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Revista » Psicología Social y Comunitaria » el duelo migratorio
El duelo migratorio
Valentín González Calvo
1ª Parte: Sobre las pérdidas y los duelos en general
Los logros y las pérdidas son inherentes al ser humano, así como lo son la vida y la muerte. Nuestras vidas están jalonadas de incorporaciones y también de desapariciones. El hombre en toda su historia se ha visto avocado a afrontar procesos de pérdidas significativas. Son muchas las pérdidas significativas que continuamente tenemos en nuestra vida: pérdida de personas, de aspectos del "sí mismo"; pérdidas del cuerpo, de objetos y animales; pérdidas de relaciones, pérdidas ligadas con el desarrollo; pérdida de ideales, ilusiones, intereses. Todas las pérdidas significativas tienen sus duelos y todos los duelos tienen que ser elaborados. Si el proceso de elaboración del duelo es ignorado, retrasado, demorado, aparecen las complicaciones (duelo complicado). Uno de los duelos más estudiados es el que se genera tras la muerte de un ser querido, aunque dentro de este acontecimiento se puede dar una tipología de situaciones muy diversas (muertes inesperadas, suicidios, pérdidas simultáneas...) que incorporan variantes y matices en los procesos de elaboración. A continuación entresacaremos algunas características genéricas sobre este tipo de duelo (por fallecimiento de un ser querido) que son aplicables a otros tipos de duelos y que con ello nos permitirá hacer una comparación con el duelo migratorio. Es importante establecer esta comparación para poder comprender la complejidad del duelo migratorio. Los duelos son un proceso, un proceso normal, dinámico y activo y no un estado. Se trata de un proceso íntimo y privado, pero a la vez, público (rituales, luto, etc.). El duelo es un proceso tendente a la reorganización y la elaboración, con dimensiones individuales, familiares y sociales. Los duelos tienen un componente narcisista importante (pérdida narcisista), ya que con las pérdidas significativas que vamos teniendo a lo largo de nuestra vida perdemos parte de nosotros mismos. Hemos puesto tanto de nosotros en el "objeto" (3) amado, que cuando éste ya no está, parte de nosotros se va también. A su vez, es importante resaltar que a mayor apego, mayor significado y mayor dolor cuando el "objeto" desaparece. Sin embargo, hay que señalar que todas las pérdidas incorporan ganancias; la elaboración de un duelo supone un proceso de crecimiento. Los duelos son un pasar normal, el hombre lleva toda la vida elaborando duelos. La humanidad lleva elaborando duelos desde el principio de los tiempos, es por ello que estamos preparados para afrontar este tipo de dolor. En el transcurso del tiempo se han ido socializando las habilidades necesarias para superarlo. Lo habitual, lo frecuente es que los duelos se elaboren adecuadamente, solo una pequeña porción de duelos tiene complicaciones en su proceso. La historia de cada individuo y de cada familia está sembrada de sucesos tan frecuentes, como la llegada de nuevos miembros o la partida de otros. Las rupturas, las muertes, las separaciones... son pérdidas que a nivel individual y familiar necesitan ser elaboradas. Podríamos definir el duelo (Del latín dolus que significa dolor, lástima, aflicción) como "la respuesta emotiva a la pérdida de alguien o de algo. No es un momento, no es una situación o un estado, es un proceso de reorganización del sistema familiar, algo que tiene un comienzo y un fin" (Pereira,1995:1). El luto (del latín lugere: llorar), es la expresión pública del duelo, se manifiesta con signos visibles externos, comportamientos sociales y ritos religiosos, entre otros. En 1917 Freud, en su ensayo sobre "la aflicción y la melancolía", define el término duelo como un "pasar normal" frente a reacciones anormales a la pérdida (melancolía). Afirmaba que el papel del duelo consiste en recuperar la energía emotiva invertida en el objeto perdido para reinvertirla en los otros apegos. Así mismo, destacaba como rasgos del duelo un profundo abatimiento, falta de interés por el mundo exterior, menor capacidad de amar, una inhibición de la actividad, entre otros. Estas y otras reacciones no sólo se dan ante la muerte de un ser querido, sino ante cualquier pérdida. Bowlby (1983:31) lo define como el "proceso psicológico que se pone en marcha debido a la pérdida de una persona amada". Pangrazzi (1993), por su parte, hace el aporte de clasificar las distintas variedades de pérdidas que se pueden tener, y las clasifica en cinco grupos: pérdidas de personas significativas, pérdidas de aspectos de sí mismo, pérdidas de objetos externos, pérdidas ligadas con el desarrollo, pérdidas de objetos, de ideales, de ilusiones. Se puede decir, con toda certeza, que cada pérdida supone un duelo y que la intensidad del duelo no dependerá de la naturaleza del objeto-sujeto perdido, sino del significado, del valor que se le atribuye, es decir, de la inversión afectiva que se ha tenido en el objeto-persona que se ha perdido. A mayor apego, mayor dolor.
Las pérdidas por muerte (4) de un ser querido son de las que más crisis generan; según la clasificación de Holmes y Rahe (1972) puntúan con cien si se trata del cónyuge, sesenta y tres si es un pariente próximo y treinta y siete si es un amigo íntimo. El proceso de elaboración de este duelo es más lento y durante todo el proceso se vivencia un alto nivel de sufrimiento.
Varias son las fases o etapas del duelo, no hay acuerdo al respecto de su denominación, pero nos quedaremos con las que mencionan algunos clásicos. Así, la doctora Klüber-Ross (2000) (5) habla de las fases de negación, rabia, negociación, depresión y aceptación. Por su parte Bowlby (1993.) señala las etapas de estupefacción o shock, tristeza y dolor intenso, negociación y búsqueda, ocultamiento y enfado, depresión-soledad y resolución. Worden (1997) señala que hay que desarrollar las siguientes tareas para la elaboración de un duelo: aceptar la realidad de la pérdida, sentir el dolor de la pérdida, adaptarse al medio en el que el fallecido está ausente, recolocar emocionalmente al fallecido. El tránsito por estas fases/etapas/tareas no es lineal sino que hay movimientos hacia adelante y hacia atrás, progresiones y regresiones, a lo que Montoya Carrasquilla (2004) denomina "la montaña rusa" en el duelo; es decir, momentos buenos y malos, apareciendo con frecuencia, especialmente en las fases iniciales e intermedias de este proceso las llamadas "oleadas de angustia" o "espasmos" que son momentos de aflicción aguda coincidentes con recuerdos, evocaciones, fechas significativas. No siempre el proceso de afrontamiento se lleva a cabo por igual en todas las personas, en algunos casos se dan situaciones especiales que hay que considerar; son este tipo de casos los que más ayuda precisan. Hay distintas clasificaciones del duelo: Duelo Normal: aquel que transita por las distintas etapas sin quedarse bloqueado en ninguna especialmente, que se lleva en un período de tiempo que discurre entre uno y dos años. Duelo Crónico: sostenimiento del dolor en forma de sufrimiento, con fuerte sentimiento de desesperación, unido a la incapacidad de rehacer su vida. Duelo Congelado: también llamado, inhibido, ausente, enmascarado, evitado, reprimido. Constituye una dificultad para desarrollo afectivo, dificultad para la expresión de las emociones, inhibición. Duelo Exagerado: una exagerada prolongación del duelo. Duelo Retardado: también diferido, aplazado; frecuente ante pérdidas inesperadas, supone una inhibición inicial, una prolongación de la negación que al tiempo puede responder de manera exagerada. Duelo Anticipatorio: elaboración anticipada del dolor por una pérdida previsible; es un proceso de desapego emotivo que puede favorecer el duelo posterior y que permite, en muchos casos, vivir las relaciones de manera más auténtica en los últimos momentos.
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(3) Entiéndase por objeto: persona, cosa, lugar, parte de si mismo, animal...
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