Antes de abordar las opiniones que sobre el aspecto educativo tienen los ecuatorianos que viven en Vera, es importante trazar su perfil "familiar". Según los datos de la muestra obtenidos en 2003, en ese municipio almeriense los ecuatorianos ahí residentes viven en un entorno mayoritariamente familiar, puesto que 77,2% conviven con algún pariente. Se trata de personas que en 77,3% de los casos tenían hijos, predominantemente menores de 14 años (75%), en Ecuador o viviendo con ellos en Vera, alcanzando este último grupo 29,5% de los casos, ya sea porque consiguieron traerlos de Ecuador o nacieron en España. Entre los ecuatorianos indígenas predominan aquellos que viven con entre un hijo y cuatro hijos, en tanto que entre los no indígenas son mayoritarios aquellos que viven con dos y tres hijos (Cruz, 2004a: 26-27 y 202-203).
Estos datos son importantes para entender que entre los motivos que hicieron migrar a esos ecuatorianos a España estuviese la educación de la familia (Cruz, 2004a: 136-140). Para estos ecuatorianos el deseo de encontrar trabajo en España estaba relacionado con la posibilidad de dar educación a hijos, pero también a hermanos o, incluso, poder continuar estudiando ellos mismos. La educación es percibida en forma general por estos ecuatorianos como un valor altamente positivo y de ascenso social, ya que permite tener mejores condiciones laborales. Tal como declaró una madre de familia, ella prefería sacrificarse para que sus hijos e hijas tuvieran una educación que les librara de padecer todos los sufrimientos que a ella le había tocado vivir (Cruz, 2004a: 60).
Para estos ecuatorianos y ecuatorianas de Vera, al igual que para otros de los que llegaron masivamente a diferentes zonas del territorio español a partir de 1999, la migración se constituyó en una vía, como ha dicho Fernández-Rasines (2003: 322), para no empobrecerse, de salir antes de pasar a ser "población por debajo de los límites de la pobreza" y, en el caso de muchas mujeres migrantes, una vía hacia la movilidad social (Oso en Fernández-Rasines 2003: 322). Como Claudia Pedone señala al analizar la situación de familias migrantes en Cataluña (2005), la migración es una estrategia que permite a las familias ecuatorianas garantizar el acceso a los servicios sociales como la salud y, muy especialmente a la educación, a partir del momento que "las familias ecuatorianas migrantes a España contemplan la reagrupación familiar en vistas a un asentamiento definitivo o un retorno a largo plazo". Para esos migrantes, "el acceso a una mejor calidad educativa por parte de sus hijos/as se constituye, junto con la obtención de recursos económicos, en uno de los logros más significativos de la migración" (Pedone, 2005: 2).
En muchos sentidos la educación para muchos/as ecuatorianos/as es percibida como un "derecho inalienable", tal como se desprende de los testimonios recogidos por Fernández-Rasines en Murcia (2003: 322):
Dicen que los salarios no alcanzaban para comprar comida y las deudas se fueron haciendo impagables. Pero lo que resultaba más insoportable era tener que privar a sus hijos e hijas de la educación cuando ésta era ya vivida como un derecho inalienable.
Entre los padres y madres de familia entrevistados en junio de 2005 en Vera, la educación no alcanza todavía esa dimensión de "derecho inalienable" que, como vemos, registra Fernández-Racines entre los ecuatorianos de la zona de Murcia. Más bien, para los ecuatorianos de Vera que tienen hijos en Ecuador o en ese municipio, la educación constituye una especie de bien patrimonial, pero de carácter inmaterial para legar a sus hijos, puesto que es la única herencia que pueden dejarles, ofreciéndoles una mejor oportunidad de futuro que la que ellos/as tuvieron.
Nosotros siempre hemos sido pobres, muy pobres […] Yo tenía que ir a vender en el mercado cositas que iba comprando poquito […] Pero yo quería que mis hijos fuesen estudiados, que si nosotros no hemos tenido la educación que se dice, ellos sí fueran estudiados […] Yo les dije a mis hijos, a mí no me importa morirme trabajando, trabajando de cualquier cosa, pero quiero que ellos estudien, que sean algo, que si nuestros padres no nos han dado nada, al menos yo sí quiero dejarles eso.
(Indígena saraguro que en Ecuador se dedicaba a la agricultura y
vendía productos en el mercado, hace 4 años vive en Vera, trabaja
actualmente en la agricultura, tiene 4 hijos).
Estas dramáticas expectativas de brindar una mejor educación a los hijos tienen alguna explicación si se considera el perfil socioeconómico y educativo de los ecuatorianos que llegaron a la localidad de Vera. Se trata de personas que provienen mayormente de ciudades intermedias y pequeñas localidades de la sierra ecuatoriana, donde la crisis económica, política y social que sacudió al país, particularmente entre 1998 y sobre todo con el shock de 1999, multiplicó la pobreza y tuvo mayor incidencia entre la población indígena. Esta población, que tenía algún tipo de recursos económicos y contactos, pero que también en muchos casos ya había sido partícipe de procesos migratorios internos, inició el proceso migratorio hacia España (Cruz, 2004 a: 56; 2004b: 4). En cuanto al perfil educativo de los ecuatorianos de Vera, se presenta en general un nivel de instrucción medio (apenas 1,4% manifestó que no tiene estudios formales, aunque sí sabe leer y escribir), preparación que se corresponde con las actividades que realizaban en el Ecuador, porque si bien la gran mayoría se dedicaba a actividades secundarias y terciarias, existe también un porcentaje significativo que se ocupaba en la agricultura (Cruz, 2004a: 28-29).
Quizás por eso, y aunque todavía el estado de la investigación en Vera no nos permite tener una respuesta conclusiva, es posible observar que las mayores expectativas y el mayor esfuerzo por dar educación a los hijos/as lo tienen aquellas personas que, independientemente de la clase socioeconómica a la que pertenecían en Ecuador, ven la educación como el único camino para salir de la pobreza. Siendo aún más específicos, se trata sobre todo de mujeres quienes sostienen, tanto con discursos como con prácticas, esta idea de la educación como instrumento que permite el ingreso a un mejor futuro, no solamente laboral sino social. Para estas mujeres vale la pena realizar cualquier esfuerzo, por enorme que parezca, como el emigrar a un país desconocido, permanecer ahí sin los hijos, trabajar en dos o tres empleos o laborar horas extras, con tal de conseguir los recursos económicos suficientes para pagar la educación de sus hijos que están en Ecuador o viven con ellas en Vera. Y es que en algunos casos se trata de mujeres que en solitario iniciaron el proceso migratorio transnacional a esta zona del Levante almeriense para afrontar la manutención y educación de los hijos al no contar, por diverso motivo, con el apoyo ni económico ni moral del progenitor de sus hijos (Cruz, 2004a: 71) (7).
Pero también, y de otro lado, se observa un cuestionamiento a la importancia de estudiar y tener una carrera superior y universitaria, especialmente entre los ecuatorianos que tienen alguna titulación de este nivel. Para algunos, si bien consideran que es primordial dar estudios a los hijos/as porque así se aseguran que tendrán mejores opciones laborales en un futuro, no están seguros de que tendrán mayores posibilidades que ellos mismos, valorando sus propias experiencias como inmigrantes. En Vera, un título o una preparación no sirve de nada ya que ahora están trabajando como obreros sin cualificación en la agricultura o la construcción.
Algunos/as de quienes eran profesionales en Ecuador señalaron en la entrevista que tenían añoranza de sus empleos (29,5% de entrevistados en junio-julio de 2003) (Cruz, 2004a:74) y que les resultaba sobre todo frustrante, el haber migrado porque no ganaban lo suficiente, además de que al llegar al nuevo país de destino se debía obligatoriamente hacer los trabajos que los españoles no aceptan, debido a las condiciones laborales y salariales, y donde no se les reconocía su formación porque, para ello, es necesario realizar un trámite largo para homologar sus títulos. Es como si su formación no contara para nada. Asimismo, como comentó alguna de las entrevistadas, también era necesario "un poco más de suerte", sobre todo allí, en Ecuador, porque en el país andino se ve que tener estudios universitarios finalizados no garantiza conseguir un buen empleo cuando se depende también de las "palancas" o de los "padrinos" con que se cuente, porque si se es pobre y sin mayores contactos, tampoco allí se puede conseguir empleo, a pesar de haberse graduado con honores.
De todas maneras, si bien perdura la confianza entre los inmigrantes ecuatorianos en la educación como un valor para ser legado a los hijos, es cierto que se van perfilando opiniones acerca de si esa educación debiera darse en Ecuador o en España. Especialmente, si los hijos ya se encuentran viviendo o han nacido en Vera, se observa que, por un lado, algunos padres y madres de familia ven a la educación en España más avanzada que en Ecuador y, por tanto, piensan que si sus hijos concluyen aquí sus estudios, al regresar luego a Ecuador tendrán mayores garantías de conseguir buenos empleos. Pero, de otro lado, otros ecuatorianos consideran que la educación española no es mejor que la que se recibe en Ecuador, añadiéndose que en Vera sus hijos padecen experiencias de exclusión a la que no estaban acostumbrados, así como existe mayor conflictividad tanto al interior como exterior de las aulas, e incluso en el hogar. Estas experiencias negativas están haciendo reflexionar a algunos ecuatorianos sobre si deben seguir manteniendo a sus hijos en Vera o llevárselos de vuelta a Ecuador, y hasta a quienes aún no se deciden a reagrupar a sus hijos, les están haciendo sopesar y examinar la conveniencia de tal determinación. Para valorar y ampliar estas opiniones, en el siguiente acápite se tratarán las experiencias concretas del desarrollo del proceso de educación de niños/as, así como adolescentes, en la localidad de Vera.
Experiencias educativas de hijos de ecuatorianos en Vera
La decisión de iniciar un proyecto de migración transnacional, en la mayoría de los casos no es una opción de carácter individual, sino que involucra a todo el grupo familiar. En el caso de los miembros de menor edad de las familias, como son los niños y adolescentes, resultan más bien arrastrados por la decisión de migrar de sus progenitores, dada su condición de subordinación su autoridad. A continuación se describirán algunas de las características y de los factores que intervienen en la construcción de la experiencia educativa en colegios e institutos (8) de Vera por parte de los hijos de ecuatorianos, que en 2003 no superaba los 4 años de residencia en esa localidad (Cruz, 2004a: 29).
a. Reagrupación familiar y condiciones educativas
Las condiciones en que se desarrolla la reagrupación familiar en Vera, por lo general, están teñidas de graves deficiencias y precariedad en los aspectos jurídico, laboral y de vivienda, condiciones que inciden directamente en el proceso de adaptación de los menores al nuevo contexto. Aunque se estima que casi un 30% de los ecuatorianos conviven con sus hijos, y a pesar de que se desconoce a cuánto alcanza la proporción de aquellos niños y adolescentes reagrupados, lo que sí se ha podido determinar son las características que alcanzan esas precariedades.
En lo que respecta al aspecto jurídico en concreto, de acuerdo con la muestra obtenida en 2003, el 58,7% de ecuatorianos estaba en condición de irregularidad de residencia en España por carecer del permiso de residencia y trabajo (Cruz, 2004a: 19-20). Esta situación les acarreó dificultades en el aspecto laboral, pues legalmente se constituye en un impedimento para conseguir trabajo y de obtenerlo, determina condiciones laborales y salariales que no son las óptimas, además de sufrir diverso tipo de abusos por los empleadores. Esas limitadas condiciones jurídicas y laborales, sumado al hecho de ser persona inmigrante, incidieron directamente en el acceso y el tipo de vivienda que podían habitar estos ecuatorianos (9). Asimismo, si se considera que tanto en el espacio urbano como en el rural veratense se ha presentado una carencia estructural de vivienda o una falta de adecuación de las mismas para albergar a tanta gente, situación que genera hacinamiento y abusos por los precios del alquiler, además de conflicto social, sobre todo con población de etnia gitana (Cruz, 2004a: 31-43; 2004b: 5-6), al convivir en los mismos barrios depauperados, dado que son los únicos donde se puede encontrar algún "piso" (departamento) o habitación para alquilar.
Esta situación de triple precariedad que aún hoy se presenta, restringe la situación en que se desenvuelve la existencia de los hijos reagrupados (y de aquellos que han nacido ya en Vera), al tiempo que condicionan el acceso y desarrollo educativo. La situación de los hogares no es óptima cuando, por un lado, más del 54% de los encuestados/as señaló compartir la vivienda con más de una familia, tratándose la mayoría de las veces de los propios parientes, sin que ello constituya una garantía para evitar los problemas de convivencia generados por el hacinamiento y la falta de privacidad (Cruz, 2004a: 40) (10). Pero además, el impacto en la educación de los hijos es importante porque (i) condiciona el lugar donde van a estudiar los hijos y (ii) los padres y madres no pueden preocuparse adecuadamente por el rendimiento escolar.
En lo que respecta a (i), existe cierta concentración en determinadas escuelas e institutos de alumnos inmigrantes, sean ecuatorianos o de otras nacionalidades (ver Tabla 1). Esto se explica, en parte, porque la ubicación de los alumnos en uno de los dos colegios o en uno de los dos institutos que hay en Vera se realiza de acuerdo con el distrito de residencia y, según comentó un profesor, a los puntos que acumulen los padres en la solicitud de admisión. Pero también, como dijo el mismo educador, porque se ha detectado que algunos alumnos solo quieren estudiar donde saben que están otros amigos ecuatorianos:
b. ¿Por qué tienden a agruparse por nacionalidades?
No sólo tienden a agruparse, sino que son itinerantes. Las propias alumnas, al saber que en determinado colegio están sus compañeros ecuatorianos, quieren irse a ese colegio y no quieren inscribirse en aquel que les corresponde por distrito o por el número de puntos que tienen los padres. Entonces, ¿qué pasa? Esto hace que haya colegios saturados de alumnado ecuatoriano, mientras que otros no lo están. Pero eso no sólo pasa con los ecuatorianos, es una situación común en otras poblaciones de inmigrantes.
Tabla 1- Alumnado inmigrante en Vera, matriculado al inicio del curso 2004 - 2005
De tal manera que si se comparan los dos colegios y los dos institutos entre sí, se observa claramente que la mayor concentración de alumnado inmigrante está en el colegio Ángel de Haro y en el instituto Alyanub. Como dijo el mismo maestro: "si hay un centro educativo que represente la diversidad como diversidad, estos son Alyanub y Ángel del Haro. Pero, ¿qué pasa, que [en] Ángel de Haro [hay] población inmigrante […], niños ecuatorianos en su mayoría y población gitana". Más adelante se tratará el tema de las relaciones entre alumnado de etnia gitana y ecuatorianos/as.
En lo referente a (ii), todos los docentes entrevistados en Vera coincidieron en señalar que, a diferencia de los padres y madres españoles, los ecuatorianos tienen un poco más de preocupación por seguir el rendimiento escolar de sus hijos. Sin embargo, no siempre pueden hacerlo, ya que sus horarios de trabajo no lo permiten, existiendo ocasiones en que nunca concurren a ninguna de las tutorías que tienen señaladas a lo largo del curso escolar. Como bien lo señala el testimonio de un educador de uno de los institutos de Vera:
Porque, el padre ecuatoriano, y cuando digo padre quiero decir "los padres, padre y madre", cierto es que si cuando se les llama sí van, cierto es que a veces cuando se les solicita colaboración para ciertas cosas la respuesta es medianamente, pero ellos también son esclavos de la situación que están viviendo en este país. Y la situación es de irregularidad, entonces, si están irregulares, hay padres que sabemos, por hablar y por todo, que huyen de lo oficial, en cualquier esfera, y recurren a lo oficioso. Si hay otra posibilidad a lo mejor dan la vuelta, luego son esclavos no solamente de su situación, en cuanto a la documentación, son esclavos de su horarios de trabajo, son esclavos de que no les dejan o no le deje el jefe de turno salir para una cosa tan sumamente importante como es que tienes que ir a hablar [con el/la profesor/a] y saber cómo va tu hijo, no sé, ese sentido. Es decir, como te decía, que sí se implican, pero poco.
La misma limitación del tiempo de que disponen los padres y madres para asistir a las tutorías en el colegio o instituto también se observa en cuanto al tiempo que pueden dedicarlo en el hogar a sus hijos o para salir con ellos a distraerse. Como señaló una pareja a la que entrevistamos:
Padre: es que no tenemos tiempo para salir, normalmente los dos estamos trabajando. Ahora ella [su esposa, que está sin trabajo] tiene más tiempo.
Madre: si acaso le saco a dar una vuelta, le saco al parque, así.
Padre: normalmente no hay tiempo. Llego en la tarde cansado, ocho u ocho y media llego a la casa; llego, me ducho, ceno y a dormir. Si salgo, ya se me hace la una o dos de la mañana y, luego, al siguiente día el trabajo a las siete.
(M. y H., pareja saraguro; llevan 5 años en Vera, él trabaja en la construcción, ella está sin trabajo y tienen una hija).
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(7) Tal vez entre las ecuatorianas de Vera también puede aplicarse lo que dice Fernández-Rasines en su estudio (2003: 322) de que eran las mujeres las que explícitamente consideraban a la educación una vía de emancipación, de la misma manera que se observaba en el caso más cercano de mujeres peruanas que inmigraron a España antes que las ecuatorianas.
(8) En España el "colegio" y el "instituto" (IES) corresponden a lo que en Ecuador se denominan la "escuela" y "el colegio", respectivamente.
(9) 69,1% de los ecuatorianos/as encuestados/as vivían en la misma ciudad de Vera, en tanto que casi un 17% lo hacía en cortijos situados a las afueras (Cruz, 2004a: 12).
(10) Esto da cuenta que funcionan entre los ecuatorianos, al igual que otros colectivos de extranjeros residentes en España, redes familiares y de amistad que vienen no sólo a paliar los costos de instalación en el nuevo país, sino también a dar apoyo emocional (Cruz, 2004a: 40).