
Mayra Brea de Cabral
Psicóloga
Ph.D. en Psicología
Universidad Autónoma de Santo Domingo
Santo Domingo, República Dominicana
Para citar este artículo:
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Brea de Cabral, M. (2009, 21 de enero). La violencia en República Dominicana: Naturaleza, evolución reciente y perspectivas de control. Revista PsicologiaCientifica.com, 11(2). Disponible en:
http://www.psicologiacientifica.com/bv/psicologia-392-1-la-violencia-en-republica-dominicana-naturaleza-evolucion-re.html
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RESUMEN
El presente trabajo pretende ofrecer luz acerca de la violencia criminal y sus peculiaridades en República Dominicana en los últimos años. El fenómeno es considerado en su complejidad y en el contexto internacional. El ensayo consta de tres partes. En la primera se presentan los factores que incitan a la violencia en Latinoamérica, factores que actúan también en la República Dominicana como desencadenantes. En la segunda parte se estudia la evolución y naturaleza de la criminalidad dominicana reciente; y, en un tercer momento, se evalúa el impacto en el país del programa de Seguridad Democrática y "Barrios Seguros" llevado a efecto desde el Gobierno central para aminorar la criminalidad.
Como estudio descriptivo y analítico de fuentes estadísticas y bibliográficas, se propone responder a tres interrogantes: ¿Cuáles factores instigan o aumentan la violencia en la República Dominicana? ¿Cuál es la naturaleza y evolución reciente de la criminalidad en el país? ¿Qué salida se le ha dado al problema de la inseguridad? ¿Cuál ha sido su efectividad y cuáles perspectivas de control existen en la actualidad?
Palabras clave: Violencia, Naturaleza, Evolución, Políticas públicas preventivas, Mecanismos de contención.
Conceptualización y marco mundial de la violencia
Debido a la magnitud y los efectos que produce la violencia e inseguridad a nivel mundial, este fenómeno se ha convertido en un obstáculo para el crecimiento y desarrollo de los países (Informe del Desarrollo Humano del PNUD, 2005; Rojas Aravena, F, 2007). Organismos internacionales como la OPS y la OMS consideran a la violencia como una de las amenazas más urgentes para la salud y la seguridad pública, ya que constituye una de las principales causas de muerte en la población de 15 a 44 años de edad (Informe Mundial sobre la Violencia y la Salud, OPS/OMS, 2003 y Estadísticas de Salud de las Américas, 2006). Como problema de salud, la violencia tiene repercusiones consecuentes muy negativas tanto de orden económico, como social y psicológico.
La violencia es entendida como un fenómeno social multidimensional y multifactorial, y que amenaza la seguridad ciudadana. Suele definirse como una conducta dirigida a ocasionar daños en los individuos o grupos sociales, y/o como el ejercicio del poder o supremacía sobre otras personas a través de la fuerza física, psíquica, sexual o privativa. En muchas culturas latinoamericanas, nos encontramos con patrones de comportamiento y métodos educativos y familiares violentos, aunque frecuentemente no son percibidos como tales, porque en apariencia carecen de intencionalidad dañina, por lo que el término de violencia posee una connotación también cultural.
Existen métodos variados para diagnosticar los niveles de violencia, el más usado y que permite comparar los niveles de violencia internacionalmente son las tasas de violencia extrema -cálculos realizados del número de suicidios y de los homicidios por cada 100 mil habitantes-. La violencia también es diagnosticada mediante las múltiples estadísticas delictivas de la cantidad de robos, asaltos, delitos por reclusión, de violencia intrafamiliar, las características de los perpetradores, etc. Y, en tercer lugar, a través de la percepción subjetiva que tiene la población sobre la violencia, registrada mediante encuestas de opinión, victimización y conocimiento de la problemática.
La tabla 1 y el gráfico 1 muestran la magnitud de la violencia en el mundo y por regiones
Tabla y Gráfico No. 1 - Niveles de violencia en el mundo y por regiones

Fuente: Elaboración propia con datos del Informe de Desarrollo Humano del PNUD 2007-2008.
Como se puede observar, el promedio aritmético de las tasas de homicidio de 100 países en el mundo es de 7.9 (datos correspondientes al 2000-2004). En ese período, América Latina y el Caribe figuran como la región más violenta del mundo, superando incluso a África Subsahariana, cuya tasa de homicidio es significativamente menor (cerca de 18 para América Latina y el Caribe y 12 para África Subsahariana). De acuerdo a informaciones más recientes tomadas del Informe de Desarrollo Humano del Salvador 2007-2008 (PNUD, 2008, p. 253), considerando datos de los años 2005-2006, la tasa promedio de homicidios en América Latina y el Caribe en dicho periodo ha continuado creciendo hasta situarse en 23 homicidios por 100 mil habitantes, empeorando de este modo su situación relativa frente a las demás regiones del mundo. Entre los años 2003-2006, República Dominicana superó ampliamente las tasas promedio de la región (ver el Cuadro No. 4). Estas cifras comparativas son muy útiles para comprender la magnitud de la violencia en el país y abordar su tratamiento en el contexto mundial y regional.
Factores de violencia en América Latina y República Dominicana
Son
muchos los enfoques y factores de riesgo planteados en la literatura
académica, científica y en los informes de instituciones
internacionales competentes, que abordan la naturaleza y causas del
notable auge de la violencia y delincuencia en América Latina en las
últimas tres décadas. Autores como Fajnzylber, Lederman y Loayza
(2001); Buvinic, Morrison y Orlando (2002), y otros, así como
instituciones como la CEPAL (1998, 2006 y 2008), la OPS/OMS ((2003 y
2006), el Banco Mundial, el BID, el PNUD (2008) y FLACSO (2003, 2007),
entre otros, han contribuido con sus trabajos a mejorar el diagnóstico
sobre la problemática y a crear un marco de criterios y orientaciones
para el diseño y aplicación de políticas públicas en relación, tal como
debe ser, a la prevención de la violencia. Con base en toda esa
literatura y los estudios que hemos realizado anteriormente, se podría
agrupar en cuatro el conjunto de factores relevantes que instigan y
mantienen altos los índices de violencia y criminalidad en los países
de América Latina y el Caribe. Son estos:
a. Los mecanismos de aprendizaje de violencia (socialización).
b. Los factores socioeconómicos, sus vínculos con el ciclo económico y las políticas públicas: sociales y de orden y justicia.
c. El tráfico y uso de drogas y el alcohol.
d. La disponibilidad de armas de fuego.

a. Mecanismos de aprendizaje de la violencia (socialización)
La
violencia es aprendida en el medio familiar y social. La familia es el
núcleo donde inicialmente se adquieren las normas y los patrones
conductuales, se aprende el concepto de lo bueno y lo malo, lo
permitido o prohibido; se fortalece el autocontrol para la acción. El
niño aprende la empatía en su medio ambiente y requiere de una
estabilidad emocional, de la manifestación de afecto para asimilar las
normas de comportamiento. Innumerables estudios han demostrado que
hijos de familias desarticuladas, infuncionales, monoparentales o que
han sido criados sin el apoyo emocional en el hogar, o con problemas
disciplinarios o con falta de adecuada supervisión, son más propensos a
ser violentos desde la niñez y carecen del debido autocontrol. Se ha
encontrado que el abuso es un factor altamente predictor de la
violencia; estudios con niños abusados, o que han sido testigos de
abuso crónico de otros familiares en el hogar, tienen mayor propensión
hacia la agresividad y tienden a perpetuarse como victimarios. Los
estilos educativos autocráticos, los severos castigos de padres y
educadores son fuertes indicadores en la reproducción de violencia
durante la adolescencia y edades posteriores.
La violencia es
adquirida por imitación en el hogar, en la escuela y el vecindario,
observando inicialmente a los progenitores y familiares más cercanos
(Bandura, 1973), posteriormente imitando a las personas del vecindario
y mundo exterior. Se aprende de los modelos y ejemplos exitosos, un
ejemplo ilustrativo son los valores transmitidos tradicionalmente en
donde, a través de la educación y el trabajo como mecanismos
convencionales, se pueden lograr las metas y alcanzar el ascenso
social; sin embargo, esto normalmente no acontece en las subculturas
marginales, donde predominan otros valores y patrones de referencia que
inducen a comportamientos incompatibles con el ascenso social por
dichas vías, más frecuentemente se busca obtener dinero fácil para la
supervivencia. Recordemos en ese sentido, la solidaridad y el respeto
que logran adquirir los "jefes" y personas vinculadas al narcotráfico
de drogas en los barrios marginados, ya que son ellos los proveedores
de muchas de las necesidades de los moradores, suplidores de grandes
beneficios a sus redes y fuentes de empleo local.
Otro factor
importante en la socialización son los medios de comunicación, los que
contribuyen a convertir una sociedad en reproductora de violencia, ya
sea enalteciendo valores y conductas intolerantes, o exaltándola como
un instrumento para resolver las desavenencias. Se conoce que la
televisión insensibiliza a niños y adolescentes ante la violencia,
estimula comportamientos agresivos y los induce a encontrar fascinación
en subyugar y dominar. De esta manera, el fenómeno de la violencia se
puede convertir en un mecanismo de aprendizaje, formando parte de la
vida cotidiana.
Algunas investigaciones realizadas en los
Estados Unidos muestran la deshumanización y las percepciones
deformadas ofrecidas por los medios de comunicación, dando
justificación a los actos de violencia (Bandura y Walters, 1990) además
de proveer a jóvenes urbanos los métodos, formas y actitudes de
proceder respecto a la violencia. Eduardo Galeano (1977) afirma que
"paradójicamente la televisión suele transmitir discursos que denuncian
la plaga de la violencia urbana y exigen mano dura, mientras imparte
educación a las nuevas generaciones, derramando en cada casa océanos de
sangre y de publicidad compulsiva: en este sentido, bien podría decirse
que sus propios mensajes están confirmando su eficacia mediante el auge
de la delincuencia".
Se podría afirmar que la violencia es una muestra del fracaso de una adecuada socialización.
b. Factores socioeconómicos, ciclos económicos y políticas públicas
Son muchos los estudios que demuestran teórica y empíricamente los profundos vínculos que existen entre los factores socioeconómicos y el auge de la violencia en nuestra región. Factores como el nivel de desarrollo económico, la magnitud de la pobreza y la desigualdad del ingreso, los grados de urbanización y hacinamiento, los niveles de desempleo (sobre todo en la población joven), la inflación y la formación de los salarios reales, los niveles de educación, el capital social de las comunidades, son factores a tomar muy en cuenta junto a factores de orden y justicia que actúan como persuasivos-disuasivos o estimulantes de la violencia en determinadas circunstancias. Aún más fuertes son las relaciones entre el ciclo económico, sus fases de auge y de depresión o crisis con el aumento o reducción de la violencia, la efectividad del gasto social, el tipo de política pública (social, de orden y justicia) frente a la violencia y la delincuencia, la naturaleza de la violencia inercial y el incremento o reducción de la pobreza y desigualdad del ingreso (ver, entre otros, el trabajo de Fajnzylber, Pablo, Lederman, D, Loayza, N, 2001).
Observaciones que hemos venido realizando en nuestros más recientes estudios, ponen en evidencia también, que cuando las condiciones socioeconómicas mejoran en el país, como consecuencia de un aumento importante del PIB/Cápita, los homicidios tienden a reducir sus tasas de crecimiento o a decrecer en términos absolutos, mientras que, cuando se reduce la tasa de crecimiento o decrece el PIB/Cápita, la tasa de violencia tiende a aumentar, tal como se muestra en la siguiente tabla:

Fuente: Elaboración propia con datos del Banco Central y de la Policía Nacional
En el caso dominicano, sin embargo, las políticas públicas aplicadas durante décadas contra la violencia y la delincuencia, cuando no han sido incoherentes, han resultado ser inconsistentes. La aplicación de políticas sociales inefectivas y pro cíclicas junto a políticas desbordadas de "mano dura" han servido para aumentar excesivamente la tasa de violencia en los periodos depresivos y han sido incapaces de reducirla, como es previsible, en los periodos de auge económico.
c. Drogas y alcohol
El cuadro de violencia en su complejidad no es posible entenderlo en la región sin considerar el tráfico y consumo de drogas y alcohol y la proliferación de las armas de fuego. Las actividades relacionadas con las drogas particularmente se encuentran estrechamente vinculadas a la emisión de violencia, tanto a la de tipo criminal como a la violencia no delictiva. Nuestro país, no sólo se usa cada vez más como puente para el tráfico de drogas proveniente de Suramérica hacia Norteamérica y Europa, sino además, como mercado interno que se amplía día a día. Las actividades con drogas están penalizadas según nuestra Ley 50-88, y son consideradas también acciones ilícitas en la gran mayoría de los países vecinos. Para nadie es un secreto, sin embargo, que el tráfico y consumo de drogas han aumentado considerable y consistentemente durante los últimos años en toda la región, más aún en Centroamérica y el Caribe. Paralelamente, con ello han aumentado por igual las muertes causadas por este tipo de actividad criminal. En nuestro territorio, se han hecho frecuentes las escenas de enfrentamientos armados entre bandas juveniles que se disputan el control de los puestos de distribución de drogas.
En República Dominicana, del 1988 al 2006, fueron sometidos por drogas
59.418 personas (un promedio de 9 personas diarias). Las Drogas
constituyen la tercera causa de reclusión en la República Dominicana
según el Primer Censo Penitenciario realizado en el 2006 (el 18% de los
apresados). En los primeros diez años (1988-1998) el promedio anual de
sometidos por drogas fue de 2.300 personas, en cambio, en los
posteriores siete años (1999-2006) este promedio anual ascendió a 4.880
sometidos, es decir, un incremento de más de 112%. En el mes de octubre
del año 2008, Saúl Pimentel, en el diario digital dominicano
"almomento.net", publicó que en tan sólo ocho días las autoridades
detuvieron a 408 personas por narcotráfico, un promedio de 51 personas
diarias de acuerdo a declaraciones o a datos de la Dirección Nacional
de Control de Drogas. Si las autoridades mantuvieran ese ritmo de
detención, o sea, si esta cifra de 51 personas detenidas en un día la
consideráramos la cifra promedio durante todo el año, estaríamos
frente a una cifra realmente sobrecogedora (51 x 30 días x 12 meses =
18,360). Este delito, en consecuencia, tiene un aumento sumamente
preocupante. Por otro lado, debemos recordar que los jóvenes
consumidores de drogas en muchas ocasiones tienen que apelar a actos
delictivos para obtener los recursos que les permita poder consumirlas.
El alcohol, como agente desinhibidor, también se relaciona al incremento
de los homicidios, sobre todo en los casos de riñas y la violencia
doméstica, siendo más frecuentes en los días festivos y fines de
semana. Investigaciones efectuadas en el país señalan un alto consumo
de alcohol en los jóvenes y a edades muy tempranas de la adolescencia.
En conclusión, las drogas y el alcohol son factores que potencian de forma extraordinaria la violencia en nuestros países.
d. Las armas de fuego
En muchos países de la región, el elevado índice de violencia y de criminalidad se encuentra también muy relacionado con la gran disponibilidad de armas de fuego. Algunos estudios reportados muestran que "la utilización de armas de fuego aumenta la probabilidad de que los hechos de violencia terminen con la muerte de alguna persona" (Informe Armas de Fuego y Violencia, PNUD, San Salvador, 2003). El armamentismo incrementa las muertes por armas.
En República Dominicana, según declaraciones emitidas por el Secretario de Estado de Interior y Policía (SEIP), Dr. Franklin Almeyda, en julio del 2006 había 159,648 armas registradas legalmente (Declaración del Secretario del 30 de junio de 2006 en el espacio televisivo Rueda de Prensa, Canal 13); posteriormente, en junio del 2008, el superintendente de armas de la SEIP ante la prensa nacional reportó la cifra de 193,000 armas legalizadas, luego, el 11 de noviembre de ese mismo año, el Dr. Almeyda declaró, en el desayuno del Listín Diario (Declaración del Secretario de Interior escrita por Then Guzmán en el desayuno del Listín Diario el 11 de noviembre de 2008, Listín Diario, sección La República, p 10.), que en ese momento 202,460 civiles poseían armas legales, sin incluir los militares y policías, lo que significa que en 2 años y 4 meses se legalizaron más de 42,000 nuevas armas de fuego en dicha Secretaría, representando un aumento de 26.53% para ese período. Por otro lado, el Observatorio Ciudadano del Ayuntamiento del Distrito Nacional, mediante una encuesta realizada en marzo del 2008, estima que 214,663 personas en el Distrito Nacional portan o tienen armas de fuego legales, lo que representa el 30.8% de esa población capitaleña.
Estudios reportados por Brea y Cabral (2006) señalan que el porte de armas legales se elevó del 1999 al 2005 de 10,410 a 99,209, para un incremento de más de 853%, y cálculos conservadores durante el interregno del 2003 al 2005 estiman que fueron otorgados en el país cerca de un promedio de 270 autorizaciones de armas diariamente. Se desconoce la magnitud real de la posesión ilegal circulante, considerada también muy alta, y según expertos ronda cerca de 200,000 armas, cuya fuente principal de abastecimiento es el contrabando proveniente del vecino país de Haití, entre otros. Al parecer, el armamentismo es indetenible, y lamentablemente, las propias autoridades han reconocido que alrededor del 66% de las muertes criminales en el país se han producido con armas legales.
Al analizar la relación entre armas y homicidios en el caso dominicano, los homicidios con armas de fuego han crecido de un 49% a un 69% del 1999 al 2005, y han descendido en esa misma proporción los que se han cometido sin armas de fuego, tal y como se muestra en el Tabla No. 3, evidenciando una relación estadística significativa entre las autorizaciones de porte de armas de fuego y los homicidios producidos con armas de fuego (Gráfico No. 2).
Tabla No. 3 - Formas de comisión de los homicidios del 1999-2005

Fuente: Datos de la Policía Nacional
Gráfico No. 2 - Relación entre autorizaciones de armas y homicidios
cometidos con armas de fuego, 1999-2005

Fuente: Datos de la Secretaría de Estado de Interior y Policía y de la Policía Nacional.
Naturaleza y evolución reciente de la criminalidad dominicana
Desde hace más de 10 años, hemos venido subrayando y pronosticando las variaciones de la violencia a través del análisis y proyecciones de las propias estadísticas criminales del país (Cabral & Brea, 1999; 2001 y 2003 y Brea & Cabral 2000, 2005, 2006, 2007), y basados en el estudio de los factores relevantes, que en el caso dominicano actúan sobre dicha problemática. Tal como se muestra en el cuadro y gráfico siguiente, de una tasa de homicidio que apenas alcanzaba 8 por 100 mil habitantes en los años 80, se elevó a 13 en el año 1991, manteniendo desde entonces hasta el año 2002 fluctuaciones graduales de poca significación. Sin embargo, a partir del año 2002, la tasa crece aceleradamente y se duplica para el año 2005, tasa que fue superior a la tasa promedio de violencia de los países de América Latina y el Caribe, ubicándonos por primera vez más cerca de los países de altos niveles de violencia que de los considerados de violencia "normal" en la región. A partir del año 2006 la violencia disminuye considerablemente hasta mediados del 2007, pero luego experimenta un nuevo crecimiento que ha perdurado durante todo el año 2008, tasa de violencia que podría seguir aumentando hasta superar la alcanzada en el año 2005.
Tabla No. 4 - Evolución de los Homicidios en República Dominicana del 1991-2008

Fuente: Elaboración propia en base a datos de la Policía Nacional, la Procuraduría General de la República Dominicana y proyecciones poblacionales de la ONE.
*Estimaciones y proyecciones calculadas de enero-agosto del 2008 para todo el año 2008.
Gráfico No. 3 - Evolución de las Tasas de Homicidios en República Dominicana del 1991-2008
En trabajos anteriores habíamos analizado ampliamente la naturaleza de
la violencia antes del año 2006, en lo siguiente se tratará de explicar
qué ha pasado en estos últimos tres años, donde primero se reduce la
tasa de homicidio de manera significativa y luego también se revierte
de manera pronunciada dicha tendencia, y amenaza con elevarse
bruscamente en los próximos meses. Se hace referencia a la evolución
de la violencia, tomando como marco de comparación los homicidios
cometidos de enero-agosto (primeros 8 meses) de los últimos tres años
(2006-2008), considerando los valores absolutos y relativos, obviando
que en los meses finales de cada año tiende normalmente a aumentar la
criminalidad.
Las
estadísticas policiales y forenses dadas a conocer por la Procuraduría
General de República muestran que, a pesar de que muchos homicidios
son declarados oficialmente de naturaleza "desconocida" (un promedio de
16.4%), las riñas (tanto personales como las producidas en los centros
de diversión y por venganza) se encuentran entre las principales causas
de muerte criminal, representando el 28.2% de todos los crímenes
cometidos y de causas conocidas.
El robo y sus
afines ocupan el segundo lugar, alcanzando un promedio de 20% en los
tres años; las acciones legales o intercambios de disparos
policiaco-militares y aquellas muertes que son ocasionadas "fuera del
desempeño de sus funciones" se encuentran en un tercer lugar con 16.4%,
seguidas de las muertes producidas por drogas (10.6%) y también los
feminicidios que logran alcanzar un 6.9% en promedio, tal como se
muestra en el Tabla No. 5 y Gráfico No. 4.
Tabla No. 5 - Causas de criminalidad de enero-agosto del 2006-2008 en República Dominicana (Cifras absolutas y relativas)

Fuente: Elaboración propia en base a datos clasificados de la Policía Nacional y de la Procuraduría General de la República en los últimos tres años.
*Incluye robos diversos, también atracos, secuestros, etc.
**Incluye riñas personales, en centros de diversión y por motivo de venganza.
***Incluye protesta, accidental, bala perdida, disturbio y fuga.
++Incluye la violación sexual, etc.
Esta
panorámica es ilustrada con mayor claridad en el gráfico siguiente con
promedios porcentuales de los últimos tres años estudiados.
Gráfico No. 4 - Causas de crímenes en los primeros 8 meses del 2006 al 2008 (Promedio porcentual)

Fuente: Elaboración propia en base a datos de la Policía Nacional y de la Procuraduría General de la República.
Al comparar la criminalidad en el último trienio y analizar los datos tal y como son presentados por los organismos oficiales, podemos apreciar en el siguiente gráfico, que las riñas logran descender del 2006 al 2008 en un 9% y en esa misma proporción bajan, además, los crímenes por causas desconocidas, lo que suponemos es debido a la apertura del nuevo Instituto Nacional de Ciencias Forenses (INACIF) y la aplicación del método científico para detectar el móvil de crímenes en el país. Aun a pesar de que las muertes por drogas aumentaron considerablemente en un 14% del 2006 al 2007, en el 2008 logran disminuir ligeramente respecto al año anterior; lo mismo acontece con las muertes provocadas por robos y sus afines. Las acciones legales de la policía o los llamados "ajusticiamientos policiales" e "intercambios de disparos" se incrementan en un 2% en el período estudiado y los feminicidios se duplican respecto al 2006.
Es importante señalar, que estudios realizados en nuestra realidad por el Observatorio Ciudadano del Ayuntamiento del Distrito Nacional en el 2008, sugieren que las familias de comunidades empobrecidas son más propensas a enfrentar delitos violentos contra la persona, mientras que los delitos contra la propiedad (robos y demás) afectan en cierta medida y mayormente a los sectores más pudientes.
Gráfico No. 5 - Evolución de la violencia según su móvil del 2006 al 2008

Si reagrupamos los crímenes cometidos segun el móvil de su ejecución, se podría distinguir dos tipos de violencia: la delictiva y la no delictiva. Aunque todo crimen intencional se convierte en delito por infligir la Ley Penal, en lo adelante se llamará violencia delictiva para fines del presente análisis, a aquellos crímenes relacionados a los robos, secuestros, drogas y a la "acción legal policial". Se incluyó en esta clasificación a las "acciones legales" policial-militares, porque en mayor proporción están relacionados más con la persecusión del delito, que con los demás homicidios de orígen intrafamiliar e interpersonales, ya que, frecuentemente, dichas muertes son justificadas en el esfuerzo policial por combatir o enfrentar las acciones delincuenciales, independientemente sean o no justificables desde la perspectivas del método inapropiado y del propio rol represivo, atentatorio y violatorio de los derechos humanos.
Por otro lado, se definirá como violencia no delictiva, aquellas acciones dañinas que acontecen en el ámbito interpersonal, y que frecuentemente son de carácter personal y pervertida, tales como son las riñas personales o riñas producidas en los centros de diversión, los feminicidios, la violencia de género e intrafamiliar, incluyendo la violación sexual, etc y también las que la misma Procuraduría General de la República reagrupa como "otras causas", entre ellas: las muertes derivadas de disturbios y protestas callejeras, las muertes accidentales o por balas perdidas, las originadas por fugas, entre otras. A estos últimos crímenes se les ha denominado en nuestro país violencia social, es en ese sentido, y considerando la tipología que sobre la violencia formula la OPS/OMS (2003), donde se define "violencia social" como la infringida por grupos o colectivos, dirigida a imponer los intereses sociales, siendo ésta la respuesta justificada de grupos sociales, comunmente, ante las arbitrariedades cometidas desde el poder y tras la imposibilidad de la población de imponer justicia por otros medios no violentos, como por ejemplo, las acciones terroristas, la violencia de masas, la expresión de odio grupal, etc, nos atrevemos a cuestionar dicha clasificación, la que proviene principalmente de la Secretaria de Estado de Interior y Policía en nuestro país, al referirse a crímenes interpersonales, los cuales no son más que una expresión y generalización de la misma violencia estructural de la sociedad, siendo más recomendable que sean categorizadas en el renglón de violencia no delictiva (independientemente que también sean delitos y desacatos a la Ley), lo que estaría más acorde con las clasificaciones existentes en la literatura internacional.
En el cuadro siguiente se muestra la evolución del crimen durante los últimos tres años estudiados según el tipo de violencia delictiva y no delictiva (datos que sólo consideran los 8 primeros meses de cada año). Se destaca que, en promedio, en nuestro país el 47% de la violencia ocurre por razones delictivas versus el 36% que tiene sus orígenes en las trifulcas personales-familiares u ocasionales (no delictivas). Estos datos contradicen la versión oficial sustentada por el actual Secretario de Estado de Interior y Policía, que sostiene que para el año 2008 existe un predominio de la violencia de tipo no delictiva y mal llamada "social" y que, según sus cálculos, es de 65%, respecto a la otra violencia de tipo delictiva (35%), y cuya afirmación es incorrecta a la luz de los datos reportados por la propia Procuraduría General de República Dominicana, por más bien ser el producto de una inadecuada reagrupación de los crímenes policiales llamados "acciones legales" o "intercambios de disparos", los que junto a los homicidios de "causas desconocidas", son agrupados inapropiadamente como "violencia social".

Fuente: Elaboración propia en base a datos de la Procuraduría General de la República durante los primeros 8 meses del año.
*Aquellos crímenes de móvil no conocido, por lo que deben estar fuera de cualquier tipo de clasificación de violencia.
Este fenómeno es también ilustrado más claramente en los gráficos siguientes con sus respectivos valores absolutos y relativos, observándose que la violencia delictiva es superior en cantidad, ya que aumenta de un 37% a un 53% durante el 2006 al 2008, y la violencia de tipo no delictiva disminuye de un 39% a 33% en dicho período. Sin embargo, la violencia no delictiva, dada su magnitud, no deja de ser muy preocupante en términos de convivencia social, y es un reflejo del modo en que resolvemos los dominicanos nuestros conflictos y que naturalmente tiene sus raices en los procesos de socialización inadecuados, la crisis que afecta a la familia, la transmisión simbólica de unos valores éticos y culturales bastante deformados, los estilos educativos machistas y autoritarios muy arraigados, entre otros multifactores influyentes.
Gráficos No. 6 y 7 - Violencia delictiva y violencia no delictiva
(2006-2008) en República Dominicana
a. Cifras absolutas por año
b. Valores porcentuales por año

Fuente: Elaboración propia en base a datos de la Procuraduría General de la República durante los primeros 8 meses del año 2006 2007 y 2008.
Evaluación de programas y perspectivas de control de la violencia
Al mostrar la evolución de la violencia, nos referimos a dos marcadas tendencias: decreciente y creciente en los últimos tres años estudiados; la primera es decreciente a partir del 2006-2007, debido a dos grandes factores que incidieron y que pudieron compensar ampliamente el efecto de otros factores relacionados con las drogas y el armamentismo que siguieron gravitando negativamente sobre la violencia y la delincuencia. El primero, tiene que ver con la creación de condiciones favorables extraordinarias como la expansión notable de la economía, la estabilidad de precios internos y del tipo de cambio, así como también el efecto favorable de estos hechos sobre el empleo y la creación de oportunidades para la población. Se registra una reducción de la pobreza como consecuencia del mejoramiento de la economía dominicana respecto a los años anteriores que han sido estudiados (2003-2005). El segundo factor, se relaciona directamente con el impacto que produjo la puesta en marcha del primer Plan Nacional de Seguridad Democrática, iniciado por el gobierno dominicano con propósitos claros de reducir la violencia y en una nueva definición de políticas públicas concebidas como parte de una estrategia integral de lucha contra la delincuencia en todas sus manifestaciones. Por primera vez se enfrentó el flagelo en el país, combinando adecuadamente las políticas de orden y justicia con políticas sociales efectivas. Al mismo tiempo se inició la restauración del capital social en las comunidades más afectadas por la delincuencia.
Este plan de acción llamado también Barrios Seguros, comprendió originalmente 4 áreas:
a. La reforma y profesionalización de la Policía Nacional (capacitación y equpamiento).
b. La presencia Estatal en los barrios con el mejoramiento de los servicios públicos, en la que se involucraron las principales Secretarias de Estado y otras dependencias, como son: la Secretaría de Salud Pública, de Trabajo, de la Juventud, de Educación, de Cultura, de Obras Públicas, la Lotería Nacional, el Ayuntamiento del Distrito, el Instituto Nacional de la Vivienda, el Instituto Técnico Profesional, Telecomunicaciones, entre otros.
c. El fortalecimiento local de las organizaciones comunitarias.
d. El estrechamiento de la relación sociedad-gobierno.
Además, como parte del plan de Seguridad Democrática se aplicaron algunas medidas importantes, entre ellas, la regulación del horario de ventas de bebidas alcohólicas, la prohibición para la importación de armas de fuego y el patrullaje mixto policíaco-militar.
Es importante destacar el impacto que causó dicho programa y las expectativas que creó en la población, puesto que fue diseñado de manera integral con pretensiones de atacar los factores de riesgo de la delincuencia y disminuir la percepción de inseguridad en los ciudadanos, siendo una de sus metas modificar y recuperar la confianza perdida en las autoridades encargadas de velar por el orden público, muy especialmente en la Policía Nacional, institución bastante desacreditada en todos los niveles sociales. El programa Barrio Seguro se diseñó tras realizarse un diagnóstico de la violencia de nuestros barrios depauperados y ante el comportamiento aterrador y el perfil del nuevo delincuente, un joven más despiadado proveniente de sectores socialmente excluidos.
Sin lugar a dudas, hubo gran esfuerzo por mejorar la capacitación y el equipamiento policial, mejorar los servicios públicos mediante una intervención integral, multisectorial en los barrios marginados. Junto a todas esas acciones, el aumento de la vigilancia policial y militar, contribuyeron positivamente, logrando descender por más de un año los niveles de criminalidad de los barrios inseguros.
Evaluaciones realizadas por el mismo sector oficial al programa Barrios Seguros, destacan sin embargo, tres debilidades:
a. La incapacidad de las instituciones del Estado para dar respuesta de manera permanente y creciente a las múltiples causas sociales y económicas de la violencia y de la marginalidad.
b. La imposibilidad de la Policía, por falta de recursos humanos y materiales, de expandirse en su tarea de prevención.
c. Las limitaciones de las organizaciones barriales para poder integrarse a la prevención.
Por otro lado, el Centro de Estudios Padre Juan Montalvo realizó una evaluación a "Barrios Seguros" mediante una encuesta a moradores en el mes de septiembre del 2007, la cual arrojó los siguientes resultados: La percepción de seguridad en los barrios cambió favorablemente en un 91%; el 82% de los encuestados sentía seguridad al transitar luego de establecerse el Programa Barrio Seguro, no obstante, cerca del 75% refirió no percibir el mejoramiento de los servicios básicos, y un 95% tampoco se percató de la creación de centros tecnológicos, ni la readecuación de los centros educativos en el sector, tal como puede apreciarse en los gráficos 8 y 9.
Hay indicios de que la violencia estuvo más controlada en los Barrios Seguros pero, desafortunadamente, logró desplazarse hacia otros sectores, antes considerados como relativamente seguros.
Pudo verificarse una especie de congelamiento de los recursos reales, por lo que habría que preguntarse si se pensó desde el principio en proveer un presupuesto creciente cada año para sustentar a las instituciones involucradas y poder mantener y ampliar los programas de intervención.
Gradualmente, la violencia volvió a recuperar su espacio y hoy en medio de una situación económica que se ha deteriorado, empieza a crecer firme y sostenidamente. De nuevo, la inconsistencia en la aplicación de las políticas públicas y el carácter pro cíclico de las mismas ceden ante los factores prohijadores de violencia.
Gráfico No. 8 - Evaluación de la seguridad en los Barrios Seguros
Gráfico No. 9 - Percepción de acciones en los Barrios Seguros

A casi tres años de haberse puesto en marcha Barrios Seguros, hoy se hace necesario reevaluarlo y adecuarlo a las nuevas condiciones. Se debe trabajar con aquellos puntos más débiles, entre ellos, de manera central, en la participación y el involucramiento de la comunidad, de manera tal, que sea capaz de reducir mínimamente la violencia en los diferentes estamentos de la sociedad, evitando así su desplazamiento hacia otros sectores y tratando de minimizar el impacto social del deterioro de las condiciones económicas.
Conclusiones
A grandes rasgos, podemos concluir que el alto índice de criminalidad en la República Dominicana está asociado a:
1. Procesos inadecuados de aprendizaje social, donde la familia, la escuela, el barrio, las organizaciones y el capital social en sentido amplio, juegan un importante rol en la socialización de las normas y patrones de comportamiento violento; así como también influyen los modelos enajenantes y nocivos que son transmitidos por los medios de comunicación social y que responden al interés particular y comercial privado.
2. Factores de orden socioeconómicos como la desigualdad, la pobreza, el desempleo, frustraciones por la falta de oportunidades en los jóvenes, etc; también es muy relevante el tipo de vínculos que se establecen entre las políticas sociales y los ciclos económicos.
3. El auge del tráfico y consumo de drogas, que ha sabido permear la sociedad.
4. La alta disponibilidad de armas de fuego como un mecanismo defensivo de la población ante la desconfianza y debilidad de las instituciones de control delictivo.
5. Los hallazgos encontrados, después de analizar la evolución del delito en los últimos tres años, dan testimonio de que la violencia delictiva supera en magnitud a la violencia no delictiva, no obstante demostrarse que los modelos violentos autoritarios y "machistas" predominan en nuestra cultura frente a otras formas civilizadas de proceder ante los conflictos y desavenencias.
6. En un primer momento, el Plan de Seguridad Democrática y el programa Barrios Seguros impactaron positivamente a la población, ya que, junto a otros factores favorables que se dieron en el momento, logró reducir momentáneamente los niveles de violencia de manera considerable, pero es importante, en el futuro, mantener el flujo de recursos necesarios y reorientar las políticas de coordinación interinstitucional, a fin de integrar nuevos elementos de carácter más participativos y preventivos, comprometiendo la comunidad en el proceso, para que se pueda poner bajo control las nuevas expresiones de la violencia delictiva y social en nuestro país.
Recomendaciones
1. Mejorar el registro estadístico del crimen, los sistemas de vigilancia y monitoreo continuo; los diagnósticos participativos y las investigaciones con capacidad de análisis local de los factores de riesgo; contar con el mapeo delincuencial, que permita evaluar y diseñar las políticas más adecuadas a ser implementadas desde las localidades y en sentido general. Se debe crear y contar con un fondo económico de la cooperación de organismos internacionales para esos fines.
2. Orquestar campañas educativas, involucrando a los medios de comunicación en el proceso de educación para la paz y la regulación más estricta de la proyección de modelos no pacíficos, que no promueven la convivencia social. Fomentar desde las escuelas los valores éticos, de solidaridad, de participación social y valores culturales autóctonos, tendentes a crear un nuevo concepto de ciudadanía y responsabilidad social, y entre otros aspectos, tratar de mejorar en la población la confianza en las instituciones, el capital social y humano en las localidades.
3. Trabajar y reforzar en el núcleo familiar modelos educativos y de socialización más adecuados.
4. Desvincular el gasto social de las fluctuaciones del ciclo económico, así como también el gasto en orden y justicia. Aún en periodos de crisis es importante insistir en el diseño de políticas oportunas de empleo, sobre todo para la juventud como manera de impedir que caiga víctima de la violencia criminal. Bajo ningún concepto debe permitirse el gobierno reducir los recursos reales destinados a estas actividades. De la misma forma, hay que desarrollar formas creativas que permitan un mejor uso racional de estos recursos.
5. Controlar rigurosamente el tráfico de drogas y su diferenciación de los planes de tratamiento a los consumidores (este último como problema de salud). Mejorar en ese ámbito la lucha contra la impunidad y la corrupción.
6. Reducir las disponibilidades de obtención de armas de fuego, encaminado al desarme total de la población; fomentar un cambio de actitud para el porte y tenencia de armas.
7. Priorizar las acciones preventivas frente a las represivas; rechazar la política de mano dura como la panacea, ya que no ataca las raíces del problema de la violencia, y más bien favorecer la creación de oportunidades para la población juvenil y los sectores más vulnerables y excluidos (políticas de empleo, inversión en educación, salud, sana recreación, deportes, etc.)
8. Estimular, mediante el gobierno local, los procesos participativos en los ciudadanos y la toma de decisiones. Se ha comprobado en otros países que cuando estos procesos son dirigidos desde los ayuntamientos y cabildos regionales (empoderamiento comunitario) se obtienen muy buenos resultados en el control de la delincuencia. Es menester mejorar los sentimientos de arraigo y pertenencia a la comunidad a partir de la consolidación de la identidad cultural local y la propia participación.
9. Fortalecer la justicia y el sistema penal, actuar contra la corrupción e impunidad en general; profundizar la reforma policial y los programas de las Fiscalías Barriales.
10. Mayor seguimiento y apoyo a los programas de recuperación de víctimas y de reinserción social de victimarios, a los programas especiales con adictos, con deportados, con presidiarios, etc.
11. Fortalecer el apoyo y los programas dirigidos a las familias vulnerables, a niños que deambulan en las calles, a jóvenes desertores, entre otros más.
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