El proceso CIAPCEI para el desarrollo de competencias es un camino de cuatro etapas, tal como se demuestra a continuación.
Tabla 1 - Proceso CIAPCEI para el desarrollo de competencias
El cuadro presenta un perfil de los comportamientos típicos en el desarrollo de competencias para la acción, el cual va del nivel Inconscientemente Competente, Conscientemente Incompetente, Conscientemente Competente al Inconscientemente Competente.
El ciclo para desarrollar competencias
El desarrollo de competencias para la vida es un proceso de apertura al aprendizaje que demanda salir del círculo de comodidad y pasar al círculo del cambio, declarando el quiebre al reconocer nuestra necesidad de adquirir nuevas prácticas. El quiebre representa un estado de insatisfacción con la situación actual que nos incomoda, provoca crisis de abandono y promueve el deseo activo y la determinación.
El deseo activo y la determinación posibilitan entrar al círculo de incomodidad, donde se producen los cambios y la manera en que lo hacemos es similar al camino que seguimos cuando queremos aprender a manejar patines o una bicicleta, es decir, montándonos en ella y comenzando a pedalear. Es útil recordar que el tamaño de los cambios debe trazarse de acuerdo con lo que estamos en capacidad de hacer, para no correr el riesgo del que se sube en la bicicleta y se deja venir de la loma, cayéndose y renunciando a volverlo a intentar.
La apertura expresada por el deseo activo y la determinación nos facilita salir del nivel Inconscientemente Incompetente al aceptar nuestras contumacias (terquedades, ignorancias), lo que abre la posibilidad del segundo paso, el compromiso con la acción de aprender, declarándonos ignorantes, con lo que avanzamos hacia el nivel conscientemente incompetente.
Guillermo Wechsler, consultor chileno en Coaching Organizacional, sostiene que declarar ignorancia abre la posibilidad de convertirnos en aprendices, al otorgar autoridad al maestro y alcanzar el comportamiento de un principiante. Permite avanzar al nivel de desarrollo de prácticas eficaces, con lo que llegamos al nivel Conscientemente Competente, siendo capaces de realizar prácticas eficaces en el dominio de aprendizaje elegido.
La constancia de propósitos en la mejora continua nos lleva a través de la práctica al cuarto nivel del perfeccionamiento de competencias. Actuando de manera Inconscientemente Competente alcanzamos la condición del experto, siendo capaces de discriminar entre varias opciones la mejor, tal es el caso del médico especialista, capaz de discriminar de entre un conjunto de síntomas aquel que explica el problema. El nivel del innovador se alcanza al pasar de experto en un determinado dominio, a un creador de nuevas prácticas capaces de cambiar la vieja manera de hacer las cosas, siendo un pionero de paradigmas.
Los pasos antes descritos están integrados en lo que llamaremos el ciclo de la acción para el desarrollo de competencias, que se presenta a continuación:
Gráfico 2 - Ciclo de acción para el desarrollo de competencias
En el gráfico se observa la obvia realidad que arranca con el nivel Inconscientemente Incompetente y el resultado útil que aterriza con el nivel Inconscientemente Competente.
En el centro se ubica el círculo de comodidad y el paso hacia el círculo de aprendizaje a través del quiebre que posibilita alcanzar el deseo activo y la determinación, para avanzar hasta el innovador, del dominio inconscientemente competente. Tal como se presentó en el esquema anterior, el camino del aprendizaje de competencias para la vida es un proceso.
La Pirámide de Gestión Personal (PGP)
Cuando el aprendizaje se relaciona con el desarrollo del potencial individual, los mapas para la acción facilitan la definición de nuestros propósitos, es así como presentamos la pirámide de autogestión del potencial.
Toda intensión por salir de nuestro círculo de preocupación tiene su contraparte, representada por fuerzas que condicionan o limitan los propósitos establecidos. En el momento que elegimos un curso de acción aparecen circunstancias que favorecen el logro de nuestros propósitos y otras que lo obstaculizan. Esas fuerzas están dentro de nosotros y en el medio. El hombre es el gestor de su propia vida, debe administrar esas fuerzas reconociendo, en primera instancia, las que están en él (fortalezas y debilidades) y luego las que le rodean (oportunidades y amenazas).
¿Dónde espera estar usted en uno, tres o cinco años? ¿Con qué recursos cuenta? ¿Cómo piensa activar las fuerzas para alcanzar sus metas? ¿De qué manera se asegurará de llegar al destino fijado? El gestor comprueba que los hechos sucedan de acuerdo con lo planeado. Pero, así como hay gerentes que administran por reacción, actuando sólo cuando surgen los problemas (al igual que un bombero), los seres humanos podemos vivir cada día actuando contra y no en favor de las circunstancias. Si nuestras condiciones materiales de vida son muy limitadas, podemos esperar que vengan otros y nos extiendan la mano, una y otra vez hasta que se aburran o se les vacíen las bolsas; por el contrario, podemos definir nuestra visión a corto, mediano y largo plazo, aprovechando los recursos disponibles y crecer.
En Sudamérica existía un puerto en el que al atardecer aparecían los pescadores con sus redes llenas, así como grupos de gaviotas buscando compartir aquellos peces más pequeños, que para los marinos no eran importantes. Un día, al cerrarse el puerto, los pescadores se alejaron del lugar y desde entonces las gaviotas se mueren de hambre. El mar sigue lleno de alimento, pero las gaviotas perdieron el poder de autogestión, o endoliderazgo, por lo que ceden todo su potencial frente a las obvias realidades y, por tanto, mueren. Este caso ilustra como toda ayuda innecesaria debilita nuestro carácter, inteligencia y competencias.
La reprogramación conductual CEM es un mapa que nos compromete con la acción a partir del aprendizaje de competencias para la vida, hacia la administración de nuestro escenario influencia-preocupación. A continuación se presenta la pirámide de gestión personal, en la que se exponen tres niveles, tipos de gestión, estilos de respuesta y rasgos deseables en quienes se esfuerzan por pasar del lamento a la renovación.
Gráfico 3 - Pirámide de Gestión Personal
Esta pirámide representa un perfil del desarrollo humano que va de lo básico hacia los niveles superiores.
El propósito de este perfil es el de conocer la estructura de nuestro propio desarrollo personal, definir dónde están las fallas y fijar aquellas metas que elevarán nuestra calidad de vida, tanto a nivel general, como específicamente en nuestra área laboral.
En la pirámide se observan tres niveles:
El primer nivel se ubica en la base y lo denominaremos TAD, ya que presenta tres dimensiones de la gestión personal, Triunfalismo, Autenticidad y Derrotismo.
Al segundo nivel le llamaremos AGAPE y está relacionado con el área interpersonal. Ofrece tres dimensiones de la Gestión Interpersonal que son: Agresividad, Asertividad o Aserción y Permisividad.
Al tercer nivel, ubicado en la punta, le llamaremos RAN. Está relacionado con el área existencial y ofrece tres dimensiones de la Gestión Integral: Reactiva, Afirmativa y Negativa.
El nivel TAD
La Autenticidad. Aquí encontramos a un individuo que ha labrado una imagen real y positiva de sí mismo, en la que no piensa ni se siente superior o inferior que los que le rodean; por ello, es capaz de confiar en sí mismo, reconociendo con claridad sus fortalezas y limitaciones.
La autenticidad es alimentada por un conjunto de creencias y estados de ánimo apoyados en logros del pasado y en actitudes frente a la vida del tipo "Yo estoy bien y los demás están bien", reflejando auto aceptación de rasgos, como el color de su piel, su estatura, color de los ojos, tipo de nariz; así como cualquier limitación con la que naciera o que adquiera en el transcurso de su vida. Esta aceptación no es pasiva, ya que implica reconocer que hay rasgos que están con él y continuarán así, por lo que elige trasladar su energía hacia el cambio personal.
La aceptación activa va reforzando la autoestima, la cual no es más que el valor que el individuo se atribuye a sí mismo frente a sus circunstancias. El reconocer su individualidad entre tantos "unos" le permite saber que es importante, es diferente, irrepetible y que descubrir su propio valor le permitirá hacer los cambios en su personalidad que lo acercarán a su potencial. La autoestima le permitirá, entonces, adquirir la confianza de que cuando caiga, pierda o fracase se podrá levantar, volver a empezar, recuperarse y triunfar frente al rival más importante: Él mismo.
Pero no siempre el individuo mantiene una disposición hacia la autenticidad; puede perder "la sintonía" y caer en el triunfalismo, actitud adulterada, en la que aflora una seudoconfianza que lo lleva a cantar victoria antes de entrar a la cancha.
En el otro extremo encontramos al derrotista, la actitud opuesta al triunfalismo. El derrotismo sustituye la seguridad racional de la confianza por el temor de perder, el cual es tan fuerte que desactiva la energía disponible para el esfuerzo inteligente, cediéndolo todo, aún su propia autoestima, antes de siquiera iniciar el intento.