Para citar este artículo:
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Salcedo Serna, M. A. (2010, 18 de marzo). El ámbito de lo social en las doctrinas psicológicas esencialistas. Revista PsicologiaCientifica.com, 12(11). Disponible en:
http://www.psicologiacientifica.com/bv/psicologia-439-1-el-ambito-de-lo-social-en-las-doctrinas-psicologicas-esencia.html
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RESUMEN
Este ensayo pretende mostrar el lugar que le han concebido a lo social las posturas esencialistas de la psicología. Se ha afirmado que ninguna teoría psicológica desconoce el valor de lo social, y hasta algunas teorías tradicionales se declaran sociales. Sin embargo, se señala que la llamada revolución contextual que se da actualmente se diferencia notablemente de las posturas anteriores de la psicología por atribuir a lo social un lugar de primer orden y por adoptar una perspectiva epistemológica ternaria con respecto al conocimiento.
Palabras clave: Psicología, Esencialismo, Lo social, Revolución contextual.
Como es de suponer, estos postulados no son aceptados por parte de quienes como Paul Harris realizan lo que llaman "una defensa darwiniana de un conjunto universal de emociones de base biológica" (Harris, 2001: 101). Paul Harris afirma que las emociones son de base biológica porque considera que es universal el guión con que opera una serie de emociones básicas. En ese sentido asegura lo siguiente:
"[se equivocan quienes] hacen hincapié en la construcción social de la emoción... [dado que] la aparición de las emociones de orgullo y vergüenza y su comprensión final, no pueden derivar en su totalidad de un guión culturalmente prescrito, sino que se inician con una comprensión de emociones básicas como la felicidad, la tristeza y la ira...Los niños no tienen que comprender las normas sociales para experimentar tales emociones básicas y atribuirlas a los demás. Por tanto la vida emocional de los niños no comienza con el aprendizaje de un guión cultural; nacen con la capacidad de experimentar las emociones básicas de la tristeza, la ira y la alegría cuando un objetivo deseable se pierde, se bloquea o se consigue" (Harris, 2001:102).
Lo interesante que muestra Harris es la conexión tomada por certeza entre lo universal y lo biológico, como también entre lo relativo y lo social: si algo es universal, es, por consiguiente, biológico; si algo es relativo, es, por consiguiente, social. Basta, entonces, probar que un elemento particular es común a todos los hombres para afirmar que dicho elemento está biológicamente determinado.
Ahora bien, es claro que si descubre que ciertos factores del ser humano se originan en principios biológicos, se torna lógico creer que estos son generales a todos los miembros de la especie por poseer todos el mismo plasma sanguíneo. Igualmente, es claro que si se sostiene que los procesos mentales están ligados a los significados formados sociohistoricamente, y a los métodos trasmitidos por otros en el proceso de interacción social, se llega a un relativismo que vuelve absolutamente controvertible la búsqueda de estándares universales estrictos para ser aplicados por igual a todos los miembros de la especie. Sin embargo, el carácter reflexivo en la relación de los conceptos biología-universal y social-particular sí es discutible. De ninguna manera, de lo anterior necesariamente se desprende que lo universal, por lógica, es biológico y lo particular y relativo, por mera lógica, es social. Podría ser un hecho universal, de todas las culturas humanas conocidas, la música. Sí ello fuera así, ¿significa que la música es un arte que está biológicamente determinado, codificadas sus posibilidades a través de los genes? Suponer lo anterior implicaría que desde los genes se anticiparía lo que socialmente el hombre va a obtener en su cultura. Por ejemplo, si los humanos en el futuro, por razones desconocidas, pudieran sobrevivir al espacio exterior sin traje espacial, quien creyera que esto estaba dado por el ADN, quizás al poseer un gen que lo habilita para ello y que no ha sido elaborado por ingeniería genética, estaría señalando que desde siempre el hombre estaba programado genéticamente para ir al espacio. El don anticipa el logro cultural de ir al espacio. El don prevé que en algún momento el hombre iba ir al espacio, cuando eso es un fenómeno social no necesario.
Esta representación esencialista es la que ha conducido a que reconocidos antropólogos sostengan la idea de un 'esquema cultural universal', el cual refiere a un conjunto de instituciones identificables en todas las culturas existentes en la actualidad e igualmente en las pasadas y futuras por existir, que tienen como objetivo satisfacer los deseos y necesidades que origina esa esencia llamada naturaleza humana. En el campo de las ciencias humanas, Clyde Kluckhohn, para Geertz el más fuerte representante de la posición del consensus gentium, es célebre por haber elaborado la lista de dichas instituciones, dentro de las que cabe destacar la religión, el matrimonio, o la propiedad entre otras. Esas instituciones son "aspectos de la cultura [que] asumen sus formas específicas sólo como resultado de accidentes históricos; otros son modelados por fuerzas que propiamente pueden llamarse universales" (Kroeber, Citado por Clifford Geertz. 1987:47). La vida cultural del hombre, afirma Geertz, queda de este modo dividida en dos: una acorde con los movimientos internos newtonianos de los hombres, y otra emanada de esos movimientos. En tal concepción, las capas culturales y sociales operan con las mismas normas que determinan a lo biológico, y se suman al núcleo fisiológico y neurológico con el que nace equipado el niño. De esta manera, la biología se toma principio causal del comportamiento humano y de sus rasgos biológicos, reduciendo a un nivel secundario los mecanismos de control extrageneticos, que están fuera de su piel.
La psicología tradicional, típicamente esencialista, ha aceptado esta representación sin reparos, sin explorar, por ejemplo, si las leyes mendelianas podrían estar supeditadas a las normas sociales del grupo, de hecho, podría ser así. Los saberes, además de organizar los modos de relación que se dan entre las personas y entre la sociedad y su medio, podrían ser los que moldean el cuerpo de los individuos al utilizar a su conveniencia las leyes que rigen a lo orgánico. Las características físicas no hablan simplemente de la fisiología, sino del sistema social al que pertenece el sujeto, pues los rasgos corporales pueden reflejar la sociedad de la que proviene. Por ejemplo, no son las leyes orgánicas las que realmente explican la prevalencia que se puede dar en una población de los rasgos faciales de una raza determinada. Es el discurso en el cual fue socializada la población la que en últimas permite la comprensión de esta situación. Si el hombre es una entidad sujeta a las circunstancias sociales e históricas, cuestiones como grupos étnicos predominantes histórica y socialmente, grupos étnicos sobrevivientes, reglas morales trasmitidas, tecnologías desarrolladas, estructura social y política organizada, tipo de alimentación, exigencias de trabajo impuestas al cuerpo, habilidades esperadas por la sociedad, cuestiones todas entendibles como sociales, crean las condiciones necesarias para que ciertos rasgos físicos predominen, consecuencia directa del programa ideológico general en que son socializados los sujetos.
Conclusión
El filósofo Karl Popper promulgó una concepción epistemológica en la cual se plantea la existencia de tres mundos o universos distintos, independientes pero interconectados: "Primero, el mundo de los objetos físicos, o de los estados físicos; en segundo lugar, el mundo de los estados de conciencia o de los estados mentales o, quizá, de las disposiciones comportamentales a la acción; y en tercer lugar, el mundo de los contenidos de pensamiento objetivo, especialmente, de los pensamientos científicos y poéticos y de las obras de arte" (Popper, 1982: 106). A través de varios experimentos mentales, Popper en su conferencia "Epistemología sin sujeto cognoscente", se dedica a probar el carácter desligable que tiene el tercer universo del mundo de los objetos y del mundo de los sujetos, universo en el que habitan los símbolos, los significantes o los significados que nos son transmitidos de generación en generación a través del lenguaje.
Popper, en las líneas finales de su conferencia, define al tercer mundo como un mundo exosomático y exopsíquico, al que debemos casi todo: "... debemos al tercer mundo, [a nuestros predecesores y a la tradición creada por ellos], especialmente nuestra racionalidad -es decir, nuestra mente subjetiva, la práctica de los modos de pensar críticos y autocríticos y las disposiciones correspondientes" (Popper, 1982:142). O dicho de otra manera, "si Whorf estuviese en lo cierto, nuestra aprehensión intuitiva del tiempo -el modo que tenemos de 'ver' las relaciones temporales- dependería en parte de nuestro lenguaje y de las teorías y mitos que llevan incorporadas: nuestra propia intuición europea del tiempo tiene muchas deudas contraídas con los orígenes griegos de nuestra civilización, con su énfasis en el pensamiento discursivo" (Popper, 1982: 131).
Eso, para los intereses de los psicólogos, significa que "lo que se puede llamar segundo mundo -el mundo de la mente- se convierte cada vez más en el nexo entre el primer y el tercer mundo: todas nuestras acciones en el primer mundo están influidas por nuestra captación segundo-mundana del tercer mundo. Por eso es imposible comprender la mente humana y el ego humano sin comprender el tercer mundo (la 'mente' o 'espíritu objetivo'); y por eso es imposible interpretar sea el tercer mundo como mera expresión del segundo, sea el segundo como mero reflejo del tercero" (Popper, 1982:143). De este modo, Popper agrega a la reconocida diáda sujeto-objeto de las epistemologías científicas (y al elemento unívoco de las epistemologías paracientificas, el sujeto), un tercero, la cultura, el lenguaje
Una psicología asentada sobre una epistemología de este tenor, que toma lo simbólico como factor fundamental para comprender al hombre, que hace del significado un fenómeno social, y por consiguiente, a la mente también, es la que actualmente se está explorando desde la llamada revolución contextual. En esta nueva perspectiva psicológica, se reconoce al hombre como el animal más dependiente de los mecanismos de control extragenéticos, que están fuera de su piel, de esos programas culturales para ordenar su conducta. En otras palabras, adopta una visión que Serge Moscovici llamó psicosocial. Esta se caracteriza por una lectura ternaria de los hechos y de las relaciones humanas. El tercer aspecto corresponde a lo que Karl Popper denominó el tercer mundo, que hace referencia a la dimensión semiótica, simbólica, cultural, social, absolutamente excluida en las teorías asentadas sobre una base positivista, las cuales aspiran elaborar conocimiento de la realidad humana en forma a-contextual, a-cutural, a-histórica.
Referencias
www.PsicologiaCientifica.com