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Estilo de vida, perfil psicológico y demográfico de mujeres maltratadas por su cónyuge
Juan Felipe Fajardo Cuartas
Trabajo publicado el 14 de octubre de 2002
Resumen
Palabras claves: Psicología Forense, Victimología, Estilo de Vida, Perfil Demográfico, Perfil Psicológico, Perfil Discriminante, Análisis Discriminante, Grupos Focales, Entrevista Estructurada, 16 PF.
Introducción
Aunque diversos aspectos de la violencia conyugal han sido estudiados con relativa profundidad, hay uno al que no se le ha prestado mayor atención y es el relacionado con la actitud de la mujer, víctima de maltrato físico y psicológico, frente a las agresiones de su cónyuge. Las investigaciones realizadas hasta el momento sobre violencia conyugal han considerado al hombre como el agresor y a la mujer como la víctima, desestimando la interacción entre las partes implicadas y desconociendo la dinámica que se presenta al interior de la familia.
Con esta investigación se busca, en esencia, indagar sobre la existencia de un perfil demográfico, de personalidad y de estilo de vida, en aquellas mujeres que no obstante ser maltratadas, en forma habitual y por lapsos largos, por su cónyuge siguen conviviendo con él. El trabajo se aparta de la creencia generalizada sobre las condiciones que generan y mantienen el maltrato conyugal, que han sido ubicadas en la cultura y en el género masculino, y se acoge al nuevo paradigma de la victimología que, sin excluir los anteriores factores, plantea que a dicha situación también ha contribuido la actitud de la mujer frente al agresor y la presencia en ésta de ciertas características de personalidad, que disparan y alimentan la relación disfuncional, con sus consecuencias propias de violencia.
Algunos conceptos básicos La familia
La familia funciona como un sistema. Como tal, establece canales de comunicación entre sus miembros, los protege de las presiones exteriores y controla el flujo de información con el exterior, siendo la meta conservar la unidad entre los miembros y la estabilidad del sistema. Cuando hay demasiada permeabilidad, el sistema se cierra y se aísla, provocando desviaciones significativas en las interacciones que se dan entre los miembros de la familia; lo cual lleva al sistema a un estado de desequilibrio, como es el caso específico de la violencia intrafamiliar. La familia como sistema configura las condiciones inmediatas del espacio social en el cual el individuo afronta las posibilidades efectúales de realizar o no lo que desea y puede hacer. Esta situación lo pone en perspectiva del tiempo, sus vivencias del pasado y del presente como posibilidades del futuro, las cuales se unen en un sentido estructurante en cada individuo, expresado en un estilo de vida.
Estilo de vida
El estilo de vida es un concepto relacionado al sentido de vida y a la calidad de vida. Para Barbosa (1997), el estilo de vida nace de:
1. Unas posibilidades psicológicas de la persona, que según algunos
psicólogos tiene que ver con tres dimensiones de la conciencia: a) La
conciencia de sí mismo que distingue unos de otros; b) la conciencia de
la procedencia familiar, como también de la experiencia de la
pertenencia a un universo psíquico, social y espiritual; c) la
aceptación por parte del prójimo o la congruencia de la identidad que
cada uno atribuya a sí mismo, y las atribuciones sociales que provienen
de los otros. 2. Unas circunstancias sociales y culturales, que tienen que ver con las posibilidades socioeconómicas y valorativas.
En esta dirección, el sentido hace referencia al modo en que cada uno modela o intenta modelar su propia vida, define el modo como se construyen significaciones a partir de situaciones cotidianas y consecuentemente el modo como cada cual decide interactuar con los otros. El sentido tiene un carácter cognoscitivo que afecta el modo como se construyen las posibilidades de comprensión de lo vivido. El ser humano atribuye significación en el ámbito de su vida de acuerdo con los elementos de la cultura y gracias a la apropiación que de ella hace como sistema activo de personalidad.
Violencia intrafamiliar
Para Antony y Miller (Citado en http//www.fundacionpobreza.cl) la violencia intrafamiliar es "todo acto cometido dentro de la familia por sus miembros, que perjudica gravemente la vida, el cuerpo, la integridad psicológica o la libertad de otro miembro de la familia".
El término violencia intrafamiliar involucra, entre otras categorías, las de maltrato infantil y violencia conyugal. A diferencia del maltrato infantil, de esta última son muy pocos los estudios que se han realizado.
Violencia conyugal
Se entiende por Violencia Conyugal "las agresiones físicas,
psíquicas, sexuales o de otra índole, llevadas a cabo reiteradamente
por parte del cónyuge que causa daño físico y/o psíquico y vulneran la
libertad de otra persona (habitualmente la esposa)". (Echeburúa, Corral, Sarasua, Zubizarreta y Sauca, 1990, Citado por Echeburúa 1998).
Los estudios sobre violencia conyugal han señalado que las parejas que se estructuran de un modo violento tienen un modelo de relación específico, con una pauta repetitiva que abarca a ambos miembros. A diferencia de otros delitos, el maltrato conyugal se produce de una forma continuada a través del tiempo, y puede persistir hasta alcanzar los 20 años o más antes de que la víctima tome la decisión de denunciar al agresor o bien de que la policía tenga conocimiento explícito de la situación.
Una vez que la pareja ha incorporado dentro de su dinámica (1) la violencia como modo de relación o de resolución de problemas, se torna cada vez más complicado el precisar los factores específicos que actúan como desencadenantes en cada situación violenta. La violencia según Leonore Walken (1979) (Citado en http//www.fundacionpobreza.cl) cumple un ciclo que se divide en tres fases las cuales varían tanto en duración como en intensidad para una misma pareja y entre parejas distintas.
La primera fase corresponde a la acumulación de tensión: en esta fase la mujer muestra una actitud que le permite impedir que la golpeen, al no enojarse con el agresor y minimizar los incidentes y los golpes menores. Con el tiempo, la tensión aumenta y con ésta los incidentes violentos físicos y psíquicos; hasta el punto que se incrementa la rabia y disminuye al mismo tiempo el control que tenía sobre sí misma y la situación.
Muchas parejas permanecen en esta fase por mucho tiempo ya que ambos desean evitar el ingresar a la segunda fase, la cual corresponde al episodio agudo de golpes, este punto representa la finalización de la acumulación de tensiones y el proceso ya no responde a ningún control. Cuando esta fase finaliza sigue un periodo de shock caracterizado por la negación e incredulidad de la veracidad frente a lo sucedido.
La tercera fase se conoce como conducta arrepentida, amante o luna de miel: Aquí el golpeador demuestra su arrepentimiento, con muestras de afecto a su pareja. Con el tiempo el ciclo se hace cada vez más corto, de tal forma que ya no se tiene que dar las tres fases, se puede pasar de la segunda a la tercera fácilmente.
Por lo general el maltrato conyugal comienza con el maltrato emocional, el cual es un proceso lento que tiene como fin el menoscabo de la autoestima de la mujer a través del uso de verbalizaciones criticas y acciones destructivas, que buscan desestabilizarla emocionalmente.
Luego estas acciones se vuelven cohercitivas al punto que la mujer debe rendir cuenta de cada uno de sus actos cada vez que el agresor así lo demande. "En consecuencia, la presión constante sobre la víctima y su entorno social acaba, produciendo en la misma una gran vulnerabilidad y dependencia afectiva al marido -agresor " (Soria, 1998). Ésta etapa por lo general va acompañada de otros tipos de abuso como el físico y el sexual los cuales se unen al emocional antes descrito.
El maltrato físico suele tener un proceso secuencial bien determinado; al principio la agresión se dirige al cuerpo de la víctima y con el tiempo tiende a tornarse indirecta puesto que ya no se dirige específicamente a la víctima sino que se enfoca hacía los objetos y personas que son apreciados considerablemente por la víctima.
Según diferentes estudios que se han hecho sobre maltrato conyugal (Gelles, 1974; Labell, 1979, Citados por Echeburúa, 1998 ), se ha encontrado que entre un 57 por ciento y un 78 por ciento de las mujeres maltradas continúan con sus parejas pese a los años de maltrato y vuelven con estas aún después de haberlos denunciado.
Teorías sobre la mujer y la relación violenta
Interesados en esta anómala situación algunas teorías como la de la indefensión aprendida de Seligman (1975) y otras como la de Strube(1988), (Citados por Echeburúa, 1998) han tratado de explicar las razones por las cuales una mujer se mantiene en una relación violenta.
Strube analiza la situación basado en tres modelos teóricos que buscan dar respuesta a este fenómeno: la teoría de costos y beneficios, la teoría de la acción razonada y la teoría de la dependencia psicológica.
La teoría de los costos y beneficios (Pfouts, 1978) se basa en el modelo de Thibaut y Kelly (1959), (Idem), la cual sugiere que la decisión de dejar la relación violenta depende del hecho de que el beneficio total de esa decisión sea mayor que el costo de permanecer en la situación.
La teoría de la dependencia psicológica, señala que la mujer permanece en la relación violenta por el compromiso establecido a través del matrimonio.
Según Strube(1988), la mujer sólo saldrá de la relación violenta luego de comparar las consecuencias positivas con las negativas y del análisis de las posibilidades de éxito percibidas a través del apoyo que reciba de sus seres queridos.
El concepto de Víctima en el maltrato conyugal
Cuando se habla de violencia conyugal, necesariamente se tiene que hacer referencia a una víctima y a un victimario. La ONU en 1986, definió a la víctima como "aquella persona que ha sufrido un perjuicio (lesión física o mental, sufrimiento emocional, pérdida o daño material, o un menoscabo importante en sus derechos), como consecuencia de una acción u omisión que constituya un delito con arreglo a la legislación nacional o del derecho internacional".
Una rama de la Criminología, la Victimología, se ha dedicado a estudiar lo referente a las víctimas. Como en muchas otras disciplinas, en la victimología se presentan diferentes enfoques, en uno de ellos, Fattah (1967), (Citado por Clemente, 1998) propone una categorización de las víctimas en no participantes, latentes, provocativas, participantes y falsas.
Las no participantes son aquellas víctimas que no contribuyen y que por lo general se resisten a la consecución del delito. Por víctimas latentes se entiende aquellas personas que sufren una predisposición especial para ser víctimas de delitos. Las provocativas son las personas que crean ambientes idóneos o incitan a la realización de un delito. Las participantes como lo indica claramente la expresión contribuyen al delito y las falsas son las que afirman haber sido víctimas de un delito aún siendo conscientes de que no lo son.
Durante mucho tiempo la criminología no le dio mayor importancia a las víctimas, su interés básicamente giró alrededor del autor del delito y del fenómeno delincuencial. En la actualidad se acepta que la víctima desempeña un papel relevante en la dinámica de la acción delictiva, ya que su conducta descuidada, provocativa, etc pueden inducir a la comisión del delito. (Suárez 2000).
Muchas investigaciones han analizado el papel de las víctimas en la precipitación del delito y han considerado que algunas personas tienen una predisposición victimal y que existen determinados tipos de personalidad que aumentan el riesgo de victimización, (Gulota, 1981) (citado por Suarez 2000). Es importante resaltar que no todas las víctimas de delitos tienen los mismos efectos ni problemas derivados de la victimización, para esto se debe considerar los recursos, habilidades y estructuras cognitivas que posee la persona antes del hecho delictivo, así mismo es importante considerar la intensidad objetiva y subjetiva que le dé la persona y por último de la reacción y el apoyo que el entorno le provea a la víctima.
La personalidad
De acuerdo a lo anterior la personalidad, juega un papel fundamental en la dinámica de la acción delictiva víctima- victimario. Ya que está corresponde al modo único, determinado, indivisible y orgánico como cada persona condensa sus logros a nivel psíquico, corporal y espiritual en una unidad única que lo hace diferente a todos los demás (Hengstenberg 1949. Citado por Arnold.1975).
Debido a la importancia que tiene la personalidad de la víctima dentro de la consecución del hecho delictivo, se ampliara sobre este concepto y se nombraran los 16 factores analizados por Cattell (1981).
Instrumento de medición de factores de personalidad elaborado por Cattell
El 16PF es una prueba estructurada comúnmente utilizada y favorecida, por diversos investigadores alrededor del mundo, como instrumento para la medida y comprensión de la personalidad. Es el resultado de más de cuarenta años de investigación empírica por el psicólogo Raymond B. Cattell, quien redujo 4504 rasgos de personalidad a 16 rasgos básicos, mediante análisis factorial. La prueba se basa en la medida independiente de varios factores psicológicos. Ha sido debidamente validada y revisada, y al presente existen varias formas (A, B, C, D & E) que facilitan la aplicabilidad de la prueba a los diferentes intereses específicos de investigación.
Factores básicos
Tabla 1 - Factores básicos utilizados por Cattell (1981) para describir la personalidad.
Formación de la personalidad
Los rasgos y los tipos de personalidad resultan de la interacción entre la predisposición heredada y un medio ambiente apropiado, (Jozef Cohen, 1990).
En algunos casos los rasgos y tipos dependen más de la herencia y otros del medio ambiente, sin embargo por lo general, ambos son necesarios para formar la personalidad y no son suficientes por sí mismos.
La víctima y el victimario
En la mayoría de los casos que se refieren a maltrato conyugal, se encuentra, al hombre designado como victimario o maltratador y a la mujer como víctima o maltratada, haciendo esto alusión al rol de fuerza y debilidad que se ha designado para cada uno de estos géneros, antes nombrado.
Está condición de víctima, por lo general más que ayudar a la mujer a superarse y abandonar la relación violenta en la que vive, lo que hace es perjudicarla; ya que en el momento que ella adquiere y se apropia de dicha condición, reduce la responsabilidad sobre sus acciones y su capacidad y oportunidad de constituirse y agenciarse a si misma. (Marcelo Packman 1997). La mujer renuncia a hacerse responsable de sus actos y a tomar las riendas de su vida para responsabilizar a otro sobre sus decisiones y su futuro.
De tal forma que la mujer desarrolla sentimientos de minusvalía, los cuales aunados a la baja autoestima que se desarrolla por los malos tratos, el aislamiento social, etc., a los que se ve sometida por su cónyuge, hacen que la mujer se resigne y conciba su incapacidad de alejarse de la relación violenta.
Sin embargo también es importante tener en cuenta que considerarse víctima es el primer paso que da la mujer para cambiar la situación de violencia en la cual vive; estas dos situaciones ilustran claramente como la condición de víctima es un arma de doble filo que por si misma es problemática de acuerdo al manejo que cada mujer le dé, dependiendo de su personalidad y a la capacidad que tenga para autofortalecerse.
Puesto que el proceso de construirse como víctima implica una legitimación y concesión de poder a quien proporciona el maltrato, durante este proceso la mujer aprende a identificar los agentes desencadenantes del maltrato (como lo constituye el consumo de sustancias psicoactivas por parte del cónyuge) y los mantenedores de esta.
Al conocer esto la mujer tiene una visión más amplía sobre la situación de violencia en la que vive y puede decidir que papel jugara frente a esta situación, así mismo, podrá decidir entre formar parte activa o pasiva del episodio de violencia. Esta decisión la tomará haciendo uso de sus características de personalidad, así como de su carácter y el nivel de convicción que tenga sobre la violencia que vive y de la forma como la cultura en la que se desenvuelve regule a través de normas cuándo se considera una persona víctima y cuando no, es decir de la posición que la sociedad ha construido frente a este fenómeno.
García Pablos (1983) conceptuaba que la victimología debía focalizarse sobre el estudio de los factores que llevan a una persona a convertirse, con más frecuencia que otras, en una víctima y en el papel que desempeña la víctima en el desencadenamiento de la acción delictiva. Este enfoque se aleja del que considera a la víctima como sujeto pasivo, estático y anónimo, dando por el contrario significancia a la interacción delincuente - víctima y a las circunstancias objetivas, situacionales y personales de la víctima.
Para Newman (1994) (citado por Suárez 2000) la víctima puede ser un factor desencadenante del delito. Enfatiza también en que al encontrarse con víctimas de un delito es necesario estudiar sus rasgos, características, comportamiento, conducta, con el fin de relacionarlos directamente con el obrar delictuoso; para él, el estudio de cierto delitos no puede ser relevante y serio si no se tiene en cuenta el rol desempeñado por la víctima y el grado en que ha contribuido, consciente o inconscientemente a su producción.
Como se ha podido constatar, se ha pasado de entender a la víctima como un sujeto sobre quien recae de forma pasiva la acción del delito; a considerar su posible participación en el hecho; a plantear que existe una relación compleja entre victimario y víctima, que, en ocasiones, ésta colabora en su propia victimización; a recalcar que la identificación de los factores de riesgo que predisponen a un individuo a convertirse en víctima de un delito constituye una de las prioridades de la victimología.
El análisis a nivel psicosociológico de las víctimas de la violencia conyugal, posibilitará aclarar el grado de participación de éstas en el hecho punible, lo cual, parafraseando a Rodríguez Manzanera "no debe ser interpretado como un intento deliberado de culpar a la víctima y disculpar al victimario, sino como una forma de enfatizar en la importancia de estudiar a todos los protagonistas y factores que intervienen en el fenómeno de la violencia conyugal".
En la actualidad son muchas las mujeres que son víctimas de maltrato físico y/o emocional por parte de sus cónyuges; del maltrato físico hacen parte desde los empujones y estrujones hasta las palizas con fracturas; mientras que los insultos, la indiferencia, la infidelidad, la subestimación y la burla hacen parte del maltrato emocional. Este último es menos visible que el maltrato físico, mientras que una mujer víctima de abuso emocional va de un lado a otro sin que se sospeche del drama que vive, una mujer objeto de maltrato físico llama inmediatamente la atención, sin embargo pese a esto son pocas las que toman la iniciativa de romper con la relación disfuncional ya sea denunciándolo o alejándose de él. En muchos casos es el hombre el que decide irse, a diferencia de la mujer quien pese a denunciarlo vuelve con él; por varias razones, algunas de tipo económicas y otras porque piensan que su agresor puede cambiar.
La primera reacción de la mujer víctima de abuso y maltrato es, en la mayor parte de los casos, de parálisis, no es capaz de reaccionar. Al inmovilizarse, tolera la agresión y acepta a su cónyuge en su rol de maltratador. Al consolidarse esta forma de relación con su victimario, empieza el calvario de la mujer.
Según el psiquiatra Ernesto Lammoglia (1994) quien se ha dedicado a estudiar a mujeres víctimas de maltrato conyugal, cuando una mujer víctima de maltrato frecuente por parte de su cónyuge se ve abocada a decidir si termina esa relación, siente que pierde la razón de vivir, por lo que opta por seguir conviviendo con él.
Contra lo que se pudiera pensar, ello no significa que le guste que la maltrate, el problema es que confunde las agresiones con amor; no deja a su cónyuge porque está convencida que la necesita y que dejarlo constituiría una cobardía.
Termina, en consecuencia, justificando y legitimando la relación violenta con su victimario y su propia pasividad hace que se incremente el maltrato, hasta el punto en que ella lo tolera y lo asimila como normal.
Muchas mujeres legitiman este maltrato como consecuencia del aprendizaje social, ya que en la gran mayoría de los casos las madres de estas mujeres sufren o sufrieron maltrato por parte de sus cónyuges. A esta situación se suman otros factores como lo es la ilusión de mejorar su vida con su esposo y dejar de soportar el maltrato físico, psicológico y en algunos casos sexual que le provee su padre, por esta razón la gran mayoría de mujeres maltratadas empiezan a vivir con sus maltratadores desde que son adolescentes. Puesto que desde esta perspectiva la nueva pareja se convierte en la oportunidad para salir de su casa y mejorar las condiciones de su vida.
Secuelas emocionales
Entre las secuelas emocionales que con frecuencia presentan las mujeres víctimas de abuso y maltrato por parte su cónyuge se cuentan: migrañas, trastornos alimenticios, gastrointestinales y del sueño, crisis de llanto y ansiedad, disminución de la autoestima, depresión y pensamientos suicidas. A medida que el tiempo transcurre, usualmente descuida su aspecto físico y recurre al alcohol o a las drogas; si trabaja, su desempeño laboral desciende en forma significativa, llegando incluso a abandonar su empleo, ya sea por decisión personal, o porque su cónyuge se lo prohibe. La violencia conyugal también ocasiona perturbaciones emocionales severas a los hijos, que se traducen en dificultades escolares, alteraciones del sueño, interacciones defectuosas, depresión y ansiedad.
Metodología
Planteamiento del problema
¿Cuáles son las características de personalidad, demográficas y de estilo de vida de mujeres maltratadas por su cónyuge que permanecen viviendo con él?
Objetivos
Específicos:
1.
Encontrar en las mujeres objeto de investigación factores de
personalidad comunes, mediante la aplicación del cuestionario de
personalidad 16 PF. 2. Identificar elementos de la cultura o de socialización que favorecen el maltrato en las mujeres.
Diseño
Teniendo en cuenta que la investigación realizada fue un estudio de campo, en el que el fenómeno a estudiar se observó tal y como se da en su contexto natural, o sea, que la acción de las variables independientes ocurrieron sin la intervención directa de los investigadores; en el que, adicionalmente, las observaciones se realizaron en un momento único y en el que tan sólo se efectuaron mediciones de las variables individuales; se utilizó para responder a las preguntas de investigación un diseño no experimental, transeccional, descripitvo (Hernández Sampieri, 1991).
Sujetos
Para efectos de la investigación se trabajó con una muestra de conveniencia de veinte (20) mujeres para el grupo No 1, que siendo maltratadas por sus cónyuges permanecen viviendo con ellos. Estas mujeres pertenecían al estrato socioeconómico medio-bajo y bajo, y se habían quejado de maltrato en los Centros Zonales del Norte de Bucaramanga, tales como el puesto de salud de Viilla rosa, el I.P.C. el Hospital Local del Norte.
La población del grupo 2, estuvo constituida por mujeres de la misma edad y estrato socioeconómico que estuvieran casadas o vivieran en unión libre y no sufrieran de maltrato conyugal.
Instrumentos
Los instrumentos de evaluación aplicados en esta investigación fueron entrevista estructurada, grupo focal y el 16 Pf.
Procedimiento
- Primera fase
Selección de la muestra de sujetos. Se solicitó apoyo a la trabajadoras sociales del puesto de salud de Villa rosa y del E.S.E. Hospital Local del Norte, quienes extendieron el llamado a otros Centros Zonales. Así mismo se solicitó ayuda al Instituto Nacional de Medicina legal por intermedio del perito forense, quien colaboró gentilmente proporcionando nombres de mujeres que hubieran asistido a esa dependencia por maltrato conyugal.
- Segunda fase
Al tener los nombres y teléfonos de las mujeres proporcionadas por Medicina Legal y los Centros Zonales del Norte, se procedió a hacer contacto telefónico con ellas para explicarles la investigación y darle cita a quienes estuvieran interesadas en participar.
- Tercera fase
Debido a la poca acogida e interés mostrado por las mujeres que habían sido evaluadas por Medicina Legal, quienes entre otras razones para su negativa, expusieron temor de que el cónyuge se enterara, se trabajó sólo con las mujeres procedentes de los Centros Zonales del Norte.
Posteriormente se dio paso a la aplicación de los instrumentos en el grupo 1(mujeres maltratadas), el primero fue la entrevista en profundidad, luego se aplico el 16 Pf forma C de manera colectiva. Se subdividió el grupo en cuatro subgrupos y se leyeron cada una de las preguntas, así mismo se le ayudo a marcar en la hoja de respuestas a quienes no supieran hacerlo. Está medida se adopto, debido al bajo nivel de escolaridad y cultural que tenían las mujeres que participaron en la investigación.
Finalmente se realizaron dos grupos focales a los cuales se convocaron las 20 mujeres, el nivel de asistencia fue ocho y diez mujeres respectivamente.
_____________________________ (1) La dinámica es lo que en su momento permite diferenciar a una familia de otra, en ésta se tienen en cuenta diversas variables; principalmente la relación que existe entre cada uno de los miembros de la familia, también los lazos comunicativos, las expresiones de afecto, las pautas de crianza, los castigos, manejo de autoridad y poder.
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