La pregunta que dio origen a esta investigación fue:
¿Qué componentes de la red social del paciente con diagnóstico de Episodio
Sicótico Agudo se dinamizan y como se relacionan en el proceso de
rehabilitación y prevención de recaídas?
Como objetivos se plantearon los siguientes:
- Identificar los componentes de la red social y los patrones de interacción
que se construyen entre ellos en el proceso de rehabilitación y prevención de
recaídas del paciente con diagnóstico de Episodio Sicótico Agudo.
- Describir la red social del paciente con diagnóstico de Episodio Sicótico
Agudo, teniendo en cuenta los patrones de relación que se establecen entre los
componentes de la red, relacionándolos con su proceso psicopatológico.
- Describir cómo los marcos de referencia de los diferentes sistemas sociales
se relacionan para facilitar o no el proceso de rehabilitación del paciente con
diagnóstico de Episodio Sicótico Agudo, mostrando los vínculos que establecen
con los otros elementos de la red.
- Identificar las pautas comunicativas que se establecen entre los diferentes
contextos que integran la red social en el proceso de rehabilitación y
prevención de recaídas en el paciente diagnosticado con Episodio Sicótico
Agudo.
- Describir las características de estructura, funciones y
atributos del vínculo que cumplen los diferentes sistemas sociales que integran
la red social en el proceso de rehabilitación y prevención de recaídas en el
paciente diagnosticado con Episodio Sicótico Agudo.
Marco metodológico
Este estudio está enmarcado en la investigación cualitativa de tipo descriptivo
y pertenece a la línea de investigación de trastornos severos desarrollada por
el equipo de la Maestría en Psicología Clínica y de Familia. Como estrategia
metodológica se realizó un diseñó multidimensional eco-sistémico-constructivista.
Multidimensional, ya que se refiere a la complejidad de perspectivas, de
niveles y focos comprometidos en la comprensión de la "realidad", que
para este caso fue la red, definida por sistemas observantes, y redefinida
continuamente a partir de las necesidades humanas vitales. Es así como
convergen en cada lectura múltiples dimensiones relacionadas, como son los
componentes de la red, los factores propios de las enfermedades mentales de los
pacientes, el número de ingresos previos, los departamentos en los cuales se
ubica dentro de la clínica, como piso o UCI, por ejemplo, los culturales y
otros que serían muy extensos de referir, y que de cualquier manera están
presentes en cada caso. Multidimensional también en debido a que hizo
referencia a la complejidad de perspectivas teóricas y epistemológicas de
niveles y focos comprometidos en la comprensión de la "realidad" de
la acción profesional en el contexto asistencial, de las relaciones familiares,
laborales, construidas por todos los miembros del sistema de investigación
definidas y redefinidas continuamente a partir de las necesidades humanas y
vivenciales de todos los participantes en el desarrollo del trabajo.
Ecológico, por cuanto tiene en cuenta las relaciones seriadas entre los
diferentes sistemas-contextos en las cuales, como desde la teoría de los
fractales, desde la conceptualización sobre isomorfismo, favorecen la
comprensión de las interacciones en contextos cada vez más amplios, invitando a
ver la coreografía cultural de la concepción sobre la enfermedad mental, la
posibilidad de rehabilitación y la prevención de recaídas.
Sistémico, por cuanto la intención fue ver circularmente las
interacciones, así como acercarse a los diferentes sistemas-contextos desde
lecturas propias del enfoque sistémico, de la cibernética de segundo orden y
del paradigma de la complejidad. Diseñar los instrumentos para generar la
información a partir de los principios del paradigma, tales como formulación de
preguntas relacionales, circulares y reflexivas, considerar distintos niveles
de observación y sistemas observantes. Y, finalmente, los principios teóricos
que sustentan la concepción sobre enfermedad mental, esquizofrenia y
rehabilitación.
Constructivista, en principio por aceptar la propuesta de Milán como
guía conceptual-epistemológica. Por la posibilidad de construir escenarios en
los cuales se "sienten a dialogar los saberes" y así desarrollar
propuestas para la prevención de la recaída como una acción y compromiso de
todos los miembros de la red.
Instrumentos
Los instrumentos construidos son especialmente aptos para aprehender las
intenciones de los sujetos, así como los aspectos dinámicos, complejos y
cambiantes de la red social del paciente diagnosticado con Episodio Sicótico
Agudo. Son ellos la observación activa realizada desde diferentes niveles, las
guías de entrevista semi-estructurada: para el P. I., la familia, el equipo
terapéutico y los otros sistemas de la red, al igual que la guía de análisis
para los investigadores. La guía de observación durante la entrevista y la guía
para lo observación de documentos escritos y, por último, el mapa de red,
graficado por cada uno de los sistemas participantes.
La grabación y la trascripción de las anteriores entrevistas fue otro
instrumento para la recolección de información.
Para la creación de los instrumentos y para el análisis de la información se
tuvieron en cuenta las siguientes categorías:
- Patrones de interacción: quién hace qué - a/con quién- para qué- cómo y
cuándo.
- Sistema de creencias: con respecto a la enfermedad mental, la rehabilitación
y la prevención de recaídas.
- Comunicación: teniendo en cuenta la comunicación formal e informal, el uso de
metáforas y analogías, la congruencia entre la comunicación digital y la analógica.
- Estructura de la red: que comprende el tamaño o dimensión, la densidad,
composición o distribución, la dispersión, homogeneidad/ heterogeneidad.
- Función de la red: la cual comprende compañía social, apoyo emocional, guía
cognitiva y consejos, regulación social, ayuda material y servicios.
- Vínculo: comprende función prevaleciente, multidimensionalidad, reciprocidad,
intensidad o compromiso, frecuencia del contacto y la historia.
Resultados y discusión
Los resultados que se presentan a continuación son la información levantada a
partir de dos casos que sirvieron de fuente para reconocer cómo se organiza la
red y, a partir de ello, pensar acerca de la potenciación de la misma en la
rehabilitación y en la prevención de recaídas.
En cada uno de los casos se realizaron entrevistas con componentes de la red
activa en ese momento, como P. I., familia nuclear, familia extensa, amigos,
compañeros de trabajo o estudio, jefes inmediatos, e integrantes del equipo
terapéutico.
A partir de esta recolección se levanta la información que permite evidenciar
cómo se dan las interacciones en términos de pautas y patrones.
La descripción de la dinámica de la red social del paciente con diagnóstico de
EPA como factor de rehabilitación y prevención de recaídas se describe así:
De los dos casos en estudio se puede describir el patrón de red de la siguiente
forma. Un P. I. que presenta una dinámica relacional familiar que mantiene el
síntoma. Después de intentar diferentes alternativas de acuerdo con su sistema
de creencias y sin encontrar solución alguna, busca la hospitalización como
última opción en ese momento, con la expectativa de que allí el personal que
labora en la clínica pueda aliviar la "carga" que dichas familias han
sentido por determinado lapso de tiempo.
Cuando P. I. ingresa a la clínica, su caso es estudiado por el comité de
ingresos, donde se le asigna un médico psiquiatra profesional que mantiene un
sistema de creencias frente a la enfermedad mental, la rehabilitación y la
prevención de recaídas, que en lugar de cumplir con las expectativas de la
familia lo que hace es mantener el síntoma.
En este punto, las investigadoras dan cuenta de cómo el patrón familiar que
mantiene el síntoma se complementa y sigue siendo mantenido por el sistema de
creencias del médico tratante al negar cualquier opción posible de recuperación
para los pacientes -a menos que sea el tratamiento farmacológico, lo cual
alimenta las conductas de pasividad de los actores- mantiene las pautas
de funcionamiento y crea una cierta dependencia al contexto hospitalario.
Continuando con la descripción de esta dinámica, una vez el paciente es
hospitalizado inicia un tratamiento farmacológico cuyo objetivo es restablecer
el equilibrio biológico y nivelar los procesos bioquímicos de la enfermedad.
Los pacientes en la clínica pasan inicialmente por la unidad de cuidados
intensivos (UCI), donde la atención principal es recibida por los auxiliares de
enfermería. Esta atención consiste en suministrar la droga formulada por el
psiquiatra, brindar cuidados básicos al P. I. (higiene y, alimentación), hacer
registro de las notas de enfermería, comunicar novedades en la historia clínica
o a los otros enfermeros en el cambio de turno.
Cuando P. I. supera la crisis, es remitido a cuidados intermedios y luego a
piso. Estando allí se considera que ya está menos confuso para poder
recibir atención psicológica. Dentro de los criterios que tiene el departamento
de psicología para brindar este servicio a los pacientes están los siguientes:
no tener más de tres ingresos y no haber sido diagnosticado con Síndrome Mental
Orgánico. Aquellos pacientes que hayan superado este número de ingresos se
consideran "crónicos", y se les facilita el acceso a terapia de grupo
para iniciar procesos de socialización.
Son cuestionables los criterios anteriormente mencionados para llegar a definir
a un paciente como crónico. Acaso, ¿el hecho de tener más de tres ingresos hace
que una persona sea irrecuperable? ¿Cuál es la representación del término
"paciente psiquiátrico crónico" y cómo esta representación influye en
la relación que se puede establecer con él? ¿Cómo dicha relación complementa el
patrón disfuncional con el que viene P. I.? ¿Es que acaso una persona que haya
superado el cuarto ingreso deja de tener recursos personales para enfrentar
situaciones vitales? Y ¿qué pasa con su red y las funciones de las personas que
forman parte de ella? ¿No es esta postura "crónica" en sí
misma?
Respecto a la terapia de grupo, ¿la socialización es el único objetivo que
pueden cumplir estas sesiones? Las autoras consideran que se manejan dobles
mensajes con el paciente y con la familia, en el sentido de decir "este
es un contexto donde se puede ayudar a las personas con problemas mentales",
mensaje que es contradictorio, pues le niega la posibilidad de atención
psicoterapéutica, y se considera que "lo único por hacer con estos
pacientes es desarrollar habilidades sociales sencillas".
Con asombro se encontró un valioso intento por parte del departamento de
psicología al querer implementar nuevas estrategias de intervención, tales como
incorporar a la familia en el tratamiento, querer generar un trabajo en equipo
y, últimamente, crear una rotación por "red de redes". Sin embargo,
es incongruente la misma definición de "enfermedad mental" que aún se
maneja por parte de algunos profesionales de este departamento, tales como
"la enfermedad mental es una conducta anómala" e incluso, en
ocasiones, "aún no sé cómo definir la enfermedad mental, sin embargo
todos sabemos que es crónica y de recuperación difícil". Lo que se
observa a lo largo de este estudio es que dependiendo del sistema de creencias
alrededor de la enfermedad mental, así mismo se encaminan los procesos de
rehabilitación e intervención. De la misma manera, los profesionales, en su
afán por crear nuevas alternativas, generan disonancias cognoscitivas,
quedándose en el discurso y dejando de lado "el hacer", manteniendo
los dobles mensajes al interior del equipo terapéutico y con los pacientes, lo
que contribuye al mantenimiento de la comunicación que se da en la dinámica
familiar.
Los tipos de comunicación que se dan en esta dinámica de red son de tipo formal
e informal. La primera, manejada por medio de la historia clínica y las notas
de remisión tanto internas (entre los sistemas del contexto psiquiátrico) como
externas (del contexto hospitalario con entidades remisorias). A pesar de que
todos los miembros reconocen la historia clínica como un medio de comunicación
entre los profesionales, asimismo, admiten que muchas de las evoluciones que
ellos realizan no son leídas por la totalidad del equipo terapéutico, tanto así
que muchos médicos no tienen en cuenta algunas observaciones para determinar
una salida parcial y/o definitiva.
En el momento en que se llevó a cabo este estudio, en la revisión de los
documentos escritos también se pudo observar la no existencia de las notas
aclaratorias de cierre relacionadas con el proceso terapéutico que siguió el
paciente durante su estadía, situación que no permite la continuidad en el
tratamiento de los pacientes en caso de ser remitidos a otro médico tratante.
Esta situación se explica al entender que el objetivo "terapéutico"
que se percibe es la desaparición de la sintomatología, de ahí que lo
importante sea solo consignar en la historia clínica la medicación con la que
el paciente está siendo tratado, lo cual también es congruente con el sistema
de creencias del que ya se hizo mención.
La comunicación informal es, quizá, la que más se maneja en este contexto, pues
en la historia clínica se encuentran hojas que contienen observaciones
importantes, las cuales carecen del logotipo de la clínica, pero que cobran
validez al llevar el sello de alguna dependencia.
Entre los miembros del equipo se da este tipo de comunicación, especialmente
cuando el médico tratante, para obtener información del acudiente de los
pacientes, se remite al auxiliar de enfermería o a la información dada en los
cambios de turno, presentándose a veces el fenómeno del "teléfono
roto", descrito así por la auxiliar de enfermería, sin respetar los
marcadores de contexto para un trabajo en equipo. Tampoco existe una
comunicación clara y abierta entre los miembros del equipo para definir las
salidas parciales y/o definitivas, situación que resulta bastante incomoda,
especialmente para el departamento de psicología, pues sus miembros sienten que
su labor terapéutica queda obstaculizada ante tales decisiones de las que no
son informados previamente.
Se presentan rumores entre los miembros del equipo terapéutico respecto a la
calidad del servicio que ofrecen algunos de ellos, manejándose así agendas
ocultas sin que se llegue a niveles superiores para poder tomar correctivos. Se
observa así como entre ellos existe la dificultad de enfrentar conflictos, de
hablar abiertamente las cosas con el otro, asumiendo la posición que
manifiestan muchas de las familias de estos pacientes y es "aguantar el
que la situación se siga presentando". De esta manera, cuando el
paciente ingresa a la clínica encuentra isomórficamente las mismas pautas de
relación y de comunicación de su contexto.
Continuando con la descripción de la dinámica del patrón de red, se observa que
cuando se trata de un paciente particular, los criterios para definir salida
son: no hay dinero o la sintomatología ha desaparecido. En cambio, cuando se
trata de un paciente que es remitido por alguna entidad, en este caso por el
Instituto de Seguros Sociales, los criterios para definir la salida son:
mejoría (desaparición de síntomas) o porque lleva más de sesenta días y debe
salir así no haya mejoría, obedeciendo más a políticas administrativas (no
pagar la pensión por invalidez mental), que por políticas del mismo
tratamiento, frente a lo cual se ha encontrado una solución y es darle de alta
al P. I. y recibirlo 24 horas después en la institución, para evitar así la
continuidad en la hospitalización. Sin embargo, aquí se observan consecuencias
para el P. I. tales como que su nuevo ingreso le resta oportunidades por ser
catalogado quizá como crónico, llegando a encontrar algunos profesionales que
cuando P. I. regresa a la clínica ha empeorado su situación al haber retornado
a su ambiente familiar. Ante esta situación es importante preguntarse si: ¿El
proceso de cronificación es dado por el deterioro psicológico del paciente, o
es definido por el poder y el criterio que manejan algunas instituciones
respecto a su estadía y tratamiento?
Al ser dado de alta, al P. I. se le ofrecen diferentes alternativas de
seguimiento, en el caso del paciente remitido por el ISS, el programa sigue la
siguiente dinámica, el paciente debe acercarse a un centro ambulatorio que
tenga la especialidad de psiquiatría para seguir allí los controles, donde es
citado una o dos veces al mes, observándose que el P. I. deja de asistir a los
controles, suspende la medicación, o no recibe apoyo de su red, siendo éstos
algunos de los factores que contribuyen a las frecuentes recaídas.
Si se trata de un paciente particular, el departamento de psicología ofrece una
posibilidad de seguimiento el cual consiste en realizar llamadas telefónicas
hasta después de un mes de la salida del paciente o atenderlo por consulta
externa en la unidad médica, donde deberá ser atendido por el psicólogo
tratante, e igual se observa que P. I. deja de asistir a los controles,
contribuyendo así al proceso de recaídas.
Una tercera opción es la que ofrece el departamento de enfermería, que consiste
en hacer llamadas telefónicas para saber cómo está P. I. y si se le han
presentado dificultades en su familia. Estos contactos telefónicos son
realizados por enfermería o por trabajo social. Adicionalmente, se realiza cada
dos meses la reunión multifamiliar dirigida por trabajo social para enseñar a
la familia los síntomas de la enfermedad y las acciones a seguir antes de la
hospitalización. Por último, se realizan visitas domiciliarias.
Respecto al programa de seguimiento, es válido hacer en este momento algunos
comentarios. Como se puede observar, estos programas son opcionales para los
pacientes, lo cual implica que estos no son parte del proceso terapéutico sino
un anexo del mismo, perdiendo la seriedad y la continuidad que debieran tener.
Se podría considerar como una alternativa la oficialización del programa de seguimiento
para todos los pacientes. Si esta opción es vista como coercitiva para los
pacientes, entonces vale la pena mirar cuáles son los factores que contribuyen
a la deserción de estos del mencionado programa. Lo que se pudo ver a lo largo
de este estudio, y que está relacionado con la función de apoyo emocional que
se espera cumplan los miembros del equipo terapéutico, es que no se crea un
vínculo significativo entre estos y los pacientes, vínculo que debería estar
marcado por la cercanía, el compromiso y la frecuencia de los contactos.
Al no existir ese vínculo cuando el P. I. sale de la clínica, no se siente
motivado por seguir las recomendaciones hechas por los profesionales, entre
ellas, asistir a los controles, tomar la medicación, asistir a las reuniones
programadas por trabajo social, pues no se ha creado un sentido de identidad ni
de pertenencia con la institución, que es muy distinto a las relaciones de
dependencia que se crean en este contexto.
Respecto a la pretensión de que el paciente en consulta externa deba ser
atendido por el psicólogo tratante y, volviendo al caso de Rosalba, ¿cómo se
espera que esto suceda si nunca logró establecer contacto con el paciente?
¿Dónde está el vínculo, apoyo emocional que se supone deben establecer
los profesionales de la salud mental con sus pacientes?
Observando la dinámica comunicacional que existe entre los diferentes miembros
del equipo, cabe plantear la pregunta: ¿cómo es que entre los departamentos no
existe conocimiento acerca de los programas de seguimiento que cada uno ofrece?
¿No sería más práctico unificar esfuerzos y recurso humano para crear un
programa de seguimiento institucional, con objetivos y metas claras?
Respecto al programa de seguimiento que ofrece el Instituto de Seguro Social
(ISS), se observa claramente que los controles están más dirigidos a la
continuidad de las prescripciones médicas que a un proceso psicoterapéutico,
pues no hay un lazo creado con el nuevo tratante, siendo esta una de las
razones por las cuales tampoco hay continuidad en los controles, y por las que
se presenta la recaída.
De toda esta dinámica se puede pensar que el alto índice de recaídas está dado
no solo por que un paciente no se tome la medicación, no asista a los controles
o no siga un programa de seguimiento. La comprensión de este fenómeno debe ir
más allá, de manera que la dinámica interactiva sea más compleja. Es así como
se puede observar cómo no se realiza un proceso psicoterapéutico que logre
desenmarañar toda la trama relacional que se da al interior de estas familias,
cómo estos mismos patrones isomorficamente los encuentra el paciente en el
contexto hospitalario, a su vez, mantenidos por otras entidades que tienen
relación directa con este contexto y con el paciente, alimentados por políticas
administrativas que mantienen el patrón anteriormente descrito.
Esta dinámica relacional, al igual que los mapas de red construidos con los
participantes en esta investigación, se pueden observar en los anexos.
Conclusiones e implicaciones del estudio
Este estudio permite observar la fuerte relación que existe entre la red social
del paciente con diagnóstico de EPA y los procesos de rehabilitación y
prevención de recaídas, ya que permite tener una mirada más compleja de cómo se
mantiene la enfermedad mental, saliéndonos de la familia como único sistema que
mantiene patrones disfuncionales y abarcando sistemas más amplios, tales como
el contexto hospitalario, el sistema de amigos, el contexto educativo, el
laboral, y el sistema remisorio, viendo las relaciones que se dan entre ellos y
que en un momento dado se pueden potenciar para encontrar nuevas soluciones que
permitan enfrentar la enfermedad mental.
Lo anterior se ve claramente en la teoría propuesta por Bronfenbrenner (1987),
ya que dejamos de abarcar el microsistema para hacer una mirada al mesosistema,
pues en este estudio se trabajó con el nexo de la red y no con la matriz de red
que equivaldría a haber abarcado un exosistema. Estamos seguros que si se hace
esta aproximación nos estaremos acercando no solo a una lectura de la red
social, sino a una lectura de red de redes para la comprensión de las
realidades humanas.
Este estudio permite observar cómo algunos de los sistemas tenidos en cuenta
hasta el momento como significativos en el proceso de rehabilitación del
paciente con diagnóstico de EPA (desde el marco de referencia de las
investigadoras), tales como el médico tratante y el psicólogo, no cobran dicha
importancia en estos pacientes ni en los procesos de rehabilitación y
prevención de recaídas, mientras que sistemas como el departamento de
enfermería, algunos amigos y algunas personas significativas ubicadas en
contextos laborales y educativos pueden llegar a ser potenciados por el vínculo
que establecen con el paciente y las funciones de red que cumplen.
En la construcción del mapa general de red de nuestros actores principales, se
observa que es una red de tamaño mediano, lo que equivale a una red muy
potencial para el proceso de rehabilitación y prevención de recaídas para estos
pacientes, factor que debería ser aprovechado por el equipo terapéutico para
definir objetivos de cambio. Sin embargo, observamos que en momentos de crisis
(presencia de EPA) esta red se reduce por varias razones: la primera de ellas
es por el sistema de creencias que manejan tanto las familias como los
pacientes; segundo, porque se limita el acceso a los contactos, lo que ayuda a
reducir mucho más la red en este tipo de situaciones, observándose que las
funciones que eran cumplidas antes por otros actores de la red ahora se limitan
y no son asumidas por las personas del contexto hospitalario; los vínculos se
reducen en su intensidad, su frecuencia y únicamente a dos a tres personas que
se "encargan" de P. I. en este período. Es así como en un determinado
momento el P. I. busca reemplazar estos vínculos y estas funciones con algunos
compañeros de la clínica.
Existen sistemas de creencias diferentes respecto a la enfermedad mental, la
rehabilitación y la prevención de recaídas, que marcan el tipo de solución
buscado tanto en el contexto clínico como en los otros contextos que conforman
la red. Esto nos lleva a buscar cada vez nuevas explicaciones respecto a la
esquizofrenia, de manera que se puedan construir y redefinir los estigmas sociales
que hay alrededor de este tipo de problemática, pues si el sistemas de
creencias es más flexible, la búsqueda de soluciones es más rica y creativa y
se fortalece cada vez más la red social.
Respecto a la comunicación que se da al interior de la red, se puede observar
que ésta se da entre los miembros que mantienen un vínculo bastante cargado de
afectividad, favorecido por una alta frecuencia en los contactos, mientras que
no se da ningún tipo de comunicación entre los miembros ubicados en cuadrantes
diferentes (es decir, entre la familia y las personas de un contexto laboral, o
entre las personas de un contexto educativo y las personas del contexto
hospitalario, por ejemplo), ya que no hay interés por establecer un puente
comunicacional entre estas personas, lo que más adelante podría traducirse en
realizar una intervención en red.
No existe una comunicación clara y abierta entre los sistemas que conforman el
contexto hospitalario, llegándose a desconocer el trabajo que se realiza en
cada uno de ellos, lo que a veces ha implicado repetir esfuerzos en lugar de
unificarlos, para mejorar la calidad del servicio y de atención que se presta
al paciente y a sus familias, llegándose a percibir muchas veces como ruedas
sueltas dentro de la institución.
Cada uno de los profesionales que conforman el equipo terapéutico maneja una
concepción diferente de lo que puede ser este tipo de trabajo; se presumen
cuáles deben ser las funciones de este equipo, pero no hay un consenso al
respecto. Algunas de estas concepciones están orientadas a pensar que el
trabajo en equipo equivale al trabajo en red o es la misma red.
Realmente, no se realiza un trabajo en equipo, existe una sana intensión por
realizarlo, pero dista mucho de la realidad que se está viviendo en la
institución. Esta idea surge más del departamento de Psicología y de otros
profesionales que de los médicos tratantes, quienes no asumen un compromiso
claro frente a esta propuesta. Si bien es cierto, reconocemos las dificultades
de la falta de recurso humano para atender a todos los pacientes, también
consideramos que con el personal que existe allí se pueden redimensionar y
aprovechar sus múltiples potencialidades para la intervención y el cambio.
Por más que se intervenga en familia se sigue pensando que no tiene sentido
leer la enfermedad mental desde otra óptica, lo cual se relaciona con lo que
piensan los psiquiatras, quienes consideran la rehabilitación y la prevención
de recaídas como una utopía.
A pesar del gran espacio que ha ganado el Departamento de Psicología en esta
institución, el rol del psicólogo para el psiquiatra sigue siendo el de
evaluador y aplicador de pruebas, que en un momento dado apoya el trabajo del
médico tratante, viéndose limitados los alcances que los psicólogos pueden tener
en estos contextos ya que la definición de enfermedad mental que manejan abre
más el abanico de posibilidades para el paciente y sus familias.
Es importante resaltar cómo cada una de las personas que realizaba un mapa de
red tenía una representación de la familia del P. I. y como todos en algún
momento la evocaban, así los profesionales encargados del caso no la tuvieran
en cuenta para su intervención. Al comprender las funciones que desempeñan y
los vínculos que establecen las personas en la red de relaciones de un
paciente, se hace más claro el tipo de intervención que se puede brindar.
El microsistema en el cual se desarrolla el paciente ha generado patrones que
mantienen el síntoma, los cuales se perpetúan en el tiempo y encuentran eco en
el mesosistema, donde se complementan, se mantienen mutuamente en un procesos
de repercusión permanente, negando así las posibilidades de cambio.
En la descripción de esta dinámica de red es importante identificar y reconocer
la historia de la organización "Clínica de la Paz" sobre el
tratamiento del Episodio Sicótico Agudo y las familias, al igual que es
importante a partir de esta trayectoria comenzar a co-crear una historia nueva,
re-significando la red de los psiquiatras y asistentes del tratamiento con las conexiones
de la historia de dicha organización y de quienes las consultan.
De la red del paciente es importante destacar algunos sistemas que se pueden
potenciar en el proceso de rehabilitación y que hasta el momento no han sido
tenidos en cuenta en el tratamiento con estos pacientes, como lo son algunos
amigos significativos, personas del contexto laboral, educativo, la iglesia y
otros que han marcado la historia personal del paciente y pasan a ser
significativas por las funciones de red que cumplen con los pacientes.
Sería importante romper los patrones que se dan al interior de la red,
generando cambio tanto en la función como en el vínculo que se establece entre
los miembros de la red, lo que llevaría a potenciar los recursos personales en
la solución de estos problemas.
Este estudio aporta a todos aquellos profesionales dedicados al campo de la
salud mental y al quehacer terapéutico, información valiosa en lo que concierne
al tipo de intervención que se ofrece, así como acerca de las alternativas de
solución que se brindan a los pacientes, ya que si nos permitimos mirar la red
de nuestros pacientes vamos a comprender el por qué para muchos de ellos las
soluciones que les ofrecemos no son fáciles de realizar, ya que como en el caso
de Rosalba, a pesar de tener un esposo "maltratador" es él quien
ejerce otras funciones de red importantes en su diario vivir, lo que nos
permite contextualizar mucho más el abanico de posibilidades que podemos
contemplar en la construcción de nuevas realidades.
Es importante mirar cómo la red de estos pacientes no se limita
significativamente durante los primeros ingresos, lo cual es un gran potencial
para el cambio, pues tanto el equipo terapéutico como la familia podrían
encontrar apoyo y ayuda en otros sistemas que forman la red de estos pacientes.
Otra de las funciones de la red que no fue contemplada en este estudio hace
referencia a la posibilidad que debe ofrecer la red al permitir el acceso a
nuevos contactos, en este sentido el contexto psiquiátrico en lugar de limitar
los contactos podría servir de puente no solo para reactivar vínculos perdidos
a través del tiempo, sino ofrecer la posibilidad de establecer nuevos contactos
para el paciente y su familia. Es aquí donde nos atrevemos a proponer una red
de solidaridad entre los pacientes para compartir experiencias que les permita
evidenciar otro tipo de soluciones y apoyo antes de recurrir a la
hospitalización como única alternativa de solución.
Llama la atención ver cómo el personal que conforma el departamento de
enfermería está subvalorado en este contexto, pues nadie creería que ellos
podrían crear vínculos más intensos con los pacientes que los mismos psicólogos
o médicos tratantes. En este sentido sería importante involucrar mucho más al
departamento de enfermería en los procesos de tratamiento y de seguimiento que
se da al paciente, pues muchas veces puede tener mucho más impacto la
intervención que con criterios terapéuticos haga el enfermero que cualquiera de
los otros profesionales del equipo.
Respecto al vínculo que establecen las personas que tienen relación directa con
el paciente, especialmente médicos tratantes, valdría la pena analizar qué
pasaría si existiera mayor compromiso en la construcción de esta relación y se
permitiera poner en juego la afectividad como recurso para lograr un
acercamiento con el otro, quizás de esta manera se podría pensar más adelante
en crear un programa de re-parentalización. Esto llevaría a cada uno de los
participantes de la red a revisar sus propias creencias y marcos valorativos
respecto a la enfermedad mental y por supuesto a vencer los temores ante la
cercanía que se puede dar con este tipo de pacientes.
Consideramos que el potencial de cambio con el que llegan los pacientes a la
clínica debería ser aprovechado en la participación obligatoria de todas las
actividades que estarían planeadas conjuntamente por los miembros del equipo,
pues en ninguno de los dos casos que se analizaron en este estudio participaron
en las actividades de terapia ocupacional y terapia recreativa.
Dentro del programa de seguimiento sería válido crear una línea de urgencias
activa las 24 horas del día para atender las inquietudes y brindar orientación
a las personas que así lo requieran, desarrollándose así las funciones de red,
de apoyo emocional, guía cognitiva y de consejos, ayuda material y de servicios
y por que no compañía social.
Las acciones por parte del gobierno en lo que se refiere a salud mental
deberían ir encaminadas a romper los patrones que se da con algunas entidades
remisorias, como es el caso del Instituto de Seguros Sociales, de manera que
ésta no interfiera con el tratamiento que intenta dar la clínica. Asimismo,
vale la pena crear políticas que le permitan el fácil acceso al paciente a una
vida laboral o académica dependiendo del caso. Resaltamos la labor que se está
haciendo en este momento por los medios de comunicación con relación al respeto
que se debe tener por los derechos del enfermo mental contribuyendo así a
construir una cultura diferente frente a esta problemática; sin embargo,
consideramos que aún no es suficiente y que así como se atiende el flagelo de
la droga, el problema de la enfermedad mental en nuestro país requiere de mayor
atención por parte del gobierno.
Por último, sugerimos para próximos estudios identificar si existen diferencias
en la red del paciente en cuanto a estructura, vínculo y función cuando no está
hospitalizado y cuando se interna; al igual, si existen diferencias dependiendo
del complejo cultural tan diverso que se identifica en Colombia. Igualmente, es
necesario establecer si la red, al igual que la familia, las organizaciones y
los seres humanos, atraviesa por ciclos vitales, de manera que se puedan
identificar factores estresores y facilitar el paso de una etapa a otra para hablar
de redes sanas y potenciales para el cambio. También es importante desarrollar
investigaciones orientadas a identificar técnicas de intervención en la red y
sus alcances.
Asimismo, hacemos una invitación para iniciar un trabajo de intervención en red
respondiendo a la evidencia y a la intuición clínica, acerca de la
insuficiencia y la problemática de red social en la vida de muchos de nuestros
pacientes, lo que llevaría a enriquecer cualitativamente la visión
multidimensional de nuestro quehacer terapéutico y, por lo tanto, nuestro
potencial de acción clínica. Invitamos a avanzar en la comprensión de los
patrones que mantienen el síntoma más allá del contexto familiar, lo cual
también nos permite re-significar la esquizofrenia a partir de una comprensión
y un abordaje más complejo.