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Tratamiento conductual de un caso crónico y recidivante de tricotilomanía


 

José Manuel Pérez Quesada
Psicólogo
Maestro especializado en Pedagogía Terapéutica
Colegiado por el Colegio Oficial de Psicólogos de Murcia
Alicante -España




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Trabajo publicado el 02 de enero de 2004

 



Resumen


 

 

Se presenta en este trabajo un tratamiento de una tricotilomanía exarcebada y recidivante. Se buscó diferenciar que componentes del tratamiento basado en técnicas conductuales de reversión del hábito son las más importantes y significativas y  por tanto más efectivas para su simplificación y menor costo en la clínica y hasta que punto los autorregistros por si mismos podían eliminarlo. Se lleva a cabo a través de un autotratamiento (el autor de este trabajo) y siguiendo a Llavona y Carrasco, (1985) en el establecimiento de las dos fases de su trabajo.

Varón, de 43 años, con un historial de arrancarse el pelo de 40 años y con una única remisión de 10 años. El resto de las remisiones ha sido muy fluctuante, corto y sin solución.

Se aplica el entrenamiento  en la reacción de competencia,  y la autoobservación y registro, junto con la relajación y visualización, en una primera fase. No fue necesaria aplicar la segunda fase consistente en la aplicación del control estimular, práctica masiva, autocontrol y registro. Tras la primera fase de 13 semanas la conducta problema desapareció y se mantiene en los 4 meses de finalización del tratamiento.

Palabras clave: Tricotilomanía, entrenamiento en reacción en competencia, auto-observación y registro, reversión de hábito

 

 



 

 

Introducción

La tricotilomanía, esencialmente es el arrancamiento del cabello con pérdida abundante y no debido a algún tipo de enfermedad médica. Aunque la parte  más afectada es la cabeza, no tiene  que ser solo ella, sino que puede abarcar diferentes partes del cuerpo, desde las cejas, pestañas, axilas, hasta el pubis. Cuando es en la cabeza se suele situar, sobre todo en zonas temporales, frontales y parietales combinadas.

En los niños las zonas de calvicie se reparten al no estar tan enraizado el  problema y darles menos vergüenza. En los adultos se esconden y se arranca el pelo en zonas más difíciles de descubrir por personas ajenas  (Orange y cols., 1986; en García y Mazaira, 1997).

La tricotilomanía está considerada como un trastorno del control de los impulsos (DSM-IV). La clarificación de su clasificación sigue siendo puesta en duda al estar relacionada con el TOC, ya que se ha encontrado un 10 % de TOC en familiares de primer grado de personas con tricotilomanía.

El arrancamiento del pelo, normalmente va precedido de tensión con urgencia de llevar a cabo el ritual y después de hacerlo se acompaña de una sensación de alivio momentánea. Con respecto a la distribución por sexos, predomina más en mujeres. Azrin y Nunn, (1987) estiman en más de 8 millones de afectados.

El inicio del trastorno se da mayormente en la infancia y adolescencia, siendo el número de niños afectados superior al de adultos. El diagnóstico suele hacerse en función de las zonas calvas y descartando enfermedades dermatológicas como la alopecia areata o la calvicie común.

La mayoría de los tricotilómanos se creen que son los únicos que padecen el trastorno. No pueden dejar de arrancarse el pelo ni tampoco saber porque lo hacen. La ligera molestia que resulta del arrancamiento se convierte en sensación de alivio, relax y confort cuando se ha hecho. El proceso es ritualista  desde los que se lo arrancan y se lo llevan a la boca, hasta los que juegan con el haciendo bolitas y lanzándolo o volviéndolo a romper en trozos más pequeños o también el hacer un montón para luego recogerlos y tirarlos por miedo a que los vean y les den algún tipo de reprimenda. A veces  es frecuente que el trastorno vaya asociado a otros como la ansiedad o la depresión, la comorbilidad es alta. Es frecuente que vaya asociado con el morderse las uñas.

Los inicios tempranos de la tricotilomanía se dan entre los 3-6 años, suelen derivarse de un evento estresante  de carácter vital y como reacción a el. Suele cronificarse, pese a las intervenciones terapéuticas.

La tricotilomanía está dentro de los trastornos clasificados como de control de los impulsos y que no están en otros apartados como el trastorno explosivo intermitente, la piromanía o la cleptomanía (DSM-III-R).


 
Método

Sujeto


La persona que escribe es la que se autoaplica el tratamiento. Varón de 43 años, casado, maestro de profesión y psicólogo, con estabilidad económica, vive con su familia compuesta por su pareja y tres hijos de 16, 14 y 12 años respectivamente. Buscó la  solución a su problema después de llevar con él aproximadamente 40 años.

En momentos de estrés o tensión (aurosal), y como vía de escape, utilizó el arrancamiento del cabello como forma de superar dicha ansiedad con el confort y el alivio que conlleva. Ha habido un fracaso continuo y repetido en resistir dicho impulso, llegando a pérdidas notables de pelo con calvas abundantes y repartidas por la cabeza. La consecuencia que obtenía de alivio y gratificación después de arrancarse el cabello era uno de los refuerzos que mantenían el problema.

No ha tenido ninguna enfermedad médica que pudiera tener relación con este hábito. El problema, ya a los 43 años, le  causaba un malestar general que no podía aguantar más tiempo. Se arrancaba el cabello delante de sus amigos, sus hijos, su  mujer y no podía seguir así.

El problema  surgió, según fuentes familiares más cercanas, aproximadamente entre los 3-6 años, en el parvulario. Pero fue a los dos años de tener el problema  cuando comenzaron a darse cuenta del  mismo, con una atención que en principio estaba dentro de lo normal, pero que luego, conforme avanzaba el tiempo, era desmedida. El problema se agravó en la infancia, convirtiéndose es un caso curioso para sus familiares.

A la edad de entre 8 y 12 años, iba muchas veces al colegio con los dedos cubiertos de esparadrapo, para impedir que pudiera tirarse del cabello. Pero había un truco para mantener el hábito,  truco que tardó en descubrirse, puesto que se liaba los dedos de la mano izquierda porque con la derecha tenía que escribir. Así que, empeñado en seguir, dejaba el bolígrafo o el  lápiz que tenía en la mano derecha y a la labor, tira que tira.
Poco a poco las medidas para solucionar el problema fueron variando, a cual de ellas más original, como la consabida gorra en la que por dentro  metía los dedos y tiraba; hasta la de pintarse de negro las calvas para disimularlas.

Tarde o temprano tenía que llegar la medida más frustrante, por la cual sería la burla de los amigos, familiares, barrio, y pueblo, puesto que por aquel entonces el pueblo era pequeño y todos se conocían. El sufrimiento era terrible.

Cuando lo pelaban al cero, y al ver la cara de satisfacción del peluquero, imaginaba como estaría él con el mismo pelao; se llamaba Joaquín, el rojo. Cuando salía de la peluquería no sabía donde meterse o esconderse, sobre todo al ver la amplia sonrisa de Joaquín cuando espolsaba el delantal  para que cayeran los pelos al suelo, porque en la cabeza ya no quedaba ninguno.

Iba a casa y estaba toda la tarde o el día sin salir, pues la  pena era mayor. Además, para motes (sobrenombres) había de los más variados: el calvi, el calvo, el pelao, el tres pelos, el calvuri, el calvuria, en fin,  pero podría haberse llenado páginas y páginas.

Y nadie sabía en aquella época (años 60-70) que además del peluquero, las gorras, el tiznado de las calvas o el esparadrapo existían técnicas conductistas efectivas para eliminar el problema, como la práctica masiva, la autobservación, el autorregistro, la extinción, el refuerzo de conductas incompatibles, el refuerzo de otras conductas etc. Todo esto le fue haciendo a nuestro sujeto de estudio un carácter fuerte ante la adversidad, pero  débil frente a la autoridad y la burla.

Lo que salvó su equilibrio fue la exposición a que lo sometió su madre, quien le obligaba a salir a la calle y a no quedarse encerrado en casa, y lo obligaba fuese como fuese, por las buenas o por las malas.

Con el tiempo, al hacerse mayor, se casó, tuvo hijos, pero el problema no disminuyó. A los treinta años se propuso buscar ayuda profesional y encontró, por suerte, un psicólogo competente y preparado.

Su línea de trabajo estaba dentro del modelo psicodinámico o mejor, el humanista. Bastó con dos sesiones, la motivación y un curso de fin de semana (Análisis Transaccional)  en donde se aplicó la técnica  gestáltica de las sillas calientes y el consabido insight, para darse cuenta dónde radicaba el problema.

La madre de nuestro sujeto sufrió un estrés postraumático luego del accidente laboral de su padre, cuando el hijo apenas contaba con seis meses de nacido. Así, madre e hijo se separaron por un tiempo breve, de manera que otra mujer lo crió y lo amamantó.

Se crió como hijo único, pero con mucha calle y con unos abuelos que al igual que su madre le quisieron mucho y le rodearon de un apoyo social, pues era  la familia de su padre.

Después de acabar los cursos de Análisis Transaccional, se matriculó en la  universidad, en la Facultad de Psicología. Al acabar la licenciatura se dio cuenta que un buen profesional es antes que un modelo, un psicológico. No con esto quiero justificar que la psicología se libere del carácter científico, sino que la preparación del   terapeuta es muy importante.

Hubo una remisión importante que duró diez años y que pensaba que había eliminado el problema para siempre. Pero no, este volvió de nuevo, ¿cuándo? Pues unido a lo que se ha denominado el síndrome del cuidador de personas con demencias seniles.

Al terminar en la universidad (1994) tuvo que hacerse cargo de su madre y atenderla en su enfermedad de Alzheimer. A los pocos años se desencadenó de nuevo el problema.

Actualmente intenta superarlo y es cuando ha tenido que enfrentarlo.

En estos diez años han pasado muchas cosas. Vamos a analizarlas.

Al hacer un análisis nos damos cuenta de lo siguiente:



- VV de estímulos antecedentes



Las variables (VV) que anteceden al problema es importante controlarlas. Las situaciones, personas o actividades que estimulaban el hábito eran SIEMPRE:

Cuando estoy nervioso, mirando la TV, mientras leo y estudio, trabajando en un escritorio, sentado en el sofá, de pie, al hablar por teléfono o simplemente cuando estoy aburrido.

La valoración de SIEMPRE delimita el alcance de la intensidad, la duración y la frecuencia. Estas situaciones servían de señal para tirarse del pelo. Unas más que otras, por ejemplo, es más frecuente al hablar por teléfono, más intenso al contemplar un interesante partido de fútbol y duraba más cuando estaba sentado en el sofá viendo la TV.



- VV del organismo



Las V. V.  biológicas no han influido mucho en la conducta problema, tanto las pasadas como las presentes. No se han presentado problemas de salud ni tampoco se ha habido consumo de  drogas. Tampoco recuerda haber tomado ningún tipo de fármacos para solucionar el problema, a excepción de vitaminas para que le saliera el pelo más fuerte y le doliera más al arrancárselo y,  por tanto, dejara de hacerlo.




- VV de estímulos consecuentes



La evitación y el escape (actuando como refuerzo negativo) han sido el pan de cada día. Los intentos repetidos y los planes propuestos para dejar de hacerlo se han repetido una y otra vez, marcados con escasos resultados.

El corte de pelo al cero,  muchas veces repetido, las burlas de los amigos, de los adultos, y los esparadrapos en los dedos, han actuado como castigo, pero al aprender a evitarlo con estratagemas diversas no han disminuido la frecuencia de arrancamiento  sino que la han empeorado, convirtiéndose en escape y evitación de dichos castigos es decir en refuerzo negativo, que como sabemos, siempre aumenta o mantiene el problema. Otra de las causas que han mantenido el problema ha sido la continua atención, un tanto desmesurada hacia el problema. Se ha reforzado positivamente hasta casi la extenuación. Cada vez que tenía la mano en la cabeza, antes de averiguar porque era, ya se oía la canción:

Déjate la cabeza, ya te estás tirando, siempre estás igual, me estás poniendo nerviosa, déjate el pelo, ya está  bien...

Además, y según el estado de  ánimo de la otra persona con menor o mayor volumen, cuando a lo mejor era porque picaba y tenía todo el derecho del mundo a rascarse.

Ahora, con el tiempo y con la aplicación del tratamiento hay consciencia del acto, de sus consecuencias y de las razones por las cuales no hacerlo, puesto que es un movimiento asociado y es el fundamental, ya  que hay que controlarlo, pero no con una inadecuada atención.

La extinción, como se ve, ha brillado siempre por su ausencia y no digamos el refuerzo a otras conductas o a conductas incompatibles.

 

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Los comentarios están ordenados desde el más reciente al más antiguo:

 

Nilda: Tengo 65 años, hace 18 años que padezco este mal, gracias por estas publicaciones, son interesantes, pero quisiera que fuese mucho más investigado este tema y, lograr un tratamiento 100 % adecuado.

 

CARMEN: Es la primera vez que me inquieto por un problema que tengo desde hace más de 20 años... la verdad siempre lo comparé con la manía de comerse las uñas... pero no creí que fuera un tema tan común para otras personas. Considero que la ciencia debería investigar más a fondo esta manía... para poder dar luces de cura definitiva o crear un medicamente que ayude a controlarla. He descubierto que las veces que más me agredo es cuando veo tv o leo un libro... pero en especial si tengo problemas o estrés.. me he ayudado haciendo sudokus... crocigramas, etc... pero vuelvo y reincido... y como uds. lo plantean, creo que esta adicción si nace de la soledad, los temores, el estrés que produce la carrera de la vida... mil gracias por sus aportes! espero lograrlo!

 

María: Muchas gracias por el artículo, me ha servido mucho, apenas hoy descubro que no estoy sola en esto, y que lo que tengo tiene nombre, tengo 17 años, vivo con esto desde que tengo memoria, al fin lo pude reconocer y ahora soy conciente de con ayuda lo puedo superar.

 

vicky: Excelente , la verdad tengo 21 años y ahora despues de 12 años con el problema me doy cuenta que se llama tricotilomia, ya no lo hago mucho y cuando me da mucha anciedad lo que hago es tomar plastilina y ponerme a hacer figuritas o manualidades con las manos siempre manteniendolas ocupadas y cuando estudio con una mano agarro el libro y con la otra la plastilina, creanme que ha servido mucho y lo que mas sirve en todo esto es la voluntad que tenga uno mismo para superarlo PD: me costo muchos años de lagrimas y verguenza pero lo he controlado gracias a Dios y a UDS que ahora se como se llama y como se puede tratar

 

anayanci: Me parece excelente , descubrí como se llama esta desesperación que tengo desde hace 18 años mi familia me decía que estoy loca, que lo hago para llamar la atención y de verdad que no es así es desesperante sentir esa ansiedad y no poder dejar de hacerlo porque lo he intentado.

 

Santiago: Quisiera ahondar un poco más sobre lo que pide, por ejemplo Natalia, referente a relajación y visualización. Buscaros en la zona donde vivís laguien que os dé un curso sobre control mental. Sirve perfectamente el "Método Silva de control mental" y aprenderéis mucho sobre lo que puede hacer la mente referente a vuestro problema. El método, con un buen profesor, es sencillo aunque como en muchas cosas hay quer tener un poco de perseverancia. A mis pacientes con este problema los trato inicialmente con una sesión de hipnosis y después les enseño a practicar la autohipnosis para que la utilicen en caso de iniciar una reincidencia. Y ánimo,que se quita casi siempre.

 

Yessica: El primer paso es reconocerlo y aceptarlo, ahora será un desafio controlarlo, necesitamos sacarlo a la luz y encontrar las maneras de aliviarnos... agradecería más técnicas de autoayuda. Gracias.

 

nelly nuñez: Gracias,por publicar este trabajo,ahora mismo lo tomo como apoyo para exponer el tema en mi clase de psicología de la conducta anormal en la universidad,así que serán beneficiados cincuenta personas con esta información valiosa.Éxitos

 

beatriz: Aparte de buen profesional es una maravillosa persona, gracias por todo y ánimos a todos, deberíamos de manifestarnos con sanidad para que se tomaran esta enfermedad más en serio.

 

ana hernandez: Muy excelente trabajo, parece sencilla esta enfermedad, pero nos ha hecho infelices, pero nunca es tarde para cambiar, gracias, yo pense que era la única, pero se que lograremos terminar con esto,lo merecemos, gracias por el artículo.

 

Sandra Lezcano: Lo felicito por su valentía y sobretodo por su interés de compartir con los demás que también necesitan una voz de aliento, mis mejores deseos porque todos alcancen la cura y liberacion que tanto necesitan y desean.

 

jose francisco gutierrez: Soy estudiante de psicología general, me parece que usted hizo un buen trabajo, y da esperanza a los demas pacientes que creyeron que ellos eran los únicos que lo padecían .

 

Lidia: Llevo esta enfermedad en absoluta soledad, ya que siento mucha verguenza de poder contarselo a alguien. Doctor le agradezco la gran ayuda que nos da gracias a su valentía.

 

Anaid: Lei el artículo y la informacion que en el se recopila es muy buena pues da algunas alternativas para controlar este problema. . Hace falta un poco de informacion de si existen terapias de hipnosis para este tipo de problemas.

 

carmelo: Es una gran manera de poder olvidarse de este problema yo lo sufro desde que tengo 13 años y estoy a punto de cumplir los 20 y no he podido terminar con el problema, y por más que quiero dejar de tirarme de pelo no puedo, con estas pautas intentaré dejar atras este trastorno.

 

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