Fecha publicación: 10/mayo/1999
Para citar este artículo:
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Herández, G. P. (1999, 10 de mayo). La red social del paciente con
diagnóstico de episodio sicótico agudo como factor de rehabilitación y
prevención de recaídas. Revista PsicologiaCientifica.com, 1(2).
Disponible en:
http://www.psicologiacientifica.com/bv/psicologia-172-1-la-red-social-del-paciente-con-diagnostico-de-episodio-sicot.html
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RESUMEN
El presente estudio forma parte de la línea de investigación de Trastornos Severos desarrollada por el equipo de la Maestría de Psicología Clínica y de Familia. Se realizó con dos pacientes hospitalizados en la Clínica de la Paz (Bogotá, Colombia) y su red, diagnosticados con Episodio Sicótico Agudo. Se describió la dinámica de la red social como factor de rehabilitación y prevención de recaídas, teniendo en cuenta las siguientes categorías: sistemas de creencias respecto a la enfermedad mental, la rehabilitación y la prevención de recaídas; patrones de interacción, comunicación, y la red vista desde su estructura, función y vínculo. Este estudio se enmarca dentro de la investigación cualitativa y su diseño es multidimensional eco-sistémico-constructivista. Los resultados muestran cómo la red social del paciente puede llegar a potenciarse para lograr la rehabilitación del paciente, de manera que no se perpetúen los patrones relacionales que se dan al interior de los sistemas que conforman la red y que son mantenedores de la patología. Permite observar la relación que se da entre el tamaño de la red, las funciones que ésta cumple con el paciente y los vínculos que se establecen en su interior, de manera que puedan ser recursos potenciales para evitar el proceso de recaídas tan frecuente en estos pacientes. Se hace evidente la necesidad de re-significar los sistemas de creencias alrededor de la enfermedad mental para cambiar el estigma social que se tiene de estas personas, ya que tales creencias orientan el tipo de intervención que se ofrece al paciente y a sus familias. Permite ver cómo sistemas que hasta el momento no han sido tomados en cuenta en el tratamiento tienen un gran significado en las vidas de estos pacientes, tales como: algunos amigos, compañeros del contexto laboral o educativo, los cuales, en un momento dado podrían contribuir en los procesos de rehabilitación, ya que desempeñan funciones de red muy importantes para ellos. Por último, los aportes de esta investigación van encaminados también a reformular las políticas gubernamentales respecto a la salud mental, buscando construir una nueva cultura frente a la construcción de nuevas realidades.
Palabras clave: Psicosis, Esquizofrenia, Red social, Rehabilitación
Marco paradigmático de la esquizofrenia y el episodio sicótico agudo
Una de las formas de comprender la esquizofrenia es a partir de la
visión sistémica constructivista, la cual es base fundamental para esta
investigación.
A partir de este modelo, Bruno y Hernández (1983) mencionan que la
esquizofrenia es un fenómeno humano complejo que tiene componentes:
- Genéticos: que aparecen como alteraciones cromosómicas.
- Biológicos: que aparecen como alteraciones enzimáticas
confirmadas y que responden a tratamientos farmacológicos.
- De la psicología individual: manifiestos como alteraciones de todas
las funciones psíquicas.
- Del contexto familiar: identificados como patrones de interacciones
que aparecen típicos en estas familias.
- Socioculturales: en cuanto que el sentido, el tratamiento, y las
implicaciones sociales de estos trastornos varían con las creencias y los mitos
culturales acerca de la enfermedad y de las conductas desviadas de los
estándares sociales.
Todos esos componentes interactúan de acuerdo con patrones que aún no se
conocen claramente, de tal forma que no puede afirmarse con certeza de qué
manera cada uno de ellos contribuye al surgimiento y mantenimiento del
trastorno esquizofrénico.
Además, existen los estudios realizados por Selvini y cols (1990),
quienes proponen la teoría de los juegos sicóticos como una explicación
sistémica para mantener la sintomatología sicótica y la posibilidad de
descubrir al individuo.
De las redes
Elkaim (1989) desarrolla el concepto de red social (el cual será base
para esta investigación), que implica un proceso de construcción permanente
tanto individual como colectiva. Lo considera como un sistema abierto y que a
través de un intercambio dinámico entre sus integrantes, y con integrantes de
otros grupos sociales, posibilita la potenciación de los recursos que poseen.
Cada miembro de una familia, grupo o institución se enriquece por medio de las
múltiples relaciones que cada uno de los otros desarrolla, pues, como lo
manifiesta Sluzki (1990), la red social representa la sumatoria de todas las
relaciones que cuentan realmente o que son percibidas como tales por un
individuo; éste define el nicho social propio que contribuye a su
reconocimiento. La red constituye una fuente esencial para el sentimiento de
identidad, del deber ser, de la competencia, de la acción, así como las
actitudes habituales a nivel de la salud y del modo de adaptación en caso de
crisis.
Características de la red
Atneave y Ross (1982) afirman que la red social es depositaria de la
identidad y de la historia individual y es una fuente de retroalimentación y
reconocimiento social, en el sentido de que, en tales interacciones, cada
persona refleja y mantiene una imagen de sí misma, relacionada con el o los
roles que cada quien desempeña o asume en esa relación; tales relaciones se
caracterizan por ser intensas, recíprocas, valiosas, irremplazables y
mantenidas voluntariamente, pero no son exclusivas ni estrictamente esenciales
para la supervivencia; abarcan diferentes esferas de la vida social y su
utilización afectiva mejora la adaptación a la crisis. Estos autores
manifiestan que en toda red social es posible identificar atributos
estructurales, funcionales y de vínculo.
Características estructurales de la red
Tamaño o dimensión
Se refiere al número de miembros. Parece ser que las redes de mediana
dimensión son más eficaces que las pequeñas o muy grandes. Las pequeñas son
menos eficaces en las situaciones de larga duración, en donde los miembros
tienden a eludir el contacto para evitar una sobrecarga. Los factores que
modifican la dimensión de la red comprenden las migraciones o las emigraciones
(que la reducen dramáticamente, cuando ellos no se incapacitan) y el paso del
tiempo (la red social de las personas de edad se reducen por la incapacidad de
renovarlas y por causa de los duelos) (Atneave y Ross 1982; Sluzky, 1993).
Densidad
Es la conexión entre los miembros de la red, fuera del informante o
externos a él (mis amigos son también los amigos de mis amigos, mis parientes
próximos con ellos, también son íntimos entre ellos). Un nivel de densidad
mediana o moderada aumenta la eficacia del grupo, puesto que permite el
intercambio de impresiones, por ejemplo: "Ella se nota deprimida, ¿te
fijaste?". Una red de mayor densidad favorece, entre los miembros, un
deseo de conformidad -en donde se ejerce presión sobre el individuo para que se
adapte a las reglas del grupo- y si las desviaciones del individuo persisten,
es amenazado con la expulsión y, por lo tanto, se da una gran inercia y una
menor eficacia. Por último, una red de baja densidad presenta una eficacia
reducida, esto por la ausencia de un potencial de cambio (Sluzky, 1993).
Composición o distribución
Es la proporción de miembros de la red distribuidos dentro de cada
cuadrante y dentro de cada círculo. Las redes con una distribución muy
localizada son menos flexibles, menos eficaces y permiten menos opciones que
las redes con una distribución difusa. Encontramos personas para quienes la red
significativa está centrada sobre la familia, generalmente dos miembros,
ubicados en el círculo interior, mientras que el resto se encuentra en el
círculo intermedio, reflejándose la dependencia del informante con esas dos
personas y con la familia en general (Atneave y Ross, 1989; Sluzky, 1993) (Ver
Tabla No. 1)
Dispersión
Es la distancia geográfica entre los miembros, que refleja evidentemente
una red más sensible durante los cambios del individuo y afecta la rapidez o la
eficacia de la respuesta durante las situaciones de crisis.
La homogeneidad o heterogeneidad
Según la edad, el sexo, la cultura y el nivel socio-económico, con las
ventajas y los inconvenientes que ellos representan en términos de identidad,
reconocimiento de signos estresantes, activación y utilización.
Funciones de la red
- La compañía social. Designa la realización de actividades
colectivas o el simple hecho de hacerlas en compañía.
- El apoyo emocional. Representa los cambios que acompañan una
actitud emocional positiva, un clima comprensivo, de simpatía, empatía,
estimulación y apoyo. Es el tipo de funciones poco ambivalentes,
características de amistades íntimas y de las relaciones familiares cercanas.
- La guía cognitiva y los consejos. Representa las interacciones
destinadas a compartir una información personal o social, especificar las esferas
y suministrar los roles a jugar.
- La regulación social. Se refiere a
las interacciones que recuerdan y reafirman las responsabilidades y los roles,
neutralizando las desviaciones del comportamiento que se aíslan de lo común.
- La ayuda material y los servicios. Abarcan la colaboración
específica sobre la base de un conocimiento experimentado o de una ayuda
concreta que comprende los servicios de salud (realmente son un componente
importante dentro de la red de pacientes psiquiátricos crónicos).
Cada una de estas redes puede reemplazar muchas de estas funciones, por
ejemplo, puede ser que una hermana no sea una confidente de asuntos íntimos,
pero sí la compañía perfecta en la enfermedad. Puede ser la interlocutora para
las charlas ociosas mientras ordena la alcoba (compañía social y ayuda
material). Por el contrario, un amigo puede ser confidente de las intimidades,
sobre todo si sus consejos resultan ser poco normativos (apoyo emocional y
regulación social).
En circunstancias laborales, el saludo respetuoso de la recepcionista le
recuerda que usted está en un punto de vista de rol social (regulación social),
al igual que puede ayudarlo o aconsejarlo sobre el problema que usted tiene con
su carro (ayuda material), o pedirle una recomendación para otro trabajo (ayuda
material, pero en sentido inverso) (Sluzky, 1993).
Atributos de los vínculos
Cada uno de los vínculos puede ser analizado en términos de:
- Funciones principales: Son las funciones o
combinaciones que caracterizan los vínculos de manera preponderante.
- Multidimensionalidad: Es el número de las
funciones reemplazadas.
- Reciprocidad: Saber si una persona cumple con otra el mismo
tipo de funciones, o funciones equivalentes a las que esa persona cumple para
ella o no, es decir, simetría- asimetría. Por ejemplo, las relaciones padres
hijos, sin duda, no son recíprocas durante las primeras décadas de la vida
(salvo en caso de emergencia o de los hijos emparentados) pero, en la mayor
parte de los casos ellas se separan y subsecuentemente cuando los padres se
envejecen y se fragilizan, la relación se torna complementaria, no obstante, en
el otro sentido.
- Intensidad o compromiso de la relación: Es el tropismo o la
atracción (empatía entre los miembros). Es conocida como el grado de intimidad.
- Frecuencia de los contactos: Aquí conviene resaltar que entre
mayor sea la distancia, mayor es la necesidad de mantener el contacto vivo para
preservar la intensidad. Para otros, los lazos intensos pueden ser reanimados
rápidamente, sin importar que haya pasado un lapso de tiempo entre los
contactos.
Tabla No. 1 - Características estructurales funciones y
cualidades de los lazos de las redes sociales

La red social en el campo de la salud mental
Mony Elkaim, citando a Desamarais y cols. (1989), señala que "el
campo de intervención en salud mental se inscribe en un marco multidimensional,
que incluye la dimensión individual, fisiológica y psicológica, la dimensión
interaccional y, por último, la ambiental, que tejen la trama de los problemas
relacionados con la psiquiatría".
Al confrontar los anteriores problemas se evidencia al paciente identificado, a
aquel que lo interviene, su medio ambiente y sus comportamientos, enmarcados en
un contexto económico-socio-político e ideológico propio de la época.
Los autores mencionados anteriormente optaron por explorar la dimensión
ambiental propia de la salud mental mediante el concepto de red, llegando a
formular un modelo de intervención que se apoya en la red primaria para
elaborar una aplicación comunitaria de la salud mental.
Desamarais y cols. (1989) dividen la red en primaria y secundaria. La primaria,
es una entidad micro-sociológica constituida por un grupo de individuos que se
comunican entre sí a partir de afinidades personales, fuera de todo contexto
institucionalizado. De otro lado, la red secundaria, la define a partir de una
tarea, institución etc. Es el conjunto de las personas reunidas a partir de una
misma función, en un marco institucionalizado, tal como un sindicato, una
cooperativa, o un club social.
Asimismo, ellos describen la red de los pacientes sicóticos con un alcance más
débil que la de los no clínicos, cuatro o cinco personas la conforman y son, en
su mayoría, miembros de la familia; los lazos son densos y frecuentemente
asimétricos (van siempre en la misma dirección).
En el mismo sentido, al comparar sujetos sicóticos con no sicóticos,
Sokolovsky y cols. (1978) han observado que los segundos tienen más lazos con
contenidos múltiples (un lazo que suma dos funciones, por ejemplo, el apoyo
social y la ayuda material) con los miembros de su red, y más relaciones
recíprocas que los primeros.
Entre los sujetos sicóticos, los que tienen relaciones menos numerosas y de
menor densidad, corren mayor riesgo de hospitalización que los no sicóticos,
cuya red es mayor y más densa.
Tolsdor (1976) observa que, en una situación de crisis, la actitud de los
pacientes psiquiátricos se diferencia de la actitud de la población en general.
La población en general tiende a solicitar ayuda y sostén a los miembros de su
red cuando la movilización individual no es suficiente; en cambio, los
psiquiátricos, utilizan su red de manera superficial: no se entregan
suficientemente como para que los miembros de su red puedan brindarles
verdadero apoyo.
Cuando el estrés proviene de la red, los sujetos no psiquiátricos tienden a
utilizar el mecanismo de retiro terapéutico más selectivamente, mientras que
los sujetos denominados psiquiátricos tienden a cortar todos los contactos
íntimos.
Retomando la dimensión ambiental, Bronfenbrenner (1987) dice que el
ambiente ecológico se concibe como un conjunto de estructuras seriadas, cada
una de las cuales cabe dentro de la siguiente. En el nivel más interno está el
entorno inmediato que contiene la persona en desarrollo; el segundo nivel va
más allá de cada entorno por separado a las relaciones que existen entre ellos,
las cuales pueden ser tan decisivas para el desarrollo como lo que sucede
dentro den un entrono determinado. El tercer nivel del ambiente ecológico nos
lleva aún más lejos, evoca la hipótesis de que el desarrollo de la persona se
ve afectado profundamente por hechos que ocurren en entornos en los que la
persona ni siquiera está presente.
Una de las unidades del nivel interno del esquema ecológico es la díada o el
sistema de dos personas. La capacidad de una díada para servir como contexto
efectivo para el desarrollo humano depende de forma crucial, de la presencia y
la participación de terceras personas, como los esposos, familiares, amigos y
vecinos. Si no hay terceros, o si desempeñan un papel destructivo más que de
apoyo, el proceso de desarrollo considerado como sistema se desintegra. Por lo
tanto, en la intervención en salud mental, el apoyo material, afectivo y de
otras clases que puede ofrecer la red, influye también sobre la evolución,
resolución y actitud de una persona ante la crisis.
De la rehabilitación y la prevención de recaídas
Sarmiento (1993) definió la estructura de rehabilitación como la
compleja organización que en un hospital, o un servicio oficial, se ocupa del
diagnóstico, tratamiento, pronóstico y secuelas de las enfermedades y
malformaciones congénitas. Esta organización es una red de relaciones,
competencias y servicios que comparten la finalidad de rehabilitar en los
usuarios las funciones afectadas.
Para lograr este objetivo la estructura, desde la visión sistémica, debe ser
armónica pero articulada y extremadamente adaptable para responder a las
necesidades de los usuarios. La estructura indica que cada operador debe
reconocer y asumir un rol definido, tomando conciencia de las relaciones que lo
ligan a los otros, de forma tal que pueda ejecutarse una intervención
armónica. La estructura de rehabilitación, sea que forme parte de un
establecimiento hospitalario o que constituya una estructura independiente
especializada, debe presentarse al usuario como una organización de finalidades
compartidas. Por lo tanto, los problemas que debe enfrentar la rehabilitación
requieren de la participación de varios profesionales. El trabajo en equipo es
la única modalidad capaz de proponer a los usuarios un proyecto que no sea
sectorial y que, por ende, satisfaga sus necesidades y le ofrezca seguridad.
Fundamentos de la rehabilitación social
La rehabilitación social es una etapa en la que las acciones se establecen con
el entorno y facilitan la integración y reintegración de la persona con el
medio familiar y social. También incluye la preparación de estas personas para
que se desarrollen en la vida social y cumplan sus obligaciones de acuerdo con
su edad y condición.
Estas acciones deben tener en cuenta al sujeto y al contexto. Por un lado, el
sujeto debe responder a las exigencias del medio y, por otro, el contexto debe
prepararse para no crear barreras que limiten o impidan la inserción de la
persona a su medio.
Consideramos que algunas de estas acciones van dirigidas a la familia. Estas
pretenden buscar un compromiso y facilitar un medio donde sea propicia la
rehabilitación, teniendo en cuenta su autonomía, sus recursos y
potencialidades, así como sus expectativas, temores y angustias. Otras apuntan
a la comunidad, donde se requiere un trabajo de coordinación y compromiso y
donde las diferentes instancias que le dan soporte e identidad asumen su
responsabilidad frente a la persona que presenta una crisis para así garantizar
su participación.
Las autoras opinan que, aunque las acciones mencionadas anteriormente
son importantes y pueden facilitar el proceso de rehabilitación, dichos procesos
deberán abarcar contextos más amplios, de manera que se haga un verdadero
trabajo de red, y para ello es necesario intervenir conjuntamente con
instituciones gubernamentales que puedan crear leyes por medio de las cuales se
propague la participación e integración social y laboral de las personas que
presentan dificultades y trastornos mentales, pues como veremos a continuación,
la familia y la red del paciente que presenta una crisis sufre un gran impacto
que debe atenderse de una manera integral.
En el momento en que se diagnostica a un paciente con EPA se causa,
inevitablemente, un impacto en la vida social de los pacientes y en las redes
sociales de sus familias. Con el tiempo, algunos de sus síntomas (problemas de
atención, delirios o paranoias) pueden inducir a los enfermos a cuestionar o
percibir equivocadamente la intención y el significado de las comunicaciones
emitidas por otros integrantes de su mundo social, como sus amigos y
familiares, evitando el contacto con estos, siendo este un proceso de doble
vía; así, las personas que integran los otros contextos debido a las
representaciones sociales que tienen del enfermo mental lo estigmatizan y lo
rechazan contribuyendo a su aislamiento.
Cuanto más se prolongue el aislamiento social tanto más tenderán a
disminuir las habilidades sociales y a la larga, las conductas extrañas se
arraigarán. Las reiteradas respuestas negativas del ambiente mantendrán aún más
las pautas disfuncionales y la necesidad de retraerse, ya que la apatía, la
falta de motivación y la disminución de sus energías deteriorarán su
funcionamiento y alejarán a los otros.
Por lo tanto, es importante conectar a estos pacientes, relativamente
inmotivados, con una variedad más amplia de contactos sociales. De tal modo, el
clínico debe trabajar sobre esto, ya que amigos, conocidos y familiares suelen
sentirse inseguros con respecto a: ¿Hasta dónde acicatear al paciente, puesto
que, directa o indirectamente, esto podría provocar un resurgimiento de los
síntomas positivos? Y ¿hasta qué punto tolerar su falta de iniciativa o
reciprocidad? Porque, conformarse con mucho menos de lo que el paciente es
capaz de lograr, mantendrá un estado deficitario, ya que el esfuerzo
exigido para ser frente a las cuestiones inherentes a la convivencia con un
paciente esquizofrénico deja a los demás integrantes de la familia sin
entusiasmo, interés, ni siquiera capacidad para emprender muchas actividades
sociales fuera del hogar.
Otro elemento que aísla a la familia de su círculo social es el temor de
dejarle solo, al igual que muy pocos amigos o miembros de la familia extensa
comprenden verdaderamente lo que significa vivir con un enfermo mental crónico.
Algunas personas, a quienes los familiares desearían recurrir en busca de ayuda
y consuelo, no están disponibles o niegan su apoyo.
Por tanto, el clínico debe tratar de facilitar al paciente y a su familia el
uso de los sistemas de apoyo existentes y el establecimiento de otros nuevos,
con miras a combatir el aislamiento de ambos (Anderson y Reiss, 1982).
Prevención de recaídas
Diversos estudios han demostrado que el hospital
psiquiátrico con frecuencia actúa para perpetuar la falta de adecuación social
del paciente y principalmente al paciente diagnosticado con esquizofrenia se le
connota con rótulos de enfermedades de pronóstico pobre, sin tener en cuenta la
calidad del tratamiento el cual debe ser un factor importante para determinar
los resultados. Con base en esta reflexión, las autoras de esta investigación
se preguntan, entonces: ¿cómo se explica la preferencia del tratamiento en el
hospital sobre otras alternativas? Es decir, ¿por qué la única solución frente
a las recaídas termina siendo la re-hospitalización?
Quizá, porque la creencia de que el hospital es el único medio para el
diagnóstico y tratamiento de todas las enfermedades, lo que perpetúa el mito,
especialmente frente al enfermo mental, quien es considerado como alguien que
requiere de un tratamiento en una entidad separada y lejos de la gente
"normal". Otra razón podría ser la relacionada con el manejo del
estigma social de mantener un "loco" en la familia, ante lo cual se
recurre a aislarlo y hacerlo poco público.
Minuchín (1992) opina, respecto de la recaída, que otra de las razones para
depender del encuadre hospitalario es la necesidad de respiro que tiene la
familia de un paciente mental, ya que este se convierte en una carga
insoportable de atención permanente, haciendo que con frecuencia se sientan
atrapadas, culpabilizadas, con miedo, enojo, frustración e impotencia. Si no tienen
apoyo psiquiátrico al alcance de la mano pueden sentirse aniquilados, y si no
pueden recurrir a ninguna otra parte la internación comienza a aparecer como la
única solución ante la crisis.