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Potencialidades del enfoque del grupo - sujeto para la intervención comunitaria

María Teresa Rodríguez Wong
Psicóloga
Profesora
Universidad Central de Las Villas
Santa Clara, Cuba
Armando Pérez Yera
Lic. Facultad de Psicología
Universidad Central de Las Villas, Cuba
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Trabajo publicado el 10 de abril de 2003
Con el presente artículo se pretende demostrar el potencial heurístico de la teoría y la práctica de los "Grupos Sujetos" elaborado en el marco del análisis institucional por René Barbier en la década de los setenta. El trabajo parte del enfoque teórico metodológico que se elabora por el GEDCOM para propiciar el autodesarrollo de las comunidades. La exposición se inicia con una aproximación al concepto de comunidades. Posteriormente se contextualiza su autodesarrollo desde la perspectiva de la investigación - acción - participación - transformación como única alternativa viable. Luego se introduce el concepto de "grupo sujeto" y se evalúa su potencial analítico (búsqueda de analizadores) y práctico como herramienta para propiciar cambios y soluciones desde la comunidad, así como desde la perspectiva del conocimiento científico. Finalmente, se proponen algunas alternativas de utilización desde la perspectiva de las instancias institucionales de gobierno.
Palabras Claves: Autodesarrollo, comunidad, análisis institucional, grupo-sujeto, analizadores.
Introducción
No es necesario insistir aquí sobre la importancia que tiene la comunidad en la vida social contemporánea. En las ciudades, donde predominan la heterogeneidad, el anonimato y la impersonalidad, su importancia cada vez más adquiere un rol decisivo en la búsqueda de caminos para salir de situaciones de existencia cotidiana enajenadoras. En el campo cubano, por ejemplo, con el declinar de la familia campesina y la salida cada vez más intensa de jóvenes que emigran hacia la ciudad, la comunidad rural deviene un factor necesario para la realización en la vida cotidiana de las personas de su esencia socio-histórica, creadora, transformadora.
En todo el mundo, pero especialmente en América Latina, desde hace más de 30 años se ha generado un profundo accionar que incorpora la comunidad como objeto de acciones de intervención. Cuba hoy no es la excepción. Son innumerables las reflexiones y los modelos o dispositivos de intervención en el desarrollo de la teoría y la práctica de las acciones que se ejercen sobre la comunidad. Desde concepciones manipuladoras, tecnócratas y de control, pasando por el paternalismo absoluto en que la comunidad es receptora pasiva de las acciones que se realizan en su nombre, y a partir de los criterios de los organismos y sujetos interventores hasta las posiciones teórico metodológicas y epistemológicas en que la comunidad se convierte de la nada en sujeto activo de sus propias transformaciones, generando recursos propios sin el apoyo de las instancias gubernamentales, todo se ha intentado.
En ocasiones, los programas de acción dirigidos desde arriba sobre las comunidades, con el objetivo de resolver los problemas de la delincuencia juvenil, el delito general, la pobreza, el desempleo, el racismo, la situación de las minorías étnicas, los barrios marginales, la situación de los indígenas, la violencia infantil, juvenil, de género, intra y extra-familiar, la drogadicción y el alcoholismo, no son sino "curitas", ya que no hacen más poderosa a la comunidad, al convertirlas en receptoras pasivas de las llamadas "ayudas". En estos casos, la movilización de la comunidad se cierra por cuando, desde arriba no se hace otra cosa que producir y/o acentuar la enajenación de los propios problemas de la comunidad, la apatía de sus miembros, la pérdida de la identificación comunitaria y de la autonomía. En la mayoría de los casos, el enfoque epistemológico y teórico metodológico se fundamenta en el principio de la uniformidad u homogeneidad, que no busca otra cosa que concebir el tipo ideal general de comunidad perfecta, encasillando las comunidades concretas y reales, perdiendo la capacidad de análisis de la singularidad concreta que se expresa desde innumerables redes culturales, vínculos macros y micros, conflictos de múltiples niveles, renunciando así al principio de la complejidad y de la totalidad.
Las comunidades son sistemas vivos, actuantes. La comunidad es creada y recreada, experimentada y reexperimentada, transformada y retransformada por los hombres que en ella encuentran sus condiciones cotidianas de existencia. En la medida en que se pueda descentralizar hacia la propia comunidad, orgánicamente enlazada con la participación de los intelectuales de vanguardia, la solución de los conflictos y problemas específicos y singulares, la activación de la subjetividad comunitaria y personal contribuirá a hacerla extraordinariamente poderosa y capaz de transformar sus propias condiciones de existencia. A la comunidad, con conciencia crítica de su existencia social, de los vínculos macros y micros que integra, de sus contextos de desarrollo y de sus propios potenciales, se le puede entregar la solución de innumerables problemas, sin que ello constituya un abandono de la responsabilidad por parte de las instancias de gobierno de garantizar una buena parte de los recursos necesarios. Pensamos en el control social, el enfrentamiento a la drogadicción y el alcoholismo, solución de problemas de empleo, mejoramiento de las condiciones materiales de vida y muchos otros.
Para que la comunidad aumente su poder sobre los procesos de su propio desarrollo (autodesarrollo comunitario), sobre la transformación de su entorno y para que propicie el autodesarrollo de sus miembros, se hace necesario lograr el compromiso total de la comunidad en relación a todos sus problemas y esto solo se logra si los procesos de participación activa, consciente y creadora se asumen totalmente en los dispositivos de intervención comunitaria. De lo anterior se desprende el esfuerzo epistemológico, teórico y de acciones que el GEDCOM ha asumido en sus ya casi 10 años de trabajo.
En la propuesta elaborada, que se considera novedosa, se eliminan los vicios de los dispositivos manipuladores burocráticos externos que dejan a la comunidad en una posición pasivo-contemplativa, así como de los dispositivos para los cuales el papel de sujeto únicamente lo asume de lleno la comunidad, quedando el profesional-interventor en una posición pasivo-contemplativa. Como dice el refrán "una mano lava la otra y la dos lavan la cara". Intentemos reflexionar ahora, sobre el potencial heurístico del dispositivo grupal conocido como "grupo- sujeto" para lograr el desarrollo de una praxis de intervención comunitaria que propicie el autodesarrollo de las comunidades.
La intervención comunitaria
Entre las prácticas científicas de naturaleza emancipadora se encuentra la investigación acción participativa, y enmarcadas en ella hay ciertas corrientes o tendencias que se asumen en el trabajo comunitario, entre ellas algunas de las más recientemente integradas a la Psicología Comunitaria, en especial en América latina, porque proponen "una participación des-alienante, socializadora y de consciencia, como modo de contrarrestar los efectos ideológicos enajenadores de estructuras dependientes" (Montero. M, 1989).
En el proceso de desarrollo por el que ha transitado la Psicología Comunitaria, se han ido consolidando, a partir de la revisión crítica de algunas teorías y presupuestos (como los de Fals, Borda, Paolo Freire, Pichón Riviere, entre otros) una epistemología básicamente "des-enajenadora", liberadora, emancipadora, centrada de manera particular en la práctica del trabajo comunitario, con el objetivo de "socializar, como medio de generar conductas que respondan a una proyección activa del individuo en su medio ambiente social" (Montero. M, 1989).
Algunos de los principios básicos que rigen esta práctica científica, ilustran claramente su intención de emancipación y autodesarrollo:
1. Promover la autogestión, el autodesarrollo de los sujetos que constituyen el área de estudio: el "objeto" estudiado es entendido también como sujeto estudiante; se establece una relación de comunicación horizontal entre los participantes de la investigación; sujeto y objeto de la investigación se identifican de manera que todos se integren al proceso de obtención de conocimientos y de transformación de la realidad en función de sus propias necesidades y recursos.
2. El centro de poder "cae" en la comunidad: el protagonismo de las acciones, las necesidades que se focalizan, etc., están determinadas en lo fundamental por los propios sujetos que pertenecen al campo de acción. El investigador tiene como objetivo fundamental que la comunidad adquiera conciencia de su situación y sus necesidades, asumiendo además el control del proceso de transformación que en función de ello pueda generarse.
Para adentrarse en el conocimiento de este tipo de práctica científica (la práctica comunitaria), resulta necesario esclarecer qué se entiende por comunidad. Aunque lógicamente (por lo reciente de la constitución de esta rama científica, por lo complejo de su objeto, y hasta por pertenecer a las ciencias sociales, donde resultan atípicos los criterios aceptados por todos) existen diversas concepciones al respecto, no obstante existen también criterios más o menos aceptados por aquellos que se identifican con los modelos participativos de investigación en esta disciplina, que al tener entre sus principios epistémicos, la unidad entre teoría y praxis, ha dedicado no pocos esfuerzos a definir su objeto de estudio: la comunidad.
Como definición conceptual, esta categoría se ha trabajado más desde la sociología (una de las características que distinguen al trabajo comunitario como nueva práctica científica es la tendencia a la transdisciplinariedad) reportándose (M. Tovar) que la mayoría de las representaciones conceptuales coinciden en señalar tres componentes distintivos:
1. Lugar, espacio, ecología compartida. 2. Interacción social, referida a la estructura sistémica que la integra. 3. Componente socio-psicológico o socio-relacional.
De manera más específica, la sociología marxista considera las comunidades como elementos fundamentales de la estructura social, deviniendo a su vez formaciones sociales complejas con relativa independencia, constituida en torno a vínculos económicos, políticos y sociales en relación con la actividad vital de la población que la compone (Osipov. G y col, 1988. Citado en M. Tovar).
Desde la Psicología, la categoría comunidad tiene sus especificidades, de gran valor heurístico para la definición de la Psicología Comunitaria como rama de la ciencia psicológica.
Aunque se compartan las conceptualizaciones hechas desde la sociología, la Psicología enfatiza en entender la comunidad no sólo como un nivel de inserción social concreto, sino como "un proceso instituyente de la subjetividad que allí se genera, desarrolla y expresa". (M. Tovar), de ahí que desde la psicología comunitaria se manejen conceptos de comunidad tales como: "unidad social histórico concreta (lo cual implica que debe ser analizada desde su lugar en la sociedad específica que la atraviesa) que se constituye con relativa independencia de la sociedad, lo cual la singulariza. Conformada por un grupo relativamente estable de personas, que desarrollan y participan de una práctica social concreta en torno a determinadas esferas de su cotidianeidad, de manera que esta práctica encierra dimensiones materiales y relacionales, pues demanda el establecimiento de determinados vínculos, y constituye la trama relacional en la que se genera, desarrolla y expresa la subjetividad que en ella se configura a lo largo de la historia individual y social de sus miembros". (M. Tovar).
Como puede apreciarse, aunque se enmarca la estructura social que la comunidad representa, el concepto trasciende este aspecto, otorgando un lugar esencial a la subjetividad que en el espacio comunitario se genera, desarrolla y expresa, que a su vez instituye en gran medida las propias estructuras (sobretodo en cuanto a la trama relacionar, vincular) que conforman la comunidad.
De modo que serían de especial valor para la Psicología Comunitaria las imágenes, representaciones y vivencias compartidas en torno al sentido psicológico que las relaciones y prácticas cotidianas revisten para la comunidad, la realidad psicológica que genera la singularidad de la comunidad, y para la cual es esencial adentrarse en el sentido que los vínculos cotidianos que en ella se verifican revisten para sus miembros, entendidos desde el rol de sujetos sociales, protagonistas de la propia práctica comunitaria. "La comunidad interesa a la Psicología como espacio de conformación y desarrollo de una subjetividad social, pero no supraindividual, en tanto portada por individuos concretos. Una subjetividad que está cultural y socio-históricamente determinada, pero que no se agota en esta dinámica estructural, y que se construye alrededor de procesos relacionales de las prácticas cotidianas de sus miembros, aunque su esencia no es el constituir una interacción, sino una construcción subjetiva, ideal, interna". (M. Tovar).
Esta forma de entender la comunidad tiene su reflejo en la concepción metodológica que se asume desde la psicología comunitaria:
1. Se incorporan los epistemas de la Investigación Acción Participativa Transformadora (IAPT), de manera que la investigación se convierte en un proceso de conocer-actuar, en el que los sujetos-objeto de ella profundizan el conocimiento de su realidad (en particular de su realidad comunitaria) involucrándose además en un proceso de cambio (del cual tienen el control) para su beneficio.
2. Resulta necesario aprehender diferentes niveles de lectura en la investigación comunitaria, integrando dialécticamente el macro-medio o sociedad, el micro-medio o contexto específico de pertenencias concretas, y el nivel individual del sujeto como agente portador, como actor social.
3. Atendiendo a la naturaleza subjetiva que identifica al espacio psicológico que constituye la comunidad (y que es lo que interesa a la Psicología), la metodología que se utilice para su aprehensión no puede fundamentarse directamente en lo empírico observable como momento explicativo de la realidad, hay que "re-significarlo" en sistemas conceptuales, para que no pierda su sentido, y con ello su valor explicativo.
4. Estos sistemas conceptuales desde los que los datos adquieren su sentido explicativo, emergen de las propias vivencias, representaciones, en fin, del sentido psicológico que tienen para los miembros de la comunidad: es imprescindible legitimar el valor epistemológico de la subjetividad en su expresión concreta (lo cual significa de manera contextual, vista en sus determinaciones sociales específicas) y singular, en el sentido de lo particular, de manera que no se pierda en el espacio grupal el valor de lo singularmente configurado.
5. El valor que se otorga a lo singular desde esta metodología, implica que se estudie con profundidad no sólo lo más frecuente y generalizado en la comunidad, sino que también se focalicen en ella ciertos grupos o sujetos que pueden resultar especialmente sensibles a determinadas problemáticas o necesidades dentro de la comunidad, aún cuando sus criterios o vivencias sea minoritarios con respecto al resto de la comunidad. De manera que no se sigue un criterio de selección según lo estadísticamente significativo, sino una lógica de análisis que concibe a ciertos grupos o sujetos como significativos, por el valor diagnóstico que representan y por ser también de especial potencialidad para la transformación de la comunidad.
6. Los problemas concretos abordados en la investigación no se imponen desde el investigador, deben corresponderse con la cultura, las necesidades, la particularidad de la comunidad, sin renunciar por ello a gestionar en esta "capacidades" que a movilizarla en un proceso de constante autodesarrollo.
7. La metodología utilizada tiene una intención transformadora de la realidad investigada. El conocimiento de la comunidad, sus problemas y necesidades no es un fin en sí mismo: sin obviar el valor explicativo del conocimiento, se privilegia la posibilidad de transformación, de ahí que resulte no solo difícil, sino poco útil tratar de separar de manera absoluta en este tipo de investigaciones los momentos del diagnóstico y la intervención.
Los comentarios están ordenados desde el más reciente al más antiguo:
JOSE DARIO: Interesante el trabajo, se reafirma para los Psicólogos Sociales y Comunitarios una alternativa que desde nuestra perspectiva profesional es válida y necesaria para los pueblos de mayor vulnerabilidad y de pobreza.
Sonia Hernandez S: Este artículo es bastante didáctico. Refuerza el concepto de psicología comunitaria dado por Maritza Montero.
Verónica Riquelme: Agradezco a la autora. Espero siga desarrollando este enfoque para dar aún más sustento a su aplicación.
magaly: Me parece un exelente trabajo que permite tener una concepción más amplia de la intervención comunitaria.
JOSÉ DELFINO HERNANDEZ VIZCARRA: Este artículo me permitió aclarar algunas dudas referente a la dinámica instituido-instituyente. Gracias.
LILIANA GIRALDO: Este artículo es muy bueno pero siempre he tenido la duda acerca de cuáles son los enfoques del trabajo comunitario.
yulden perez: El aporte suyo al trabajo social es invaluable. Creo que es necesario un buen equipo de trabajo para que deje de ser sólo un texto y empiece a ser un hecho que marque la historia, no sólo para una nación, sino para la familia universal.
claudia: Su aporte a la psicología comunitaria me parece bastante claro para poner en práctica; me ayuda mucho para mi tesis, donde utizo la esta rama de la psicología en un programa de prevención primaria para familias de una comunidad distante en Santa Cruz. Gracias, ya no es fácil encontrar autores en psicología comunitaria.
ALEXANDRA FORERO TORRES: Soy psicologa social comunitaria y los temas de intervención y participación comunitaria me llaman la atención. La claridad y el conducto a partir de los conceptos básicos hacen que la lectura exponga el tema de manera clara y agradable.
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