Tabla 2 - Perfil de la persona reactiva, negativa y afirmativa
- El cambio hacia el carácter afirmativo
Las personas configuramos nuestro mundo interno para responder al mundo externo y siempre lo hacemos a través de estructuras subjetivas. Normalmente, no reaccionamos directamente al estímulo externo sino a lo que nuestro mapa interno nos dice que hagamos: "caso de las fobias". Nuestras creencias forman parte de ese mapa. El medio puede variar, pero si las representaciones del mismo no varían, nuestras reacciones van a seguir.
Aun cuando el mapa no es el territorio, las personas actuamos con base en su mirada interpretativa y para cambiar primero necesitamos ver desde un nuevo ángulo de posibilidades sus circunstancias. Lo anterior demanda, como condición para acceder al mapa de un cliente, "calibrar" los datos que se manejan. ¿Qué ve el cliente? ¿Qué escucha? ¿Qué siente? ¿Qué huele? ¿Qué gusta? ¿Cómo actúan estos datos en la persona?
Los seres humanos tenemos un marco acerca de cómo es el mundo, un marco basado en sus percepciones y experiencia previa. Lo usamos para enfrentar el mundo, aquellas creencias y prácticas a las que podemos echar mano. Las miradas interpretativas develan sus patrones en la búsqueda y uso del poder (temor, inseguridad, crítica, queja, enojo, impaciencia, etc.).
Si todos actuamos, si todos reaccionamos de acuerdo con nuestras representaciones del mundo y no desde la realidad en sí, no es el mundo quien dicta nuestra felicidad o frustración, sino la versión que tenemos de este. Nuestros constructos internos como actitudes, hábitos, motivaciones, adaptaciones, neurosis y psicosis son nuestra versión del mundo, los cuales nos comprometemos en la terapia a renovar.
Imaginemos las posibilidades de cambiar asociadas con la luz. La zona de oscuridad representa la ausencia de luz, el área de preocupación es dominada por el temor incapacitante. En este escenario hay ausencia de poder. La persona es controlada por sus preocupaciones, es una zona ausente de fe, dominada por creencias paralizantes, estados de ánimo depresivos, negativos y ausencia de acción inteligente.
Un segundo escenario está representado por el área de penumbra, una zona gris a la que llega una débil luz. El área de penumbra representa la zona de duda, en la que hacemos uso del poder por medio de intentos débiles que nos mantienen en el área de control de nuestras preocupaciones. En este escenario la persona es controlada por la queja, la crítica, la indecisión y las acciones reactivas a la espera de que la suerte, la magia u otros resuelvan por el quiebre. Las personas en la zona de penumbra creen que otros deben resolver su situación, debilitándose ante ese tipo de creencia, porque cuando se hace por otros lo que ellos deben hacer por sí mismos, se les está volviendo débiles.
Un tercer escenario está representado por el área de luz, una zona iluminada, donde se identifica nuestra área de poder, la capacidad de creer para crear y construir opciones. En este escenario la acción se desplaza con fluidez hacia los resultados. Los quiebres son identificados como retos y son abordados a través de la iniciativa, la articulación de alternativas y la acción inteligente.
Un cuarto escenario está representado por el arco iris. Cuando la luz de descompone, de ella surge el espectro de colores. Este escenario representa el poder del experto y del innovador que resuelve situaciones complejas y a la vez se anticipa ante quiebres futuros, diseñando, construyendo y multiplicando soluciones.
Para trabajar los tres niveles de la pirámide de autogestión hacia el carácter afirmativo, liberándonos de nuestros quiebres, nos enfocamos en la reprogramación conductual. Un descubrimiento impresionante consiste, paradójicamente, en el hecho de que cambiando internamente podemos cambiar nuestro medio.
La Reprogramación Conductual CEM
La conducta presenta los siguientes elementos:
- Lo que la persona piensa y cómo lo piensa.
- Lo que la persona siente y cómo lo siente.
- Aquello que la persona dice y cómo lo dice.
- Lo que la persona hace con lo que piensa, siente y dice.
- La manera que el cuerpo expresa lo que la mente piensa y siente.
Para alcanzar el cambio afortunado la primera condición está determinada por los compromisos; terapéuticamente solo logramos facilitar aquellos cambios con los que los clientes están comprometidos. Enriquecer el mundo interno posibilita enriquecer el mundo externo, cuando nos comprometemos con la acción.
Al incursionar en el mundo interior de la persona descubrimos, dentro de su versión de la realidad, lo que le es útil y lo que le intoxica. Para identificar estos elementos, al explorar el modelo interno de la persona es útil conocer sus señales de acceso a ese mundo las cuales, según la Programación NeuroLingüística, son visuales, auditivas, kinestésicas y olfatorias. Ver lo que no se ve, oir lo que no esta al oído, anticipar lo que no ha sucedido, son elementos de la intuición práctica que demanda leer la corporalidad, emocionalidad, diseño conversacional, creencias y patrones conductuales. La lectura nos mueve a enriquecer el mundo interno de la persona, al ofrecerle miradas alternativas, nuevos estados de ánimo y prácticas para disolver sus quiebres.
Ampliar el mundo de una persona es mucho más que cambiarla, es mantener lo que funciona y sumarle recursos apoyados en miradas de posibilidades capaces de ahogar la crítica y queja.
Renovar su modelo interno permite actuar con más flexibilidad, con manos libres para los cambios funcionales, comprometidos con propósitos claros. Responder a la necesidad propia y del otro requiere flexibilidad y fortaleza. Actuar llevando consigo alternativas de acción, seleccionando en cada situación la adecuada, enriquece el poder personal.
Tener más puntos de referencia abre el abanico de miradas con lo que el cambio oportuno emerge más fácilmente.
Mantener lo que funciona, restándole lo que enferma, permite multiplicar el poder de un nuevo recurso. Cuando la persona no ha sacado lo que enferma, termina diluyendo la utilidad del nuevo recurso.
Las personas escogen la mejor alternativa que tienen a disposición en un momento dado. Todos tenemos extraordinarios recursos dentro de los cuales no nos damos cuenta, a ellos podemos acceder y usarlos.
Las fases del proceso CEM son:
1. Preparación
Explicar al cliente dinámica. Explorar estrategias inocuas.
Declaración I.I.- Identificación del problema, intensidad, PM, deshidratación, arreglos.
- Mapa del último viaje, en el que se revisan las conductas recurrentes asociadas con el problema central del cliente.
- Identificación de quiebres, preocupaciones o problema central del cliente, para lo cual pueden usarse técnicas energéticas, como la prueba muscular.
- Análisis y compresión de quiebres. La identificación de quiebres pasa por un espacio de internalización con el apoyo de meditaciones, visualizaciones y ejercicios de coaching ontológico, para enriquecer la mirada de posibilidades.
- Soltar la cuerda. Analogía en la que el cliente se compromete a romper con la mirada, emociones y prácticas que lo han mantenido anclado al problema.
2. Articulación o creación de posibilidades para la acción
- Mirar la serpiente ardiente. Analogía para reforzar la mirada de posibilidades, asociada con el estado en el que el cliente ha superado el quiebre que lo lleva a la consulta.
- Desarrollo del nuevo mapa de posibilidades, basado en el libro Un nuevo comienzo.
- Responsabilidad e impecabilidad en el cumplimiento de tareas terapéuticas del libro Un nuevo comienzo.
3. Desensibilización y reprogramación
- Chequear inversos con PM, contradicciones (callejones sin salida, autosabotaje).
- Corregir enganche de Cook con reflejo neurolinfático.
- Meditación CEM.
- Fijar declaraciones, quiebre sanadora.
- Repetir hasta llevar a SUD a 0.
- Utilización de protocolos de terapia energéticas y de PNL.
- Cambio de escenarios usando la analogía de las 7 zambullidos o 7 repeticiones para afianzar las conductas reprogramadas.
4. Afirmación y disolución de quiebres
Dejar limpia la casa y reamueblarla. Se establecen prácticas de refuerzo para llenar el espacio que ocupaban las viejas tradiciones.
Estas cuatro etapas se pueden representar de la siguiente manera:
Tabla 3 - Protocolos CEM
5. Elementos para el trabajo
- Calibrar:
Es probar lo que sucede en la comunicación e interacción de las persona. Escuchar y mirar puntos de comportamiento consistente (comunicación no verbal, gestos, ojos, tono, postura). Hacer pausa y comparar con intuición. Confirmar señales de interes, motivación, congruencia
- Congruencia:
Concordancia entre comunicación verbal y no verbal.
- Raport:
Establecer relaciones de confianza, lo hacen los buenos comunicadores. Un buen raport es amistoso -reflejar o hacer espejo-. Para lograr raport usamos el matching.
Matching o marcar el paso. Ajustamos nuestra conducta al ritmo del interlocutor, en lugar de forzarlo al nuestro. Es un a forma amable de establecer comunicación, encontrando a la otra persona en su propio modelo o mundo. Para hacer matching o copiar la imagen de la otra persona podemos ajustar todo el cuerpo, la mitad, el ángulo de la cabeza y hombros, expresiones faciales, gestos.
Conclusión
La búsqueda de mapas para la acción para disolver quiebres en sus diversas intensidades nos mueve a explorar diversos modelos terapéuticos. La reprogramación conductual CEM busca presentar una alternativa dentro de la familia de terapias que integran conceptos de desensibilización y programación.