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Revista » Psicología Social y Comunitaria » la cooperación internacional en la ayuda contra el terrorismo

La cooperación internacional en la ayuda contra el terrorismo


 

Fernando Díaz Colorado
Psicólogo
Magister en Filosofía Latinoamericana
Universidad Javeriana
Bogotá, Colombia


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Según Marx, el verdadero límite de la producción capitalista lo es el propio capital (Marx, 1985),  pero la vida es el límite absoluto del capital. Al destruirse la vida humana tal como está sucediendo hoy en día, se destruirá el mismo capital. La destrucción ecológica y la destrucción de la vida humana es la destrucción de la misma sociedad, al ser destruida esta no existirá el capital. Se da una contradicción entre la misión histórica del capitalismo (aumento de la producción y de la ganancia) y las relaciones sociales de producción que de él emanan (expropiación y empobrecimiento de la masa de productores directos). Es decir, el modo de producción capitalista tras su ceguera que persigue sólo la obtención de la ganancia por la ganancia no se ha dado cuenta de que la vida humana es la condición absoluta del capital, por lo que su aniquilación destruye el capital; entonces, surge como limitante el hecho de que la muerte de la vida humana es la liquidación del mismo capital, y peor aun, de la misma humanidad. El desgarramiento de la vida humana en la miseria y en el hambre de la mayoría de la humanidad, así como la privatización de los bienes y servicios públicos, además de la conciencia de los sujetos proporcionan clara constancia de ello.  


Sin embargo,  es bueno recordar que hace más de sesenta años  las Naciones Unidas prometieron liberar a las futuras generaciones del flagelo de la guerra, proteger los derechos humanos esenciales y promover el progreso social y mejores niveles de vida en un entorno de mayor libertad. La Declaración del Milenio adoptada en el año 2000 prometía reducir la pobreza extrema y ampliar los derechos universales de aquí al 2015. Pero, si el mundo continúa con la tendencia actual, no se reducirá la mortalidad de los niños menores de 5 años y el déficit equivalente a 4,4 millones de muertes evitables en el 2015. Más de 41 millones de niños morirán antes de cumplir los 5 años, por causa de la pobreza, que es la enfermedad más grave del momento actual, para este mismo año, 308 millones de personas tendrán un ingreso inferior a 1 dólar al día; 47 millones de niños de los países en desarrollo seguirán sin poder estudiar (ONU, 2005).


La era de la globalización se ha caracterizado por enormes avances en el campo de la tecnología, el comercio y las inversiones, así como por un impresionante aumento de la prosperidad. El progreso en desarrollo humano va quedando a la zaga. Las diferencias entre ricos y pobres se encuentran en aumento. La brecha en la mortalidad infantil entre ricos y pobres muestra los mismos índices. A pesar de sus logros, la globalización y el progreso científico están muy lejos de terminar con el sufrimiento innecesario, las enfermedades debilitadoras y la muerte por causa de enfermedades evitables que siegan la vida de los pobres.


Vivir una vida larga y saludable es un indicador básico de las capacidades humanas y las desigualdades en esta área están ampliándose. Partiendo de una perspectiva global, desde 1960 a la fecha, la esperanza de vida aumento en más de 16 años en lo países en desarrollo y apenas 6 en los países desarrollados. Sin embargo, la brecha media de la esperanza de vida se ha ampliado entre países de ingreso alto y bajo y es de 19 años actualmente. De esta manera, alguien nacido en la India puede esperar vivir 14 años menos que aquel que ha nacido en los Estados Unidos.


En cuanto a la democracia en América Latina, según el informe de Desarrollo humano (ONU, 2005, pág. 58), la participación electoral el irregular, la representación de pueblos originarios y afro-descendientes en el parlamento es, en general, muy reducida. Los partidos políticos atraviesan una crisis muy severa, y no son reconocidos por la mayoría de los pueblos como confiables. A pesar de los avances normativos la no discriminación no está aun suficientemente garantizada. Se mantienen fuertes desigualdades en el trato a  personas pertenecientes a distintos grupos, las leyes que protegen a los niños en el trabajo son frecuentemente desconocidas y los trabajadores han visto disminuir su protección social. Los grupos más excluidos del ejercicio pleno de la ciudadanía social son los mismos que sufren carencias en las otras dimensiones de la ciudadanía. Los problemas centrales en este plano son la pobreza y la desigualdad, que no permiten que los individuos se expresen como ciudadanos con plenos derechos y de manera igualitaria en el ámbito público, y erosionan la inclusión social.


Los indicadores muestran que todos los países son más desiguales que el promedio mundial. En 15 de los 18 países estudiados más del 25% de la población vive bajo la línea de la pobreza y en 7 de ellos más de la mitad de la población vive en esas condiciones; ello a pesar de que en 12 de los países la pobreza disminuyó. El alza en los índices de desocupación durante la década de los 90, es una de las más grandes carencias de América Latina. La protección social de las trabajadoras disminuyó y aumentó el empleo informal, en general, de baja calidad  y escasa utilidad social e insuficiente para generar una integración social que garantice un mínimo de bienestar.


La crisis política se expresa en el divorcio entre los problemas que los ciudadanos reclaman resolver y la capacidad política para enfrentarlos (ONU, 2005, pág. 150). Para algunos, la democracia será inviable mientras no se resuelvan los problemas de la pobreza y se logre un mínimo aceptable de igualdad. Sin embargo, el informe sostiene que sólo con más y mejor democracia las sociedades latinoamericanas podrán ser más igualitarias y desarrolladas, ya que sólo en las democracias los que carecen de niveles mínimos de bienestar y sufren las injusticias de las desigualdades, pueden reclamar movilizarse y elegir en defensa de sus derechos. Como lo señala Pierre Rosanvallon en el mismo informe, la ciudadanía caracteriza una condición de inclusión en una ciudadanía de ciudadano. Pero esta última no puede ser definida simplemente por el derecho al voto y la garantía de ver protegido cierto número de libertades individuales. La ciudadanía se caracteriza también por la existencia de un mundo común. Tiene necesariamente en otros términos una dimensión societal. La democracia es más que un conjunto de instituciones y principios políticos. Para alcanzar su plena realización, la democracia  requiere de personas capaces de decidir y argumentar, pero una vez sus condiciones materiales de existencia le proporcionen una vida digna, que le posibiliten vivir de acuerdo con el proyecto que ésta establezca.


La democracia, como lo señala el informe de la ONU, implica el  acceso sustantivo al poder del Estado, es decir, que no haya otra organización, formal o no con poder igual o superior al Estado, atributo que implica el monopolio del uso efectivo y legítimo de la fuerza, la capacidad para impartir justicia de modo efectivo y definitivo. En los actuales momentos asistimos a la presencia del crimen organizado con estrechos vínculos con los políticos, que ha dado origen al fenómeno mafioso en el poder (Belikow, 2004). El Estado en América Latina no garantiza la seguridad de sus ciudadanos, hasta el punto de que la tasa de homicidios es de 25,1 por 100.000 habitantes la más alta del mundo. No ha habido avances significativos en relación con el respeto a los derechos de la vida, la integridad, la discriminación y la seguridad. La magnitud de las deficiencias de los aparatos de justicia en América Latina emerge con mayor contundencia cuando se observan indicadores sobre población carcelaria, presos sin condena y capacidad carcelaria existente. La cantidad de presos sin condena o procesados es de 54, 8 % del total de la población carcelaria, que comparada con el 18% que muestra para los Estados Unidos es una cifra escandalosa (ONU, 2005, pág. 168).


Es por esto que amar la democracia es vivir y reproducir la vida en comunidad. La comunidad de vida es una condición de una comunidad de trabajo que a su vez puede ser la única base sólida sobre la que se construya una comunidad de diálogo y  argumentación apenas acorde con el estilo democrático. El discurso, por lo tanto, no se circunscribe a una polarización entre el norte y el sur, ni entre el centro y la periferia, como contraargumentos que permitan dar la razón a uno de los dos polos. Por esto, se invoca el principio ético universal que es negado por el sistema vigente que se globaliza: el deber de la producción y reproducción de la vida, específicamente perentorio en las víctimas de este sistema que excluye a los sujetos éticos y sólo incluye el aumento del valor de cambio. La ética se construye sobre juicios de hecho y el hecho masivo al  que estamos refiriéndonos, es el de la exclusión de la mayoría de la humanidad del proceso de la Modernidad y del capitalismo, que son los que monopolizan para sus agentes la reproducción y el desarrollo de la vida, la  riqueza como bienes de uso y la participación discursiva en las decisiones que los beneficia como el grupo de los 7 y que excluye a sus víctimas. La ética deviene así como el último recurso de una humanidad en peligro de autoextinción. Sólo la corresponsabilidad solidaria, desde el criterio de verdad, vida-muerte puede ayudarnos a salir airosos de esta encrucijada (Yori, 2002).


Ante este panorama es importante señalar las conclusiones a las que se ha llegado en los diferentes foros internacionales sobre como enfrentar el terrorismo desde una estrategia global. En la cumbre Internacional sobre Democracia, Terrorismo y Seguridad, celebrada en el mes de marzo de 2005 en Madrid, la cooperación internacional  recomendaba mucha democracia, educación y ayuda al desarrollo económico de los países más desfavorecidos como los mejores instrumentos para derrotar el terrorismo. Con la asistencia de Hamid Karzai, Presidente de Afganistán, Miguel Ángel Moratinos, Ministro de Asuntos Exteriores de España, Kjell Magne Bondevik, Primer Ministro de Noruega, Javier Solana, alto representante de la política exterior europea, Enrique Iglesias, Presidente del Banco Interamericano de Desarrollo y el financista Jorge Soros, Presidente de la Sociedad Abierta, las conclusiones del encuentro plantearon las siguientes recomendaciones para una acción conjunta de cooperación internacional:


1. Realizar una concertación global contra el terrorismo.

2. Avanzar en la construcción de una definición de terrorismo que facilite una acción más eficaz.

3. Elaborar una agenda de lucha contra el terrorismo que combine la eficacia con respecto de los valores democráticos.

 4. Reforzar el sistema multilateral por medio de las resoluciones 1.373 y 1.377 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que permiten que el Comité contra el terrorismo, dependiente del Consejo sea un instrumento útil, para apoyar e incluso forzar la lucha contra el terrorismo por parte de todos los estados miembros.


Sin embargo, esto no alcanza a satisfacer la creación de un entorno global favorable a esta lucha. Para Von Hippel, investigadora del King's Collage de Londres (En: Cumbre Internacional sobre Democracia y Terrorismo, febrero, 2005), lo ideal sería un enfoque multidimensional coordinado que contenga una combinación de medidas militares, policiales, legales, de servicios de inteligencia y de control financiero, y una visión y voluntad claras de combatir la ideología y el entorno favorable en el que nace el apoyo a las redes terroristas. Este tipo de respuestas presentan un problema obvio si el interés es una confrontación universal frente al terrorismo, quien define a los excluidos del acuerdo, por ser considerados nichos o lugares de afianzamiento del terrorismo. Se retorna a la misma lógica es el imperio el que determina quien es o quien no es terrorista. Un aspecto interesante es que la incapacidad de formar un frente común multilateral y con la participación de todas las naciones es debida a:


1. La ausencia de voluntad de los Estados Unidos de buscar la creación de una plataforma para consensuar una estrategia y un plan de acción globales a través de la ONU, sino que ha tomado la iniciativa desde su propia y particular posición, sin lograr un apoyo unánime y, en la mayoría de los casos, ha producido un rechazo a sus acciones como las ocurridas recientemente en Afganistán e Irak.

2. La enorme brecha creada entre partidarios y detractores de la guerra de Irak, que ha generado un impacto negativo en la comunidad internacional y que ha impedido una adecuada colaboración.

3. La diversidad de opiniones y reacciones frente a las causas profundas de la violencia terrorista, donde los intereses y las alianzas de los países que los valoran son difíciles de concertar.

 4. Diferencias en la concepción del terrorismo musulmán frente a otro tipo de terrorismo y al uso legítimo de la violencia.

5. Los diferentes matices frente a la consideración del terrorismo como la gran amenaza o como un problema más.

6. La necesidad de reformar o no el marco legal internacional para luchar contra el terrorismo, incluyendo la modificación del artículo 51 de la Carta de la ONU, para incorporar una noción más amplia de la autodefensa y más flexible del ataque preventivo.

Estas consideraciones no hacen más que confirmar que, mientras no haya una meridiana claridad sobre la definición de terrorismo y sus implicaciones políticas,  la cooperación contra esta amenaza está muy distante. Pero uno de los aspectos de mayor debate consiste en que para algunos hay una necesidad de adoptar una ley internacional  más fuerte, mientras defienden la legalidad de la guerra de Irak, las detenciones extrajudiciales en Guantánamo y  las altas cifras de víctimas civiles en operaciones de combate, ya que si todo esto es legal, en qué otros aspectos se pueden rebajar, entonces, las salvaguardas actuales. De igual manera, se propone reformar el Consejo de Seguridad para darle la capacidad y representatividad necesarias para generar una respuesta global al terrorismo.


Esto nos hace pensar que no es posible un acuerdo global internacional desde las Naciones Unidas tal como están constituidas. El poder omnímodo de los Estados Unidos y su uso discrecional de acudir o no, cuando lo consideren útil a sus intereses, impide la conformación de este bloque. Se hace necesario entonces una búsqueda desde otra perspectiva que considere una nueva forma de aceptar la diversidad de la humanidad. Hay que considerar que no hay un universo único que hay es un multiverso, y que la tarea es permitir que cada sociedad establecida construya su horizonte de sentido, donde el valor ético universal sea la defensa del vivir con dignidad. Se hace necesario rehacer el contrato para permitir la participación de los excluidos, de los sin voz y de los olvidados.


Es imprescindible construir una nueva racionalidad que contemple otras formas de conducirnos y de soñar el mundo. Otras formas de trabajar y de gobernarnos. Otras formas más cercanas a los sueños y a las utopías. Un mundo donde todos tengamos la oportunidad de participar y de disentir. Un mundo donde la diferencia no la haga el capital, sino donde la unidad sea la diversidad y la alteridad, donde la disyuntiva no sea vida-muerte. La actual racionalidad ha permitido la proliferación del odio, el resentimiento y la humillación, que son el alimento formidable del terrorismo. Se podrá eliminar físicamente a muchos terroristas, arrasar gran cantidad de países, destruir ciudades enteras pero mientras en el sentimiento de los hombres se almacene el odio y la humillación, la posibilidad de una acción terrorista siempre estará presente.

 

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Comentarios a este trabajo



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Jose Oraa: Excelente artículo. Muy ilustrativo acerca del terrorismo.

 



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