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La importancia del análisis funcional en la etiología de la anorexia y bulimia nerviosa
Javier Aceituno Solís
Trabajo publicado el 21 de febrero de 2004
Los
seres humanos por nuestra condición de organismos biológicos,
deberíamos mantener una relación natural con la comida. La ingesta
regular de alimentos ricos en nutrientes y en cantidades adecuadas
tendría que constituir un patrón de conducta universal entre hombres y
mujeres. El
espectacular incremento durante las últimas décadas del número de
personas que muestran una relación no natural con la comida, ha
despertado el interés por la comprensión de estos paradójicos
comportamientos y por cómo ayudar a estas personas a recuperar un
patrón de conducta alimentaría más apropiado. La mayoría parten de la
consideración de estas conductas como síntomas de unos trastornos o
enfermedades mentales etiquetadas como anorexia y bulimia nerviosas. Etimológicamente hablando, un trastorno de la conducta alimentaría haría referencia a todas aquellas circunstancias que supongan una disfunción en el comportamiento alimentario del afectado. Pero, en realidad, cuando hablamos de problemas en la conducta alimentaria no nos estamos refiriendo solamente a la comida; sino que detrás hay toda una serie de dificultades como un inadecuado hábito alimentario, un exceso deseo de no engordar, desequilibrios emocionales, autovaloraciones negativas y todo un sinfín de componentes que nos dan una visión de las características conductuales de este problema.
Modelos explicativos existentes
Tabla 1 - Modelos de Etiología multideterminada (Toro y Vilardell, 1987).
Este modelo enumera las posibles causas del problema pero no establece ningún tipo de relación entre los factores, no habla de relaciones causa - efecto y se limita a describirlos.
Gráfico 1. Modelo bioconductual de la anorexia (Epling y Pierce, 1991).
Este modelo presenta mejoras con respecto al anterior al presentar las relaciones existentes entre los distintos componentes del problema conductual. Relaciona los acontecimientos culturales con investigación científica.
Remitiendo
al anexo 1 donde se encuentran recogidos los criterios del DSM -IV para
la anorexia y la bulimia, nos proponemos un análisis crítico de estos
criterios atendiendo a su falta de operacionalidad y a su ambigüedad en
la redacción de los mismos. En
primer lugar, se plantea la necesidad de revisar la traducción que de
los criterios se realiza; términos tales como leading to o la
traducción de i.e. (del latín ID EST), muestran una asincronía en la
interpretación de los criterios que pueden llevarnos a error en el
difícil diagnóstico diferencial del cliente con problemas de relación
con la comida. Examinando las ambigüedades e incoherencias el principal
problema que observamos es el modo de entender los comportamientos no
naturales con la comida. Esto es debido a la falta de
operacionalización que se observa en las definiciones de los criterios. El criterio A es ambiguo respecto a que se debe entender por "rechazo a mantener el peso corporal". Esta expresión puede aplicarse a muchísimas personas que quieran perder peso (en nuestra sociedad la mayoría) y no tienen ningún problema de relación con la comida, así una persona que siga una dieta restrictiva durante un tiempo largo, pierde como consecuencia de ello mucho peso, así como un miedo intenso a engordar, puede no recibir el diagnóstico de anorexia por no haber alcanzado un peso corporal que suponga el 85 % respecto al esperado para su edad y estatura.
El DSM-IV no indica como determinar la presencia de miedo a engordar o a la obesidad. No facilita directrices para la aparición:
- De la alteración de la valoración de su peso e imagen corporal. Estos
problemas dan lugar a numerosos cambios a nivel endocrino; el
responsable de la amenorrea es solo uno de ellos. Aunque en todo caso
no tiene sentido considerarla como un criterio diagnóstico
independiente, puesto que se trata de una consecuencia del criterio A, de la
pérdida de peso.
En cuanto a la bulimia nerviosa la definición de atracón resulta imprecisa y difiere de la propuesta para el trastorno de atracón sin justificar claramente esta diferencia.
En efecto las cinco manifestaciones
propuestas (ver anexo 1) plantean dificultades por su ambigüedad: no se
precisa que velocidad de ingesta es la anormal, ni cuanto es una
cantidad enorme de comida, ni como se evalúa el malestar y la
culpabilidad unida al episodio de atracón. Una
diferencia que no comprendemos es por qué este sentimiento de
culpabilidad se expone como criterio para el trastorno de atracón y no
así para el de bulimia nerviosa. De acuerdo con Walsh y Garner (1997),
su introducción busca proporcionar marcadores conductuales de
episodios de atracón, al no observarse en estos sujetos conductas
compensatorias que desempeñen tal función. Las conductas compensatorias
servirán por tanto como referente para delimitar un atracón en aquellos
sujetos que la manifiestan, opinión compartida por Schlundt y Johnson
(1990). A
su vez, en el criterio de conductas compensatorios no se operacionaliza
el ayuno, el uso de laxantes, enemas o el ejercicio físico. El criterio D no incluye pautas para relacionar la valoración del sujeto sobre su cuerpo con la auto-evaluación negativa general como persona.
El análisis funcional como modelo etiológico de la anorexia y bulimia
Tradicionalmente,
se ha propuesto la anorexia y bulimia nerviosas como trastornos o
enfermedades mentales que dan pie a una serie de síntomas o
manifestaciones. Pero esos síntomas o manifestaciones explican la
verdadera causa del problema o solo se limitan a describir este sin
proponer un elemento o elementos explicativos reales y científicos de
la causa o causas. Entonces el problema cual es realmente: será el
miedo a engordar (no, puesto que eso solo es un síntoma), será la
percepción distorsionada de la imagen corporal (de nuevo es un
síntoma). Una enfermedad no puede ser lo mismo que los síntomas a
través de los que se manifiesta; luego entonces ¿qué son la anorexia y
la bulimia aparte de sus síntomas? La anorexia y la bulimia son UN
CONJUNTO DE CONDUCTAS Y RESPUESTAS EMOCIONALES ARBITRARIAMENTE
SELECCIONADAS, no son ni más ni menos que eso. Lo otro son simples
nombres con los que identificamos los síntomas pero eso no es más que
un nombre (Carrasco, 2000). Como señalan acertadamente Schludnt y
Johnson: "un desorden alimentario es un patrón de conducta anormal
respecto a la ingesta de alimentos y el balance energético". Así
que nos toca preguntarnos por qué las personas con este problema con la
comida se comportan así, y una vez conozcamos la causa o causas y sus
consecuencias podremos plantearnos la posibilidad de modificarlos. Los
resultados de investigaciones llevadas a cabo en el marco del
conductismo consiguen dar una respuesta científica a esta pregunta
(Carrasco T, 2000). Por ejemplo, la persona que se da atracones o
reducen la ingesta de alimentos de un modo alarmante o se auto
describen como obesas lo hacen así porque las consecuencias de su
conducta les reportan bienestar y por eso se mantienen en el tiempo.
Por esto, como dice Carrasco, T (2000) "la tarea principal del
psicólogo clínico es averiguar cuales son esas consecuencias y actuar
sobre su causa". Resumiendo,
la función de la conducta es facilitar la exposición del sujeto a
ciertas consecuencias y de ahí se deriva el análisis funcional. Se trata por tanto, no de establecer programas de tratamiento aplicables a cualquier persona con una relación no natural con la comida sino de definir operacionalmente las conductas del cliente y las consecuencias que recaen sobre sus emociones (estas emociones en términos de reforzadores mantendrán o eliminarán esa conducta). Así ahorraremos técnicas que no tienen por qué aplicarse; porque el cliente no las necesita. En resumen, el apoyo en el análisis funcional es esencial para determinar las causas del problema conductual etiquetado como "anorexia o bulimia nerviosa".
Funciones de la reducción de la ingesta de alimentos
1. Evitar la obesidad. El estar gorda viene asociado a una gran cantidad de consecuencias aversivas, así ante la anticipación de esa conducta se realizarán conductas de evitación como dejar de comer, práctica ejercicio etc. Proceso similar a este es una fobia en la cual las conductas de evitación reducen la ansiedad anticipatoria de la conducta miedo a engordar. Esta función sería la más extendida y donde se producen la mayoría de errores, porque se piensa que todas las niñas tienen miedo a engordar cuando ahora veremos que no tiene por que ser así sino que la comida es un medio para conseguir otra conducta.
2. Adelgazar - verse delgada. Las emociones agradables que proporciona el contemplarse delgada facilitan el acceso a reforzadores frecuentes e intensos. (Carrasco, T 2000). La delgadez actúa como un estímulo, el cual va seguido de un reforzador positivo con el que el condicionamiento es claro y su aprendizaje inmediato, relacionado conductas que le lleven a acceder a la delgadez y, a su vez, a los reforzadores positivos.
3. Sentir control. Es una sensación que se experimenta cuando las descripciones verbales de una conducta se transforman en movimiento motor en relación con el ambiente. La sensación es agradable. Las conductas relacionadas con la comida son importantes fuentes de control y la consecución de estas emiten una respuesta de bienestar al sentir la capacidad para controlar la conducta en este caso alimentaría. En esta función de la conducta no natural con la comida, el hambre actuaría como un potente reforzador positivo que premiaría su sensación de control, la expectativa de contingencia de reforzamiento de delgadez y la no aparición de la obesidad actuarían a su vez como refuerzo negativo de la sensación de control. Esto se puede operacionalizar, por ejemplo, con los kilos que la persona va perdiendo que también reforzarían negativamente la sensación de control.
Existen
mas reforzadores positivos de las conductas anteriormente citadas; así,
por ejemplo, nos encontramos con la atención que va a recibir el
paciente, asumir el rol de persona enferma, y la evitación de conductas
indeseables por el hecho de tener un problema de relación con la comida. Hemos descrito las funciones que con mayor frecuencia explican las relaciones no naturales con la comida, su inicio y su mantenimiento; para terminar invitar al diseño de tratamientos a la medida del cliente, tras la identificación de las funciones de las conductas no naturales con la comida que se suceden en cada caso particular (Carrasco, T 2000).
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