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Estilo de vida, perfil psicológico y demográfico de mujeres maltratadas por su cónyuge
Juan Felipe Fajardo Cuartas
De acuerdo al análisis discriminante descripitvo, de 20 mujeres maltratadas, la ecuación logró clasificar correctamente a 17 y al total de las 20 del grupo control, para un porcentaje de éxito de 92.5. Esto permite concluir que el conjunto de las 16 variables de personalidad están fuertemente asociadas con el hecho de ser maltratadas, lo que plantea la hipótesis de que un perfil de personalidad busca ese tipo de relación maltratante, mientras que otro no lo hace (control). Los 7 factores de más peso son, en su orden: neuroticismo, ansiedad, Baja estabilidad emocional, alto control social (miedo social), suspicacia, alta valoración de las normas, culpa.
Si bien el perfil de las mujeres maltratadas comparte características con el de las mujeres que no sufren maltrato, existen diferencias significativas en los factores: Estabilidad emocional, Sumisión-Dominación, Alaxia-Protensión, alto control social, baja fuerza del yo, alto neuroticismo, ansiedad y culpa. Siendo las mujeres no maltratadas más estables emocionalmente, lo cual les permite frustrarse con menos facilidad que las mujeres maltratadas.
Las mujeres no maltratadas son más dominantes, es decir, propenden por defender sus derechos por encima de los de los demás, mientras que las maltratadas ceden fácilmente sus derechos para obtener la aprobación de los demás. Las mujeres no maltratadas son más asertivas para expresar sus sentimientos y pensamientos.
Las mujeres maltratadas se cuidan más en expresar sus pensamientos, se centran en las frustraciones de su vida y eso unido a su resistencia al cambio les impide mejorar su calidad de vida y terminar con la relación violenta en la que viven.
Las mujeres maltratadas son más ansiosas que las no maltratadas, asimismo, manejan una gran cantidad de culpa que se traduce en frustración y en un alto nivel de neuroticismo que no les ayuda a cambiar.
Las mujeres del grupo de maltratadas, son más ansiosas y preocupadas, que las del grupo control. Lloran y se deprimen con facilidad, igualmente, son propensas a somatizar los problemas de su vida.
De acuerdo con lo anterior y tomando el factor O como medidor de la autoestima, se puede concluir, que las mujeres maltratadas presentan una baja autoestima a diferencia de las no maltratadas quienes cuentan con un nivel normal de autoestima.
Discusión
Frente a los imaginarios sociales que centran la violencia conyugal en el hombre como agresor y victimario fundamentados en estudios antropológicos de genero y rol, como el desarrollado por Restrepo (1998), quien analiza el machismo en el departamento de Caldas a la luz de la desigualdad de género, se plantea una reformulación del papel y la dinámica de cada uno de los sujetos implicados en el fenómeno de la violencia conyugal.
Esta propuesta asigna o confiere a la mujer desde la teoría sistemática y desde la victimología un carácter activo que la hace partícipe de los esquemas determinantes para la relación disfuncional que expresan diferentes formas de violencia.
Esta investigación nominada: Estilo de Vida, Perfil Psicológico y Demográfico de mujeres maltratadas por su cónyuge, desarrolla conceptos fundamentales los cuales deben ser analizados en relación con la información recolectada y a los resultados obtenidos por los instrumentos de investigación cualitativa, como son: la entrevista estructurada y el grupo focal (los cuales son instrumentos de corte exploratorio, utilizados para la investigación descripitva por conveniencia) y el 16 PF.
Aspectos significativos en el estilo de vida
La familia como sistema (Minuchin, 1998)
Las mujeres de la investigación, hacen parte de familias disfuncionales en donde el vinculo se ha creado a partir de un patrón negativo de relación.
Es asi como la agresión se ha convertido en el estilo de la relación y a partir de ella se han construido patrones específicos de comunicación, negociación y resolución de problemas. Siendo, entonces, la agresión una manifestación de los conflictos que surgen al interior de la familia o sistema.
Principios alrededor de los cuales gira la familia( Hernández, 1989)
Tal y como lo plantea Hernández, (1989), la homeostasis de la familia se construye a través de las conductas reciprocas o complementarias de los miembros que la constituyen y contribuyen a su balance.
En el caso de las mujeres maltratadas que participaron en la investigación se pudo constatar a través de la información recolectada en la entrevista y el grupo focal, que en muchos de los casos son estas, quienes inician el episodio de violencia, haciéndole reclamos al cónyuge cuando este se encuentra bajo el efecto de alcohol o drogas, por lo cual, según ellas comentan, el marido se vuelve menos tolerante y las golpea. Las reacciones frente al episodio violento encontradas, muestran que algunas lo agreden a él, otras se agreden a sí mismas y un porcentaje menor a los hijos.
Funciones de la Familia (Universidad de Chile, Salud Familiar, 1986)
- Apoyo mutuo, cuando hay dificultades o problemas que amenazan a uno o varios de sus miembros.
En la totalidad de los casos, se encontró que el hombre le designa a la mujer la responsabilidad por los problemas que se presentan en el hogar, fundamentado en su rol de manutención continuamente la crítica por todo y desvaloriza sus actos ante los demás cuando algo no sale bien.
- Satisfacción sexual de la pareja y gestación
La vida sexual, para estas mujeres, se ha convertido en una experiencia no gratificante y asume una dimensión de dominación-sumisión. Puesto que el cónyuge la amenaza con abandonarla si esta no cumple con sus funciones de esposa, en algunos casos el tener relaciones sexuales con él, es la única posibilidad de que el cónyuge le de para los gastos del hogar. Es así como los hijos son percibidos como una carga, una obligación forzosa o un pretexto para mantener la relación violenta, ya que la mujer teme abandonarlo por pensar en lo que sucederá con sus hijos.
- Estatus
El estatus para los miembros, es determinado según el genero. De allí el hecho de que se tienen muy bien delimitadas las oportunidades tanto para los hombres, como para las mujeres de acceder a condiciones que les permitan mejorar su calidad de vida.
Lo curioso es que, pese a la vida poco satisfactoria que estas mujeres llevan, mantienen este patrón de crianza para sus hijos. Lo cual nos podría incitar a pensar; que esta situación de maltrato es un círculo vicioso de nunca acabar, en tanto la mujer no reflexione sobre la educación que esta impartiendo a sus hijos, la cual en este contexto ha asumido como su responsabilidad.
Imaginarios sociales
Corresponde a aquellas imágenes que tienden a repetir parte de la realidad social en el pensamiento e incluyen la fantasía y la elaboración subjetiva de las percepciones y la experiencia en el individuo (Castoriadis, Comelius, 1975).
Uno de los imaginarios que se han tejido socialmente frente a la mujer maltratada, es la posibilidad de que exista en ella, características de una personalidad masoquista que la lleve a permanecer en la relación violenta.
Con respecto a lo anterior, los resultados de esta investigación plasmados en las respuestas de las mujeres en la entrevista y en el grupo focal, indican que a diferencia de lo que se cree socialmente; estas mujeres no disfrutan de su relación disfuncional, por el contrario sienten rabia e impotencia frente a la situación en que viven; y existe, como se vera más adelante cuando se analice el perfil psicológico, rasgos en su personalidad que le dificultan terminar con el patrón de relación disfuncional.
Barbosa (1997)
De acuerdo a la definición dada por Barbosa (1997), el estilo de vida presenta dos elementos básicos: unas posibilidades psicológicas de la persona reflejadas en tres dimensiones de la conciencia (Conciencia de si mismo, Conciencia de la procedencia familiar, aceptación y atribución social que proviene de los otros); y unas circunstancias sociales y culturales.
Los resultados arrojados por los instrumentos cualitativos muestran, que la configuración del estilo de vida en las mujeres investigadas se caracteriza por una reproducción de las condiciones de maltrato observadas en su propia familia y comunes en su entorno sociocultural, en donde el maltrato se convierte en una forma de relación entre su familia y su entorno. Asimismo, es relevante resaltar que el sistema familiar percibido y vivenciado pone en riesgo las funciones de socialización deseadas, y producen un efecto contrario al de la construcción de tejido social; los valores compartidos se transforman en obstáculos que impiden el establecimiento de vínculos significativos hacía el interior y el exterior del sistema. Los juegos de lenguaje que vehiculizan o acompañan las acciones violentas antes, durante o después de sus manifestación reflejan un resquebrajamiento de la identidad individual y grupal y con llevan a la conformación de un círculo vicioso, llamado ciclo de violencia, en donde la familia opera en forma de gueto alejando a la mujer de otras redes sociales y privándola de examinar otras realidades deseables. En esta condición de aislamiento el deterioro de las funciones que desempeña la familia es considerable.
Las expresiones de afecto del cónyuge generan ambivalencia, confusión y altos niveles de ansiedad, en la mujer. Al no estar diferenciadas estas expresiones de afecto, favorecen las descompensaciones a nivel emocional con síntomas de Depresión y Estrés postraumatico.
Violencia intrafamiliar
Durante la infancia las mujeres de la investigación, fueron testigos de maltrato en la familia de origen por parte de su padre hacía su madre y hacía los hijos.
El mayor tipo de maltrato vivido durante la infancia fue el verbal y el psicológico, con menor frecuencia presenciaron el físico y en pocos casos el sexual.
Violencia conyugal: Ciclo de violencia de (Walker, 1973) y Secuelas emocionales
En la mayoría de las víctimas de maltrato conyugal se encontró que el cónyuge amenaza la integridad física y psicológica de la mujer y la de sus hijos; como consecuencia de esto, gran parte de la población evaluada cumple los criterios de Estrés Postraumatico, descritos en el DSM-IV (APA, 1994), sin importar el tipo de maltrato al que haya sido sometida.
De acuerdo a los resultados de la entrevista en profundidad, la depresión aparece como uno de los trastornos predominantes en las mujeres maltratadas, representado en síntomas como la irritabilidad, trastornos del sueño, dificultad para disfrutar de las cosas que antes les eran placenteras, etc.
Ciclo de violencia
El maltrato conyugal a lo largo del tiempo, se ha consolidado de tal manera dentro de las pautas de relación intrafamiliar, que el ciclo de violencia descrito por Walker (1973) que manifiesta un proceso gradual, se ha distorsionado al punto tal que el arrepentimiento y la culpabilización son transferidas y asumidas por la mujer; facilitando que este pase directamente a la agresión sin ninguna mediación atenuante.
Este mecanismo gráfica el rol de "víctima", que ella toma frente a la relación disfunsional, en tanto que no solo es objeto de la agresión; si no que asume una actitud pasiva ante sus posibilidades como persona entregando y legitimando a su cónyuge el control de su vida y cerrando con esto cualquier oportunidad de generar o construir un proyecto de vida. Se ve así, entonces, el arma de doble filo planteada por Packman (1997), quien considera que el considerarse la mujer como víctima de la relación mas que colaborarle para mejorar su situación lo que hace es colocarla en un papel de indefensión, desde el cual ella le entrega el control sobre su vida al cónyuge por pensar que él es más fuerte que ella.
Esta postura es corroborada por la victimología, la cual se desprende de la criminología y ha tenido un gran auge por replantear, el papel de la víctima durante la comisión del delito. Otorgándole una actitud más activa, lo cual la ha llevado a subdividirla de acuerdo a la participación en el hecho punible. Para Gulota (1981), algunas personas tienen una predisposición victimal y que existen determinados tipos de personalidad que aumentan el riesgo de victimización. Dentro de ésta investigación se logró comprobar que existe un perfil discriminante que caracteriza éste tipo de victima de violencia conyugal, en el cual existen factores que pueden estar predisponiendo esta situación victimal; éste perfil discriminante será analizado más adelante.
Teorías sobre la mujer y la relación violenta. (Costos y Beneficios de Thibaut y Kelly, 1959; Citados por Echeburúa, 1998)
El machismo se mantiene como manifestación de la estructura patriarcal y es reforzado por los estereotipos vendidos por los medios de comunicación, los cuales son exaltados y mostrados como modelos a seguir. A esta situación se suma el bajo nivel socioeconómico y educativo que limita las posibilidades de afrontamiento, lo cual favorece el mantenimiento de la relación bajo la "apariencia" del rol económico del hombre, proveedor de la manutención; este hecho puede ser explicado por la teoría de costos y beneficios de Thibaut y Kelly (1959) desde la cual la mujer al no encontrar un mayor beneficio entre sus limitaciones que el proporcionado por el agresor, decide permanecer en la relación violenta bajo el imaginario de que una separación podría empeorar su situación y la de sus hijos. Encontrando, entonces mayor el beneficio de permanecer en la relación violenta que el irse, puesto que, tal como lo manifestaron estas mujeres, "Qué tal que me consiga uno peor, por lo menos este bien o mal me da para los hijos", asumiendo entonces, como mayor el costo de dejarlo pese a las consecuencias físicas y psicológicas que esto le traiga.
Aspectos significativos en el perfil Demográfico
En relación al perfil demográfico son de destacar algunos aspectos constituyentes de un estilo de vida, facilitador de las expresiones de maltrato conyugal; como es el hecho de tener un bajo nivel cultural, ser amas de casa o realizar trabajos poco calificados y pertenecer a un estrato socioeconómico bajo y medio bajo (1, 2, 3) que como afirman los teóricos y en este caso los resultados de la investigación, representa la población más vulnerable, debido a los procesos crecientes de marginación social, la dificultad en la satisfacción de las necesidades básicas existenciales, etc.
Otro aspecto significativo del perfil demográfico hace referencia a los años de maltrato (en promedio 11 años) con relación al tiempo de convivencia (13 años en promedio) y tres hijos en promedio, los cuales vivencian el deterioro de la relación de pareja desde sus inicios.
Un dato significativo fue el suministrado por estas mujeres en los grupos focales en donde narraron el desconocimiento sobre su pareja, en general, debido al poco tiempo de noviazgo que tuvieron con ellos, ya que, en la mayoría de los casos, el cónyuge representaba la oportunidad de salir del maltrato que vivía en su familia y comenzar una vida nueva con "una persona educada y de buenos modales".
El perfil demográfico representa un amplio espectro de posibilidades de investigación en las ciencias sociales, ya que puede ser extendido al conjunto de la sociedad, no sólo en su diversidad étnica, religiosa y cultural sino en la agrupación de todas las variables complejas que intervienen.
Aspectos significativos en la personalidad
Abordar el perfil psicológico en este análisis es adentrarnos en el terreno propio de la personalidad. Este concepto expone múltiples factores que influyen en la caracterización de los individuos, cuando se trata de comprender y observar sus acciones. En el campo de la psicología forense, en particular la victimología se señala la influencia de los rasgos y tipos de personalidad en la participación y posición que asume la víctima en el hecho punible, que en esta investigación se aplica al maltrato conyugal.
Para Barbosa (1997), el primer aprendizaje del niño consiste en un esquema básico de interacción que, con el tiempo, se va llenando de significaciones lingüísticas. El esquema se interioriza constituyéndose con el tiempo en un horizonte que le otorga un determinado sentido a nuestros comportamientos sin que los sepamos. Este esquema será el eje de la organización de la personalidad.
La anterior definición establece una relación entre cultura y personalidad que es muy importante y pertinente al relacionar el estilo de vida con el perfil psicológico. La personalidad esta presente de este modo, tanto en la configuración del estilo de vida, como en las características del perfil psicológico reflejando así el efecto de las vivencias tempranas incorporadas en el esquema básico, facilitando o por el contrario obstruyendo el desarrollo de los recursos o habilidades individuales.
En el caso del grupo de mujeres a las cuales se les aplicó el 16 PF forma C, para sacar el perfil discriminante de las mujeres maltratadas, los resultados muestran un alto neuroticismo, alta ansiedad, baja fuerza del yo, alto control social, alta culpa, suspicacia, prudencia y sumisión.
Al analizar la relación entre estos factores, se encuentra que hay ciertos rasgos en las características de personalidad de estas mujeres que delimitan un perfil psicológico para la mujer maltratada que sirve como base para elaborar futuros proyectos de prevención del maltrato conyugal.
De acuerdo a los resultados arrojados por el análisis discriminante de los factores del 16pf, se encontró que los más significativos de mayor a menor correlación con la función discriminante fueron:
Alto Neuroticismo (NEU+)
Este factor como ecuación derivada, presenta una correlación de 0.55, teniendo la mayor correlación con la función discriminante, mostrando diferencias significativas en el grupo de mujeres maltratadas frente al grupo de mujeres no maltratadas. Al combinarse este factor con un alta culpabilidad (O+) y con una baja fuerza del yo o una inestabilidad emocional (C-), da lugar en este grupo de mujeres maltratadas a la llamada culpa neurótica, la cual consiste en la necesidad de obtener y dar un cambio en la vida y en las actitudes que las están molestando y afectando, pero sin la capacidad de llevar a cabo este cambio. Específicamente, lo observado en estas mujeres, ellas desean desligarse de la relación violenta y de su cónyuge agresor, pero nunca hacen nada por cambiarlo, sintiéndose mal por no lograrlo creando un gran dolor en ellas que no pueden curar.
Alta Ansiedad (ANS+)
Este factor de segundo orden es el segundo factor de más correlación con la función discriminante con una correlación de 0.42, diferenciando significativamente la población de mujeres maltratadas del grupo de mujeres no maltratadas. Este factor de segundo orden nos muestra que las mujeres maltratadas son mujeres altamente ansiosas, más que una reacción pasajera en estas mujeres es caracterológica, es un rasgo, puesto que cumplen prácticamente con el patrón completo de dicho factor; poseen un O+ sintiéndose afectadas y acosadas por las preocupaciones, son aprensivas y se reprochan a sí mismas, son Q4+, tensas, frustradas e impulsivas; son C-, se molestan con facilidad y tienen una baja tolerancia a la frustración, se sienten afectadas por los sentimientos, inestables; tienen Q3-, problemas de autoimagen; y L+, y desconfianza. Las mujeres del grupo de maltratadas, son mujeres con sentimientos disfóricos, con pensamientos y sensaciones desagradables; son mujeres altamente tensionadas por la lucha constante entre lo que están viviendo, lo que sienten y la impotencia de mejorar su vida; se sienten incapaces de dar un vuelco a su vida aunque lo consideren necesario y se sienten culpables de ello y se lo reprochan.
Baja Fuerza del Yo (C-)
Este factor que indica una baja fuerza en del yo o una inestabilidad emocional, es el factor básico del 16pf con más correlación (-0.39). Este factor nos indica la participación de las mujeres del grupo de maltratadas de manera pasiva en la solución de problemas y en el manejo de sus frustraciones. Estas mujeres con frecuencia pierden el control sobre sus sentimientos, tienen poca tolerancia a la frustración y se trastornan con facilidad, son inestables emocionalmente, se ven afectadas por los sentimientos, se perturban con facilidad, son inconstantes en actitudes en intereses. Perturbables con facilidad, evaden responsabilidades, tiende a renunciar fácilmente.
Las mujeres de la muestra de este grupo se sienten desdichadas e insatisfechas. Al ser inconstantes ante sus intereses, no cumplen ni culminan lo que se proponen, interponiendo los intereses de los demás sobre los de ellas. Desplazan responsabilidades a los demás, evadiendo la responsabilidad de lo que le sucede.
Dentro de las variables de las personas con una baja fuerza del yo, las mujeres del grupo de maltratadas se identifican principalmente con dos de éstas: - Variable
2: Debilidad del Yo: Asociación primaria con la imposibilidad de
considerar de manera adecuada las alternativas disponibles de Acción.
Son capaces de identificar sus necesidades, pero encuentran difícil
generar una gama suficiente de alternativas potenciales de cómo poder
satisfacerlas.
Debido a las características centrales de la Fuerza del yo baja: melancolía, inconstancia, falta de realismo e inestabilidad emocional, los miembros de la familia se quejan de decepción por la falta de seriedad y caprichos o confundirse ante su melancolía o estallido de mal humor impredecible. La baja fuerza del yo, al ser correlacionada con otros factores del 16pf, como culpabilidad (O+), muestra en éstas mujeres una falla en su función de mantener un autoconcepto positivo. Al presentar auto evaluación negativa, proyectan una inseguridad a los demás.
Alto Control Social (SCO+)
Este es un factor de segundo orden que muestra una correlación importante con la función discriminante (0.34), describiéndonos claramente al grupo de mujeres maltratadas como un grupo de personas capaces de inhibir sus impulsos y persistentes en dirigir su conducta a lo largo de líneas socialmente convenientes. Esta conveniencia social está enmarcada dentro de la combinación de este factor con la prudencia (F-), lo que nos indica que no necesariamente estas mujeres se interesan en las reglas y valores sociales sino en la evitación del castigo y en la seguridad personal. Estas mujeres muestran interés en mantener una imagen pública respetable demostrado en su manera de actuar justificando a su cónyuge y negando o escondiendo lo que le está sucediendo.
Suspicacia (L+)
Este es el segundo factor básico del 16PF con más correlación con la función discriminante mostrado en un 0.33, identificando a las mujeres del grupo de maltratadas como personas desconfiadas, dogmáticas, y sospechan que los demás les interfieren a propósito. Se centran en las frustraciones y en los errores de los demás, son irritables. Sienten que las personas hablan de ellas detrás de sus espaldas. Tienen propensión a buscar problemas en algunas ocasiones debido a su alta tensión (Q4), por ejemplo, cuando su cónyuge se encuentra bajo los efectos de SPA son momentos en los que ella hace reclamos aumentando el riesgo de generar un episodio de maltrato. Estas mujeres buscan generar culpa a los demás de lo que les sucede, responsabilizando a los demás como una proyección defensiva y son observadoras predispuestas de una evidencia confirmatoria de lo que creen.
Fuerza del Superyo (G+)
Este factor se presenta dentro de la función discriminante con una correlación de 0.32, diferenciando a las mujeres del grupo de las maltratadas de las no maltratadas como personas rectas, moralistas, preocupadas por normas y valores morales. Aparentemente, este factor podría mostrarnos a un tipo de persona estable y envidiable socialmente, pero al observar las características de este factor, en contraposición con la alta culpabilidad y alta ansiedad, nos muestra una necesidad de estas mujeres por mostrarse bien emocionalmente como proyección defensiva, teniendo en cuenta que el superyo tiene un contenido ideacional. Además, al relacionarse con el factor E- (sumisión), nos describe a estas mujeres más bien con un deseo de adaptarse a las necesidades de los demás que sobre las de ellas, reflejando una alta distorsión motivacional en este factor.
Alta Culpabilidad (O+)
Este
factor básico del 16PF, muestra una correlación importante con la
función discriminante de 0.25. Este factor mide los sentimientos que
las personas tienen hacia sí mismas en relación con su propio valor.
Las mujeres del grupo de maltratadas, experimentan un sentimiento de
inferioridad, una falta de narcisismo básico y saludable (autoestima).
Son mujeres que se reprochan a sí mismas, inseguras, preocupadas,
ansiosas, deprimidas, lloran con facilidad. Se afectan con facilidad,
están abrumadas por sus estados de animo, son sensibles a la aprobación
o desaprobación de los demás. Su vulnerabilidad a sentimientos de
inutilidad e inadecuación hace que sea suscepitble a la manipulación y
la explotación.
Prudencia (F-)
Factor básico del 16PF, con una correlación con la función discriminante de (-0.24) muestra que el grupo de mujeres maltratadas están caracterizadas por sometimiento, precaución y retraimiento, son silenciosas, tienen miedo a cometer errores, indecisas de tomar riesgos, más por distorsiones pesimistas y una inhibición general de la espontaneidad que por una cautela adaptativa. Son cautelosas, no sólo en su conducta sino también en sus procesos de pensamientos, donde no generan asociaciones fluidas y rápidas, sino que van de un pensamiento a otro lentamente, probando y comprobando para evitar errores.
Sumisión (E-)
Un factor muy importante que caracteriza la personalidad de la mujer maltratada, es la de sumisión (E-), el cual obtuvo una correlación de -0.23 con la función discriminante, mostrando que la mujer de este grupo es obediente, manejada con facilidad, dócil, alterada fácilmente. Hacen pocas demandas, más bien se acomodan a los deseos de los demás. En sus relaciones interpersonales, a estas mujeres las guía un deseo de evitar el conflicto, lo que con frecuencia se acompaña de un esfuerzo por agradar y obtener aprobación de su cónyuge. Las mujeres objeto de investigación se encuentran inmersas en la variable de: La no participante o el estilo tenso, fácilmente alterable: patrón de calificación E- (sumisión) con C- (debilidad del yo) y Q4+ (tensión).
Todas admitieron temer en gran medida a los conflictos y para evitarlos permiten con pasividad que otros tomen las decisiones que algunas veces tienen un impacto negativo en sus vidas. Tienen una fuerte tendencia a subestimar o a negar la existencia de sus propios deseos y necesidades, como lo indican sus calificaciones de C- (debilidad del yo).
La relación del estilo de vida y la estructuración de la personalidad como esquema básico de interacción hace pensar que las características propias de este grupo de mujeres, la agresión vivida y observada, las carencias afectivas y las carencias sociales crearon en estas mujeres una desconfianza básica que les dificulta relacionarse espontánea y relajadamente con el mundo, llenando y compensando este vacío afectivo a través de la participación en una relación de co-depencia hacía su cónyuge, en donde las características de maltrato pasan a segundo plano puesto que el beneficio de tener alguien a su lado es mayor que el costo del maltrato. Aun en el caso en el que el maltrato dada su violencia sea percibido como un verdadero peligro para la integridad personal los recursos personales caracterizados en el estilo de vida junto a su apropiación de víctima, hacen necesario una reestructuración general del estilo de vida y esquemas cognitivos, que permitan condiciones iniciales para potencializarse y enfrentar de manera adecuada el maltrato.
De acuerdo a los resultados arrojados por la investigación, el maltrato conyugal es un problema psicológico en tanto la relación disfuncional entre las partes lleva a un desequilibrio que finalmente se traduce en maltrato, afectando tanto al hombre como a la mujer por la situación violenta en la cual viven. Sin embargo para efectos de este estudio no se tuvieron en cuenta las secuelas emocionales del hombre sino las de la mujer maltratada.
Conclusiones
La historia familiar de las mujeres que participaron en la investigación se caracterizó por la ausencia de la figura paterna, así como la observación de maltrato conyugal y la experimentación de maltrato infantil; sumado a esto se encuentra el distanciamiento del ámbito escolar que las excluye de la posibilidad de información sobre estilos de vida más saludables.
Las características de personalidad de estas mujeres las cuales fueron clasificadas con un perfil discriminante en el 16 PF, indican que existen factores tales como: prudencia, sumisión, baja fuerza del yo e inestabilidad emocional, alta culpa, miedos difusos, tendencias neuróticas, alto apego a las normas, que nos indican una estructura de personalidad propensa a aceptar el maltrato como algo inevitable, que desde su punto de vista autodesvalido, "merecen". Por otro lado, se encuentra una incapacidad para librarse de una relación maltratante, determinada por factores tales como: resistencia marcada a los cambios, alto neuroticismo y pensamiento concreto.
En el caso especifico del neuroticismo, la mujer es consciente de su situación, se siente inconforme con ello, pero la forma como ha estructurado su relación con el mundo y su pensamiento concreto no le permiten generar estrategias más adaptativas para enfrentar su situación actual y alejarse de la relación disfuncional; asimismo, no existe una proyección en su vida por lo cual no ha creado esperanzas de que pueda cambiar.
El neuroticismo presentado en estas mujeres, al interactuar con otros factores de personalidad, como sumisión y alta culpabilidad, hace que reprochen su situación, se culpen por no hacer nada y se sientan frágiles e inferiores con relación a la posición que asume el cónyuge en la relación violenta, esta posición de fragilidad hace que sus cónyuges las manejen con facilidad y, a su vez, crean más culpa en ellas afectando su autoestima y su autoconcepto. La razón principal por la cual asumen la culpa que el cónyuge les atribuye por la relación disfuncional, se puede explicar por su necesidad neurótica de afecto y el deseo de que alguien las haga capaces de sentir culpa validando su estructura de personalidad; y así aceptar el castigo que se merecen por no hacer nada por su vida.
Estos rasgos de personalidad se consolidan durante la socialización primaria y secundaria. A partir de las experiencias vividas, las mujeres estructuran su relación con el mundo, utilizando y validando los patrones o modelos que vivenciaron y los introyectan para repetirlos en su vida afectiva adulta. Esta relación con el mundo dependerá de lo observado en su círculo familiar, en el caso de las mujeres que participaron en la investigación una característica que acompañó a la mayoría de la población estudiada, fue el hecho de haber observado maltrato conyugal por parte del padre hacia la madre y haber experimentado maltrato infantil. Estas experiencias negativas tal vez hicieron que estas mujeres no construyeran una imagen positiva de sí mismas y crearan una imagen distorsionada del yo, en donde interponen los intereses de los otros sobre los de ellas, porque necesitan la aprobación y desaprobación de estos para sentirse bien consigo mismas; desplazando la responsabilidad de lo que les sucede hacia los demás. Esta baja fuerza del yo, acompañada de factores como la prudencia y la alta ansiedad, muestra en estas mujeres una marcada inestabilidad en sus decisiones, participando pasivamente en el desarrollo de su vida, dejando que su cónyuge decida por ellas, haciendo lo que él quiere. Aunque conocen sus necesidades no llevan a cabo una acción de cambio, por su temor y miedo a tomar riesgos.
Sufren constantemente por ello, y están tensionadas por su vida y sus problemas. Esta información anula el imaginario social sobre la existencia de una personalidad masoquista en las mujeres que son maltratadas, para mostrar la imagen de una mujer que sufre, pero no cuenta con los suficientes recursos ni emocionales ni cognitivos para terminar con la relación violenta. Si bien lo económico representa un aspecto importante para la autonomía de la mujer, no la excluye de su responsabilidad para consigo misma frente a su proyecto de vida. Sin embargo, la mujer maltratada desplaza esta responsabilidad a los demás, por no creer que tienen la solución en sus manos. No se arriesga a tomar las riendas de su vida por miedo al fracaso imaginario.
El aislamiento social que caracteriza a estas mujeres es producto de su alto control social y el abrumador superyo, haciéndolas capaces de inhibir sus impulsos y dirigir sus conductas en líneas "socialmente convenientes" para evitar el castigo y, supuestamente, salvaguardar su integridad física y emocional; se muestran bien emocionalmente e incluso justifican a su cónyuge como proyección defensiva, puesto que el superyo tiene un contenido ideacional. Como consecuencia de esto, han perdido sus redes de apoyo y la posibilidad de conocer otras alternativas de relaciones más funcionales, alimentando y legitimando su posición victimal, fundamentadas en una actitud pasiva frente al maltrato.
El conocer las consecuencias que le han traído a estas mujeres su posición de victimas, demuestra que este complejo fenómeno social debe ser abordado de otra forma si queremos que se presenten cambios en la sociedad colombiana, puesto que, al apropiarse la mujer de su condición de víctima lo que ha logrado es mantener el ciclo de violencia, transmitirlo a su descendencia y con esto ha perpetuado los modelos violentos en las relaciones interpersonales, propiciando entre los miembros de la familia el desarrollo de un modelo insano de relación, que cimenta las bases para las características de personalidad encontradas en el perfil discriminante o su complemento, es decir, el individuo también puede desarrollar las características de una personalidad agresora.
Las características anteriores de personalidad se convierten en un factor de riesgo para el maltrato. Podría sugerirse que existen condiciones en el medio que forman este tipo de personalidad en donde la mujer legitima el maltrato como parte de su estilo de vida y no tiene los elementos en su estructura cognitiva que le permitan terminar con la relación violenta, juegan entonces un papel importante las pautas de crianza, que hacen que una mujer sea maltratada en su vida adulta y otra no.
Esta diferencia se pudo apreciar a través del perfil discriminante de personalidad de mujeres no maltratadas son más autónomas, tienen un proyecto de vida definido, son más estables emocionalmente, participan activamente en la solución de problemas y en el control de su vida, priorizan sus intereses. El cónyuge para ellas aunque hace parte de su vida no es el centro de esta. De allí que no busquen parejas mal tratantes; estas mujeres identifican claramente sus necesidades, buscan alternativas de cómo satisfacerlas y priorizan sus intereses para llevarlas a cabo. La diferencia más representativa entre un grupo y el otro, fue el rasgo neurótico que acompaña a las mujeres maltratadas producto de la inconformidad que tienen frente a la situación que viven y la postura impotente que asumen ante esta, un perfil más saludable, no neurótico en las del grupo de no maltratadas.
El perfil discriminante, permite aportar un instrumento que identifica claramente las características de una determinada población, para a partir de este generar proyectos de prevención, promoción, intervención e investigación que arrojen luces para comprender un fenómeno tan doloroso y real como el maltrato conyugal y las consecuencias que trae a nivel macro para la sociedad.
El perfil demográfico tiene un valor central en el análisis estructural de la violencia social, por las múltiples manifestaciones de la misma: delincuencia común, conflicto armado, terrorismo, violencia intrafamiliar, violencia callejera.
Puesto que la familia es el núcleo y la base de la sociedad, es importante que se busquen soluciones prontas y efectivas para abordar este problema. Con los resultados de esta investigación se pretende aportar alternativas de observación y solución para este fenómeno, en donde se le atribuya a la mujer una actitud más proactiva y digna para enfrentar la relación violenta, sin pretender culpabilizarla ni justificar este tipo de conductas en la sociedad, pero si que se de una responsabilización del papel de la mujer dentro del sistema que constituye la familia, en el cual ella con sus acciones influye positiva o negativamente.
Al mejorar la calidad de vida de estas mujeres, se verá beneficiada la salud mental, tanto de la mujer como la de quienes la rodean y dependen directamente de ella, en este caso los hijos; asimismo, contribuirá para cambiar significativamente la dinámica familiar y reevaluar el "rol " del hombre como proveedor de la manutención, vigente hasta este momento en las mujeres estudiadas.
El hacerse cargo económicamente de si mismas corresponde al primer paso para recuperar en control de su vida y hacerse responsables de sus decisiones y de las consecuencias futuras que estas les puedan traer, ya que, tal y como lo corrobora el perfil de personalidad estas mujeres, ceden fácilmente sus derechos antes los deseos de los otros para tener mayor aceptación en la sociedad y esperan que la subordinación de sus deseos ante los otros sea apreciada en un grado igual al de su sacrificio, lo cual, paradójicamente, surte el efecto contrario al hacer que las personas que las rodean se aprovechen de esto y lo asuman como un deber de esta.
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