
Luís Dante Bobadilla Ramírez
Psicólogo
Facultad de Medicina Humana de la Universidad de San Martín de Porres
Lima, Perú
Para citar este artículo:
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Bobadilla Ramírez, L. D. (2009, 26 de enero). Mitos y creencias en torno a la metodología de la investigación científica en la psicología. Revista PsicologiaCientifica.com, 11(3). Disponible en:
http://www.psicologiacientifica.com/bv/psicologia-393-1-mitos-y-creencias-en-torno-a-la-metodologia-de-la-investigac.html
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RESUMEN
En la primera parte de este trabajo se analiza la relación existente entre ciencia y método, tratando de revelar las creencias irracionales que sustentan tal relación; en adición, nos ocupamos del aporte que viene prestando la psicología en el estudio de la ciencia y, luego de una crítica a algunas propuestas recientes, sugerimos algunos campos de estudio que debieran ser abordados. En la segunda parte se analizan los fundamentos racionales de lo que se entiende como psicología científica y hacemos una crítica a la psicología que se basa en las estadísticas, tanto para sustentar sus teorías como para emprender sus investigaciones, apelando a un recuento de los hechos históricos que explican su existencia pero que no la justifican. Por último, se hace una breve revisión de los postulados que exige el método científico tradicional para advertir que ellos son inadmisibles en psicología.
Palabras clave: Psicología de la ciencia, Metodología, Investigación, Racionalidad, Método científico, Estadísticas, Epistemología.
Ante lo dicho, nos parece que lo más justo sería trazar una línea
divisoria entre lo que podríamos llamar "actividad científica
propiamente dicha" y esa especie de actividad para-científica que se
realiza en los ambientes académicos, que es donde mayoritariamente se
consume y se aplica metodología. Empleando los conceptos que dejó Kuhn
hace ya casi medio siglo. Luego de un análisis histórico de la ciencia,
hoy podemos enfocar nuestra atención al escenario actual. De este modo,
veremos que en realidad las "revoluciones científicas" no suceden por
cansancio de las estructuras teóricas vigentes sino que hay una doble
existencia: una en donde las teorías se producen y se cambian guiados
por un impulso cognoscitivo, y otra donde las teorías se aprenden y se
enseñan y llegan a convertirse en mercancía educativa. Este último
ambiente es el responsable de que las teorías se mantengan vigentes,
incluso después de que fueron superadas, en tanto sigan prestando
eficientemente sus funciones sociales. Como sabemos, la teoría
heliocéntrica fue dejada de lado por varias décadas debido a que
socialmente no aportaba ningún beneficio cambiar a este modelo. Esto
mismo ocurre hoy pero de manera más intensa en los sectores académicos
proclives a apropiarse de modelos teóricos y edificar sobre ellos su
estructura cognoscitiva y su ciencia, sin interesarse por cambiarlos.
En la medida en que no están interesados en generar conocimientos sino
en difundirlos, resulta más fácil y conveniente si ellos no cambian.
Incluso están dispuestos a combatir y resistir cualquier cambio, ya que
apropiarse de nuevos conocimientos implica no sólo tiempo y esfuerzo
sino además un costo. Nadie desea ni siquiera cambiar sus diapositivas.
Todo ello hace que en estos ambientes se genere un clima hostil hacia
las nuevas teorías, especialmente si ellas atacan sus bases de
racionalidad.
Para diferenciar claramente estos dos
ambientes los llamaremos científico y para-científico. Esto significa
que hacia un lado tendremos la actividad científica libre y productora
de hallazgos y de revoluciones científicas, y en el otro lado, la
actividad paracientífica que constituye una "ciencia normal",
repetidora de conocimientos establecidos y productora de tesis y de
reportes de revistas en base a la aplicación de metodología, cuyos
aportes son, por ejemplo, estudios del tipo "la relación de A y B en
C", donde A y B son cualquier clase de cosas tomadas como "variables"
(por ejemplo los celos y la infidelidad) y C es cualquier muestra de
población, o sea, el ambiente específico donde se tomaron las
mediciones, con procedimientos e instrumentos a veces muy extraños, a
fin de "extraer" (fabricar en muchos casos) los datos que necesita el
método para adquirir su sentido racional matemático. Así es como se
asume lo que es ciencia en los ambientes paracientíficos. Ellos tienen
su propia concepción de lo que es ciencia, su noción de lo que es
conocimiento válido, sus valores relacionados al empirismo, su propia
idea de lo que es investigación, etc.
Para graficar mejor la idea, imaginemos los campos del conocimiento como una serie de círculos concéntricos empezando por un pequeño núcleo central en donde se concentra lo que es ciencia, alrededor de él un círculo concéntrico algo amplio en donde se reúne la paraciencia con su método científico y, finalmente, para no entrar en mayores detalles, un círculo mayor al que llamaremos la exociencia, donde hay una variedad enorme de formas cognoscitivas no necesariamente vinculadas con ni interesadas por la ciencia. Naturalmente, la cantidad de personas implicadas en cada círculo va creciendo, desde una porción muy reducida y selecta de personas al interior del núcleo, con habilidades y capacidades cognoscitivas extraordinarias, y luego una cantidad de población que va creciendo a medida que se aleja del núcleo, y que exhibe otro tipo de capacidades cognitivas cuya calidad va perdiéndose a medida que se aleja del núcleo. Es justamente en este sentido que se comprende la necesidad de recurrir a métodos en los círculos paracientíficos, ya que se trata de una población amplia y heterogénea que ha terminado en dichos círculos no por sus cualidades cognitivas especiales ni por sus intereses estrictamente cognoscitivos, sino llevados por la inercia de una dinámica social que exige a toda la sociedad una certificación universitaria para poder laborar. Por ello, resulta ingenuo esperar que esta población desarrolle de manera natural una actividad de investigación científica a menos que se le proporcione métodos y toda una gama de conceptos utilitarios ya predefinidos. En general, es necesario comprender que en cada uno de estos ambientes definidos por los círculos concéntricos cognoscitivos que se expanden alrededor del núcleo central de la ciencia existen:
1. Conocimientos específicos que se van haciendo más generales a medida que se alejan del núcleo central de la ciencia.
2. Concepciones y valores acerca del conocimiento.
3. Concepciones acerca de las formas de obtener conocimiento.
4. Diversos grados de libertad en las acciones orientadas a obtener conocimientos.
5. Capacidades para realizar procesos orientados a obtener conocimientos.
6. Actitudes personales y sociales hacia el conocimiento en general.
7. Intereses personales y sociales por cada clase de conocimiento.
La psicología bien podría ocuparse del estudio de todos estos aspectos, pero por lo menos de los dos últimos. Sin embargo, no se ha interesado por ninguno. En los últimos tiempos, han surgido disciplinas como la "psicología social de la ciencia", la "psicología cognitiva de la ciencia" o simplemente "psicología de la ciencia" pero lo han hecho para ocuparse de aspectos insulsos como la personalidad del científico, la creatividad, las estrategias de solución de problemas, etc. Rubén Ardila (2005) ha dicho, en su reciente libro La ciencia y los científicos, algo que parece poco inteligible:
"el objetivo de la psicología de la ciencia consiste en descubrir las contribuciones específicas de la disciplina psicológica a la mejor comprensión de la ciencia. Su unidad de análisis es el científico individual en el contexto social". Es decir, la "psicología de la ciencia" no sería nada nuevo ni diferente sino apenas la simple aplicación de los "hallazgos y teorías de la psicología como disciplina". Además, su foco de estudio no sería la ciencia sino la propia psicología. Parece que su primer problema será cómo determinar quién puede ser considerado un científico en cualquier contexto social. Más adelante, Ardila se pone una trampa y tropieza con ella sin darse cuenta cuando dice.
"La psicología de la ciencia reconoce, por otra parte, que en el comportamiento del científico inciden tanto factores racionales como irracionales. Las creencias científicas no siempre se producen, se adoptan, se mantienen ni se modifican por causas estrictamente racionales". (Ardila, 2005)
Visto así, la psicología de la ciencia sería una metarracionalidad capaz de discernir qué es irracional y qué no lo es al interior de la ciencia. Más aun, el psicólogo sería un científico excepcional que permanecería al margen de las creencias irracionales para poder evaluar a la ciencia, sin haberse ocupado antes de la propia psicología como ciencia. Pero hay que recordar que, según Ardila, tampoco se trata de estudiar a la ciencia sino apenas a los científicos como personas. Al final de cuentas, tal como lo plantea Ardila, la llamada "psicología de la ciencia" no pasaría de ser la psicología personal de algún científico en concreto. Por último señala su cauce ideológico y su limitación al señalar que es "empírica y sujeta a la contrastación". Si alguien se ha preguntado a estas alturas para qué puede servir una disciplina como esta, Ardila nos responde: "tiene numerosas aplicaciones en la educación de los científicos, en la organización de la comunidad científica y en la explicación del mundo psicológico de los científicos". Todo lo cual no pasa de ser, desde nuestro particular punto de vista, una simple creencia irracional.
Creo que estos ejemplos bastan para comprobar que el avance de la ciencia por descubrimientos científicos y la adquisición del conocimiento científico no depende de métodos. Tampoco se puede confundir y exagerar el papel del azar como hacen algunos defensores de la metodología al sugerir que es imposible que un vendedor de periódicos descubra por azar la teoría de la relatividad. Esta clase de razonamiento, lejos de confrontar las ideas que tratan de confrontar, lo único que hace es desprestigiar la inteligencia de quien la profiere. Algunos autores, en su afán de defender la estructura racional paracientífica sin alcanzar la necesaria estatura intelectual ni conocer bien de epistemología, han llegado incluso a burlarse de Feyerabend, jugando como juglares con la frase "todo vale". Lógicamente, esa no es la clase de descubrimientos que se hacen por azar. Es obvio que no es el azar el que dirige el afán cognoscitivo. Lo que se trata de entender es que mientras sigamos buscando el saber regidos por los preceptos del método, nunca haremos ningún descubrimiento ni por azar. Lo máximo que podemos hacer es confirmar o rechazar unas hipótesis que se plantean bajo los cánones de una racionalidad dada, para un experimento diseñado dentro de los mismos esquemas de racionalidad, todo lo cual viene predefinido por la metarracionalidad del método. Para descubrir algo necesitamos escapar de ella, pues de lo contrario no lo podríamos reconocer ni aunque lo estuviéramos viendo.
Muchas veces, la oportunidad para descubrir sucede por azar; de pronto la realidad nos sorprende, y es entonces cuando debemos emprender una reorganización cognitiva a fin de comprender el fenómeno, o el prodigio del conocimiento no tendrá lugar. Nada de esto sucede si transitamos dentro de la metarracionalidad de un método que orienta nuestro accionar y razonar, pues ella nos dictará la clase de cosas que debemos buscar y cómo entenderlo. Los fenómenos pasarán de largo como han pasado durante miles de años a la vista de todos, hasta que alguien tuviera las condiciones para lograr el conocimiento, es decir, alguien con las capacidades del núcleo central de la ciencia, capaz de escapar a la metarracionalidad prevaleciente y fundar un nuevo saber a través de un cambio urgente de su racionalidad. Fueron los casos de Darwin y Einstein, por ejemplo. Sería una excelente ayuda remitirse a la amplia bibliografía existente sobre la actividad científica. Véase, por ejemplo, la detallada narración de John Gribbin (1986) sobre el descubrimiento de la molécula del ADN o mejor aún, su formidable Historia de la Ciencia.
El hecho es que basándonos en la objetividad de los acontecimientos históricos de la ciencia, no hay nada que pueda llevarnos a una conclusión cercana siquiera a la idea prevaleciente hoy de ciencia como "el conocimiento que se logra por aplicación del método". Nosotros vamos a asumir el concepto de ciencia como el conocimiento que surge por observación y razonamiento antes que por la simple aplicación de un método. De tal modo, queda hecha la línea que separa a un lado la ciencia verdadera, aquella donde el conocimiento surge por la observación, el libre pensar y, sobre todo, la disposición a cambiar las formas de racionalidad, con una actividad inquisidora persistente sobre la realidad y orientando dicha actividad de manera intuitiva e incluso azarosa; y al otro lado la paraciencia, predominante en los ambientes académicos, regido por un pensamiento congelado que se limita a la aplicación rutinaria de teorías y métodos consagrados como dogmas, y donde la "investigación científica" se limita a establecer correlaciones matemáticas entre variables. Sin emplear los mismos fundamentos distintivos, pero acercándose hacia la misma perspectiva, Francisco Covarrubias ha hecho la siguiente diferenciación:
"Se observa, e. g., que la mayoría de los defensores rabiosos de determinados métodos de investigación jamás han empleado método alguno porque nunca han hecho investigación concreta que no sea la de interpretar cómo investigan los demás". (Covarrubias, 2007). Y más adelante aclara:
"En los procesos de investigación los científicos van generando técnicas, procedimientos y estrategias metodológicas para construir conocimientos, que los hace centrar su atención en el descubrimiento de la lógica ontológica de los objetos reales aludidos y no en el método seguido para lograrlo" (Covarrubias, 2007).
Es verdad que los científicos del núcleo central nunca se ocupan de metodologías. Esto no quiere decir que no construyan sus métodos y estrategias y que no manejen sus instrumentos. Y esto es algo que ya deberían saberlo en la psicología de la ciencia, si no se ocuparan de cosas insulsas como los "rasgos de personalidad del científico" y cosas por el estilo. Se trata de evaluar y reconocer las actitudes, valores, estructuras racionales y presiones sociales del hombre de ciencia como de los otros participantes del escenario científico. Ya antes hemos señalado los tópicos que deberían ser del interés de una psicología de la ciencia, y estas van más allá de ocuparse de rasgos, lo que vemos como una tarea que no conduce a nada, a menos que se pretenda que la psicología señale quién califica como científico en base a un perfil de personalidad. Si ello no va a ocurrir, sería mejor que se olviden del estudio de rasgos. Como contribución y ejemplo de una psicología de la ciencia, Covarrubias ha hecho algunas observaciones muy interesantes para comprender la actuación no sólo del científico sino del epistemólogo y del metodólogo:
"La reflexión epistemológica exige una personalidad irreverente, hipercrítica y aguda que conduce, la mayoría de las veces, a la constitución de sujetos soberbios e intolerantes a las críticas de los demás. (…) El metodólogo, en cambio, es mucho más modesto que el epistemólogo pero, al igual que éste, casi siempre se encuentra muy alejado de las prácticas investigadoras concretas, por lo que se basa más en las explicaciones que dan los científicos de cómo investigan, que en experiencias personales al respecto. Pero no siempre los científicos hacen realmente sus investigaciones como dicen que las realizan, no porque mientan deliberadamente, sino porque como su formación epistemológica se dio exclusivamente en la racionalidad de una teoría determinada, no siempre pueden identificar su filiación teórica y las implicaciones lógicas de su práctica investigadora. Por esto es por lo que, muchas de las veces, por partir de supuestos falsos se realizan grandes constructos metodológicos erróneos, como es el caso del método hipotético-deductivo".
"El estudio de las estructuras metodológicas requiere de personalidades sistematizantes, meticulosas y pulcras que conducen, muchas de las veces, a la constitución de sujetos apocados, mecanicistas, obsesionados por el procedimiento y el formato, y con alcances intelectuales muy reducidos. (…) Así, se observan pilas de obras de un sólo metodólogo con títulos diferentes pero que dicen lo mismo, aunque presuman de estar referidas a prácticas disciplinarias científicas distintas. Esta centración en la sistematización de lo tecno-procedimental de la práctica constructora de conocimiento, impide la percepción de la ubicación de esas prácticas en la lógica de la investigación científica y su filiación a los grandes corpus teóricos. Podría tratarse incluso, en algunos de los casos, de estar cerca de un gran descubrimiento científico pero, la centración intelectual en la práctica investigadora impide su percepción".
"El científico especializado sabe mucho de poco y su centración en el conocimiento específico llega al detalle, tanto en lo que a conocimiento generado se refiere, como a las maneras en las que fue generado. Sin embargo, la ausencia de una concepción totalizadora le impide la vinculación de la lógica ontológica de su objeto con una concepción ontológica abstracta y de las técnicas y procedimientos de investigación utilizados por él, con una concepción epistemológica general, lo cual impide el diseño de nuevas estrategias metodológicas y la construcción de teorizaciones con logicidades distintas, colocando la práctica investigadora en la continuación permanente del ejercicio de una misma lógica, cerrada a toda posibilidad de rupturas o incorporaciones de nuevas formas o contenidos ónticos y epistémicos propios de racionalidades distintas a la asumida acríticamente" (Covarrubias, 2007).
Adicionalmente a esfuerzos comprensivos de este tipo, la psicología de
la ciencia debería ocuparse no del científico como persona, tal como
equivocadamente se ha planteado, sino del científico como agente
cognitivo y también de todos los participantes en cada uno de los
segmentos vinculados a la ciencia, por ejemplo, los que existen en el
ambiente académico. La ciencia no es un club campestre donde podemos
ocuparnos de la personalidad de sus miembros, la ciencia es un concepto
abstracto que alude a una actividad cognitiva superior de cierta clase
de personas excepcionales, de quienes sólo es relevante su actividad
cognitiva y ningún otro aspecto de su vida personal. La ciencia tampoco
es una actividad cultural masiva, como se asume en los ambientes
universitarios. La ciencia actúa como factor modelador con efectos
directos e indirectos sobre cada segmento social, y en cada uno de
ellos se manejan diferentes concepciones y actitudes hacia ella.
De
manera que hacer un estudio social sobre la ciencia no puede considerar
bajo los mismos términos todos y cada uno de los segmentos sociales,
como equivocadamente se plantea, siguiendo por seguir las
prescripciones del método general. Es necesario hacer distinciones
cualitativas. En otras palabras, debemos detenernos a pensar cómo
podemos entender lo que deseamos entender. Eso es actuar
científicamente. Debemos ahora revisar las concepciones cientificistas
debido a que ellas interfieren con lo que debiera ser el desarrollo
natural de la psicología como esfuerzo cognoscitivo orientado al
estudio y comprensión del ser humano y sus sociedades. Curiosamente, la
psicología, lejos de ocuparse de estudiar previamente estas formas
cognoscitivas lo que ha hecho es regirse por ellas. El estudio de las
formas de pensamiento ha sido dejado de lado por la psicología. No es
de extrañar entonces que desde otras disciplinas nos reorienten la
actividad.
Los mitos de la metodología
El discurso metodológico gira en torno de una serie de presupuestos que actúan como conocimientos a priori. La primera idea que subyace detrás del método es que la realidad está gobernada por leyes universales en cada segmento de su naturaleza infinita y compleja. La finalidad del método sería, entonces, descubrir cada ley de causalidad, y añadirla al repertorio de leyes científicas que permiten la predicción de todo acontecer futuro, el cual es, a su vez, el fin supremo y el sentido de la ciencia. Lo cierto es que no existe nada en la realidad que pueda solventar semejantes presupuestos. La inducción estudiada por Hume con base en las creencias por repetición de los hechos, no es más que un mito, como lo dejó entrever Popper al aclarar que su naturaleza es básicamente psicológica y se deriva de una necesidad humana de seguridad. Así lo señala el mismo Popper cuando nos comenta:
"Primero en animales y niños y luego en adultos, observé la necesidad inmensamente poderosa de regularidades -la necesidad que les hace buscar regularidades, que les hace verlas incluso donde no las hay, que les hace aferrarse dogmáticamente a sus expectativas, y que los hace desgraciados si se derrumban ciertas regularidades supuestas, pudiendo llevarlos a la desesperación y al borde de la locura… La necesidad que lleva a intentar imponer tales regularidades al medio es claramente innata, basada en impulsos e instintos" (Popper, 1972).
Y en un profundo análisis psicológico Popper advierte que dichas "regularidades" pueden surgir como expectativa incluso antes de la percepción de repeticiones. Es la clase de necesidades que nos hacen preguntarles a los "expertos" cosas como ¿Qué ocurre con los niños cuando los padres se separan? ¿Qué debe hacer la esposa ante una infidelidad? Pero también explica la propensión a dar respuestas para esta clase de inquietudes humanas. Sin duda, no podemos esperar otra cosa de una metarracionalidad que nos impone como base de nuestra racionalidad la existencia de regularidades que deben ser capturadas en una "ley de causalidad". En su crítica a esa clase de razonamientos, Kant advirtió que eran los hombres los que imponían sus leyes a la naturaleza y no a la inversa. Esto, de hecho, no ha cambiado. En el trasfondo parecen subsistir dos factores que alientan esta actitud: por un lado, la necesidad de seguridad, el deseo de contar con el conocimiento que asegura que mañana será igual que hoy, y por otro, el prejuicio religioso que deriva de la lógica de Santo Tomas de Aquino para quién todo tiene una causa y la causa primera de todo es Dios. Los creyentes ciertamente creen en causas, aunque esta sea sólo la voluntad divina, en tanto, aunque sea inconscientemente o involuntariamente, hacen una ciencia que concuerda con sus más profundas creencias, por lo que la ciencia que se maneja en tales ambientes y todos sus conceptos, están mezclados con la racionalidad religiosa del medio social. Por el contrario, como se ha visto a lo largo de la historia, la ciencia verdadera llega a confrontarse con la fe y con casi todas las creencias populares.
Obviamente, los humanos podemos asumir como seguro una regularidad que ha durado algunos millones de años. Por ejemplo, las rocas no han cambiado desde hace mucho tiempo y esperamos que continúen así por algún tiempo más, aunque Popper (1972) nos advierta que "es perfectamente factible que el universo, tal como lo conocemos, se desintegre en el minuto siguiente". Pero no podríamos vivir con esta clase de incertidumbres; por ello, hemos desarrollado cierto grado de confianza y seguridad sobre nuestro mundo conocido inmediato. Esto es lo que nos permite una clase de conocimientos confiables que, aunque temporales geológicamente hablando, a una escala humana del tiempo son suficientes para nosotros. Con este tipo de seguridad podemos trazar la ruta para un viaje espacial, siempre que no tarde mucho y no vaya muy lejos. Pero dicha seguridad no es algo que podamos trasladar a todos los escenarios de la realidad, y menos a los de la vida humana misma, sea individual o en sociedades. La lógica de apropiación del conocimiento debe variar necesariamente, pues ya no es factible contar con ninguna clase de regularidad a una escala humana del tiempo. En el transcurso de la existencia humana muchas cosas pueden parecer iguales pero nunca son las mismas. Los intentos por descubrir ciclos han fracasado sin excepción. De hecho, hay ciclos pero no regularidades. Los ciclos nunca son los mismos, ni en el aspecto geológico ni en el económico. La naturaleza de la realidad humana tampoco es unívoca sino que tiene diversos aspectos, incluso contradictorios y paradójicos.
De otro lado, si en la física se han hallado fenómenos que tienen una naturaleza dual, en la psicología no puede suceder menos ya que los fenómenos psicológicos cargan con una variedad simultánea de aspectos intrínsecos como son los cognitivos, emotivos, conativos, etc. Gracias a esto, hoy sabemos que fue un error considerar que la inteligencia era sólo una cuestión cognitiva y que sólo ella podía determinar el éxito en la vida. Si hubo algunos que criticaron el "pensamiento discontinuo" refiriéndose a asumir las cosas como divididas entre blanco y negro, sin considerar los variados tonos del gris, hoy debemos criticar a los que consideran que un fenómeno humano puede ser tan sólo de una naturaleza y plantear su estudio y comprensión en tales términos.
Hemos pasado de la necesidad de superar el pensamiento discontinuo a la necesidad de configurar pensamientos abiertos, capaces de admitir múltiples esencias en un mismo fenómeno y no fundar su ciencia y saber en puras relaciones de causalidad directa sobre una realidad unívoca y homogénea. Por tanto, cualquier método que se pretenda en la psicología debería garantizar la posibilidad de abordar el objeto del conocimiento desde múltiples perspectivas y abstenerse de ofrecer una ontología anticipada del fenómeno y de los formatos del conocimiento, menos aun emplear el sentido de que es un conocimiento el establecimiento de una relación de causalidad en base a una probabilidad calculada por repetición de eventos.
La concepción empirista de la ciencia, así como lo que se considera "metodología de la investigación científica" está estructurada alrededor de una única estrategia de conocimiento que la confina a un determinado tipo de objetos y de escenarios donde dicha lógica resulta aplicable, y la excluye de los demás escenarios en los que ella resulta inaplicable, como por ejemplo, las galaxias remotas, la historia, las partículas subatómicas, las experiencias subjetivas humanas, así como el amplio campo de la conciencia, y otros donde las exigencias del empirismo no sólo entran en conflicto sino que resultan absurdas.
La estadística como fundamento de la psicología
Una porción nada despreciable de la psicología se ha construido bajo parámetros estadísticos, con la confianza de que las matemáticas ayudarán a descubrir las relaciones de causalidad que gobiernan el mundo de los humanos, con la misma seguridad que se tiene en las leyes que rigen las supuestas regularidades del universo. Se necesita estar liberado de la racionalidad cientificista para sorprenderse de tal suposición, ya que, incluso a simple vista, la vida de los seres humanos no parece andar regida por ninguna ley, ni siquiera humana.
Un estudio de la historia de la humanidad, para cualquiera que desee revisarla, permite apreciar una larga secuencia de acontecimientos fortuitos, coincidencias, caprichos personales, reacciones emocionales y hasta decisiones estúpidas que fueron cambiando el curso de la humanidad y configurando lo que es hoy nuestro presente. Exactamente lo mismo ocurre en la biografía de cualquier persona. De hecho, la psicología podría haberse ahorrado varios papelones históricos y haberse estructurado mucho mejor como ciencia, si hubiera partido del estudio de la evolución humana y de la historia de la humanidad como proceso de construcción de sus sociedades, de sus sistemas cognitivos, de sus fundamentos de racionalidad y de existencia, en lugar de basarse en correlaciones estadísticas. El desarrollo de la historia de la humanidad en cualquier escenario social, así como el de la biografía de cualquier persona, nunca ha seguido una línea de causas y efectos lógicamente encadenados de manera inevitable, al punto de que si las repitiéramos diez veces, en todas ellas volvieran a darse en la misma secuencia todos y cada uno de los hechos, como en una película grabada.
La vida y la realidad toda no son así. Muchos confunden lo que es una simple secuencia de hechos con causalidad. El hecho de que un evento E siga a uno K no significa causalidad de K respecto de E. Existían posibilidades E1, E2, E3, etc. La ocurrencia de un evento E no se explica sólo por la precedencia de K sino por una concurrencia eventual de diversos factores que sumados en un momento dado hicieron posible la ocurrencia de una forma de E. Esto hace que no podamos considerar que ante la sola ocurrencia de K volverá a producirse exactamente el mismo evento E, ya que desconocemos qué otros factores estarán presentes en una circunstancia específica ni qué papel jugarán. En la medida en que nos desplacemos hacia el estudio de eventos de mayor complejidad, mayor será la distancia causal entre E y el precedente K. Para eventos simples la causalidad aparece como algo directo. Esto ocurre a escalas biológicas o moleculares, pero a escalas superiores de complejidad la relación de causalidad directa desaparece, siendo indispensable ampliar la cobertura de factores concurrentes. A esta escala, antes de ocuparnos de la búsqueda de causalidades, lo que debemos hacer es investigar la dinámica de los factores concurrentes identificables en el fenómeno. Por ello, la vida humana resulta en gran parte imprevisible y cualquier psicología causalista resulta una impostura poco científica, aunque paradójicamente se sientan más científicos.
Como hemos visto, la historia particular de la ciencia tampoco es una secuencia lógica de causas y efectos necesariamente encadenados sino que está rodeada de eventos sorpresivos y casuales, de intereses particulares y de las necesidades repentinas de una cierta época. El mundo que hoy conocemos podría haber sido de cualquier otra manera. No existe ninguna justificación racional que explique la necesidad de que el mundo sea como lo es hoy. No hay razón alguna para que el teclado tenga la disposición QWERTY de las teclas, por ejemplo. Son infinitas las posibilidades para que este mundo pudiera haber sido completamente diferente y, también, la posibilidad de que la psicología pudiera haber seguido otra secuencia de desarrollo y ser hoy algo bastante distinto de lo que es. Sólo como ejercicio teórico, cambiemos un hecho de la historia. Se cuenta que Constantino soñó con una cruz y con una voz que le decía "con ella vencerás". Impresionado por esto, antes de la batalla del puente Milvio mandó pintar una cruz en los escudos de sus guerreros. Eventualmente, le fue bien en la batalla. Después de derrotar a Majencio y conseguir el poder de Occidente, siguiendo la mentalidad causalista natural del pensamiento humano, atribuyó su triunfo a la cruz de los cristianos y cambió la tradición de los emperadores romanos, especializados en masacrar cristianos, y los admitió en la sociedad. Publicó el Edicto de Milán gracias al cual los cristianos, que eran apenas el 10% de la población, acabaron dominando Roma y luego todo Occidente, llegando incluso a América. Ahora bien, supongamos que Constantino no hubiese tenido dicho sueño o no hubiese ganado sus batallas, o no hubiera atribuido su triunfo a la cruz bajo un criterio más sensato y realista. ¿Cómo habría cambiado la historia y cómo se habría configurado nuestro mundo actual sin los cristianos?
En conclusión, tomar como referencia la actual realidad social para desarrollar una racionalidad puede inducirnos a un error lógico de principio. ¿Qué racionalidad gobierna al mundo? ¿Qué racionalidad dirige la construcción social del idioma y su evolución a lo largo del tiempo? ¿Qué racionalidad gobierna la moda, la música, el arte e incluso a la misma ciencia? Del mismo modo, tomar como válida la racionalidad que prima en la psicología, principalmente en ese segmento de la psicología fundamentada en la psicometría, no hace más que inducirnos a tomar por válido algo que pudiera ser el resultado fortuito de una serie de acontecimientos azarosos en el desarrollo de la psicología. Es válido en consecuencia preguntarnos ¿qué racionalidad prima en la psicometría y cuál es el origen de ella? Vale la pena hacer un recorrido histórico. Acaso podríamos advertir que los principios normativos de la ciencia psicológica de naturaleza psicométrica descansan en la irracionalidad, luego de analizar cómo se construyó lo que se asume hoy por racionalidad psicométrica.
Uno de los errores más frecuentes de la psicología del último siglo ha sido tomar por válidos los conceptos vigentes y seguir desarrollándolos. Si retrocedemos en la historia de los desarrollos teóricos de la psicología, terminaremos encontrándonos con que se han estado desarrollando teorías científicas para conceptos vulgares (Ortiz,1999). Es el caso, por ejemplo, de la inteligencia y la personalidad. Si contamos, las teorías en ambos campos cabe la impresión de que exceden el medio centenar, aunque han prevalecido menos de una docena más por la fe y la actitud de sus seguidores que por la certeza de sus enunciados. Además está el hecho de que algunas teorías se han adaptado muy bien a los buenos negocios, tanto en el campo editorial para la autoayuda como en el del entrenamiento y formación de capacidades. Al margen de ello, este afán de la psicología de emprender el estudio de ciertas "cosas" obedece más a un defecto del pensamiento humano que a un fundamento o necesidad estrictamente científico.
El error se conoce como "reificación". (Gould, 1984), y se debe a una característica natural del pensamiento de los humanos consistente en creer que todo lo que tiene un nombre en el idioma existe como entidad real, es decir, es una "cosa", al extremo que puede ser incluso medido. La reificación es necesaria para adaptar las abstracciones del pensamiento superior al razonamiento primitivo de origen animal, tal como lo explica la teoría dual de procesamiento mental (Fuentes,1995). Los hombres cosificamos muchas cosas para razonar. Cosificamos a Dios, a los países, hablamos de la "lucha contra la pobreza" o "contra el SIDA" como si se tratara de objetos o monstruos con vida propia a los que podemos tocar, derribar y matar. Es así cómo la psicología ha venido estudiando y midiendo "cosas" que a priori se dan por existentes y "probando" su existencia con matemáticas. Por ello decía Boring que la inteligencia "es eso que miden las pruebas de inteligencia. (Anastasi, 1977)". Este error de reificación fue cometido por entusiastas estadísticos que emprendieron la elaboración de intrincados modelos matemáticos para demostrar la existencia de tales "cosas" que bien podrían pasar por fantasmas de la imaginación. Algunos de los más famosos estadísticos-psicólogos, estudiosos de la inteligencia, fueron precisamente Spearman, cuya mayor contribución a la humanidad ha sido su coeficiente de correlación, y Thurstone cuyo legado a la psicología fue su análisis factorial.
Resulta sumamente curioso ver que la inteligencia -sea lo que fuere- se haya intentado estudiar a través de cálculos matemáticos. Lo cierto es que al final de todos estos esfuerzos matemáticos no se ha logrado mucho más que acumular una buena cantidad de curiosas teorías sin llegar a entender lo que es la inteligencia. Además uno podría preguntarse legítimamente porqué la inteligencia ha sido motivo de estudio y no, por ejemplo, el criterio, la estupidez, la imaginación o el amor. Es una pregunta válida, y su respuesta, si la buscamos, nos ofrecerá más sorpresas. Deberíamos averiguar cómo es que la estadística terminó convertida en fundamento de la psicología, ya que esto, visto desde nuestra perspectiva al menos, constituye una de las anécdotas más curiosas con que la historia de la humanidad nos sorprende y fascina.
Si retrocedemos en la historia de la psicometría, saltando de autor en autor como si fueran las tablas de la ruta del tren, llegaremos inevitablemente a Sir Francis Galton. Fue este personaje quien abrió las zanjas y edificó las bases de lo que luego sería el largo trayecto del estudio matemático de los aspectos humanos. Así que bien valdría la pena ocuparnos un poco de él. Sir Francis Galton (1822, 1911) fue, si cabe, una versión exagerada de José Arcadio Buendía. Su biografía es una de las más sorprendentes que existen y supera la imaginación más delirante de la literatura. Sus biógrafos no dudan en señalarlo como "estadístico y psicólogo", entre otras cosas, pues en realidad tuvo una larga lista de ocupaciones. No hay prácticamente nada que Galton no hubiera intentado acometer como estudio supuestamente científico gracias a su frondosa e irrefrenable inquietud. Tenía una obsesión casi patológica por las matemáticas y todo lo que emprendía lo hacía matemáticamente. Contaba y medía todo lo que se le cruzaba en su camino. Entre las cosas que hizo podemos reseñar que estudió medicina, exploró el África, en donde pretendió hacer una medición de las nalgas de las mujeres como primer intento clasificatorio del género humano. Más adelante se ocupó de la meteorología sobre la que publicó un libro. Profundamente influenciado por la teoría de Darwin incursionó en la biología y la antropología, para acabar en algo que, a falta de mejor nombre, desde entonces empezó a llamarse también psicología. Galton vivió para demostrar que existían leyes en la herencia genética que podían demostrarse matemáticamente. Fundador de lo que se conoce hoy como eugenesia, o la mejora de la raza humana. Midió y pesó a miles de personas para correlacionar sus rasgos variables. Fue quien introdujo los conceptos de media, regresión, variable y correlación, que hoy se usan aunque con conceptos distintos. Se sabe que contrató los servicios del matemático Karl Pearson, creador luego del famoso coeficiente de correlación que lleva su nombre. Uno de los estudios estadísticos de Galton que hoy nos resultan más curiosos fue el de la eficacia de las oraciones, que pretendía correlacionar la cantidad de oraciones con la edad en que morían los creyentes. Después de todo, se puede contar, medir y correlacionar cualquier cosa. Y como esa, hay una larga lista de extravagancias matemáticas desarrolladas por Galton, cuya mención sería un tanto necia. Todo ello conduce a confirmar que se trata de un personaje que vivía precariamente en la frontera entre la genialidad y la locura, lo que no impide que haya hecho algunos aportes útiles como el empleo de las huellas dactilares. Aun cuando haya tenido la inteligencia para emplear las matemáticas la mayoría de sus empresas no pasaron de ser meras curiosidades a veces absurdas. Cuenta con más de 300 publicaciones "científicas" en varios campos. Estuvo empeñado en demostrar que existían razas superiores, por ello su deseo de probar que la inteligencia era un rasgo genético lo llevó a iniciar sus estudios en este campo. De todo lo que hizo quedó su afán por la demostración matemática de la existencia de la inteligencia. En esta empresa se embarcaron luego algunas de las mentes más brillantes que ha dado la humanidad, entre ellos Fisher además de los ya nombrados Pearson y Spearman. De modo que fue Galton el iniciador de esta larga tarea, a quien se le considera nada menos que el "padre de la psicología diferencial". Finalmente se le encontraron mejores usos a la estadística y hoy es fundamental para cierto tipo de estudios y de aplicaciones tan importantes como el control de calidad industrial y en muchas otras áreas como la agricultura. Ciertamente no ha desaparecido de la escena el segmento psicológico que aun persevera en demostrar matemáticamente la existencia de la inteligencia y otras cosas.
Pero no culpemos a la historia sino a la costumbre antropológica de validar nuestra realidad, confiar en ella y seguirla. En el mundo encontramos muchas cosas (teorías, conceptos, principios) que son el producto de una gran variedad de circunstancias y cuyo origen pasa desapercibido, pero que son asumidos como fundamentos de la realidad, y sobre ellas erigimos el puente que nos llevará hacia el futuro. Así es como se construye la historia. Si no tenemos el cuidado de analizar su origen y su grado de racionalidad, corremos el riesgo de edificar una estructura teórica basada en las alucinaciones de alguien, tan sólo porque nos ofrece alguna utilidad práctica (económica por ejemplo) o nos resultan subyugantes porque coinciden con nuestra fe o algo así, de lo cual no somos muy conscientes. Hoy deberíamos revisar el papel social que juega la psicología diferencial, pues lejos de contribuir al entendimiento del ser humano se ha constituido en instrumento predilecto de discriminación, dominación y alienación (Ortiz,1999). Uno de los papeles sociales más discutidos de la psicometría en estos días es su función como instrumento de selección de los candidatos a puestos laborales, procesos en los que nadie parece advertir que haya mucha ciencia a la hora de eliminar candidatos.
El método científico en la psicología
Aunque últimamente la metodología ha incorporado versiones "cualitativas", en este texto nos hemos referido a la versión estadística clásica, que por lo demás sigue siendo la predominante y la que se prescribe en primer lugar para cualquier tarea de investigación, incluso en psicología. Por tanto debemos ocuparnos de establecer de manera clara qué tipo de conocimiento nos ofrece esta técnica. En primer lugar hay que reconocer abiertamente que este tipo de investigación nos ofrece un tipo de conocimiento que resulta ser de una pobreza extrema, ya que apenas alcanza para establecer una relación entre un tipo de personas P y un evento E, o entre dos eventos en una población. Su única justificación es la de probar una supuesta causalidad, pero no nos ofrece explicación alguna sobre el tipo de relación ni su razón de ser. Por lo demás, ni aun este conocimiento queda libre de irregularidades. Por ejemplo, para emplear el método científico deberíamos asumir:
1. Que es factible y válido seleccionar y abordar algunos "hechos objetivos" para el estudio de determinados fenómenos psicológicos intrínsecos. De primera instancia nos enfrentamos ante la dificultad de tener que justificar porqué y de qué manera es posible vincular ciertos "hechos objetivos" con fenómenos psicológicos internos.
2. Que es factible hallar una "muestra representativa" de población desde el punto de vista psicológico, y que dicha muestra es también representativa para el fenómeno a estudiar. En todo caso, debemos prejuzgar subjetivamente dónde obtener la muestra. A menudo lo que deseamos estudiar son ciertas características que sabemos que no son universales sino que corresponden sólo a un segmento, pero es imposible de determinar dicho segmento ya que las técnicas de muestreo estadísticas cuentan con que el universo es básicamente homogéneo. Sabemos que la distribución de la población no es homogénea en ningún sentido. Y para muchos de los estudios que emprendemos, resulta fundamental establecer las diferencias cualitativas que existen en la población, antes de proceder a un método de muestreo que se basa en una "muestra representativa" cuantitativamente hablando.
3. Que es posible obtener "datos" acerca de un fenómeno psicológico tal como si se tratara de un fenómeno físico, lo que a su vez implica aceptar que se puede medir un fenómeno subjetivo tal como si se tratara de cualquier objeto de la realidad física. Es decir, debemos aceptar a priori que es perfectamente posible efectuar semejante transmutación y convertir en cuantitativo lo cualitativo y en objetivo lo subjetivo. Así de simple.
4. Que -salvando todo lo anterior- el instrumento de medición empleado para obtener los datos es aplicable a nuestra muestra, es decir, que existe una correspondencia directa y válida entre la muestra representativa empleada para elaborar el instrumento (y la escala), con la que se obtuvo para aplicarlo, pues en caso contrario una correlación entre ambas resultaría inapropiada. Sin embargo, es conocido por todos que la mayoría de los instrumentos de medición empleados en la psicometría con propósitos de obtener datos para el empleo del método científico no están ni validados ni estandarizados en el medio en el que se emplean. Muchos de ellos incluso tienen ítems redactados en un lenguaje que el evaluado no comprende.
5. Que el instrumento de medición mida efectivamente lo que se supone que se desea medir, es decir, tenga validez. El primer problema con cualquier instrumento empleado es que ellos mismos construyen sus criterios de validez y prueban que miden lo que desean medir sin saber siquiera explicar qué es eso que "miden". El caso más típico es el de "inteligencia" y "personalidad", conceptos que la psicología ya ha tenido que asumirlas por defecto histórico, pero hay cosas aun peores como "motivación" o "estrés psicológico" y otros de los que nadie sabe exactamente qué son, y se asumen como si se trataran de "cosas" que existen como una bacteria que puede ser localizada, medida y manipulada, por lo que a menudo debemos basarnos en instrumentos que aunque tengan una supuesta validez estadísticamente probada, se basan en una teoría ontológica que no tiene ninguna validez.
6. Que es factible reducir la extrema complejidad de la existencia humana, o alguna porción elegida de ella, al estudio de la relación de algunas variables, generalmente dos. Lo que presupone que es factible aislar sólo dos variables entre toda la complejidad que tiene la existencia humana, y explicar un fenómeno sobre la base de solo dichas variables mágicamente aisladas del resto del universo. Esto es de un optimismo tan extremo que realmente no se sustenta en nada.
7. Que las variables sólo pueden ser variables externas, visibles y necesariamente medibles, y por tanto susceptibles a la manipulación. De modo que no hay opción para variables intrínsecas, que en la naturaleza humana son las más significativas y abundantes y configuran la esencia de su ser.
8. Que es factible generalizar los resultados sin señalar ningún tipo de límite para dicha generalización en el universo total de la humanidad, independientemente de su entorno cultural y del tiempo.
Como se ve, hay demasiadas cosas que asumir a priori en el empleo del método científico estadístico en psicología. Lamentablemente no es apropiado detenernos en una argumentación más detallada de cada uno de los puntos expuestos, pero en términos generales podemos afirmar que el éxito de este "método científico" depende de dos condiciones básicas: a) Que cada uno de los elementos que componen su muestra compartan la misma cualidad, es decir, sean lo mismo; y b) que cada uno de estos elementos tenga las mismas probabilidades de exposición al fenómeno que se estudia. Y en psicología, ninguna de tales condiciones está garantizada. Además de esto, debemos someternos a la creencia de que todo fenómeno puede ser estudiado cabalmente sólo a partir de unos datos, aunque ellos tengan que ser inventados mediante instrumentos curiosos. Todo esto se deriva de la aplicación inoportuna de una racionalidad que prima en las ciencias naturales, a partir de la cual se empezó a configurar la primera versión de una psicología científica a principios del siglo XX y que algunos pretenden mantener vigente. Pedro Ortiz, nos ha advertido con meridiana claridad que resulta inapropiado erigir una psicología desde la perspectiva de las ciencias naturales y nos da sus razones.
"Tampoco creemos que el marco de las ciencias naturales sea el que explique al hombre, simplemente porque los hombres ya han dejado de ser miembros de una especie de los primates y se han transformado en personalidades miembros de una sociedad organizada a base de información social. (Evans, 2003)"
Conclusiones
La metodología se ha convertido en una metarracionalidad que nos impone una forma específica de aprendizaje, implicando en el camino varios supuestos teóricos, no siempre claramente expuestos pero asumidos a priori inconscientemente por quien se somete a ella, sin considerar otros aspectos quizá más relevantes acerca del objetivo del conocimiento, así como otras formas de acercamiento a los campos por conocer cuando estos son fenómenos y no cosas.
Debemos reconocer que los fenómenos psicológicos producidos en el transcurso de una vida humana, corresponden a planos de la realidad que difieren de los que las ciencia naturales suelen estudiar, por tanto, la psicología debe buscar nuevas formas de aproximación a sus fenómenos de estudio, que sean esencialmente diferentes de los que emplean las ciencias naturales. Los fenómenos psíquicos se nos presentan con niveles de complejidad creciente, donde las causas directas dejan su lugar a otro tipo de direccionamientos en los que el azar termina siendo un componente importante en la concurrencia de factores que resultan ser básicamente aleatorios, ya que no dependen directamente ni de la precedencia ni del sujeto, como cuando se trata de inspiración, por ejemplo, en la intervienen diversos factores del entorno. La comprensión de los fenómenos humanos debe asimilar la existencia de múltiples sistemas interactuando simultáneamente y recreando condiciones siempre nuevas e imprevisibles.
La evolución de la vida así como la historia de las sociedades y la construcción de elementos culturales, son procesos irreversibles que pueden llegar a consolidar errores como parte de su proceso natural, si es que estos son capaces de acomodarse a ciertas condiciones, y se suman a procesos autogenerativos que tienden a la defensa de sus estructuras creadas. Lo que hoy tenemos como presente y realidad en la escena mundial, en el ambiente académico y en el entorno de la psicología, es producto de esta clase de procesos y muchas de ellas carecen de justificación racional.
Lo fundamental para iniciar la construcción de una psicología más efectiva y digna del ser humano es superar el cientificismo académico y corregir las distorsiones históricas que han torcido nuestra actividad. La psicología no tendrá futuro si antes no se exonera, no se emancipa del pensamiento paracientífico que la condiciona. Es necesario corregir su estructura de racionalidad y replantear sus objetivos.
Referencias
www.PsicologiaCientifica.com