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Revista » Psicología Social y Comunitaria » participación política juvenil en los noventa, un ciudadano en transición

Participación política juvenil en los noventa, un ciudadano en transición


 

Alejandro Eyssautier G.
Psicólogo
Universidad Nacional Andrés Bello
Santiago de Chile, Chile

Mauricio Palma H.

Licenciado en Psicología
Universidad Nacional Andrés Bello


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"¿Debieron Haberse Inscrito los Jóvenes en los Registros Electorales?. Los Jóvenes de los Noventa, la Democracia que Estamos Construyendo y la República que Estamos Edificando" (CED, 2000).

Esta es una investigación en la que se encuentra una visión sociológica de la incomunicación entre el sistema político y los jóvenes de los noventa. Según lo que plantean los autores, la adhesión política se da por una virtud cívica, el patriotismo, es decir, por "una preferencia continua del interés público sobre el interés de cada cual". Por el contrario, en Chile, durante el proceso de transición, el sector político instaura el discurso de "la alegría ya viene", la "lógica de las oportunidades". Es la consagración del "sistema de libre mercado", del "ciudadano liberal" al que le importa la satisfacción de sus deseos, se comporta como un ciudadano consumidor de bienes públicos; y es que las políticas públicas y la modernización de los servicios públicos trabajan con la idea de "ciudadano-cliente". "Lo anterior no solo atenta contra la configuración de un ciudadano activo y responsable, como lo espera el sistema político sino que también debilita la conformación de un tejido social  y un capital social denso" (Micco, Ortega, Santibañez y Moreno, 2000).

Micco, Ortega, Santibañez y Moreno (2000), ponen en juego una propuesta explicativa desarrollada por Dahl en 1985. En términos generales, ésta señala que los fenómenos de desinterés político tienen un carácter universal. Principalmente, se trata de un enfoque individualista y racionalista que pone en juego hipótesis que enfatizan la capacidad evaluativa y decisional del ciudadano. Dichos autores, a partir de sus hallazgos, señalan que, en primer lugar, se advierte que existe una menor probabilidad de intervención en el dominio político si el tipo de recompensa que se espera obtener es de bajo valor respecto a las posibilidades existentes en otras esferas de la vida. A un 30% de los jóvenes consultados "no les interesa la política, les interesan otras cosas" (Según la segunda encuesta nacional juvenil realizada por el INJUV, 1996).

En segundo lugar, se afirma que la intervención en política disminuye si se evalúa que las diferencias entre las opciones no son significativas. Un 38,1% de los jóvenes declara que: "no me inscribo en los registros electorales, ya que faltan líderes políticos adecuados" y un 68% cree que "esté quien esté en el poder siempre busca sus intereses personales" (INJUV, 1996).

En tercer lugar, se establece que la intervención en política tiende a disminuir cuando las percepciones sobre el sistema político refuerzan la idea de que la capacidad de injerencia en el sistema político y en el curso de los acontecimientos es débil por parte de los ciudadanos. Se señala que "un voto más o un voto menos da lo mismo". El 14% de los jóvenes encuestados señalan que: "tienen la sensación de que su voto no cambiará las cosas" (INJUV, 1996).  

En cuarto lugar, se indica que las probabilidades de participación disminuyen cuando se considera que el resultado será relativamente satisfactorio sin la propia participación. Un 38% de los jóvenes señala que: "no me inscribo en los registros electorales ya que lo que está en juego no es tan importante" (CEP, 1996).
 
En quinto lugar, se indica que bajan las probabilidades de participación cuando se estima que los conocimientos son demasiado limitados para que ella sea eficaz. En Chile, un 62% de los jóvenes cree que: "la política es tan complicada que con frecuencia la gente como yo no puede entender lo que pasa" (CERC, 1996).

Finalmente, se señala que mientras más grandes son los obstáculos existentes para participar, es probable que disminuya la participación política. El estudio del Instituto de Ciencias Políticas de la Universidad de Chile demuestra que un porcentaje levemente superior al 10% de los jóvenes comenta que no se inscribe por la dificultad que plantea el  desplazarse al registro electoral.



Otros datos significativos


Para acentuar algunos aspectos que se tensionan permanentemente en las investigaciones anteriores, se puede señalar que según Los jóvenes chilenos. Perspectivas para el siglo XXI: Cambios culturales (MIDEPLAN-USACH, 2000), más del 40% de los jóvenes encuestados en dicha investigación cree que la política "divide", es "corrupta", está "centrada en los problemas de los propios políticos", es "injusta", los políticos están "interesados en la plata", a si mismo, expresan "no estar ni ahí con la política". A la vez, se manifiesta que los jóvenes se sienten decepcionados de la política, no les gusta, no se sienten motivados. Sin embargo, algunos precisan  que hay que distinguir entre la política como bien superior, y los políticos, que es con quienes los jóvenes están realmente decepcionados porque, paradojalmente, no hacen política:


1: "Yo nunca me he decepcionado de la política, yo me he decepcionado de los políticos.
2: Pero ellos son la política.
1: No, la política es como el bien superior de preocuparse de una sociedad entera y en ese sentido me encanta la política.
2: ¿Pero quienes hacen eso?
Todos: Ese es el problema".


Este dato se expresa de forma implícita en las investigaciones anteriores, pero es aquí donde se encuentra explicitado desde los propios jóvenes, lo que no es un dato menor a la hora de visualizar las formas de asociacionismo que actualmente  estos producen.

En general, se expresan las mismas tendencias que en las investigaciones antes mencionadas con respecto al voto como mecanismo poco efectivo de generación de cambios, a que no existen lideres juveniles que los representen, a la percepción de que los políticos no conocen los problemas reales de la gente, son "gente de plata" que busca sus intereses personales, que no se respetan entre sí, etc.

Se muestra que los encuestados creen que las situaciones o agentes que podrían ayudar a lograr que la política fuera como ellos aspiran (con políticos que conozcan la "realidad" de la gente, que pertenezcan a estratos sociales "populares", que sean auténticos, que aspiren a un cambio y no solo al poder, etc.) se relacionan con una "mayor participación de los jóvenes sin colores políticos", con una "mayor participación de la gente común", con una "menor exclusión por sexo" y con "el voto voluntario".

Por el contrario, los agentes o situaciones que podrían dificultar que la política fuera como los jóvenes aspiran se relacionan con una "mayor participación de las fuerzas armadas" y con una "mayor participación de las fuerzas de izquierda".

Sería importante destacar que dentro del discurso de los jóvenes se expresa la esperanza o el anhelo de un gran cambio, una reforma cultural, una reforma valórica. No les importa que los cambios sean lentos, siempre y cuando sean realmente profundos:

 "A mí me encantaría una reforma. No sé si la reforma educativa tiene eso. Una reforma donde todos se preocuparan de la parte de los valores y después de a poco solucionando; a mí no me importaría que fueran de a poco pero solucionando lo de fondo".

Un aporte relevante de este estudio es un acercamiento a la autorepresentación de los jóvenes, a partir de "características" emergentes de polos semánticos que los sujetos asumen representativos de sí mismos, y que les son planteados desde una encuesta cerrada en torno a la pregunta: ¿cómo te defines a ti mismo como joven? En este sentido, la mayor parte de los jóvenes se ven a sí mismos como respetuosos, alegres, solidarios, no reprimidos y "ahí", en ese orden de prioridad. Asimismo, se ven un poco consumistas y un poco individualistas. Para los investigadores, la primacía de autovaloraciones positivas (70% de los encuestados. MIDEPLAN/USACH, 2000), pueden ser reflejo de una elevada autoimagen y de una alta autoestima por parte de los jóvenes.

Pareciera importante destacar, también, que, según el informe de encuesta sobre las Representaciones de la sociedad chilena (FLACSO). Resultados generales, volumen I, (1998), los chilenos, en general, se encuentran alejados de las acciones que conlleva una participación activa y tradicional en política. Es así como cerca de un 90% de los encuestados manifiesta nunca haber efectuado actividades relacionadas con la política (donar dinero o tiempo a un partido durante las campañas electorales 95,2%; trabajar para un candidato o partido 92,9%; estar afiliado a un partido 91,3%; concurrir a actos partidarios 89,8%; participar en manifestaciones de protesta 89,6%; y aconsejar a alguien sobre política 85,9%).

Las actividades más relacionadas con la política que los encuestados manifiestan haber realizado en algún momento de sus vidas, hacen referencia a prestar atención a las noticias sobre política nacional (42,8%), leer folletos u otros impresos de propaganda política (38,5%), prestar atención a las noticias sobre política internacional (37,7%) y conversar con amigos o familiares sobre política (26,2%). También esta encuesta da cuenta que un 64% de los chilenos cree que es incorrecto que el voto sea obligatorio. Un 75% de los chilenos expresa que la gente está menos interesada que hacia el fin del régimen militar por participar en la política. Una  imagen que puede ser relevante a la hora de entender el comportamiento de los jóvenes, refiere a que un 77,2% de los chilenos cree que los jóvenes de hoy se interesan más por la música que por la política.

Como referente estadístico que posibilite hacer un contraste con los datos obtenidos de las investigaciones anteriores, y que a su vez permitan seguir el curso de la participación política de los jóvenes hasta la actualidad, alude a la Cuarta Encuesta Nacional de Juventud (Departamento de Estudios y Evaluación del INJUV, 2004), que destaca de los resultados preliminares, lo siguiente:

"En primer lugar, se observa que la mayor parte de los jóvenes no ven reflejados sus intereses por los partidos políticos o las figuras políticas (...). En segundo lugar, se observa un creciente y marcado desinterés de los jóvenes por votar en las elecciones de autoridades políticas. De los jóvenes mayores de 18 años, un 70% no estaría inscrito para votar. Esta cifra alcanzaba un 61,5% el año 2000. Específicamente dentro del segmento de mayores de 18 años que no está inscrito en los registros electorales, hay un 43% que ni siquiera estaría dispuesto a inscribirse si pudiera hacerlo hoy.

En tercer lugar, los jóvenes parecen tener bajos niveles de confianza tanto en instituciones políticas como en personas ligadas a la política, sólo un 18,9% confía en el congreso y únicamente un 8,6% en los partidos políticos (...). La baja identificación política de los jóvenes, su renuncia a participar de las elecciones, y su escasa confianza en los políticos e instituciones políticas, podría elevar dudas acerca del apoyo de los jóvenes a la democracia, sin embargo, los datos confirman que los jóvenes efectivamente creen en la democracia como sistema de gobierno.

La mayor parte de los jóvenes (un 70,2%) está de acuerdo con que la democracia es preferible a otros sistemas de gobierno. Así mismo, la mayoría de los jóvenes (un 75%) considera que la democracia les sirve. Además, un 25% considera que la sociedad chilena es democrática y un 54% que es democrática pero falta perfeccionarla (...); hay un porcentaje grande de jóvenes que critican al país por no tener igualdad de oportunidades (36,3%), y por ser un país discriminador (33.5%) (...); un 47,3% de los jóvenes considera que a la democracia chilena le faltan mayores oportunidades, mientras que un 36,1% considera que falta reducir las diferencias sociales"
(pp. 4-5-6-7-8).
   



Discusión: el contexto socializador, efectos y percepciones de los jóvenes chilenos de los noventa


El creciente alejamiento de los jóvenes de la actividad política formal, devela el impacto que ha tenido en la población en general, un proceso macro-social que tiene que ver con el "contexto epocal" en que se sumerge el Chile de las últimas tres décadas. Es esta Modernidad, la generadora de espacios y cambios culturales que, siendo extensivos o compartidos por la población mundial, tienen una particularidad en el contexto latinoamericano y dentro del chileno en específico.

Dentro del ámbito político, se manifiesta un cruce entre distintas expresiones de los procesos modernizadores que dejan en evidencia cómo estos cambios culturales actúan en desmedro de la actividad política convencional en general.

En el proceso de socialización política toma vital importancia el "contexto socializador" en el que éste se lleva a cabo. Según los datos entregados por las investigaciones anteriores, la acción que ejercen los distintos agentes socializadores sobre la juventud, favorecen una percepción sesgada y negativa de los políticos y la política. La  mediación de la información política por medio de los medios de masa (en particular de la televisión, como agente de influencia muy potente), se enfoca en los aspectos negativos de quienes hacen política en Chile (idea manifestada desde arriba en CIDE/INJUV, 1999), al mismo tiempo que la exposición de los políticos en estos medios genera la idea de propaganda electoral, de "actuar para la tele" (idea manifestada desde las bases en MIDEPLAN/USACH, 2000), pues, al ser evaluados de mala manera por parte de los jóvenes, desconfían de su hacer y de sus intenciones reales (cultura de la desconfianza, sociedad del riesgo).

La falta de una "educación cívica formal", que toque temas de la política contingente y dé espacios  dónde hablar de política, nos muestra una sociedad despolitizada, pero que manifiesta a su vez un interés en recuperar dichos espacios, en función de una mejora real de la situación social. La tensión se encuentra en que las repercusiones que tiene el modelo neoliberal sobre la sociedad capitalista y sus individuos, se expresa en un constante vacío de los contenidos liberadores de este sentir que subyace a la acción de los individuos. Si bien, los jóvenes plantean ansias de cambios, las "reglas del juego", las leyes del mercado, la inmersión en el "sistema" no dan cabida al "individuo ideológico", sino que al "sujeto inmediatista" lo mantienen a raya de toda aspiración de transformaciones sociales de base. Así, la idea de que los jóvenes no plantean un "proyecto de país" se enmarca en la dinámica que establece el neoliberalismo hegemónico, sin oportunidades fácticas de participación en la toma de decisiones sociales.

La relación que existe entre una cultura juvenil "modernizada" (cultura de masa, cultura de la información, individualista e inmediatista), y el "tradicionalismo" mantenido desde la institucionalidad política, en cuanto a la apertura de espacios de participación para los jóvenes (por ejemplo desde los partidos políticos) plantea, por una parte, la falta de una lectura de los intereses de los jóvenes, de sus necesidades y de sus formas de vivenciar las cuestiones sociales. Por otra parte, favorece los mecanismos de la democracia formal capitalista, pues se aleja de los ciudadanos, otorgando autonomía de estos para la toma de decisiones, es decir, la democracia representativa (inmersa en el capitalismo), genera ciudadanos pasivos con derecho a la aprobación y al rechazo en bloque de los hechos consumados (Habermas, J., 1975). Por lo tanto, la única alternativa de canalización de sus intereses, ya sean individuales, colectivos, comunitarios o políticos, se encuentra fuera de esta institucionalidad política, y se manifiesta en la creciente formación de asociaciones informales o en la participación dentro de movimientos ecologistas, de ayuda comunitaria, etc. 

Según el Primer Informe Nacional de la Juventud (INJUV/MIDEPLAN, 1994):

"Desde la vivencia de los jóvenes: la ausencia de sentidos de pertenencia colectiva, la ausencia de gestos de confianza en los jóvenes, la visión de las oportunidades como restos, o peor, como engaño, lleva a que un núcleo común -aquello que constituye lo social- se pierda, o que se exprese como "poderes ajenos".

Desde el mundo social: el déficit del ambiente cultural y social donde se desenvuelve la socialización de los jóvenes, empobrece aún más sus oportunidades y no resguarda sus derechos como futuros ciudadanos.

Las reglas del juego no son explícitas, o rigen solo para algunos, o se juega un doble juego. La legitimidad del sistema social está bajo sospecha y justamente su articulación con el sistema político -de cuya legitimidad no se duda- es lo que pone la nota de duda. En esta duda, algunos sectores de jóvenes optan por reivindicar un discurso global de derechos. Sin embargo, este discurso global se articula mas bien, al modo de las utopías medioambientalistas: reencuentro, fusión con la naturaleza, propiedad común de la tierra y los recursos naturales, eliminación d
e la lógica económica y sustitución de la misma por una lógica del bien común" (p. 366).

 

Es posible observar una distancia entre el interés individual y el colectivo respecto de las acciones emprendidas por los representantes del poder político y la sociedad en general. Esto se manifiesta en la pérdida de las "ideologías partidarias", del pensamiento fundamental de la asociatividad política, reemplazándose por una "ideología de base" (el mercado) sin propósitos esenciales. Como lo expresa Moulian T. (1997, p.58), "La crisis de la política en Chile tiene su fundamento en la imposición de una ideología utópica, el neoliberalismo, de una política a-ideológica, que no contiene proyecto, que es la petrificación absoluta de lo actual". Surge la política tecnificadora, cosista, aquella que se presenta como elemento administrador de servicios públicos que buscan la satisfacción de las necesidades individuales inmediatas. Es esta falta de una ideología en donde las apetencias individuales están subordinadas a los fines comunes, lo que podría generar la marginación de los jóvenes de la participación política convencional. Como señala Beck U. (1999):

 

 "A la juventud le conmueve aquello que la política, en gran parte, excluye: ¿Cómo frenar la destrucción global del medio ambiente? ¿Cómo puede ser conjurada, superada la desocupación, la muerte de toda esperanza, que amenaza, precisamente, a los hijos del bienestar? ¿Cómo vivir y amar con el peligro del SIDA? Cuestiones todas que caen por los retículos de las grandes organizaciones políticas. Esto lleva a los hijos de la libertad a practicar  una denegación de la política altamente política" (p. 11).
   

Si pensamos que el encanto de la política proviene, como dice Moulian T. (1997) "... de una seducción, de una transmutación capaz de dotar al poder y sus operaciones de un carácter universal y colectivo. El encantamiento político proviene básicamente de la palabra, de la magia de discursos que consiguen proyectar en la universalidad, la lucha por ese bien escaso..." (p. 63), es posible encontrar un fundamento explicativo del por qué la marginación. No existe en la política Chilena de los noventa (y hasta  la actualidad) un interés en común, sino más bien, "esta se consume en la lucha por un poder que no aparece relacionado con una disputa por fines. Un poder que aparece particular, privatizado, sin referencia a lo universal. Por ello,  la política que reniega de las ideologías pierde el aura y el vacío se llena fácilmente con la idea de corrupción" (ibid, p. 63). Este devenir de la "alta política" y de quienes la ejercen, no representa del todo los ideales de los jóvenes chilenos, pues si bien no explicitan la necesidad de una "ideología" transformadora, sí hablan de una "reforma de fondo" (cultural y valórica) que lleve a cabo cambios profundos, y no sólo soluciones paliativas, aunque éstos sean lentos (MIDEPLAN/USACH, 2000, p 63). Esto denota esa falta de "contenido social y/o colectivo" dentro de la "ideología neoliberal" que domina el que hacer en política.  

 Este desencanto por la política, esta "apatía" de los jóvenes, es el reflejo de tener que participar de un sistema político del cual no tienen un sentido de pertenencia. Les resulta aburrido asumir una obligación que se contrapone con una de las manifestaciones del sujeto (¿post?) moderno, la libertad para buscar la diversión. Y es que finalmente la juventud, como lo señala Beck U. (1999):

 "Ha encontrado también algo para sí, con lo que puede hacer entrar en pánico a los adultos: ese algo es la diversión -deporte diversión, música diversión, consumo diversión, vida diversión-. Pero dado que la política, tal como es practicada y representada, nada tiene que ver con la diversión, sino que, por el contrario, parece ser un infalible aguafiestas. La juventud es, de acuerdo con su propia autocomprensión y con lo que aparenta ser superficialmente, apolítica. Aunque, por cierto, de una forma muy política: los hijos de la libertad se encuentran y se reconocen nuevamente en una colorida rebelión contra el embrutecimiento y las obligaciones que, sin que les sean indicadas las razones, sin que les sea dada la posibilidad de identificarse con ellas, deben ser cumplidas"  (pp. 12-13).


 

El aburrimiento que implica el acto eleccionario es una expresión de esta falta de identificación con las obligaciones impuestas . En este sentido, los jóvenes chilenos manifiestan estar en desacuerdo con la obligatoriedad del voto; como alternativa prefieren el "voto voluntario". Además, la percepción del voto como un canal poco efectivo de expresión de las opiniones de los jóvenes, así como también, de generación de cambios, ayuda al alejamiento de las acciones que giran en torno a este.



Epílogo

 


Los jóvenes chilenos, son el reflejo de la acción que ha ejercido la Modernidad y todo lo que la constituye. Dentro de este contexto, la (s) forma (s) de participación política de estos se ha (n) transformado, no ha (n) desaparecido, y ha (n) derivado en nuevas formas de asociacionismo que se alejan de la institucionalidad y de la participación política convencionales.

El joven ciudadano sigue identificándose con los ideales sociales, con el bien común. Sin embargo, debe lidiar con un sistema socio-político que promueve las conductas individualistas que no abre espacios de encuentro sino de competencia, de desconfianza, lo que repercute sobremanera en las posiciones que toman los sujetos frente a la vida, frente a los otros y frente a las cuestiones sociales. 

En definitiva, los jóvenes chilenos han optado por permanecer al margen de la política convencional porque ésta ha dejado de lado, en la práctica, la ejecución de una planificación que promueva el bienestar común, colectivo, comunitario, profundo, que no se centre en situaciones puntuales, en soluciones paliativas y cosistas.

La falta de modernización de los partidos políticos, y de la institucionalidad política en general, en cuanto a la apertura de espacios de participación para los jóvenes, de conocer los intereses de los jóvenes y de cómo acercarse a ellos, es otro obstáculo que ejerce el "medio político" al ingreso de los jóvenes dentro de esta institucionalidad "obsoleta". Sin embargo, es importante destacar la iniciativa mencionada por el Presidente Ricardo Lagos en el discurso del recién pasado 21 de Mayo (2004), sobre una propuesta de ley para el voto voluntario y la inscripción inmediata en los registros electorales una vez cumplidos los 18 años. Lo que plantea que la lectura que hace la institucionalidad política de la creciente apatía de los jóvenes por la política convencional,  el temor al quiebre institucional, a la deslegitimación de esta, se está tomando en cuenta después de quince años de una claro alejamiento de los jóvenes (más vale tarde que nunca).
 
Los efectos que ha sufrido, y sufre, la sociedad chilena y los jóvenes en particular, abren la inquietud acerca de qué manera serán superadas las vallas que impone una ideología de base sin contenido, de una lógica alienada en el capital, del dilema que representa el ideal del bien común versus la lógica individualista, de los efectos que tiene la economía mundial sobre los países en vías de desarrollo (como Chile), expresados en el desempleo, en la pobreza, etc., y que al mismo tiempo se plantea como un modelo hegemónico, dominante, de las acciones de los individuos.

Es este "circulo vicioso", el que debe ser detenido, atendiendo a nuevas perspectivas, nuevas formas de hacer, de la búsqueda de nuevas "ecologías", de nuevos dominios de acción en donde se pueda tomar en cuenta la permanente intención de construir un mejor mañana.

Sin duda,  este artículo representa un aporte aún limitado en la comprensión de todos los aspectos que inciden sobre los jóvenes, su participación política y sus ideales sociales. Sin embargo, se suma a la intención de encontrar las alternativas por medio de las cuales emerjan más investigaciones que ayuden a la integración social y a la valoración de las distintas esferas dañadas de lo social y cultural, promoviendo y respetando la diversidad cultural (inherente a los pueblos latinoamericanos), la protección de los recursos naturales y el medio ambiente, y el entendimiento de que los seres humanos deben representar la posibilidad de cambio, es decir, la vuelta a la confianza en el ser, el otro y los otros.

 

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Comentarios a este trabajo



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Carlos Alberto: Actualmente vivimos en una sociedad latinoamericana demasiado pasiva, donde los jóvenes deberíamos ser los actores directos de los cambios y las transformaciones, su trabajo nos permite a los jóvenes tener más clara la situación y manejar conceptos sobre la verdadera problemática.

 

leticia del carmen rodriguez p: Me parecio muy bueno su trabajo, es como una recopilación acerca de lo que es la participación ciudadana en su pais, muy provechoso. Gracias

 

DORALIZA GONZALEZ CAMADRO: Me parece un excelente aporte para las autoridades gubernamentales en torno a la tendencia de los requerimientos juveniles y la nueva sociedad. Corregir errores que han llevado a la desmotivacion de los jovenes en la política, la cual actualmente no refleja los pensamientos, anhelos y participación de la juventud.

 

Laureano Prada P.: Hace falta artículos como estos, que nos den a nosotros una idea buena de investigación acerca de la realidad psicosocial de nuestro pueblo latinoamericano. Una de las razones para realizar este tipo de investigación es la de responder a la necesidad de penetrar más en la realidad social vivida desde nuestra juventud y la manera como tal población plantea, desde su concepto psicosocial y político, una serie de soluciones al problema de la poca o nula participación en las decisiones del Estado.

 



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