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Estrés académico: un estado de la cuestión


 

Arturo Barraza Macías
Licenciado en la Educación de personas con problemas de aprendizaje
Asesor de postgrado e investigador
Universidad Pedagógica de Durango
México




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Los indicadores o síntomas del estrés



En una situación de estrés los alumnos suelen presentar reacciones fisiológicas, físicas, psicológicas y comportamentales.


1. Reacciones fisiológicas:
en una situación de estrés los alumnos presentan menores niveles de inmunoglobulina  tipo "A" secretora  (Pérez, A.. et. al. 2002), disminuciones significativas en los recuentos de linfocitos totales, monolitos, linfocitos T CD8+ y células NK (Pellicer et. al. 2002), disminución de la actividad fagocítica y bactericida (Estay y Sáenz, 2001); aumento de la sintomatología psicosomática e infecciosa autoinformada (Pellicer et. al. 2002), aumento del porcentaje de neutrófilos, leucocitos totales, células CD8 e interlukina, (Guarino, Gaviria, Antor y Caballero, 2002); disminución de las defensas, los glóbulos rojos aumentan de tamaño y disminuyen en cantidad, se alteran las plaquetas; se incrementan las frecuencias cardíacas y respiratorias, incluso se destruyen neuronas (Moreyra y Panza, s/f) y, en el caso específico de estrés relacionado con acontecimientos vitales se observa un aumento en la secreción de cortisol (García et. al. 2004).


2. Reacciones físicas: los estudios realizados hasta el momento reportan las siguientes reacciones físicas: sudoración en las manos (Astudillo et. al.  2001), trastorno en el sueño (Barraza, 2003 y 2005; De la Cruz, et. al. 2005; Mauro, Cáceres dos Santos, Moreira de Oliveira y Travassos de Lima, 1999; y Rasor, Grill y Barr, 1999), cansancio y dolores de cabeza (Barraza, 2005; y García, 2001), molestias gastrointestinales (Viñas y Caparrós, 2000) y somnolencia (Barraza, 2005).


3. Reacciones psicológicas: ante la situación de estrés los alumnos presentan las siguientes reacciones psicológicas: ansiedad (Arias, 1999; Barraza, 2005; Pellicer et. al. 2002; y Pérez et. al., 2002), nerviosismo (Astudillo et. al. 2001), angustia (Astudillo et. al. 2001; y García, 2001), miedo (García, 2001), problemas de salud mental (Perales, Sogi y Morales, 2003), irritabilidad, (García, 2001; y Mauro et. al. 1999), problemas de concentración (Barraza, 2003 y 2005), inquietud (incapacidad para relajarse y estar tranquilo), sentimientos de depresión y tristeza (decaimiento) y la sensación de tener la mente vacía (bloqueo mental), (Barraza, 2005).


4. Reacciones comportamentales: los estudios refieren que ante una situación de estrés los alumnos presentan las siguientes reacciones comportamentales: dificultad en las relaciones interpersonales y agresividad (Astudillo et. al. 2001) y desgano (Barraza, 2005).


El afrontamiento



Los resultados que arrojan las investigaciones sobre el afrontamiento pueden ser divididos en tres rubros: estrategias, tipos y estilos. Estos rubros se establecen respetando las denominaciones que los autores designan, aunque se hace necesario reconocer que existen problemas de conceptualización al respecto y que, como afirman Martín et. al.  (1997) "su delimitación conceptual es menos precisa debido a las diferentes etiquetas verbales utilizadas, ya que su definición ha estado unida al desarrollo de instrumentos de medida de las mismas" (p.9).


1. Estrategias de afrontamiento: los estudios reportan una gran complejidad en la variedad de respuestas de afrontamiento utilizadas (Fornés; Fernández y Marí, 2001), incluyendo en ellas el consumo de alcohol u otras drogas que son claramente nocivas para el organismo (Mancipe et. al. 2005; y Viñas y Caparrós, 2000).


Entre las estrategias de afrontamiento más utilizadas por los alumnos de postgrado se encuentran: el esfuerzo por razonar y mantener la calma y el aumento de actividad (Barraza, 2003).


En el caso de los alumnos de educación media superior se reporta que utilizan estrategias de afrontamiento dirigidas a la resolución de los problemas, como sería el caso de concentrarse en resolver el problema, esforzarse y tener éxito, preocuparse, invertir en amigos íntimos y distracción física (Figueroa, Contini, Lacunza , Levin  y Estévez , 2002); sin embargo, otro estudio refiere que  la forma preferida de afrontar los problemas cotidianos y escolares de los alumnos de educación media superior son: buscar diversiones relajantes o actividades de ocio como leer o pintar; la distracción física que se refiere a hacer un deporte o actividad;  invertir en amigos íntimos, que induce a la búsqueda de relaciones personales intimas y preocuparse, buscar pertenencia y fijarse en lo positivo  (Massone y González,  2003).


Por su parte, el estudio de Ramírez, Fasce, Navarro e Ibáñez (2003) centra su atención en la evaluación de la efectividad de las estrategias.


2. Tipos de estrategias de afrontamiento: en este rubro se puede reconocer que el tipo de estrategias de afrontamiento más utilizadas por los alumnos: a) van dirigidas al problema (la mayoría de ellas) o a las consecuencias emocionales de éste (Fornés et. al. 2001); b) pueden ser agrupadas en un factor que integre pensamientos de culpa y negativos (Fornés et. al. 2001), y c) pueden ser clasificadas como fisiológicas y cognitivas (Serrano, Escobar y Delgado, 2002).


El uso de los diferentes tipos de estrategias de afrontamiento puede  ser determinado por el impacto positivo o  negativo (afectivo) que se tenga de su utilización. El positivo se ha relacionado con más uso de la reinterpretación positiva, mientras que el negativo se ha relacionado con el uso de buscar la ayuda social por razones emocionales (Rovira, 2002).


3. Estilos de afrontamiento: los estilos de afrontamiento más empleados por los estudiantes son el afrontamiento activo, la reinterpretación positiva y crecimiento y la focalización y expresión de las emociones (Navarro y Romero, 2001). Los estilos de afrontamiento menos utilizados son el escape cognitivo y el consumo de alcohol y drogas. El afrontamiento centrado en las emociones y el afrontamiento conductual obtienen un mayor coeficiente de predicción en otros estilos y las facetas de personalidad (De Miguel y Lastenia, 2006).


El papel de las variables sociodemográficas



Los diferentes estudios realizados sobre el estrés académico han abordado siete tipos de variables sociodemográficas: el género, la edad,  el nivel socioeconómico,  la carrera que estudian, el semestre o grado que cursan de la carrera, las asignaturas que cursan como parte de sus estudios y  contexto institucional donde realizan sus estudios.


1. El género: una de las variables sociodemográficas más estudiadas con relación al estrés académico es el género, sin embargo, sus resultados son básicamente contradictorios. Algunas investigaciones sostienen la no diferencia entre géneros con relación al estrés académico (Astudillo et. al. 2001; Barraza, 2003; De Miguel y Lastenia, 2006;  Pérez et. al. 2003; Ramírez et. al.  2003; y  Rasor et. al. 1999), mientras que otras afirman que:



a. El género femenino presenta mayores niveles de estrés académico (González, et. al., 1997; Magaz et. al. 1998; y Marty et. al. 2005; y Pérez, et. al., 2002).

b. Se presenta una mayor vulnerabilidad psicológica entre las mujeres que entre los hombres, así como una mayor utilización del procesamiento emocional. Los varones, por su parte, ponen de manifiesto mayores medidas en el procesamiento racional y en el procesamiento automático (Manrique et. al. 2002; y Rodríguez, 2004).

c. Mayor cantidad de mujeres que de hombres  presentan síntomas de ansiedad y depresión (Smith y Sinclair, 1998).

d. En las estrategias de afrontamiento la media es más alta en las mujeres en la de apoyo social al problema y en la de expresión emocional. En los estilos de afrontamiento las diferencias significativas muestran a los hombres con medias más bajas que las mujeres en los estilos de focalización en la emoción y actividad conductual, (Fantín, Florentino y Correché, 2005; y Martín et. al.1997).

e. Las mujeres utilizan más que los varones el estilo de relación con los demás, buscan menos ayuda profesional, muestran menos habilidad para enfrentarse a los problemas y utilizan un mayor repertorio de estrategias que los varones. Los varones utilizan la distracción física, ignorar el problema y reservarlo para sí con mayor frecuencia que las mujeres (Fantín et. al. 2005; y González et. al. 2002).


2. La edad:
otra variable que ha sido estudiada con relación al estrés académico es la edad, encontrándose los siguientes resultados:


a. La ansiedad aumenta con la edad (Magaz et. al. 1998).

b. En las estrategias de reevaluación positiva los alumnos mayores tienen una media más alta que los más jóvenes, en cambio, el grupo formado por los alumnos jóvenes presenta una media más alta en las estrategias de negación y desconexión comportamental (Martín et. al. 1997).

c. El grupo de los alumnos con mayor edad tiene la media más alta en el estilo de método activo y los alumnos formados por el grupo de menor edad presentan la media más alta en el método evitación (Martín et. al. 1997).

d. Se observa que con la edad el repertorio de estrategias de afrontamiento aumenta (González et. al. 2002).


Como se puede observar, con la edad no solo aumenta el repertorio de estrategias de afrontamiento, sino que éstas se desplazan de la evitación o negación al uso de métodos activos.


3. Nivel socioeconómico:
esta variable ha sido poco estudiada, de hecho, solamente hay un trabajo al respecto que llegó a la conclusión de que los jóvenes de nivel socioeconómico bajo  emplearon como estrategias para enfrentar el estrés: la falta de afrontamiento, la reducción de la tensión (ingesta excesiva de alcohol, de sustancias psicoactivas o de fumar, así como huída temporal de la casa o de la escuela) y autoinculparse (Figueroa et. al. 2002).


4. Carreras que cursan:
en el nivel de licenciatura se presentan dos resultados contradictorios: por una parte, Astudillo, et. al. (2001) afirman que la carrera no influye en la presencia del estrés, mientras que Marty et. al. (2005) sostienen que los estudiantes de medicina tienen más estrés que el resto de las carreras y que los de psicología son los que presentan menor estrés. Por su parte, Barraza (2003) afirma que el tipo de maestría que se estudia no influye en el nivel de estrés que se autopercibe, en los estresores que lo causan, en los síntomas que indican su presencia o en las estrategias que se utilizan para afrontarlo.


En el caso específico de los estilos de afrontamiento, Martín et.al. (1997)  afirman que existen diferencias significativas según la carrera que se cursa y el estilo de afrontamiento.


5. Grado o semestre que cursan de la carrera: en el nivel de licenciatura se observa una tendencia a una mayor presencia del estrés en los primeros semestres (Celis et. al. 2001; Mancipe et. al. 2005; Marty et. al. 2005; Polo et. al. 1996; y Rosales et. al. 2003). En el caso de los alumnos de postgrado, el semestre que cursan no influye en el nivel de estrés que autoperciben, en los estresores que lo causan, en los síntomas que indican su presencia o en las estrategias que se utilizan para afrontarlo (Barraza, 2003).


En relación con las estrategias de afrontamiento, se observa una tendencia de los alumnos de primer curso a utilizar más las estrategias de negación, control emocional y distanciamiento, que el resto de los cursos, mientras que con relación a los estilos de afrontamiento,  los primeros cursos tienen la media más alta en el método evitación, que se basa en evitar o huir de la situación y/o sus consecuencias (Martín et. al. 1997). Este dato, en lo particular, se cruza con la variable edad, por lo cual se puede aventurar la hipótesis de que constituye una relación espuria.


6. Las asignaturas que cursan como parte de sus estudios: las asignaturas que producen mayor estrés entre los alumnos son biología (Ramírez et. al.  2003), anatomía (Ramírez et. al. 2003), matemáticas (Campos et. al.) y física matemática (Campos et. al. 2005).


7.  Contexto institucional:
en este rubro se ubican dos investigaciones: Martín et.al. (1997), quienes afirman que entre los alumnos de instituciones públicas y privadas no aparecen diferencias significativas en los estilos de afrontamiento, únicamente aparecen en dos estrategias, en la de negación, con la media más alta los de la institución privada, y en la estrategia de refrenar el afrontamiento, donde tienen la media más alta los de la institución pública. Por su parte,  Griffith (2000) reporta que los resultados de su estudio no apoyaron la hipótesis de que los estudiantes universitarios indios americanos manifiestan niveles más bajos de estrés en contexto bicultural que sus pares marginales


Más allá de estas variables sociodemográficas, algunos estudios han centrado su atención en la construcción de un perfil sociodemográfico de los alumnos que manifiestan estrés. En ese sentido, Rasor et. al. (1999) afirman que los estudiantes que tenían medias totales perceptiblemente más altas de acontecimientos estresantes tenían una o más de las siguientes características: edad por debajo de 24 años, no blanco, llevar de 7 a 11 unidades y un GPAs más bajo, mientras que  González, et. al. (1997) concluyen que el perfil de indicadores sociodemográficos de riesgo de estrés psicosocial fue: ser mujer, estudiante de educación media superior, no haber sido estudiante de tiempo completo durante el ciclo escolar anterior, y que la mayor parte de su vida haya vivido en zonas urbanas


El papel de las variables psicológicas



El estudio del estrés académico se ha relacionado con siete variables: expectativas, autoestima, locus de control, personalidad, metas de desempeño, optimismo disposicional y humor, encontrándose los siguientes resultados:


- El estrés se relaciona con la expectativa de eficacia de los alumnos (Casero, 1998).

- Una alta autoestima se acompaña con niveles de estrés personal moderadamente bajos (Huaquín y Loaiza, 2004).

- La combinación del rasgo foco de control externo con la necesidad de valoración y seguridad, denominado factor de inseguridad, la cual adquiere mayor importancia para explicar el estrés ante los exámenes (Núñez, 2001).

- Un segundo factor que permite explicar el estrés ante los exámenes es la combinación de rasgos que conduce a una personalidad sensible, emocional y tendente a experimentar sentimientos de culpa que además está orientada hacia la valoración de lo estético, artístico y preocupada por mantener cierto estilo de vida (Núñez, 2001).

- La reactividad ante estresores nuevos depende más de aspectos circunstanciales que del estrés cotidiano que queda mejor explicado por los rasgos de personalidad (Núñez, 2001).

- Los estilos de personalidad (introversivo, respetuoso, confiable, sensitivo, etc.) se correlacionan positiva y negativamente con diversas estrategias de afrontamiento (Fantín et. al. 2005),

- Las metas de desempeño-evitación fueron correlacionadas significativa y positivamente con la respuesta al estrés. (Smith y Sinclair, 1998).

- El optimismo disposicional está directamente relacionado con estrategias de afrontamiento positivas: planificación, reinterpretación positiva y crecimiento personal, afrontamiento focalizado al problema y afrontamientos adaptativo,  y negativamente relacionado con estilos de afrontamiento que se podrían considerar como negativos; centrarse en las emociones y desahogarse, negación, distanciamiento conductual y mental, consumo de alcohol y drogas y afrontamiento desadaptativo (Chico, 2002).

- Los estilos de humor (incrementador, afiliativo, agresivo, etc.) se correlacionan positiva y negativamente con diferentes estrategias de afrontamiento (Roberto, 2006).


Mención aparte merece la variable bienestar, que en su variante física o psicológica ha sido asociada al estrés académico. Las investigaciones en este aspecto permiten afirmar que el estilo y las estrategias dirigidos a la resolución del problema se relacionan con un alto bienestar, mientras el estilo improductivo se relaciona con un bajo bienestar (González et. al. 2002; y Viñas y Caparrós, 2000). En la línea de esta segunda relación, Viñas y Caparrós (2000) reportan que los alumnos que centran su afrontamiento en las emociones o el escape conductual y/o cognitivo manifiestan un mayor malestar físico.


Los resultados obtenidos muestran que afrontamiento y bienestar están relacionados, aunque no se puede señalar qué variable influye sobre la otra (González et. al. 2002).


El papel de las variables educativas



La primera variable que salta a la palestra al abordar las variables educativas, es el rendimiento académico. Los resultados de las investigaciones realizadas para ver su relación con el estrés académico van desde la aceptación de la relación (Arias, 1999; y García, 2001), hasta la afirmación de la existencia de una relación directa, lo que permite afirmar que los estudiantes más estresados son los que sacan mejores calificaciones (Pérez et. al. 2003); esta última investigación reporta que los alumnos que obtienen unas calificaciones académicas más altas son los que muestran una sobreactivación a nivel motor (por ejemplo, "comerse las uñas"), cognitivo (por ejemplo, "sentir que falta la respiración sin haber hecho un esfuerzo excesivo") y fisiológico (por ejemplo, "sudar sin razón aparente").


Estos resultados entran en aparente contradicción con otro estudio que concluye una relación inversa entre vulnerabilidad al estrés y rendimiento académico, de tal manera que la vulnerabilidad al estrés puede constituirse en elemento predictor de resultados académicos no satisfactorios en el proceso de enseñanza aprendizaje (Román  y Hernández, 2005).


Otras variables que se relacionan con el estrés académico son: el tiempo dedicado al estudio (Casero, 1998) y los altos niveles de exigencia (Huaquín y Loaiza, 2004). En lo que respecta al afrontamiento, Massone y González (2003) reportan correlaciones, tanto positivas como negativas, de diferentes estrategias de afrontamiento con el rendimiento académico, mientras que Chávez (2004) concluye que la capacitación en el uso de estrategias de afrontamiento mejora el desempeño académico de los estudiantes universitarios.




A manera de cierre



El presente estado de la cuestión, aunque modesto en su alcance, presenta un panorama sumamente ilustrativo y nada halagüeño, del campo de estudio del estrés académico. La existencia de problemas estructurales, aunado a la poca producción que existe, provoca una gran dispersión de los datos y, en consecuencia, la ausencia de líneas consistentes de investigación. Esta situación refleja la ausencia de modelos conceptuales o teóricos sobre el estrés académico, lo que necesariamente conduciría a reconocer que no existe una teoría sobre el estrés académico.


En este escenario, los estudiosos del campo de estudio del estrés académico, nos vemos obligados a desarrollar actividades investigativas que vayan más allá de la exportación de modelos, enfoques o instrumentos generados en otros campos del estrés; en otras palabras, se necesita la creación de modelos, enfoques e instrumentos propios del estrés académico.


Creo sinceramente que las peculiaridades propias del ámbito académico  obligan a desarrollar, como tarea prioritaria, la formulación de una teoría del estrés académico que pueda generar líneas fructíferas de intervención, y con esto lograr que la experiencia educativa de los alumnos de educación media superior y superior sea una experiencia menos estresante.


 

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Los comentarios están ordenados desde el más reciente al más antiguo:

 

Elizabeth: Muy buen artículo, sin embargo sería bueno complementarlo indicando en dónde se pueden ubicar test para medir el estrés.

 

hilda mariscal: Excelente artículo, sin embargo se necesita ampliar la información. Ahora participo en una investigación de estrés en adolescentes en secundaria. Me gustaría saber si tiene el trabajo de investigación completo para consultarlo. Gracias.

 

Norely velasquez: Me gusto la publicación sin embargo siento que le falta explicar cuál es la influencia del estres sobre el rendimiento académico para que tenga más relación con el título.

 

Erika Glz: El artículo es muy completo, pues se exponen diversas investigaciones. Sin embargo, a mi parecer se hubiera complementado aún más con datos sobre cómo manejar el estrés, como la relajación, entre otras técnicas.

 

monica: Me gustó mucho este artículo; aplica varios términos que influyen en el estrés académico.

 

Felipe Queirolo: La verdad me pareció aburrido por que son datos muy específicos, pero me parece útil para quien esté realizando un estudio, ya que parece haber bastante respaldo.

 

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