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El duelo migratorio
Valentín González Calvo
2º Parte: El duelo migratorio. Características
La migración y los problemas de salud mental (6) que se puedan derivar han sido analizados desde distintas perspectivas apuntando hipótesis explicativas diversas: perspectiva sociologicista de "choque cultural"; perspectiva psiquiátrica basada en una "patología previa"; y la perspectiva que considera la migración como un "proceso psicosocial de duelo" (Tizón, 1993). La intención de este artículo, desde el comienzo, es suscribir el contenido del mismo a esta última hipótesis. La migración comporta una situación de pérdidas psicológicas y sociales que desencadenan procesos de duelo. Este duelo migratorio puede resultar "simple", es el menos común y aparece cuando la migración se realiza en buenas condiciones para la persona; éste se encuentra con un entorno que lo acoge y le facilita la inclusión y el desarrollo del proyecto migratorio (encontrar trabajo, vivienda, red social...). El otro tipo, el más frecuente, es el "duelo complicado" donde la conjunción de circunstancias sociales y personales dificulta la elaboración de las pérdidas. Este último tipo de duelo es el que puede poner en peligro la salud mental de la persona desplazada, pudiendo llegar a desarrollar el llamado "Síndrome de Ulises". Brink y Saunders describieron ya, en 1977, unas etapas del proceso migratorio que reflejan perfectamente las secuencias que se desarrollan en el proceso migratorio. Estas etapas tienen como fondo la elaboración del duelo y la adaptación/integración - si finalmente éste se culmina con éxito - o la disfunción y/o patología, si éste se estanca. Describen cuatro etapas: la etapa de "luna de miel", la etapa "depresiva", la etapa de "adaptación" y la etapa de rechazo de la cultura original. A continuación se explica cada una.
La etapa depresiva: no todo el mundo la vive, y si se vive no todas las personas lo hacen igual. En algunos casos se permanece por largo tiempo (e incluso de manera permanente) en la etapa de idealización. Decíamos que esta etapa depresiva lleva incorporados varios factores: la adaptación idiomática que lleva incorporado un cambio de identidad supone, entre otras cosas, aceptar y/o desprenderse o adaptarse de ciertos usos del país de origen; otro aspecto es la bajada de status social (el último que llega es el último en la cola para todo); un tercer factor es la disminución de la imagen social del sujeto respecto de terceros y de sí mismo. La disminución de la imagen de sí mismo reflejada en el espejo colectivo es muy importante para el individuo. Esto ha sido señalado en la literatura como "disminución del nombre", a lo cual hay que agregar el concepto de "inestabilidad del status". Todos estos son elementos que contribuyen a la aparición de etapa de depresión reactiva. La cuarta etapa, descrita por Brink y Saunders, la del "rechazo de la cultura original", es menos frecuente, pero cuando se observa, implica un empobrecimiento personal, pues se desvalorizan partes importantes de la conformación de la personalidad, como si realmente una persona hubiera nacido en el momento de emigrar.El duelo migratorio tiene componentes que pueden favorecer su cronicidad. Las especialmente difíciles condiciones sociales dan lugar a duelos complicados que favorecen la aparición de trastornos. Según Joseba Achotegui (2002) el duelo migratorio es una sintomatología depresiva unida al estrés crónico. No se trata de un estrés adaptativo, sino de un estrés prolongado e intenso. Supone un proceso de reorganización y un gran esfuerzo de adaptación a los cambios; se podría decir que es un duelo con riesgos de convertirse en un tipo de duelo complicado. El "síndrome del inmigrante" con estrés crónico constituye una categoría autónoma entre los trastornos adaptativos y los trastornos por estrés postraumáticos (dada la grave situación de partida y los riesgos en la llegada del proceso migratorio). Es una combinación de factores estresantes: Estrés crónico asociado a la soledad y sentimiento de fracaso; estrés límite por la lucha por la supervivencia, incluso con serio riesgo para la vida; es un estrés múltiple que desencadena un cuadro depresivo crónico. A nivel clínico, el tratamiento es multidisciplinar y bastante complejo. Algunas características de duelo migratorio
Es un duelo parcial en tanto que el "objeto" de la pérdida no desaparece como tal y para siempre, sino que existe la posibilidad de reencuentro, al contrario de lo que ocurre con el duelo total, en el que el "objeto" de la perdida desaparece para siempre y no hay posibilidad de que vuelva, no hay opción al reencuentro. Falicov (2002) señala que a diferencia del inalterable hecho de la muerte, las pérdidas del inmigrante son a la vez más amplias y más reducidas; amplias, ya que la inmigración trae pérdidas de todo tipo (como veremos a continuación); y también más reducidas que el alcance de la propia muerte en sí misma. Las pérdidas de la inmigración no son tan claras, completas o irrevocables. Según P. Boss (2001), se trataría de una "pérdida ambigua". En este caso, el objeto del duelo (el país de origen) no desaparece, no se pierde propiamente para el individuo, pues permanece donde estaba y es posible contactarlo e incluso volver a él. Se trataría, pues, más de una separación que de una pérdida definitiva en sí misma. Realmente el duelo migratorio es una separación en el tiempo y el espacio del país de origen donde (según las circunstancia) cabe la posibilidad del reencuentro temporal o definitivo. "Yo lo veo claro en otra gente (inmigrantes) cuando comienzan con la típica frase -Yo en mi país..- o - Yo en mi país y acá no - veo que la cosa va mal" (Inmigrante peruana). Es un duelo recurrente, con gran facilidad para reactivarse. Esta dimensión incorpora una enorme complejidad al proceso de elaboración, ya que el duelo siempre se está reabriendo: el contacto telefónico, Internet, los viajes esporádicos, la llegada de paisanos hacen que el vínculo se reavive. Más recurrente se vuelve el duelo cuando las circunstancias en el país de destino no marcha bien, es muy común que aparezca la "fantasía del regreso" (Achotegui, 2000), tanto más fuerte cuanto más contactos recurrentes. Pauline Boss (2001:15) relata el sabor agridulce que sentía cuando su familia recibía carta de sus parientes de Suiza. Frases como "¿nos volveremos a ver algún día?, hacían que su padre se quedara melancólico durante días y su abuela materna suspirara sin cesar por su madre allá, en su tierra natal. "Los bajones fueron frecuentes después de la crisis de los seis meses, volvieron a venir a los tres o cuatro meses y tornan de vez en cuando; yo siempre me digo: -Flaco, estás trabajando, estás estudiando... y vas a volver bien a tu país, vas a ayudar a tu país". (Inmigrante chileno). "La crisis me viene cuando estoy solo, por la noche; me viene la tristeza, un anhelo de volver terrible". (Inmigrante ecuatoriano) "Yo mismo me empiezo a cuestionar y me digo: Flaco, te estás arrugando, te vienes abajo". (Inmigrante chileno). "Tengo deseos de soledad, no tengo a nadie, no es como Anita, que tiene a su marido Lucio. Yo me callo, tengo una pena interior muy fuerte, lo siento, es muy fuerte (llanto)". (Inmigrante ecuatoriana). Es un duelo múltiple, se pierden muchas cosas a la vez, todas valiosas, importantes, significativas:
b. El duelo por la lengua: La pérdida del idioma, o lengua materna, para el uso cotidiano en la mayoría de los contextos, hace difícil la expresión de los aspectos íntimos. El aprendizaje de la nueva lengua no conlleva la incorporación de claves y códigos que permitan la expresión de lo que cada cual lleva dentro. "He aprendido el español, sin embargo, cuando hablo con mi familia recupero mi acento, ellos me lo notan; mis sobrinos dicen que hablo diferente" (Inmigrante venezolana). "He perdido el compartir conceptos, pequeños códigos, mis palabras." (Inmigrante chileno).
d. El duelo por la tierra: Este tipo de duelo entiende la "tierra" en sentido amplio: los paisajes, los colores, los olores, la luminosidad. Cuando una persona no quiere estar en un lugar tiende a magnificar los aspectos negativos de ese lugar y lo vive como asfixiante y agobiante (7) . "Me falta la presencia de las montañas de Bogotá, no sé, estoy como desorientado, eso de mirar al horizonte y no ver nada..." (Inmigrante colombiana); "Cómo me gustaría ahora fumarme un pitillo con un flaco en la playa de Valparaíso" (Inmigrante chileno); "Lo que más me cuesta afrontar es la tierra, la tierra, la tierra (con emoción). Esa sensación de tener el mar cerca, esa sensación... poder ir a caminar a la playa tranquilamente. No se aquí vas al parque, pero tienes que tener mucho cuidado porque te andan afanando" (Inmigrante chileno); "Ver esos colores... ese sentimiento de tierra lo echo de menos todos los días" (Inmigrante dominicana). e. El duelo por nivel social: La emigración comporta una pérdida de nivel social, pues el inmigrante se incorpora al último escalafón social independientemente del estatus que ostentara en su país de origen. Cuando la estancia en este peldaño se hace prolongada, máxime cuando no es ésta la expectativa, la persona tiende a desmoralizarse, desmotivarse y a valorar como negativo su esfuerzo de adaptación y progreso. "Llevo ya un año en España, y ¿para qué?, sin papeles, sin trabajo. Lo intento, pero no puedo, y ¿cómo vuelvo con las manos vacías?, esto no es fácil"-lágrimas- (Inmigrante peruana). "Una viene a hacer otros servicios distintos de los que hace allá, para los que yo no he estudiado" (Inmigrante ecuatoriana). "¿Por qué no puedo ser como ellos, tener lo que ellos tienen?" (Inmigrante ecuatoriana). "Cuando llegué, me di cuenta que la vida es diferente, que tu profesión no vale para nada, que tu no vales nada, tienes que hacer servicios que de repente nunca has hecho en tú país" (Inmigrante peruano). f. El duelo por el contacto con el grupo étnico: Nuestra mayor seguridad la obtenemos en el encuentro con nuestro grupo de pertenencia, donde nos identifican y reconocen. Sin embargo, la confluencia de la distancia de lo nuestro y posibles situaciones de rechazo y aislamiento hacen más patente esa pérdida. "Mis patrones cotidianos están bastante presentes, mis relaciones sociales con gente de mi país de origen están bastante presentes en mi vida. El hecho de que colabore con una asociación de ecuatorianos... y aunque la verdad me digo no tengo que relacionarme con gente de Ecuador porque he tenido malas experiencias, pero no sé, es como algo de mi, parte de mi sangre me llama hablar y a decir cosas del país. Una añoranza bastante grande" (Inmigrante ecuatoriana).
h. El duelo por la pérdida del proyecto migratorio: Algunas personas vienen con un plan más o menos trazado de lo que pretenden hacer, lo que desean conseguir, lo que quieren alcanzar para sí y para su familia. Otras, en cambio, vienen con unas expectativas poco realistas o con información deficiente. El no poder llegar a conseguir los objetivos por los cuales emprendieron el viaje es un factor desestabilizador, a la vez que estresante y que lleno de culpas.
2. Se vive en la ambivalencia continua Es posible que el inmigrante vaya desarrollando su proyecto migratorio. Los logros, los éxitos parciales resultan reconfortantes, no obstante, en ocasiones producen emociones contradictorias: alegría-tristeza; logros-desesperanza; ausencia-presencia; esto favorece el llamado duelo perpetuo (Falicov, 2002). El inmigrante vive o sobrevive entre la adhesión y la resistencia hacia el país de acogida. Así mismo, es frecuente que al país de origen lo idealice o bien sienta rabia por haber tenido que marchar, por no ofrecerle las condiciones necesarias para su supervivencia. La ambivalencia entre el origen y el destino puede ser continua; ésta puede estar presidida por emociones diversas: frustración, añoranza, enfado, deseo.
En la línea de la ambivalencia, resultaría señalar la aportación tan interesante que realiza Wanda Santi (1996: 145 y s.) cuando señala las diez maneras que la persona inmigrante (y su familia) tienen de "estar entre": 1. Entre dos idiomas; 2. entre dos tiempos; 3. entre dos padres, abuelos y nietos (generaciones que se quedan, las que se van, reunificación, distancia…); 4. entre lo definitivo y lo transitorio; 5. entre dos lugares; 6. entre dos congruencias; 7. entre la estima y el rechazo; 8. entre el derecho y el deber; entre el fracaso y el éxito; 10. entre el dinero bendecido y el maldito. "Al llegar a otro país me sentía alegre, lo desconocido... pero de otra parte, me sentía triste por dejar mi familia muy lejos y muy sola. Me sentía sola". (Inmigrante colombiana). "Me he arrepentido de haber venido, pero me digo que es lo mejor para mi familia" (Inmigrante peruana). "Yo como reflejaba más ese vacío, ese sentimiento era llorando; yo me decía..., a veces al niño que yo estaba cuidando, me decía... que no tendría que estar cuidando ajenos... tendría que estar con mis hijos, pero también pensaba que estos niños estaban dando de comer a mis hijos." (Inmigrante peruana) 3. El duelo migratorio es transgeneracional
Otro factor importante es la transmisión generacional de los estilos de afrontamiento, las conductas y mecanismos de defensa ante el duelo. Los padres llevan a cabo una serie de conductas de adaptación ante las nuevas circunstancias y un proceso de elaboración de lo que han dejado atrás; pero estos procesos no quedan sólo en las figuras parentales o en los adultos de la familia, son transmitidas e influyen y moldean la personalidad de los niños mediante las identificaciones que éstos realizan con las figuras parentales. En términos generales, se podría decir que como los padres/madres elaboren sus duelos, así los hijos/as aprenden en parte a elaborar los suyos. La forma en que elaboran el duelo los progenitores ejerce una profunda influencia sobre las siguientes generaciones.
4. El segundo duelo migratorio: el retorno
"El retorno lo tengo programado, volver y hacer algo por tu gente" (Inmigrante chileno) "Al principio vine por un año, después me quedé dos más, ya que no conseguí la plata necesaria; llevo siete años y aun no sé cuándo voy a volver... volver". (Inmigrante ecuatoriano) "Vine por un año, esa era mi idea, por sacarme de la situación, de aflojarme y regresarme. Vi que no podía salir y entonces traté de quedarme un año más" (Inmigrante ecuatoriana) "Deseo volver, intentar hacer lo que hacía, con mis amigas, con mi profesión..." (Inmigrante boliviana) "Uno hace la felicidad, un país u otro no hace la felicidad" (Inmigrante peruana) "vVviré aquí unos cuatro años más y volveré, no voy a traer a mi familia, es dura la vida aquí". (Inmigrante boliviana) "Sí, extraño a mi familia, a mi gente, pero ya estoy con mis hijos, y esto me ha ayudado, yo quería irme muy rápido, pero al venir mis hijos todo ha cambiado". 5. El duelo migratorio no solo lo sufre quien emigra, sino también los que se quedan
El proceso migratorio genera muchos cambios y nuevas situaciones que hay que integrar, tanto es así que se modifica la propia identidad del sujeto. Entendemos por identidad, el conjunto de autorepresentaciones que permiten que el individuo se sienta, por una parte, como semejante y perteneciente a determinadas comunidades de personas y, por otra parte, diferente y no perteneciente a otras (Achotegui, 2002:12). La identidad se adquiere en una combinación de lo espacial, lo temporal y lo grupal (Grinberg, 1985). En estos tres elementos la migración afecta profundamente. La identidad es siempre un proceso inacabado, es una construcción constante, ésta surge de la asimilación exitosa. Si se consigue elaborar adecuadamente el duelo migratorio, se ha construido una nueva identidad más compleja y más rica. No tiene por que ser antagónica con la identidad previa al proceso migratorio, si bien en muchas ocasiones no es reconocida (o con apreciables diferencias) por los paisanos al regresar. Ese enriquecimiento de la identidad es un signo de elaboración del duelo. "Soy otra, cuando voy a mi casa, dicen que soy otra". (Inmigrante ecuatoriana)
7. El duelo migratorio conlleva regresiones psicológicas
(6) Riesgos psicopatológicos y sanitarios.
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