garantizando su subsistencia, paulatinamente ha construido un mundo de organizaciones, e históricamente ellas han tenido diversas formas: pensar en relaciones humanas, en actividades sociales, en la vida cotidiana en general, es pensar en organizaciones, porque ellas son el eslabón fundamental de mantenimiento y desarrollo de cualquier sociedad.
Es fácil comprender entonces el interés que han despertado en diversas ciencias la definición y el estudio de las organizaciones, sus principales características, funciones, los principios que rigen su desarrollo, etc. Aunque no se puede hablar de consenso entre las diferentes posturas asumidas ante este fenómeno, en la actualidad está ampliamente difundida la concepción de entenderlas como culturas, lo cual implica observarlas como forma de expresión y manifestación de la conciencia humana, de manera que, trascendiendo las perspectivas de estudios económicos, se focalicen sus aspectos subjetivos, ideológicos, simbólicos, así como su componente imaginario, construido por el hombre, esto acorde con sus necesidades en un momento histórico social.
En este sentido, resulta paradigmática la concepción teórico-metodológica que sostiene Edgar Schein (1985), quien explica la cultura organizacional como "el conjunto de presupuestos básicos que un grupo crea, descubre y desarrolla en el proceso de aprendizaje de cómo lidiar con los problemas de adaptación externa e interna y que funcionan al menos lo suficientemente bien para que sean considerados válidos y enseñados a los miembros como una forma correcta de percibir, pensar y sentir en relación con esos problemas". Reconoce en ella diferentes niveles, que define como: nivel de artefactos visibles, nivel de los valores y nivel de las presunciones subyacentes básicas.
Estos niveles tienen carácter jerárquico y están estrechamente articulados, de manera que al modificar uno de ellos se deben producir progresivamente cambios en los demás: al aparecer cambios en los artefactos, se modifican los valores y a más largo plazo se pueden llegar a modificar las presunciones. Este proceso también puede generarse en el sentido contrario, aunque, por lo general, son los más "superficiales" los de mayor dinamismo
Esta concepción de las organizaciones no implica una ruptura total con anteriores definiciones, ni impide el reconocimiento de la importancia de elementos de carácter económico en su estudio; de hecho, el propio autor define como elementos distintivos en las organizaciones: la coordinación racional de esfuerzos, el logro o alcance de algunos objetivos o finalidades comunes a través de la coordinación de actividades, la división del trabajo y la necesidad de jerarquización de la autoridad, que se encuentra generalmente incorporada a una compleja jerarquía de posiciones o rangos, que tienden a definir un área de responsabilidad.
La clave de concebir las organizaciones como culturas no está, como se indica anteriormente, en negar que ella supone elementos de orden pragmático, incluso de carácter formal, material; no niega el reconocimiento de los resultados y determinantes económicos de la actividad humana, sino que destaca el análisis de otros procesos: la riqueza en la producción de imaginarios individuales y grupales (propuestos básicamente como valores y presunciones), que son también productos de la actividad organizacional y se constituyen a su vez en sus propios determinantes.
La educación, al igual que la economía, la salud, el deporte y, en general, las más importantes áreas de actuación humanas, se realizan de manera organizada, coordinada e intencional. De ahí que existan diferentes tipos de organizaciones, en función de las particularidades de sus misiones, de su encargo social: organizaciones productivas, sociales, educativas, entre otras.
En sentido general, las organizaciones educativas, se han caracterizado (independientemente del nivel de enseñanza en que se especialicen) por actuar como escenarios que aseguran orden y reproducción de los sistemas sociales en que están inmersas. Si bien todo tipo de organización en una sociedad reproduce en buena medida la cultura a la que pertenece: las normas, valores y presunciones socialmente compartidas; la educativa ha tenido históricamente esta actividad como su misión fundamental, su encargo social, el objeto que justifica su existencia.
La organización escolar es el espacio de la socialización que trabaja con el conocimiento que la sociedad requiere para consolidarse en el tiempo, aunque no puede considerarse que ésta sea una reproducción pasiva, lineal, exenta de crisis: debemos tener presente que la propia escuela es una construcción histórica orientada a resolver el problema de la transmisión cultural hacia las nuevas generaciones, por lo que también en ella se reflejan y gestan muchos de los cambios o puntos de ruptura del orden social: es reproductora y a su vez productora de cultura, formadora por excelencia de los miembros de cualquier sociedad, esa ha sido y es su misión, independientemente de las formas concretas que asuma para conseguirlo.
Otra característica que tradicionalmente ha identificado a estas organizaciones, y que pautó en buena medida su surgimiento, es su relación con los saberes: el reconocimiento social de la escuela (acepción más difundida para las organizaciones educativas) como institución más legítima de transmisión del conocimiento, que incluso estatalmente se intenta validar más que otros espacios que pueden cumplir funciones similares, como la familia, la iglesia, etc. Esta particularidad marcó, en alguna medida, la representación de las organizaciones educativas como espacios un tanto cerrados, menos dinámicos con respecto a otras de la sociedad, situación fácil de apreciar incluso en las características físicas que tipifican a estas instituciones (las escuelas tradicionalmente han sido centros un tanto cerrados, aislados).
Esta representación ha evolucionado, pues las mismas se desenvuelven ante una realidad que, según Margulies y Raia (1974), se identifica por el ritmo acelerado, casi en forma increíble, de los cambios que se operan en la sociedad actual, que han afectado profundamente a las organizaciones sociales, que se enfrentan no sólo a las innovaciones en las ciencias y en la tecnología, sino también a las modificaciones en los principios y en los conceptos propios de la naturaleza del hombre.
Las organizaciones de educación superior, las universidades, comparten básicamente la misión que resulta distintiva de las organizaciones educativas; ellas deben: "Preservar, desarrollar y promover, a través de sus procesos sustantivos y en estrecho vínculo con la sociedad, la cultura de la humanidad" (Horruitiner, P., 2006). Las universidades van construyendo y asumiendo, determinadas particularidades en función de cumplir con su misión en los diferentes períodos históricos, y en las distintas sociedades en que estén inmersas, reflejadas en la actividad básica de educar, que constituye el objetivo primario de su misión; de manera que, aunque las universidades no han dejado nunca de educar, las formas, procedimientos (incluyendo los de carácter formal e informal) que generan para ello.
Pero a la vez sí han sufrido modificaciones: cambian, por ejemplo, las estructuras organizativas que se conforman para esta actividad, los medios que se priorizan para la enseñanza (en la actualidad, se priorizan los audiovisuales y más recientemente las denominadas tecnología de la información y comunicación TICs), los contenidos a impartir y las formas de organización de estos también cambian (lo cual se refleja en los planes de estudio), la manera de concebir las interacciones que se establecen en el proceso educativo (la relación estudiante-profesor ha sido y es actualmente objeto de análisis, sufriendo de hecho modificaciones e incentivando que aparezcan figuras con nuevas concepciones, como el caso del "tutor" en la educación superior).
Actualmente se destacan varios elementos que han sufrido cambios en las universidades, respecto a las formas tradicionales de estructuración y funcionamiento de éstas, y que las tipifican en la actualidad (Horruitiner, P. 2006):
1. Masificación.
2. Pérdida de exclusividad como instituciones generadoras de conocimientos superiores (aparecen las llamadas "Universidades Corporativas").
3. Disminución de la autonomía: han tenido que estrechar sus lazos (sociales, económicos, culturales) con la sociedad, concretando más su responsabilidad social, lo cual se ha manifestado en la aparición de instrumentos que validen su quehacer, que rindan cuentas a la sociedad. Las formas más frecuentes en ello son los procesos de evaluación institucional y acreditación.
4. Formación integral: las universidades se mueven cada vez más a la formación de valores y competencias, de profesionales creativos, capaces de asumir su autoeducación, independientes, capaces, además, de trabajar en equipos profesionales.
5. Está cada vez más soportada sobre nuevos escenarios tecnológicos (TICs). Esto está introduciendo sensibles cambios en las universidades, fundamentalmente en la forma de pensar de los profesores, para poder asumir cabalmente las nuevas tecnologías.
Estos elementos permiten ilustrar que las universidades, si bien han mantenido la misión con la que surgieron como organizaciones y muchas de sus características distintivas, han sufrido y sufren también cambios significativos, determinados por la estrecha relación que mantienen con la sociedad, y las demandas que esta le impone, en tanto parte importante de su encargo social es precisamente garantizar la formación de profesionales competentes, y la competencia implica adecuación al contexto histórico social en que se desempeñan. No solo es necesario aceptar la dinámica interna del sistema, sino también reconocer que el contexto en el cual se desarrolla el mismo es parte integrante del organismo.
Lo expuesto para la escuela como organización y en particular para la universidad como responsable de la etapa superior de educación, es válido para las restantes organizaciones con que cuenta la sociedad en un momento histórico-social determinado, las que se ven sometidas a los retos que implican los cambios operados en la sociedad.
El más fuerte determinante del dinamismo en las organizaciones son las demandas externas: el medio impone las necesidades de cambio, los fenómenos que se dan en el interior de la organización, su cultura, determina el "ritmo" de esos cambios, pauta su alcance, y las alternativas más factibles para lograrlo. Esta relación se verifica de manera articulada: el cambio ocurre, se da con un grado u otro de intensidad, adopta una u otra forma, en función de la relación entre lo que los miembros de una organización se proponen y lo que el medio externo impone, demanda.
Los comentarios están ordenados desde el más reciente al más antiguo:
Maria Fernanda Ramos: Querido compañero Cubano, no me queda más que felicitarlo y decirle que su trabajo está excelente, ya que estoy realizando una tesis sobre el clima organizacional dentro de las instituciones de educación superior. Realmente para mi será de mucha utilidad. Soy Venezolana y a su vez estudio en la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas a traves del convenio Cuba - Venezuela.
José A. Serna Hinojosa: Me parece un excelente trabajo, y considero que puede ser útil, como información básica, para el desarrollo de otros trabajos o ensayos sobre Cultura Organizacional enfocados a las Instituciones de Educación Superior, ya que como se ha podido observar a lo largo de la historia, la Cultura es parte primordial de los individuos como tal y dentro de las Organizaciones.
nancy rondón: Aunque la revista es básicamente de psicología me parece muy importante el aporte que hacen hacia el campo educativo. Me gustaría que ampliaran la información sobre el tópico de cultura organizacional y desempeño docente, estoy iniciando una investigación sobre este tema y los artículos que aquí presentan me hay ayudado mucho.
Yesid Fonseca: Apoyo a Laureano Prada en su comentario. Este es un artículo de base para quien quiera formarse como psicólogo organizacional, da pautas muy precisas y ofrece una bibliografia para consultar de manera obligatoria. Los felicito por su publicación.
Rodrigo: En general es muy básico pero aclara conceptos importantes y es útil para quien apenas busca literatura sobre este tema sin conocerlo bien.
Helarf La Torre: Es interesante informarnos que colegas cubanos, como el autor del artículo, están presentando temas y enfoques sobre el mundo de las organizaciones, que en todas partes tienen similitudes o aproximaciones parecidas. Felicitaciones por el trabajo.
Laureano Prada P.: Queridos amigos y colegas:
Les escribo desde la bella y controvertida ciudad de Bogotá (Colombia). Soy estudiante de noveno semestre de psicología y he estado instruyéndome, de manera autodidacta, leyendo estos maravillosos artículos de psicología organizacional. El presente documento me pareció buenísimo, es algo que considero básico en la formación de un psicólogo organizacional, en cuanto a que se refiere a la manera de abordar el estudio del desarrollo de la organización en todos sus aspectos fundamentales. Este artículo merece, para mí, una calificación de 8.5/10.0.
Gracias por su amable atención.
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