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Revista » Psicología Social y Comunitaria » la cooperación internacional en la ayuda contra el terrorismo

La cooperación internacional en la ayuda contra el terrorismo


 

Fernando Díaz Colorado
Psicólogo
Magister en Filosofía Latinoamericana
Universidad Javeriana
Bogotá, Colombia


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Por esta razón, la concepción de las víctimas como dolor y sufrimiento producto de la injusticia del crimen, se amplía y eleva a una condición de comprensión aún mayor. Las víctimas son, entonces,  los desplazados, los refugiados, los pobres, los excluidos; los exiliados, y los errantes; la periferia, en donde una forma totalitaria de racionalidad (racionalidad centro-europea-americana) genera la división de los territorios quedando demarcados geográficamente por el reconocimiento "de lo mismo" y por el rechazo de "lo otro".


El mundo actual está bajo el dominio del imperio liderado por los Estados Unidos, desde donde surge el discurso homogeneizante y dominador, donde todo aquello que es bueno para el imperio es bueno para todo el mundo, es decir, la teoría del destino manifiesto que todo el universo debe acatar, con la pretensión de que seguir el proyecto americano es la mejor alternativa para alcanzar el proyecto comunitario. Desde esta perspectiva, todo aquel que se oponga debe ser enrumbado de cualquier manera en el proyecto planteado. De esta manera, la periferia queda sometida bajo el discurso hegemónico y dominante que no admite discusión. La perspectiva multiétnica y multicultural es vista como una alternativa viable, opuesta a la pretensión dominante y de exclusión. Como  lo recordara Dussel: "la pretensión de universalidad de cada cultura (desde la esquimal) o bantú, hasta la azteca náhuatl o moderna europea postconvencional) indica la presencia del principio material universal dentro de toda cultura, lo que se opone al etnocentrismo. Etnocentrismo o fundamentalismo cultural es el intento de imponer a otras culturas la pretensión de universalidad que mi (nuestra) cultura posee, antes de haber sido discursiva e interculturalmente probada. La pretensión seria de cada cultura a la universalidad debe probarse por el diálogo racional cuando hay confrontación entre culturas. Y cuando se confrontan históricamente las culturas, el diálogo es posible desde la pretensión de universalidad de cada una, y materialmente desde el principio contenido, de la reproducción y desarrollo de la vida de todo sujeto cultural que alienta a cada cultura y a todas, por dentro, y que permite materialmente descubrir articulaciones reales al comenzar a dialogar sobre el cómo cada cultura reproduce o desarrolla la vida humana en concreto. El momento intersubjetivo discursivo es exactamente el momento procedimental que permite formalmente dicho diálogo, pero que no niega la lógica del contenido material del cual los dialogantes deben partir. Todo esto lo hizo fracasar el eurocentrismo de la Modernidad ante las culturas periféricas desde finales del siglo XV hasta el presente" (Dussel, 1998).


Para Isaac Enrique Pérez (2003), economista mexicano, la globalización suele presentarse como un proceso "novedoso, prometedor y salvador de los maleficios de la humanidad". Desde la perspectiva de la sociología del conocimiento, el estudio de la globalización como ideología permite encarar el extremismo del discurso globalista sintetizado en una sabiduría convencional cimentada y fomentada por poderosas fuerzas e intereses, habiéndosele instalado entonces como un paradigma montado sobre varias falacias, mitos o slogan, como que es un fenómeno nuevo, homogéneo y homogeneizante que conduce a la democracia, el progreso y el bienestar universal, que acarrea la desaparición progresiva del Estado y que los actuales procesos de regionalización, tipo Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), o son consecuencia de la globalización, o inevitablemente conducen a ella.


Para Pérez (2003), la globalización es un proceso de dominación y apropiación del mundo. La dominación de Estados y mercados, de sociedades y pueblos se ejerce en términos político-militares, financiero-tecnológicos y socio-culturales. La apropiación de los recursos naturales, la apropiación de las riquezas y la apropiación del excedente producido se realizan desde la segunda mitad del siglo XX de una manera especial en que el desarrollo tecnológico y científico más avanzado se combina con formas muy antiguas, incluso de origen animal, de depredación, reparto y parasitismo, que hoy aparecen como fenómenos de privatización, desnacionalización, desregulación, con transferencias, subsidios, exenciones, concesiones y su revés, hecho de privaciones, marginaciones, exclusiones, depauperaciones que facilitan procesos macrosociales de explotación de trabajadores y artesanos, hombres y mujeres, niños y niñas. La globalización se entiende de una manera superficial, es decir, engañosa, si no se le vincula a los procesos de dominación y de apropiación.


En opinión de James Petra (2004), la  globalización, como la hegemonía y el concepto de centro-periferia no son adecuados. En primer lugar, es necesario comprender que lo que ejerce los Estados Unidos sobre el mundo no es hegemonía, ya que entonces no tiene sentido el uso de la fuerza, por esta razón lo que realmente ejerce es la dominación, que a su vez sí puede ser explicada por el uso que hace de la fuerza en los países del mundo donde hace presencia.


En cuanto a la globalización, es bueno analizar que si bien es cierto que  las barreras económicas se están flexibilizando y existen multinacionales, éstas no tienen nacionalidad; el Estado está desapareciendo. El término globalización no explica las relaciones de poderes entre los Estados, no explica por qué hay multiplicación de la violencia, no explica la conquista y la resistencia. El capital no está flotando en todas partes, hay modelos de acumulación dirigidos a capitalizar en los Estados Unidos, hay trasferencias en gran escala de dineros lavados que van a Londres, Suiza e Israel. Por ende, estos capitales no son autónomos, tienen una ubicación concreta y mantienen mecanismos de colaboración con las actividades del Estado imperial que facilita la expansión de las multinacionales. Por ello, las multinacionales no son autónomas. El Estado no es autónomo. El Estado es esencial para el imperialismo, para la política de expansión y conquista y la protección de los intereses de las multinacionales. Se debe rechazar el concepto de globalización por el de uno más riguroso como es el de imperialismo. Por esta razón, la política militarista sólo se puede entender en el contexto del imperio económico.


Para Enrique Dussel, la lógica de la globalización en su fase actual parte de la concepción del sistema-mundo, es decir, del sistema interregional (si por región se entiende una alta cultura o sistema civilizatorio, por ejemplo: China, India, Mesopotámia, etc.) en su fase actual, mundial,  global o planetaria, resultado de un proceso de cuatro estadios. En el primer estadio el sistema interregional estaba conformado por la estructura de las relaciones de la región egipcio-mesopotámica, mientras la India, China y América aún no estaban directamente conectadas. En el segundo estadio, el sistema interregional creció, comprendiendo desde el mar Mediterráneo y el norte del África hasta el Medio Oriente, la India y la China a través de las estepas euroasiáticas, hegemonizando o teniendo por centro conector el mundo persa o el helenístico. En el tercer estadio, el mundo cristiano, el bizantino primero y el musulmán después, reemplazaron al helenístico y jugaron el papel de enganche en todo el sistema (desde la China y la India hasta el mar Mediterráneo). Por último, en el cuarto estadio, la Europa periférica reemplazó al mundo musulmán-turco y conformó el primer sistema-mundo, colocando a América como su primera periferia al colonizarla. Por centro entendemos a los países o regiones con horizontes culturales determinados por su posición hegemónica dentro del sistema-mundo, mientras el resto de los países y regiones son marginados y explotados, por lo tanto, son periféricos. Hoy en día el centro del sistema-mundo o fase actual de la globalización lo constituyen la Europa Occidental, Estados Unidos y Japón, mientras que continentes como África, regiones como América Latina y países como México son periferia (Petra, 2004, pág. 54).


La aguda crisis que ha vivido el modo de producción capitalista en los últimos treinta años hace pensar que como organización y formación social se encamina al desfiladero de la disolución; sin embargo, la globalización en su fase actual como proyecto representa un respiro y una aspiración para fomentar la gestión cotidiana de la crisis. Es decir, la mundialización de las mercancías y su inserción hasta en los lugares más recónditos del planeta, no sólo en cuanto a su consumo sino también en cuanto a su producción, sustentada en relaciones casi de tipo esclavista como en el caso de las maquiladoras, y su ensanchamiento en la fábrica global retardan la agonía del capitalismo. Su principal fracaso como formación social se centra no tanto en lo económico, sino en el plano de lo político, al no actualizar la promesa de asegurar la reproducción social de la vida humana en el plano de la libertad y en la imposibilidad de impulsar un discurso democrático, una sociedad incluyente y una prosperidad económica. La constante violencia que impulsa se hace más que evidente día a día, y ante ello el proceso de des-socialización y su reducción a la nada del medio ambiente y de la vida humana acelera sus ritmos y tendencias. Este caos generalizado y apocalíptico del mundo se presenta sin mediación alguna del poder político, debido a la redefinición que han sufrido las instituciones del Estado Liberal.


El Estado, como forma de organización de lo social bajo el ejercicio del poder fundado en la relación mandato-obediencia, ha tendido a la desatención de esos fines en nombre del mercado; si bien toda sociedad requiere de mecanismos "naturales" de poder basados en esta relación, en la realidad nos encontramos con una sociedad desagregada, colapsada y asediada por la catástrofe política de la ausencia de poder. El descrédito del Estado como conjunto de instituciones que impulsan el orden de las sociedades se ha profundizado ante la reconversión de la política en objeto comercial y ante la mercantilización y privatización de la cosa pública por parte de los gobiernos y las cúpulas dirigentes de estas instituciones.


El mercado como un poder real en la sociedad ejerce su dominación de manera despótica, excluyente y represiva, extendiéndose de manera imperial sin cesar a todas las relaciones humanas, reproduciendo los estándares del miedo, la inseguridad, la competencia despiadada y la violencia entre los individuos. Conjuntamente con el aparato gubernamental-guardián-policíaco-militar buscan legitimarse y disfrazar sus intereses al tratar de contener los bolsones de pobreza, a los enfermos, a los "bárbaros", a las etnias y a todos aquellos grupos sociales que rechazan las mercancías capitalistas. Sin embargo, esta contención es impulsada por el miedo inculcado y del cual se alimenta todo poder, miedo que se instala como ley, como ley del más fuerte y sin esencia jurídica.


El neoliberalismo, según Valenzuela Feijóo (1997), es un desarrollo económico distinto al propuesto por los grandes economistas clásicos. Estos tenían una visión macro, dinámica y estructuralista, concebían al mercado libre como uno de autentica libre competencia, con movilidad de capitales y tendencia a la igualación de las cuotas de ganancia; atacaban a los grandes monopolios, su postura en general fue radical y revolucionaria. Por su parte, los neoclásicos como Milton Friedman, Hayek, Lucas, etc., tienen una visión micro, estática y no estructural, defienden los mercados oligopólicos y los monopolios, y su postura es conservadora y reaccionaria. Pregonan también que el progreso económico solo se logra con la apertura de los mercados y con la postura de los Estados a dejar libres a los individuos para que compitan. Se promete un aumento de la productividad y una generación de riqueza sin poner trabas al mercado. En términos políticos, el neoliberalismo como doctrina se basa en la democracia, en el respeto por la libertad privada de los ciudadanos; tiene nula consideración en la igualdad de los aspectos sociales de los individuos, una tendencia a que el Estado no debe preocuparse por la asistencia social, la igualdad de oportunidades, además de considerar  que el acceso a los bienes y servicios sociales se logra sólo con el aumento de la riqueza.


El neoliberalismo como doctrina se ha impuesto tras la generación de una mentalidad individualista que debe entrarle a la competencia rapaz que impera en la sociedad. Todo debe medirse en torno al dinero, a los propios intereses, luchando unos contra otros sin contemplar la situación de las víctimas. En este proceso se cuenta "con el eficacísimo apoyo de la aplastante mayoría de los medios de comunicación, con la relativa debilidad orgánica y política de las fuerzas populares, y por último con el recurso de la violencia o coacción estatal" (Valenzuela, 1997, pág.). En la dimensión de política económica, el neoliberalismo se ha presentado como un proceso de desnacionalización tras una desregulación estatal y una privatización económica en las que la intervención del Estado y la actitud a favor de la "espontaneidad del mercado", supuestamente para favorecer la libre competencia que en la realidad no existe. Ha influido también la regulación de los salarios, las políticas de relación externa y el predominio del capital dinero de préstamo que consiste en la apropiación hecha por el sector del capital de la masa de plusvalía global generada por el sistema (Valenzuela, 1997, págs. 15-17).


Para Yocelevzky (1996), algunas ideologizaciones que se presentan en torno al fenómeno de la privatización y que no permiten la confrontación teórica, pues se basan en la descalificación del "otro", son las siguientes:

 
Se dice que el gobierno dejó de intervenir en la economía, pero en la realidad lo que se dio fue una refuncionalización, un cambio en sus actividades económicas; en muchos de los casos ahora funge como el Mesías, el salvador, el socializador de las pérdidas y quiebras privadas. La privatización aparece como una necesidad del progreso económico y social y su correlato es el retiro del Estado de ciertas actividades, lo que permite su adelgazamiento, como una meta ideológica indiscutible, pero fundada en las evidentes deficiencias de la acción del Estado como elemento definitorio de la etapa anterior del desarrollo. Esta es una visión polar que a la luz de la práctica se ha ido relativizando en los últimos años, pero que sigue siendo importante en el trasfondo liberal de la ideología hoy dominante. Se piensa que el sector privado será el satisfactor de todas las necesidades sociales, sin tomar en cuenta a las víctimas producidas por el sistema y mucho menos los desequilibrios que éstas puedan causar. Se piensa que este proceso como práctica dominante debe tener un carácter "natural" y que debe ser aceptado por todos así sin más, por lo que no se toman en cuenta las divergencias al respecto; es un proceso llevado a acabo para contrarrestar la corrupción gubernamental y la ineficiencia de sus bienes y servicios.

 

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Comentarios a este trabajo



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Jose Oraa: Excelente artículo. Muy ilustrativo acerca del terrorismo.

 



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