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Mapas mentales del Centro Histórico de Santa Marta
Ubaldo Rodríguez de Ávila
Trabajo publicado el 05 de enero de 2007
Resumen
Introducción En el diseño del Plan Distrital de Cultura y Convivencia, elaborado por la administración del Distrito Turístico Cultural e Histórico de Santa Marta, en cabeza de José Francisco Zúñiga Riascos (en el que se ha tenido en cuenta el mandato constitucional artículo 339, el marco de referencia de la Ley 152/94 Ley Orgánica del Plan de Desarrollo, Ley 397 de 1997, Ley General de Cultura, el Plan Nacional de Cultura (2001-2010), el Plan Nacional de Cultura y Convivencia y el Plan de Desarrollo Distrital (2004-2007)), se cuenta con instrumentos eficaces y ágiles que se han venido traduciendo en fórmulas para la ejecución de programas y proyectos que promueven la convivencia y responden a las necesidades culturales de la comunidad, que tengan sentido y promocionen la identidad samaria, la diversidad cultural, entre otras cosas, logrando con ella el sentido de pertenencia que su gente necesita para un desarrollo sostenible en el Distrito.
En el año 2002 se escogió el Centro Histórico de Santa Marta para el desarrollo de un proyecto piloto en la construcción de una nueva propuesta de Planes Especiales de Protección (PEP) para los Centros Históricos de Colombia, tomando conciencia de la riqueza que para este propósito brindan las condiciones de esta ciudad, tanto por sus valores, como por la amplia gama de factores deteriorantes que presenta en la actualidad. Este trabajo, modelo también en la participación que ha tenido la comunidad del sector, tiene en la actualidad una gran importancia tanto para la ciudad de Santa Marta como para todo el patrimonio urbano del país. De esta forma, para la ciudad el desarrollo del PEP ha sido la oportunidad de volver a mirar el potencial de su Centro Histórico y priorizar su recuperación a corto plazo a partir de su articulación con el resto de la ciudad y su fortalecimiento como eje de identidad de los samarios. Con la participación del Ministerio de Cultura como coordinador temático y articulador de las acciones de otras entidades del Gobierno Nacional, como el Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo, el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, el Departamento Nacional de Planeación y Findeter y el equipo local de la ciudad encabezado por la Alcaldía y su gabinete y la Secretaría de Planeación Distrital, la elaboración y ejecución del PEP significa el inicio de una transformación importante de la ciudad, en términos de movilidad, espacio público e infraestructura, así como en los procesos de apropiación social de su patrimonio cultural. De igual forma, por iniciativa de la Rectoría de la Universidad del Magdalena (2006) respaldada por la Alcaldía de Santa Marta, la Cámara de Comercio y la Sociedad Portuaria, se dio paso a la constitución de un Grupo Promotor que convocará un proceso consultivo entre los actores e instituciones representativas de la ciudad y la región, para la formulación del "Plan Estratégico Santa Marta 2025" con miras a los 500 años de la fundación de la ciudad, en donde el Centro Histórico hace parte de dicho plan, en lo que se conoce como Plan Centro, apoyado igualmente por la Presidencia de la República por medio del Ministerio de Cultura. La participación de los sujetos implícitos en el espacio socio-geográfico y cultural de estudio es de suma importancia, pues su forma de percibir y conocer la realidad de acuerdo con su cultura, hace que se construyan ciertas imágenes de los objetos que se encuentran en el mundo social. Los espacios social-urbanos en la construcción de los mapas mentales de los habitantes y usuarios del Centro Histórico de Santa Marta, o sus representaciones socioespaciales se refieren a objetos con una larga historia, por ser el caso de la ciudad más antigua del Continente Americano y que contiene varias unidades de objetos representativos en la historicidad misma de la ciudad y de la cognición de los sujetos envueltos en esa cultura específica. Las representaciones que los sujetos hacen de estos objetos tornan inteligible el mundo a los demás miembros de la sociedad y su cultura; estas representaciones permiten unas interacciones sociales que no sólo recrean los objetos mismos, sino que definen también a los actores como parte complementarias de los objetos a nivel psicosocial y proporcionan a los sujetos sociales la impresión de pertenecer a esta cultura y comunidad especifica. Identificar los contenidos y la organización de las representaciones socioespaciales es de fundamental importancia para la comprensión del proceso perceptivo y, por ende, cognitivo implícitos del sujeto, dando la oportunidad de dar aportes desde la psicología en la comprensión de una realidad que se vislumbra cada vez más grave, como es la de la utilización desadaptada que los sujetos hacen del C. H de S. M, proporcionando a la vez un insumo novedoso y no tenido muy en cuenta en la solución del problema del uso del C. H. Como es sabido, la teoría de las representaciones socioespaciales se encuentra inmersa en una perspectiva de lo psico-ambiental, y esta misma representa una vertiente que se entrecruza con la psicología social. Por esto, cuando se analiza la concurrencia de procesos, problemas y/o conflictos de gran complejidad en la relación ambiente-sociedad-persona, se identifica que el análisis y la investigación pueden y deben ser abordados desde diversas perspectivas que permitan ofrecer una solución adecuada de los problemas; por todo esto, la Psicología Ambiental como enfoque disciplinar que guiará nuestra pesquisa, nos ofrece un campo fértil para la solución del problema encontrado. Dice García, F. (2003) que el medio urbano es un fenómeno espacial de capital importancia en el mundo actual: la urbanización afecta cada vez a más población, tanto en los Países Desarrollados como en el denominado Tercer Mundo; es en este aspecto donde se va a librar la batalla de la humanidad con el medio ambiente, al que se unen los actuales contrastes de segregación social, marginación, problemas de vivienda, identidad urbana, etc. Desde la perspectiva sociológica y psicosocial, se destaca el papel de la influencia de la sociedad sobre el conocimiento social. Por ejemplo, Durkheim afirma que las representaciones sociales tienen su origen en las representaciones colectivas. Por su parte, Jodelet (1984) afirma que las representaciones sociales constituyen modalidades de pensamiento práctico orientadas hacia la comunicación, la comprensión y el dominio del entorno social, material e ideal. Se parte, entonces, desde las representaciones sociales como teoría psicológica, en primer lugar, de las observaciones hechas por Berger-Luckmann (1974) y Schutz-Luckmann (1977), citados en Ceirano, V. (2000) de la noción de la no existencia de un mundo "verdadero", pre-existente a los fenómenos, que operaría como el fundamento de toda explicación y desde el cual se presupondrían significaciones, sino de la existencia de distintas construcciones sociales de la realidad. Esto se evidencia en el sentido de que cada grupo es co-constructor de una idea de la realidad en la experiencia vivida y compartida, "una idea de verdad, una idea de error y una idea de normalidad", como dice Lahitte (1989), citado en Ceirano, V. (2000). Por otra parte, el Plan Distrital Cultura y convivencia (2004) desarrollado a partir del diagnóstico elaborado desde las problemáticas social, política, étnica, religiosa, generacional, de interculturalidad, formulado a partir de las mesas de trabajo orientadas por el Ministerio de Cultura, prioriza condiciones que se dan en los diferentes sectores del Distrito de Santa Marta (zona urbana y zona rural), comprendida dentro de este ejercicio, proyectando solucionar las problemáticas en esos campos específicos (social, político, étnico, religioso, generacional, de género e intercultural) en las diferentes comunidades del Distrito de Santa Marta. De igual forma, gracias a este plan se detectó, en lo referente a aculturación, imposición cultural por la fuerza, entro otras, lo que nos lleva a medidas investigativas que apuntan a la comprensión del fenómeno cultural enmarcado desde la psicología. ¿Por qué se evidencia un comportamiento desviado en torno del uso del Centro Histórico de la ciudad de Santa Marta? Dice Páramo (2003) que la mayor parte de las teorías que se refieren a los comportamientos de los habitantes en la ciudad hacen taxonomías y son de carácter descriptivo, muestran los aspectos que ocurren más frecuentemente en cada uno de los lugares ya sea a nivel de la ciudad en general o de los lugares particulares tales como plazas y calles en particular. Las descripciones que incluyen estas teorías se centran fundamentalmente en las funciones de los lugares en términos de variables sociológicas como el nivel socio-económico, la raza, la edad, el género o en mostrar diferencias entre estilos de comportamiento rurales o urbanos, pero desestiman los aspectos del comportamiento que pueden observarse y que son específicos de los lugares. Según esto, las descripciones que enfatizan alguna particular característica o rasgo de interacción provienen de múltiples disciplinas como la arquitectura, la antropología, la geografía, la sociología y hasta la pedagogía (Páramo, 2003). Esto nos deja bajo la preocupación de que hace falta una teoría que no solamente describa, sino que deje bases para una explicación acertada del por qué la gente se comporta en la forma en que lo hace en el ámbito de la ciudad, en particular en el espacio público. El mismo autor comenta que una teoría así debe permitir identificar los principios que influencian nuestro comportamiento en los diferentes escenarios del dominio público: las calles, plazas, parques, aceras, etc. y en nuestro caso particular, del Centro Histórico de Santa Marta. En la ciudad de Santa Marta existen elementos objetos que son reconocidos y algunos reglamentados como patrimonio nacional y otros de la humanidad, notándose que las políticas mundiales se direccionan al tema de la cultura, de la sociedad y del ambiente natural y construido; se hace necesario, entonces, un estudio serio que dé cuenta de las representaciones socioespaciales que los sujetos hacen del C. H. de Santa Marta. Además, a nivel político se han creado estrategias de reconstrucción del C. H., pretendiéndose al mismo tiempo la reconstrucción de la cultura y de los elementos sociales que intervienen en el mismo. Sin embargo, posiblemente no habrá política certera y exitosa mientras no haya identidad funcional entre los sujetos y el espacio donde se encuentran, además que múltiples definiciones se dan de cultura y de identidad, como si fuesen elementos que pueden tomarse o dejarse por libre albedrío, no entendiéndose que estos son procesos implícitos de todo individuo, por tanto, no hay nadie que carezca de tales. De esto deviene la cuestión siguiente: "si se aborda la temática con una visión errada de los conceptos, se estará caminando por la ruta equivocada, por tanto toda acción en torno de ella, que mire su mejoramiento, tendrá como meta el fracaso". Este es un tema profundo que debe ser abordado con sumo cuidado y paso por paso, pues para intervenir la "identidad" y la "cultura" es necesario comprender los procesos iniciales que se involucran en tales, esto es, el espacio y el sujeto que lo usa. De esta forma, el objetivo general que guía la presente investigación es describir la representación socioespacial del Centro Histórico de la Ciudad de Santa Marta, a partir de los mapas mentales que los usuarios del mismo han formado y su relación con la identidad social urbana. Como objetivos específicos se encuentran: 1) Identificar el contenido de la representación socioespacial que los sujetos tienen del centro Histórico de Santa Marta; 2) identificar la organización de la representación socioespacial que los sujetos tienen del mismo y 3) describir la relación entre las representaciones sociales y la Identidad Social Urbana (pendiente para un posterior informe). Por tanto, el presente artículo se centra en los dos primeros objetivos específicos y en el general. Representación social y representación socioespacial La Real Academia de la Lengua Española (1976) define la palabra "representación" como "acción de representar", y ésta última palabra la conceptualiza como "presentar de nuevo", "hacer las veces de otro", "figura", "imagen", "cosa que expresa otra". Y el término "social" se entiende como "lo relativo a la sociedad", del Latín societas, estado de los hombres que viven bajo leyes comunes. El término "espacial" se concibe como lo relativo al espacio, del latín spatium, "extensión que puede ser indefinida, superficial o limitada, porción de tiempo"; de este modo, la palabra espacio encuadra, desde la Real Academia de la Lengua Española, una extensión espacio-temporal definida o indefinida. Siendo así, tenemos ya la definición general de la representación social (RS) y de la representación socioespacial (RSE); esto es RS: "toda imagen, figura, cosa que expresa otra, guiada bajo leyes que se dan entre los sujetos de forma común". Y la RSE será tomada como "toda imagen, figura o cosa que expresa otra, guiada bajo leyes que se dan entre los sujetos de forma común en una dimensión espaciotemporal definida", lo que presupone un proceso mental (social) de elaboración de imágenes. Para elaborar más el concepto de RSE, vemos que el mismo relaciona varios aspectos que acercan a la comprensión de la realidad de las otras personas, como la experiencia personal, el sistema cultural en el que se desenvuelven, la sociedad y el grupo social con el que se relacionan. Jodelet (1984) considera que la noción de RS involucra lo psicológico o cognitivo y lo social, fundamentando que el conocimiento se constituye a partir de las experiencias propias de cada persona y de las informaciones y modelos de pensamiento que recibimos a través de la sociedad. Vistas desde este ángulo, las representaciones sociales surgen como un proceso de elaboración mental e individual en el que se toma en cuenta la historia de la persona, su experiencia y sus construcciones personales propiamente cognitivas. Jodelet (1984) define las representaciones sociales como una forma de conocimiento socialmente elaborado y compartido, orientado hacia la práctica y que concurre a la construcción de una realidad común a un conjunto social. Lo social se puede interpretar de varias maneras: por medio del contexto concreto en que se sitúan las personas; por la comunicación que se establece entre ellas; y por los marcos de aprehensión de valores, culturas, códigos e ideologías relacionadas con el contexto social en que se encuentran inmersas. Vistas de esta forma, las representaciones sociales se relacionan de manera directa y exclusivamente con el sentido común de las personas, debido a que parte de la propia realidad de los seres humanos. Asimismo, son un producto social y, por tanto, el conocimiento generado es compartido colectivamente. Esto nos indica que toda persona forma parte de una sociedad, con una historia y un bagaje cultural, pero a la vez pertenece a una parcela de la sociedad en donde comparte con otras ideologías, normas, valores e intereses comunes que de alguna manera los distingue como grupo de otros sectores sociales. Desde otro punto de vista, las representaciones sociales se gestan en la vida cotidiana y el conocimiento que se obtiene por medio de éstas se refiere a los temas de conversación cotidianos de los seres humanos. En psicología social han existido argumentos diferentes para dar respuesta a la pregunta de: en qué consiste la cualidad social del individuo. Algunos piensan, heredando la concepción del pensamiento conductual, que lo social es una contingencia del medio, que es una relación que viene de dentro hacia fuera del individuo como manifestación explícita de la herencia conceptual del modelo estímulo-respuesta. De este modo, en Psicología Social, Watkins (1957), citado en Blanco, A. (1995), y manifestando su individualismo metodológico, propone que los individuos son los únicos motores del devenir histórico y, por consiguiente, la unidad de análisis por excelencia de la ciencia social en cualquiera de sus diversas modalidades. Este modelo no niega que el desarrollo psicológico del individuo ocurra con motivo de influencias exteriores, simplemente dice que en dicho desarrollo debe ser explicado de un modo inocente como una serie de respuestas emitidas por el individuo a las situaciones, e ideológicamente como un resultado directo de factores no psicológicos, sean estos neurológicos o factores impersonales de corte sociológico (Watkins, 1957; citado en Aguirre, 1997). Otro argumento diferente sostiene que las disposiciones sociales son autónomas en tanto son responsables de la psique a la cual le dan forma por medio de representaciones, el lenguaje y las creencias (Moscovici, 1993; citado en Rodríguez, 2003). El concepto de RS tuvo se génesis conceptual en la sociología gracias a Durkheim, quien las definió como estructuras psicosociales intersubjetivas que representan el acervo de conocimiento socialmente disponible y que se despliegan como formaciones discursivas más o menos autónomas, en el proceso de autoalteración de significaciones sociales. Moscovici (1986) distingue tres condiciones en las cuales es posible calificar de social una representación: 1) cuando se trata de señalar su extensión en una colectividad, el criterio adoptado en este caso cuantitativo; 2) cuando se quiere considerarla como la expresión de una organización social, el criterio adoptado es de producción; 3) cuando analizamos su contribución propia en el proceso de formación y orientación de las conductas y comunicaciones sociales, el criterio es funcional. Según los planteamientos de Moscovici y Jodelet, la RS se forma a partir de la "objetivación y anclaje". En la primera fase, la objetivación o proceso mediante el cual se concreta, se materializa el conocimiento en objetos concretos. La segunda fase, el anclaje, es el proceso de inserción de las representaciones en las relaciones intergrupo o en las representaciones pre-existentes. La ciudad en el estudio de las RSE
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Este artículo presenta algunos de los resultados del Trabajo de Grado de los autores, titulado " Representación Socioespacial del Centro Histórico de Santa Marta ", desarrollado en el seno del Programa de Psicología, de la Facultad de Salud -Universidad del Magdalena- , bajo la dirección del profesor Oscar Navarro, Doctor en Psicología Social y Ambiental de la Universidad René Descartes, París V.
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